{"id":33,"date":"2007-03-12T14:11:47","date_gmt":"2007-03-12T13:11:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=33"},"modified":"2016-04-24T23:37:47","modified_gmt":"2016-04-24T22:37:47","slug":"17-hibernia-por-bouvard","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=33","title":{"rendered":"17- Hibernia. Por Bouvard"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F33&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Los espejos son abominables porque multiplican en un esfuerzo perverso la imagen del hombre, ya lo supuso Borges. Y hay que evitarlos en la soledad del estudio. M\u00e1s a\u00fan cuando uno amanece con un golpe en la cabeza y con los cajones revueltos, la cama volcada, el audiolibro en lat\u00edn perforado. <!--more--><br \/>\nLos \u00faltimos textos analizados relacionan el reflejo y la mec\u00e1nica cu\u00e1ntica con todo lo que sucede en esta \u00e9poca, con Hibernia, con el tiempo detenido, con ese desasosiego que preocupa a los cient\u00edficos de permanecer est\u00e1ticos, de no marchar hacia delante y descubrir algo nuevo. De un momento ac\u00e1 todo eso (el car\u00e1cter lineal del tiempo, dicen) se acab\u00f3: el mundo est\u00e1 sumido en una pausa. Apartar un poco la cortina y ver en la calle al hombre de negro, en la esquina, con su paraguas de siempre. Entonces agarrar el polar, abrir la puerta cerrada con dos vueltas de llave y salir al invierno, esperar a que el vigilante se canse de su prop\u00f3sito y hacer de perseguidor.<br \/>\nNo son pocos los que creen que en los escritos en clave del fil\u00f3sofo Roger Bacon, o en los propios textos que nos dej\u00f3 el Abad Tritemius, se encuentra la respuesta a la clave del tiempo, una m\u00e1quina imparable que gira sin un aparente prop\u00f3sito. Un an\u00e1lisis serio, consagrar la vida al estudio exclusivo de las obras cl\u00e1sicas, le hace a uno conocedor de secretos, adivinador del mecanismo que puede hacer que el tiempo se atrase y contraiga al antojo. Los escritos ap\u00f3crifos del propio Borges hablan de un testamento redactado por un \u00e1rabe loco, por Abdelesar, donde con las gu\u00edas precisas el hombre puede retornar a la vida con apariencia de otro, un nuevo avatar. Y esa gu\u00eda, que puede parecer fant\u00e1stica y atrasada a los prop\u00f3sitos de la ciencia moderna, ha constituido el inicio de mi estudio. Lo dem\u00e1s son un c\u00famulo de operaciones rigurosas ocultas tras los textos de Tritemius y Bacon, derivaciones del Corpus Hermeticum de Hermes Trismegisto, las nuevas averiguaciones sobre la matem\u00e1tica de motivos, la mec\u00e1nica cu\u00e1ntica, el estudio permanente del que habl\u00e1bamos. Pero si se da el fallo, si uno no acierta con la combinaci\u00f3n precisa, el caos se dispara y es inabarcable, y en medio del caos la espiral del eterno retorno amenaza\u2026<br \/>\nEl hombre de negro se mueve con sigilo entre la gente, resbala su cuerpo entre los otros cuerpos en un juego el\u00e1stico. La historia est\u00e1 plagada de esos enviados, aparec\u00edan para quemar libros, desparec\u00edan con secretos inauditos. Su objetivo era evitar que alguien pudiese conocer lo innombrable: la biblioteca de Alejandr\u00eda ardi\u00f3 a sus pies. La pregunta que puede hacer que uno se apiade de \u00e9l, del censor en el sentido estricto: \u00bfacaso yo ser\u00eda uno de esos hombres de negro si no confiara en el individuo? \u00bfSi tuviese la certeza de que todo est\u00e1 corrompido y que esta sabidur\u00eda s\u00f3lo perjudicar\u00e1 el devenir no intentar\u00eda destruir mi propia obra? \u00bfEn el conocimiento duerme la destrucci\u00f3n?<br \/>\nHibernia es una ciudad despiadada, ya har\u00e1 varios a\u00f1os que estamos sumergidos en su invierno cruel. Pocos recuerdan c\u00f3mo se desvanecieron las otras estaciones, lo que nadie creer\u00eda es que esta Hibernia es causa de ciertas invocaciones salmodiadas dentro de un Pentagrama, que es un primer intento, que fue mi primer intento, por manejar la vida\u2026 Sube al tranv\u00eda. Cierra el paraguas. Va al fondo del vag\u00f3n, la intenci\u00f3n es vigilarle sin que sospeche, ocultarse entre los pasajeros. Antes de subir ha examinado con escr\u00fapulo a todos y cada uno de sus integrantes, porque si de algo huyen esos hombres de negro es del investigador antiguo, de aqu\u00e9llos que saben de su existencia por la lectura inevitable de sus idas y venidas a lo largo de los siglos. Y ellos saben de todos aqu\u00e9llos que conocen el secreto, sus fuentes son inabarcables, nadie puede adivinarlas.<br \/>\nEl Abad Tritemius cre\u00f3 un c\u00f3digo, la esteganograf\u00eda, jam\u00e1s nadie dio con su verdadero significado. Acaso John Dee, un cript\u00f3grafo y cabalista del siglo XVI estuvo cerca de conseguirlo, pero sus delirios y las conversaciones que (presuntamente) ten\u00eda con otros seres a trav\u00e9s de un espejo de antracita, acabaron con \u00e9l. Con su fama. Con su mente. Tras el c\u00f3digo se oculta el principio de la verdad. Y lo que ahora importa es terminar con la \u00fanica persona que puede dar al traste con el gran secreto, con ese hombre de negro que vigila d\u00eda tras d\u00eda desde la calle, que probablemente habr\u00e1 revuelto la habitaci\u00f3n haciendo su trabajo despu\u00e9s de golpearme, no recuerdo m\u00e1s. \u00c9l es lo \u00fanico que amenaza al proyecto. Es cierto que las c\u00e1tedras universitarias, duchas en todo lo conocido, son tambi\u00e9n un escollo. Galileo, todos los genios, sufrieron la incomprensi\u00f3n hasta que les lleg\u00f3 el momento del juicio universal; en el pesaje de su sabidur\u00eda, con los siglos, se les consider\u00f3 grandes sabios. Lo que eran Y eso es lo que importa: el futuro. Aunque si uno puede dominar a su arbitrariedad el tiempo\u2026<br \/>\n\u201cLa ciudad es un bloque de hielo\u201d, este es uno de los titulares con los que abre hoy el peri\u00f3dico. El principal. Siempre se exager\u00f3 sobre el cambio clim\u00e1tico, y esta \u00e9poca recuerda a los cient\u00edficos la era glaciar. Si ellos supieran que est\u00e1 provocada desde la invocaci\u00f3n, desde las cuatro paredes de mi estudio, desde ese Pentagrama sagrado que el gran Eliphas L\u00e9vi m\u00e1s o menos adivin\u00f3 en su tiempo\u2026 Pero el hombre de negro baja del tranv\u00eda y camina a grandes pasos, atraviesa un par de calles y mi caminar se funde con la cadencia de su caminar. La paradoja. El gran problema del manejo de las estaciones es el bucle: que se repita infinitamente la misma situaci\u00f3n. Esa variable ha dado quebraderos de cabeza a no pocos autores especializados en eso que llaman \u201cciencia-ficci\u00f3n\u201d. Una palabra despectiva en cuanto que supone que es algo que s\u00f3lo puede ficcionarse mediante personajes y adivinanzas literarias. Un solo error en el proceso y el presente ser\u00e1 infinito, se fundir\u00e1 en un eterno retorno, y la ficci\u00f3n que tantos autores han supuesto ser\u00eda una espantosa realidad.<br \/>\nSe detiene en una porter\u00eda, saluda a una pareja que sale del edificio, llama al ascensor. Hasta que no se mete dentro de \u00e9l permanezco a la espera, vigilando. Luego le pregunto al portero. Deja el crucigrama que est\u00e1 rellenando. Se extra\u00f1a cuando le describo \u00e9se hombre que ando buscando, de espaldas anchas, botas y vestimenta negra, bigote y manos nerviosas, y m\u00e1s cuando le digo que vive all\u00ed, pero me da la respuesta que busco, y subo las escaleras de dos en dos. Una puerta se cierra. Pensar que toda la sabidur\u00eda ya se encontraba velada en los textos herm\u00e9ticos que conocemos, ya el siglo V con toda su evidencia, le hace a uno desviarse y ensimismar el objetivo. Pero las ganas por destruir todo lo que puede impedir el conocimiento regresan.<br \/>\nUno llama a la puerta y baja la cabeza para no ser reconocido, espera a que le abran, ese hombre lo hace. Y entonces el cuchillo que uno guarda debajo del abrigo salta de la mano al cuerpo del desconocido. Es no acertar y perder el equilibrio, reponerse y golpear brutalmente en su cabeza con los pu\u00f1os, enzarzarse en una pelea y rodar por el suelo enmoquetado, hasta que llega el golpe definitivo y se apagan los gru\u00f1idos, luego hay que arrastrar el cuerpo a una de las habitaciones, y cerrar con dos vueltas de llave la puerta de la calle para poder examinar ese piso que huele a guarida antigua. Entonces uno cree que el mundo se cae, que esa Hibernia fr\u00eda ser\u00e1 permanente y se repetir\u00e1 como castigo divino hasta el infinito.<br \/>\nEsa es la misma habitaci\u00f3n, son los mismos documentos que uno ha estado revisando durante a\u00f1os&#8230; All\u00ed, est\u00e1n all\u00ed, con ese orden personal pr\u00f3ximo al caos. Apu\u00f1alar de rabia el audiolibro en lat\u00edn, remover los cajones, volcar la cama para ver si all\u00ed est\u00e1 guardado el por qu\u00e9, renunciar a la lucha, ver antes de caer desmayado la cara de ese hombre de negro, tu propio rostro en ella, desfallecer al adivinar de soslayo el rizo perpetuo que uno ha creado. Uno es el hombre de negro porque uno es todas las posibilidades, jard\u00edn de senderos que se bifurcan. Saber que el futuro no recibir\u00e1 bien la obra fundamental y que la \u00fanica opci\u00f3n que quedar\u00e1 es destruir la g\u00e9nesis de ese conocimiento. Y mirarse en el espejo abominable antes de sucumbir. En \u00e9l queda reflejado el perfil del aqu\u00e9l que yace en el suelo y que pronto recuperar\u00e1 la conciencia. El hombre de negro aguarda en la calle. Nieva.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0Los espejos son abominables porque multiplican en un esfuerzo perverso la imagen del hombre, ya lo supuso Borges. Y hay que evitarlos en la soledad del estudio. M\u00e1s a\u00fan cuando uno amanece con un golpe en la cabeza y con los cajones revueltos, la cama volcada, el audiolibro en lat\u00edn perforado.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2],"tags":[],"class_list":["post-33","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/33","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=33"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/33\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":180,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/33\/revisions\/180"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=33"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=33"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=33"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}