{"id":45,"date":"2007-03-15T13:26:13","date_gmt":"2007-03-15T12:26:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=45"},"modified":"2007-03-15T13:26:13","modified_gmt":"2007-03-15T12:26:13","slug":"25-padre-putativo-por-zanay","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=45","title":{"rendered":"25- Padre putativo. Por Zanay"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F45&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p>1 Germ\u00e1n, arrebujado en su bufanda acr\u00edlica, observa el rugir de la cellisca en la calle, el viento tontea con el aguanieve en una pirueta de golondrina, la nariz enrojecida, los ojos marchitos.<!--more-->\u00a0Con un \u00e1pice de gravedad calibra una realidad ajena a su esp\u00edritu, una luz cegadora barniza los comercios, una hoz de melancol\u00eda arrebata briznas de helor a su cara, la ni\u00f1ez desfila arrogante por los surcos de su coraz\u00f3n y el pesar atruena. Dos chavales brincan empapados bajo la mirada impotente de una madre sepultada por un quintal de regalos, venid aqu\u00ed, el ruego resignado, mezclado con el reflejo sucio de los charcos. Aburrido, el apetito reprimido con un pu\u00f1ado de cacahuetes, se sume en una especie de somnolencia flotante, un lago sinuoso, una barca de remos perfora el misterio del aire, una docena de gaviotas extraviadas de su entorno marino. Sus reflexiones se amarran a la simetr\u00eda de las baldosas, una cascada de recuerdos que se resumen en una sola palabra, tedio. Desde que le echaron de la f\u00e1brica se desliza por un tobog\u00e1n terminado en un bache, los martes id\u00e9nticos a los s\u00e1bados, los garbanzos paralelos en un men\u00fa diario en el bar del barrio, un dardo de noes clavado en las ofertas de empleo, la familia se acurruca invisible, los progenitores enterrados y una hermana afincada en las ant\u00edpodas. De repente un cartel enmarcado en la precariedad de una esquina brilla, se necesita var\u00f3n de cuarenta a\u00f1os, no se precisa experiencia, el ombligo con un amago de tinieblas, la congoja, tal vez amparada en el jolgorio de la muchedumbre, regateada. Las instrucciones se escurren con letra min\u00fascula, presentarse a partir de las ocho de la ma\u00f1ana en el hotel Excelencia, la garganta seca atisba un destello en el t\u00fanel de su quehacer, un adem\u00e1n de recompensa en la comisura de los labios, antes de acostarse un sabor a esperanza bucea en la leche tibia con galletas.<br \/>\n\u00bfUsted podr\u00eda dejarse barba?, y la se\u00f1orita que le interroga, melena rizada, cien gramos de cosm\u00e9tico en la tez, acapara desinter\u00e9s en los hombros, el desparpajo \u00e1gil, el nervio rotundo.<br \/>\nA medida que la entrevista avanza Germ\u00e1n presume de incondicional fe en s\u00ed mismo, es que yo, si tuviera la oportunidad, el horizonte brumoso se despeja con un sol de justicia, el valor adelantando posiciones, la ocupaci\u00f3n colocada en un tabl\u00f3n de anuncios con chinchetas cromadas, el vocablo exacto, uniforme con las fiestas navide\u00f1as, miembro de un bel\u00e9n viviente, un oh vehemente, saltar\u00edn. Aunque a\u00fan ignora el papel que interpretar\u00e1 su alma brinda de alegr\u00eda, por fin algo digno, nada de reponer estanter\u00edas con lej\u00edas, ni de acumular desperdicios en las traseras de un restaurante, la cuadr\u00edcula del contrato con un vac\u00edo indolente, ah\u00ed, debajo, la muchacha con las u\u00f1as malvas, un arco iris de albricias alrededor de Germ\u00e1n, el \u00edndice y el pulgar aunados al conducir el garbo de la r\u00fabrica. Las aceras bullen, espec\u00edmenes de terciopelo encarnado, sombreros c\u00f3nicos rematados en una borla de algod\u00f3n, alforjas repletas de aguinaldos, la chiquiller\u00eda alerta, fantaseando con el futuro que les aguarda tras las comilonas. La noche despierta conjeturas en el \u00e1nimo de Germ\u00e1n, un quiz\u00e1s venturoso, un a lo mejor id\u00edlico, casi un mes cotizado de verdad, los copos albos encimados sobre su pelliza de borreguillo. Dos semanas despu\u00e9s, barbudo, duchado con un gel de trigo adquirido para la ocasi\u00f3n, acude al lugar estipulado, la central de un banco afamado deslumbra por los cuatro costados, un enjambre de personas encorbatadas zigzaguean entre las ventanillas. El vigilante de seguridad blande una desconfianza aguerrida hacia los zarrapastrosos, el rostro hura\u00f1o, la palma presta en el rev\u00f3lver, la tensi\u00f3n se palpa. Tras la correspondiente identificaci\u00f3n le se\u00f1ala un pasillo alfombrado de verde, por all\u00ed, casi un rictus de l\u00e1stima, Germ\u00e1n atento a la riada de rabillos que se ciernen sobre \u00e9l, la puerta con un n\u00famero premonitorio, treinta y tres. Tras el picaporte de bronce un sesent\u00f3n calvo se retrepa en su sill\u00f3n, as\u00ed que usted es el padre putativo, una carcajada hip\u00f3crita en las dos secretarias que le secundan, venga por aqu\u00ed, una atm\u00f3sfera grumosa en el despacho. El traje le queda enorme, el cord\u00f3n que le ajusta la t\u00fanica no consigue perfilar su figura, los talones apretujados en unas sandalias enanas, otros personajes b\u00edblicos disfrazados con mejor fortuna, un beb\u00e9 de silicona ros\u00e1cea arropado por un haz de pajas, la mula y el buey aut\u00e9nticos, a cargo de un pastor entre bambalinas. Un nacimiento pintoresco, admirado desde dentro y desde fuera, pasma a los clientes y exhibe el poder\u00edo econ\u00f3mico de la entidad en la que religiosamente depositan sus ahorros. Germ\u00e1n crey\u00f3 al principio que solo trabajar\u00eda de lunes a viernes, pero enseguida descubri\u00f3 que tambi\u00e9n los fines de semana deber\u00eda posar, el p\u00fablico aterido no cesaba de acercarse a juzgar la novedad del a\u00f1o. Un reportaje a doble p\u00e1gina en el peri\u00f3dico de la ciudad corri\u00f3 la voz, la periodista platicaba con la morena que suplantaba a la Virgen, se me cansan las rodillas, el ment\u00f3n demolido por el exceso de sosiego, una serenata de estribillos en la nuca, un receso de veinte minutos para almorzar un bocadillo raqu\u00edtico. Germ\u00e1n mantiene las pesta\u00f1as gachas, la verg\u00fcenza de ser reconocido por alg\u00fan allegado le escalda las tripas, el cristal grueso que le separa del exterior acent\u00faa la sensaci\u00f3n de ap\u00e1trida. Los pies se le congelan por el fr\u00edo que se cuela encabronado por la rejilla de la ventilaci\u00f3n, los cuadr\u00fapedos amaestrados, la mano le hormiguea de tanto aferrarse al cayado, a cada rato rezonga una blasfemia cruda por lo bajines, su colega de fatigas m\u00e1s muda que viva.<br \/>\n\u00bfTe apetece tomar algo cuando salgamos?, y la penuria les ensambla en un decorado de cart\u00f3n piedra, el flequillo del ni\u00f1o con may\u00fasculas paralizado, las cejas mustias, un vale ins\u00edpido.<\/p>\n<p>2 El capataz de la empresa de trabajo temporal surgi\u00f3 de un rinc\u00f3n con su jeta de morsa enfurru\u00f1ada, una camisa amarilla con un nudo de ahorcado en el cuello, vamos a ver, la espalda m\u00e1s recta, que estamos representando algo muy serio. Germ\u00e1n percib\u00eda que en sus intestinos se formaba una costra \u00e1cida dif\u00edcil de extirpar, la verborrea continuaba por senderos inh\u00f3spitos, t\u00fa, guapa, el gesto tiene que ser m\u00e1s virginal, una ira abrupta en los actores, la jornada larga como una zarza. Cuando la calma regres\u00f3 al pesebre ya eran casi las ocho, el gigantesco abeto plantado en el centro de la plaza mayor chisporroteaba con en\u00e9simas bolas de colores, los transe\u00fantes se encaminaban hacia el consuelo de sus refugios, ellos tiesos, pre\u00f1ados de incordio, las corvas con un til\u00edn de campanilla oxidada, Germ\u00e1n azorado ante la responsabilidad de la cita, un s\u00ed soso, arrollado en un halo de beatitud. Mientras se cambiaba en el cuarto de ba\u00f1o, un crujido de v\u00e9rtebras encogidas por la extrema quietud, decidi\u00f3 ir a una churrer\u00eda renombrada, durante el trayecto tratar\u00eda de entablar una conversaci\u00f3n jugosa, un conato de di\u00e1logo con alguien que apenas musitaba afirmaciones. Se examinaron extasiados, asemejados a dos lerdos ante una escuadra de logaritmos, la franqueza dichosa y el hola tranquilo, sereno. Liberados los torsos de la parafernalia navide\u00f1a, soldados por la humildad de su destino, enfilaron la vereda de la comunicaci\u00f3n, una sarta de detalles femeninos endulzaba la merienda cena, bajo la capa de ingenuidad borboteaba una divorciada harta a priori de los machos, una aseveraci\u00f3n con dotes de pitonisa. Ten\u00eda dos hijos exiliados en la casa remota de la abuela y una hipoteca insufrible en la vejiga, Germ\u00e1n permanec\u00eda at\u00f3nito, enfrascado en un vaiv\u00e9n intelectual incapaz de dilucidar hacia d\u00f3nde derivaba la charla. Luego ella se explay\u00f3 en un laberinto de moralejas r\u00e1pidas, porque mi \u00e9tica me prohibe aceptar determinados curros, el acento cubierto por el carm\u00edn, un toque de atenci\u00f3n ante la llegada del chocolate caliente, los modales exquisitos, robados a un internado de concepcionistas.<br \/>\n\u00bfY t\u00fa que haces adem\u00e1s de imitar a mi marido?, y la chanza escond\u00eda un torpedo de calibre peculiar, la sorpresa tatuada en la sien de Germ\u00e1n, un saltimbanqui en la cuerda floja con una tartamudez palurda.<br \/>\nEl due\u00f1o del local se aproxim\u00f3 con la cortes\u00eda enroscada a su aliento de patr\u00f3n, hoy cerramos pronto que es Nochebuena, los dos padres de la criatura pl\u00e1stica se celaron alelados, olvidados ambos de la fecha singular. La monoton\u00eda laboral les hab\u00eda envuelto en una nube de negligencia, ah, s\u00ed, gracias, ya nos vamos, ella con la batuta izada marcaba el comp\u00e1s del concierto, un ser completamente diferente al que vegetaba tras el vidrio blindado del banco. Una soledad de urbe bombardeada alardeaba de silencios enfrente de ellos, Germ\u00e1n, contento por haberse ahorrado el relato gris de su existencia, brome\u00f3 con la parsimonia de una banda de gatos que ronroneaba entre las basuras, parecen tigres felices. Ella sonri\u00f3 con una burbuja deliciosa en los mofletes, un tic imantado a un parpadeo sensual, de s\u00fabito los dedos enlazados oraban a un dios ef\u00edmero. Apoyados en la persiana met\u00e1lica de una tienda de bisuter\u00eda iniciaron un remolino de afectos, el escaparate, atestado de alhajas de pacotilla, fosforec\u00eda, ellos idos, concentrados en la ardua tarea de prometer en falso, te lo juro, una hilera de idioteces aleadas a la temporalidad del encuentro, al cabo las pelvis atadas a un lecho de soltero empedernido. Tras atropellarse en el tr\u00e1fico de las s\u00e1banas durmieron a pierna suelta, un sol con u\u00f1as rompi\u00f3 la oscuridad y proclam\u00f3 la natividad del salvador, se desperezaron en un periquete, ella valorando la escena con iris de hechicera, \u00e9l ajetreado en un intento vano por ordenar el caos de las habitaciones. El frigor\u00edfico parec\u00eda saqueado por una horda de vagos, las cortinas anticuadas concordaban con el sof\u00e1 de cojines deshilachados, un desayuno tard\u00edo en una cafeter\u00eda de noct\u00e1mbulos. Apenas hablaron, se limitaron a cerciorarse de que el milagro hab\u00eda acontecido, dos bufones contratados por horas para divertimento de los ciudadanos, la obligaci\u00f3n del mediod\u00eda arrib\u00f3 en un santiam\u00e9n, al ser un d\u00eda festivo les franque\u00f3 la entrada el conserje que moraba en el \u00e1tico del edificio, un chaparro orejudo con semblante de paquidermo t\u00edsico, buenas. La mujer de la limpieza disfrutaba de su asueto reglamentario y la escasa emoci\u00f3n reinante en el cub\u00edculo se agujer\u00f3 por el hedor de las bo\u00f1igas. Al embutirse en el rop\u00f3n Germ\u00e1n presinti\u00f3 el fracaso sentimental, su compa\u00f1era manejaba el desapego con tiento de acr\u00f3bata, el frenes\u00ed de la v\u00edspera se hab\u00eda volatilizado, dos sujetos descoyuntados por el autoritarismo del porvenir. Un resquemor rabioso tronzaba las expectativas, la ilusi\u00f3n fraguada en la almohada se desvanec\u00eda con fluidez, otra vez retornaba la angustia de encarar lo cotidiano con desgano, una cuadrilla de ancianos pegados al cristal cuchicheando p\u00e1rrafos sordos. En la pausa del bocadillo no se atrevi\u00f3 a precipitarse en el abismo, ella boqueaba atrincherada en una careta de zombi, quiz\u00e1s una tristeza arcaica apoderada de su esencia, el delirio de su perfume incorporado a los otros olores del recinto. Atiborrado de pensamientos l\u00fagubres se afligi\u00f3 ante el panorama, la mortadela demasiado grasa, las farolas forradas de villancicos regocijados y las alcantarillas obstruidas por un reguero de serpentinas.<br \/>\nOye, te pareces al del bel\u00e9n del banco, y Germ\u00e1n, el cerebro zambullido en la griter\u00eda de la taberna, el tinto abandonado ante el asombro del parroquiano, aceler\u00f3 hacia la nada para rescindir su agobio. ZANAY<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1 Germ\u00e1n, arrebujado en su bufanda acr\u00edlica, observa el rugir de la cellisca en la calle, el viento tontea con el aguanieve en una pirueta de golondrina, la nariz enrojecida, los ojos marchitos.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2],"tags":[],"class_list":["post-45","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/45","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=45"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/45\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=45"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=45"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=45"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}