{"id":53,"date":"2007-03-15T13:56:31","date_gmt":"2007-03-15T12:56:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=53"},"modified":"2007-03-15T13:56:31","modified_gmt":"2007-03-15T12:56:31","slug":"33-pasaje-al-mas-alla-por-catalina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=53","title":{"rendered":"33- Pasaje al m\u00e1s all\u00e1. Por Catalina"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F53&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p>Leticia estaba desesperada; desesperadamente enamorada. Tres d\u00edas antes de tomar la decisi\u00f3n definitiva ech\u00f3 una carta en el buz\u00f3n del correo para su entra\u00f1able amiga.<!--more--><br \/>\n30 de Octubre de 1951<br \/>\nQuerida Luisa:<br \/>\nTe sorprender\u00e1 recibir estas l\u00edneas, pero necesito confiarle a alguien todo lo que me sucedi\u00f3 en estos \u00faltimos a\u00f1os, y estoy segura que t\u00fa eres la persona con quien puedo expresarme sin secretos.<br \/>\n\u00bfTe acuerdas de Vicente, aquel descendiente de italianos que conoc\u00ed en el \u00faltimo baile de Carnaval? Bueno, luego de aquella noche lo encontr\u00e9 nuevamente en la fiesta de pueblo. Conversamos amablemente y bailamos. Pidi\u00f3 mi consentimiento para escribirme, pues despu\u00e9s de aquel d\u00eda deb\u00eda incorporarse al ej\u00e9rcito, en la Marina, recorrer\u00eda el mundo y por mucho tiempo no nos ver\u00edamos m\u00e1s. Yo acept\u00e9 su proposici\u00f3n. Cada tres semanas me llegaba correspondencia desde distintos puertos. En cada una de ellas no dejaba de expresar sus sentimientos hacia m\u00ed, que por cierto, trascend\u00edan la barrera de la amistad. Claro, yo nunca pod\u00eda responderle porque no ten\u00eda una direcci\u00f3n a d\u00f3nde enviarle las cartas. Hubiera querido decirle que su amor por m\u00ed no era correspondido, que para m\u00ed s\u00f3lo era un simp\u00e1tico muchacho.<br \/>\nMientras tanto, comenc\u00e9 a estudiar de maestra. Me enamor\u00e9 perdidamente de mi profesor. \u00c9l era veinte a\u00f1os mayor que yo y ten\u00eda una esposa y dos hijas. Jam\u00e1s dej\u00e9 traslucir lo que sent\u00eda porque mis padres no habr\u00edan aprobado esa relaci\u00f3n.<br \/>\nHace un mes que Vicente termin\u00f3 de prestar servicio militar a la Patria. Se present\u00f3 en mi casa y pidi\u00f3 mi mano. Por supuesto que aceptaron gustosos porque Vicente es de buena familia. Todas mis hermanas est\u00e1n preparando mi ajuar. Sof\u00eda confecciona el vestido de bodas; mam\u00e1 y C\u00e1ndida preparan s\u00e1banas, manteles, camisones y qu\u00e9 se yo cu\u00e1ntas cosas m\u00e1s. Me reprochan mi falta de entusiasmo siendo que estoy pr\u00e1cticamente en las puertas de la Iglesia. \u00a1Ya no puedo m\u00e1s con esta angustia!<br \/>\nAyer fui a ver al Padre Pedro y le confes\u00e9 que no estaba enamorada de mi futuro esposo. \u00c9l s\u00f3lo me respondi\u00f3 que Dios sabr\u00e1 por qu\u00e9 lo puso en mi camino; y que el amor llega con el tiempo. \u00a1Estoy harta de escuchar esa est\u00fapida frase! Si suspendo la boda y abandono a Vicente, soy conciente de que la sociedad me va a condenar y que ning\u00fan otro joven querr\u00e1 acercarse a m\u00ed por miedo a que le sucediese lo mismo.<br \/>\nQuiz\u00e1s pienses que los dem\u00e1s tengan raz\u00f3n pero te aseguro que no es as\u00ed, porque hay algo que no te cont\u00e9: un viernes dije a mi madre que ir\u00eda a pasar el fin de semana a lo de t\u00eda Rosa porque ella me ense\u00f1ar\u00eda a tejer unas carpetas. Tom\u00e9 el tren que va a San Francisco y cuando llegu\u00e9, tal como estaba previsto, me encontr\u00e9 con Carlos, mi profesor. Hac\u00eda varios meses que estaba viudo y que sus hijas se hab\u00edan casado y ya no viv\u00edan con \u00e9l.<br \/>\nLuego de tomar el t\u00e9 caminamos por la calle principal y me invit\u00f3 a pasar a su casa. Me ruboric\u00e9 un poco y luego acept\u00e9 la propuesta. Viv\u00eda en una fastuosa construcci\u00f3n y yo me sent\u00eda la Cenicienta. Voy a evitar los pormenores, pero cuando cay\u00f3 la noche, hicimos el amor. Ya s\u00e9 lo que estar\u00e1s pensando, que no era digna de m\u00ed esa actitud; pero puedo afirmarte que estoy profundamente enamorada de este hombre y s\u00f3lo faltan dos semanas para la maldita boda.<br \/>\nTe pido por favor Luisa que reces por m\u00ed, para que tome la decisi\u00f3n correcta, o cargar\u00e9 con esta desdicha toda mi vida.<br \/>\nNo me respondas, pues no quisiera que por error, tu carta fuese a parar a manos mis hermanas o lo que ser\u00eda peor, a manos de mi madre que para colmo tiene el mismo nombre que yo.<br \/>\nSue\u00f1o con escribirte las pr\u00f3ximas l\u00edneas desde San Francisco, aunque Dios y mi familia no me lo perdonen jam\u00e1s.<br \/>\nUn beso grande, tu amiga de siempre. Leticia.<\/p>\n<p>La familia viv\u00eda en las afueras del pueblo, justo en el l\u00edmite sur-oeste que marca el comienzo de la zona rural. Leticia hab\u00eda inventado un pretexto para no dormir en su casa aquella noche Dijo a su madre que muy temprano ten\u00eda prevista una reuni\u00f3n con el Padre Pedro, por lo que ser\u00eda conveniente quedarse en lo de una prima, dado que el tiempo amenazaba lluvia y ser\u00eda dificultoso salir en medio del barro. Recogi\u00f3 todo lo que pudo poner en su maleta: sus prendas preferidas, zapatos, fotos, su perfume, el documento, todo el dinero que llevaba ahorrado desde que era ni\u00f1a y sus joyas. Escribi\u00f3 unas l\u00edneas de despedida para toda su familia explicando los motivos de su huida y la coloc\u00f3 debajo de la almohada de su madre, asegur\u00e1ndose que no la encontrar\u00edan antes de la hora de partida. Cuando todos estaban dispersos en sus tareas, at\u00f3 bien fuerte la valija al porta-equipaje de su bicicleta y en vez de dirigirse hacia el pueblo, tom\u00f3 por el camino del sur que lleva a la estaci\u00f3n de tren. Cinco minutos despu\u00e9s ya estaba sentada en su butaca esperando el comienzo de un viaje que la transportar\u00eda a una vida nueva.<br \/>\nCarlos viajar\u00eda tambi\u00e9n en tren desde San Francisco a San Lorenzo. All\u00ed se reunir\u00eda con ella, que supuestamente llegar\u00eda media hora antes y juntos iniciar\u00edan el recorrido hacia un pueblo cercano donde estar\u00edan seguros por un tiempo. Leticia arrib\u00f3 con puntualidad.<br \/>\nAmanec\u00eda. La estaci\u00f3n de tren tomaba matiz cobrizo. A esa hora, los trenes llegaban del este; se los divisaba como una negra sombra que aumentaba de tama\u00f1o y hac\u00eda vibrar los viejos bancos con patas de hierro y asientos de madera.<br \/>\nEl a\u00f1o mil novecientos cincuenta y uno era muy especial. Llegar\u00edan m\u00e1s de cien inmigrantes de origen europeo a habitar las tierras de la zona.<br \/>\nLeticia llevaba sentada all\u00ed m\u00e1s de media hora y observaba todo lo que ocurr\u00eda como si habr\u00eda tenido una postal frente a sus ojos.<br \/>\nAl sur de las v\u00edas se ubicaban los dep\u00f3sitos de cereales que descargaban los trenes provenientes del centro del pa\u00eds. Las paredes eran de ladrillos y adobe; el techo estaba cubierto con tejas romanas. Sus puertas a\u00fan estaban cerradas. El viejo candado, algo herrumbrado, parec\u00eda un gran crucifijo que pend\u00eda de gruesas cadenas. A la izquierda, un caballo negro atado a un palenque, pastaba y se espantaba los insectos con la cola.<br \/>\nAl norte de los rieles, la estaci\u00f3n se divid\u00eda en dos edificios. Uno m\u00e1s peque\u00f1o, donde se encontraban los guardias que vigilaban el movimiento matutino; llevaban trajes gris oscuro y botas de cuero negras. El otro era una edificaci\u00f3n m\u00e1s amplia, construida en madera, con ventanas enrejadas y una puerta principal de dos hojas, que permanec\u00eda abierta todo el d\u00eda.<br \/>\nDos mujeres caminaban hacia uno y otro lado, impacientes, esperando la llegada de alg\u00fan familiar. Tres hombres parados al borde del and\u00e9n miraban hacia el naciente, con el se\u00f1o fruncido; con la mano derecha hac\u00edan sombra sobre sus ojos para poder observar las figuras que el sol dibujaba en el horizonte. Otros dos caballeros estaban sentados en la galer\u00eda del edificio principal; le\u00edan el peri\u00f3dico que llegaba semanalmente y fumaban la pipa perfumando el aire de fragancia a tabaco dulce.<br \/>\nLeticia sent\u00eda sus manos transpiradas. Se quit\u00f3 los guantes y los guard\u00f3 en la cartera. Comenz\u00f3 a escuchar el inconfundible ruido de la locomotora que se acercaba cada vez m\u00e1s. El coraz\u00f3n le palpitaba tan fuerte que ten\u00eda miedo de que los dem\u00e1s lo escucharan.<br \/>\nEl tren comenz\u00f3 a mermar la marcha hasta que se detuvo. Ella se puso de pie y permaneci\u00f3 en el lugar disimulando su ansiedad. Miraba con impaciencia cada pasajero que descend\u00eda. Algunos eran se\u00f1ores mayores con mujeres y ni\u00f1os; otros eran hombres solos, de aspecto poco pulcro. Pero ninguno se parec\u00eda a la persona que ella esperaba. Su rostro comenz\u00f3 a transformarse. La preocupaci\u00f3n y la tristeza afloraban en sus ojos en forma de l\u00e1grimas incontenibles. Se acerc\u00f3 al guarda para preguntarle si faltaba descender alg\u00fan pasajero m\u00e1s; o si quiz\u00e1s llegar\u00eda otro tren desde San Francisco. El hombre le respondi\u00f3 negativamente. Ya no quedaba nadie en el tren, ni vendr\u00edan m\u00e1s trenes viajeros. S\u00f3lo faltaban arribar los de carga.<br \/>\nLeticia agradeci\u00f3 la amabilidad del caballero y se retir\u00f3 con profunda desilusi\u00f3n. Carlos jam\u00e1s la abandonar\u00eda en un lugar as\u00ed. Qu\u00e9 le habr\u00eda sucedido \u2013se preguntaba. Ya no pod\u00eda regresar a su casa y no sab\u00eda a d\u00f3nde ir. Camin\u00f3 con su valija a cuestas hasta el centro del poblado. Pidi\u00f3 a la operadora que le comunique con el n\u00famero de tel\u00e9fono de su amiga Sof\u00eda, que viv\u00eda en Tucum\u00e1n; pero fue imposible establecer la comunicaci\u00f3n. Entonces se dirigi\u00f3 al correo y le envi\u00f3 un telegrama dici\u00e9ndole que estar\u00eda all\u00e1 en los pr\u00f3ximos d\u00edas. Viaj\u00f3 hasta C\u00f3rdoba en un vag\u00f3n de carga, entre bultos, cajones, bolsas de carb\u00f3n y unos cuantos mendigos, uno de los cuales estaba borracho y la molest\u00f3 todo el tiempo. Otro trat\u00f3 de defenderla y desenvain\u00f3 un cuchillo provoc\u00e1ndole una herida en la mano. Leticia estaba horrorizada y se sinti\u00f3 aliviada cuando el tren se detuvo. Baj\u00f3 apresurada y se dirigi\u00f3 a la ventanilla para adquirir un pasaje a la ciudad de San Miguel de Tucum\u00e1n, pero le dijeron que s\u00f3lo quedaba uno que la llevar\u00eda a Santiago de Estero y cuyo horario de partida era las ocho del d\u00eda siguiente. Sin otra alternativa, lo compr\u00f3 y durmi\u00f3 en un banco de madera con la cabeza sobre la maleta esperando que amaneciera. Se despert\u00f3 varias veces, sobresaltada por los ruidos que le eran extra\u00f1os. Por fin lleg\u00f3 el ferrocarril que la sacar\u00eda de ese lugar infernal. Las condiciones en que viajaba no eran las \u00f3ptimas, pero mejores que las del vag\u00f3n de carga. Al atardecer estaba en la ciudad de Santiago de Estero. All\u00ed fue informada que por cinco d\u00edas no podr\u00eda llegar por ese medio a su destino pues la m\u00e1quina de la locomotora estaba en reparaci\u00f3n.<br \/>\nSola y desesperada se sent\u00f3 en el and\u00e9n a llorar sin consuelo, con la cabeza entre las rodillas, y el rostro cubierto por sus manos. Un guarda se acerc\u00f3 y le pregunt\u00f3 si pod\u00eda ayudarla. Luego de conversar unos minutos, el buen hombre le aconsej\u00f3 hospedarse en una casa que pertenec\u00eda a la parroquia del lugar. Aquella noche durmi\u00f3 en el alojamiento parroquial y el sacerdote le ofreci\u00f3 gentilmente la posibilidad de permanecer all\u00ed todo el tiempo necesario, pero Leticia anhelaba llegar a lo de su amiga. Camin\u00f3 por la calles de la ciudad hasta que lleg\u00f3 al mercado. Pregunt\u00f3 si no hab\u00eda alg\u00fan cami\u00f3n que viajara a Tucum\u00e1n. La suerte estuvo de su lado, pues hab\u00eda un camionero listo para partir hacia Jujuy, previo paso por la capital tucumana. El muchacho viajaba con su esposa y sus dos hijos, por lo que no le quedaba lugar en la cabina del veh\u00edculo, s\u00f3lo restaba la probabilidad de viajar en el furg\u00f3n. Leticia acept\u00f3 sin condiciones, y viaj\u00f3 en medio de los cajones de sand\u00edas, melones y naranjas.<br \/>\nCuando llegaron, la bajaron en la plaza principal y le indicaron hacia d\u00f3nde deb\u00eda dirigirse para encontrar la direcci\u00f3n que buscaba. Camin\u00f3 tres cuadras y se detuvo en un almac\u00e9n a comprar unas galletas, donde tambi\u00e9n vend\u00edan peri\u00f3dicos. Compr\u00f3 uno. Pas\u00f3 frente al correo y entonces decidi\u00f3 enviar un telegrama a Carlos para avisarle que estaba a punto de llegar a la casa de su amiga; que ser\u00eda buena idea que permanecieran un tiempo en esa ciudad hasta establecerse definitivamente en alg\u00fan lugar. Mientras esperaba que la atendieran se sent\u00f3 a leer el diario. Sinti\u00f3 que el coraz\u00f3n se le deten\u00eda. El titular dec\u00eda: Descarrilamiento del tren que une las ciudades de C\u00f3rdoba con Bah\u00eda Blanca. Habr\u00eda m\u00e1s de veinte v\u00edctimas fatales. Entre ellas figuraba el nombre de Carlos Alcides Ruiz.<\/p>\n<p>Catalina<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leticia estaba desesperada; desesperadamente enamorada. 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