{"id":49,"date":"2007-03-15T13:41:49","date_gmt":"2007-03-15T12:41:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=49"},"modified":"2007-03-15T13:41:49","modified_gmt":"2007-03-15T12:41:49","slug":"29-entre-sombras-por-salicaria-mayor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=49","title":{"rendered":"29- Entre sombras. Por Salicaria mayor"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F49&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p>La sonrisa. cuando ni\u00f1a, ya le prolongaba los dientes m\u00e1s all\u00e1 del esmalte ya romp\u00eda su cintura el equilibrio de la torre del pueblo. <!--more-->Era rostro de amada posesi\u00f3n, orgullo no disimulado en el coraz\u00f3n de una mujer y un hombre, art\u00edfices del embri\u00f3n que pronto seria arbusto suntuoso.<br \/>\nEllos, campesinos modestos, siempre con los ojos en la tierra, atentos a su origen, parec\u00edan aumentados desde el d\u00eda que completaron la pareja. Alfonso y la nena sumaban un prop\u00f3sito de relevo la aurora que justifica todo sacrificio .<br \/>\nAquella meseta abatida por la monoton\u00eda, aquel paisaje de escuerzo despellejado, honda herida por donde extiende el verano lametones de fuego se aupaba ahora radiante, una geometr\u00eda de amelgas para la despensa de los hijos.<br \/>\n&#8211; Quiero ver al sargento.<br \/>\nEl guardia de servicio, joven, deslumbrado por la megafon\u00eda del talle femenino, abomba el pecho, ensaya una sonrisa y piensa que la muchacha que tiene enfrente es un capricho de la forma, una figura modelada por el dios del deseo.<br \/>\nDos compa\u00f1eros, con una excusa ingenua, entran en el recinto, la miran boquiabiertos, se recrean en la perfecci\u00f3n de su cuerpo y desaparecen. El rojo granate da Un vestido ajustado acompa\u00f1ar\u00e1 mucho tiempo sus noches de duermevela.<br \/>\nNervioso, impreciso, el guardia de servicio todav\u00eda consigue retener entre los dientes la expresi\u00f3n de un justificado entusiasmo &#8211; el puesto exige gravedad, compostura -, pero los ojos se le van enredando entre negros cabellos sueltos como oleaje de sombra. No es frecuente ver una mujer tan deslumbrante en la antesala de una comisar\u00eda de distrito.<br \/>\n&#8211; Un momento, se\u00f1orita.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 estar\u00eda sucediendo ahora en el pueblo oxidado que la viera nacer?<br \/>\nImagina a su padre sentado junto al fuego, el pelo canoso. cada d\u00eda m\u00e1s escaso, la mirada entre desesperada y sumisa, inexpresivos los labios, apenas un trazo de rebeld\u00eda resbalada hacia dentro, el alma parecida a los \u00e1rboles quemados<br \/>\n\u00a1Pobre pap\u00e1! \u00a1C\u00f3mo estrechar\u00eda contra su pecho las manos \u00e1speras que organizaron el campo!<br \/>\nTiempo atr\u00e1s se hab\u00eda marchado el ama, difusa fotocopia de la moza sana que lo deslumbrara un d\u00eda y ahora Alfonso hundido en plena juventud un mazazo s\u00fabito. Noche tras noche, envuelta en aquelarres de pesadillas, ella, la hermana mimada, hab\u00eda sentido el golpe de su cuerpo desplomado en una calle cualquiera.<br \/>\n&#8211; El sargento est\u00e1 muy ocupado.<br \/>\nLa ni\u00f1ez la estuvo besando desde todas las cosas. Fueron d\u00edas de privaciones pero alegres, sueltos: un gatito glot\u00f3n que parec\u00eda de espuma, juguetes ingenuos, travesura de primeros secretos desvelados, dos ojos siempre abiertos a los sucesos del alba.<br \/>\nY Alfonso en el campo desde peque\u00f1o, el segundo hombre de la casa derramando sudor sobre gasones rebeldes, sobre la t\u00e1stana provocada por la sequ\u00eda. Luego, cuando la mente se le hizo grande desde los surcos se le escapaba hacia lo desconocido, hacia so\u00f1adas lejan\u00edas donde el hombre tiene comodidades, cambia las alborgas por zapatos de piel, se realiza.<br \/>\n&#8211; Es un asunto importante.<br \/>\n\u00a1Si todo se hubiese detenido entonces! &#8230; Pero los a\u00f1os fueron pasando como incendio que se devora a s\u00ed mismo y el mundo de las mu\u00f1ecas dio paso al de los espejos.<br \/>\nEra ya una mujer, la m\u00e1s esbelta, la m\u00e1s deseada del pueblo.<br \/>\nSu cuerpo, antes ignorado, parec\u00eda un sue\u00f1o dividido en haces de presencia. Voz interna le dijo entonces que la juventud es desaf\u00edo, compromiso de victoria, que los seres humanos no tendr\u00edan sentido si no hubiera horizontes, y las pulsaciones de su coraz\u00f3n sonaron a despedida. Cada d\u00eda le pesaba m\u00e1s el esqueleto p\u00e1lido de la llanura, el tedio de callejas mustias y quiso darle a su vida otro significado.<br \/>\n&#8211; \u00bfDocumento de identidad?<br \/>\nEl pueblo le acerca silencio de caminos despreocupados, un cuerpecillo leve amontonando besos, amigas que arrastra con simpat\u00eda en la memoria, agasajo<br \/>\nde albornias con olor a confituras caseras, pero si ahora regresara nada de esto tendr\u00eda el mismo sentido. Casi todo lo que fuera entonces la respuesta de su sangre est\u00e1 ya en el cementerio. El lugar, apenas cuatro bardas de adobe acuchilladas por el sol de la meseta, hileras de nichos paralelos, numerados, ordenando la est\u00fapida aritm\u00e9tica de la muerte, ocupa ahora con dolor su pensamiento.<br \/>\n&#8211; No lo traigo.<br \/>\nMadre derramada en barro de soledad, rostro querido que poco a poco se va quedando fuera de la memoria. Y all\u00ed tambi\u00e9n Alfonso, con el coraz\u00f3n disuelto, creciendo hacia abajo como las grandes dimensiones. Si ella hubiese seguido su consejo, casada en el pueblo con alguno de los muchos que la quer\u00edan, su vida no fuera en estos momentos un suceso de naufragio. Pero poco \u00fatiles son ya las conjeturas. Alfonso ha sido atrapado por el polvo, ese cazador que nunca se fatiga, y ella est\u00e1 hundida, empujada hasta la antesala de una comisar\u00eda por despecho, por impulso de asco contra la gente y contra ella misma.<br \/>\n&#8211; \u00bfSu nombre, por favor?<br \/>\nLa ciudad semeja funeral de ara\u00f1as, jard\u00edn da flores t\u00f3xicas \u00e1rbol con enormes ramas de piedra, alcantarillas y abatideros por ra\u00edces. Le dijeron que no llegar\u00eda lejos sin una cultura s\u00f3lida, sin un oficio, pero ya hab\u00eda decidido su conquista, gatear escalones con el apoyo de una figura atractiva y ning\u00fan argumento la pudiera detener.<br \/>\nLa moza pueblerina la lejana ni\u00f1a de labores caseras, m\u00e1s impulsiva que juiciosa, comenz\u00f3 la nueva andadura como bailarina de conjunto, carne de comparsa en espect\u00e1culo fr\u00edvolo: muchachas agitando caderas como diosas rebeldes, la m\u00fasica, el alcohol, las bambalinas del lujo.<\/p>\n<p>&#8211; Usanda G\u00f3mez\u00bb<br \/>\nSiempre hay un hombre en el centro de toda mujer aunque otros muchos se hagan orilla en su regazo, y el suyo se llamaba Toni. Era para ella lo nuevo, lo novelesco.<br \/>\nAlgunos le dieron a entender que el chicoleo del gal\u00e1n, la arrogante fanfarria arropaba impotencia, un descontento intimo frente a capacidades superiores; le insinuaron otros que estaba fichado, que ol\u00eda m\u00e1s a c\u00e1rcel que a confesionario. Ella, inexperta, hu\u00e9rfana de una mente anal\u00edtica, no supo verlo, tal vez ni siquiera lo quiso.<br \/>\nEn cualquier caso, preferible era Toni que habitar la juventud con la ni\u00f1ez a cuestas.<br \/>\nUn hombre dentro del alma, una familia arrinconada en la cartera: principio de madurez.<br \/>\n&#8211; Pase.<br \/>\nHa meditado este momento, el choque primero contra la mirada del sargento y no le ofrecer\u00e1 una imagen d\u00e9bil, rid\u00edculo: piensa hablar con juicio, controlando los impulsos de su coraz\u00f3n.<br \/>\nLos \u00faltimos hechos, mientras traspasa la puerta del despacho, le salpican la mente como fogonazos de tortura: Toni en cabeza, entrando decidido, firme la mano que empu\u00f1aba el arma, los otros dos inmediatamente detr\u00e1s, despleg\u00e1ndose hacia ambos laterales, luego ella, metida hasta el cuello en un juego peligroso por compromiso de fidelidad, est\u00fapida como cualquier enamorada ingenua \u00bfSer\u00eda \u00e9l capaz de semejante riesgo por nua mujer? Todos enmascarados, todos con movimientos precisos; todos, ya conseguido el bot\u00edn, r\u00e1pidos hacia el autom\u00f3vil que esperaba a punta de gas. Luego, sorpresivamente, apenas iniciada la fuga, sirenas que zumban como nanas de la muerte, gente asustada que desaparece de la v\u00eda p\u00fablica, Toni apretando el gatillo&#8230; y un hombre uniformado que cae al suelo, llev\u00e1ndose una mano al coraz\u00f3n.<br \/>\n&#8211; Soy la que iba con ellos, cuando lo del banco.<br \/>\nYa esta hecho. Ya, aunque el resto de sus d\u00edas sea desfile de rejas, ha pasado el momento m\u00e1s \u00e1spero. el m\u00e1s inc\u00f3modo. Aqu\u00ed, sobre la mesa del despacho, acuchillada queda la fiera que le viene ara\u00f1ando la conciencia desde aquel d\u00eda<\/p>\n<p>nefasto. Vencida se siente, v\u00edctima del atropello colectivo de la gran ciudad, zarandeada por un torbellino humano que sobrepasa su medida y \u00e9sta la venganza.<br \/>\nEl sargento, mir\u00e1ndola con extra\u00f1eza, acaso con compasi\u00f3n, como quien contempla un naufragio, le dice que su decisi\u00f3n es digna, meritoria, atenuante, pero que todo arrepentimiento p\u00fablico viene marcado por una causa espec\u00edfica.<br \/>\n&#8211; \u00bfMotivo de su confesi\u00f3n?<br \/>\nUsanda G\u00f3mez, relajada bajo el clima c\u00f3modo que el hombre de los galones amarillos ha creado a su alrededor, no se anda con rodeos, ni siquiera con esas poses estudiadas que algunas mujeres utilizan para ablandar el \u00e1nimo del oponente. Erguida, firme, inundando de rojo granate el despacho con la fragancia que le rebosa por el vestido, lanza al aire su confidencia, su terrible secreto, como quien se arroja al vac\u00edo completamente desnudo:<br \/>\n&#8211; El Polic\u00eda asesinado era mi hermano.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La sonrisa. cuando ni\u00f1a, ya le prolongaba los dientes m\u00e1s all\u00e1 del esmalte ya romp\u00eda su cintura el equilibrio de la torre del pueblo.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2],"tags":[],"class_list":["post-49","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/49","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=49"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/49\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=49"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=49"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=49"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}