{"id":32,"date":"2007-03-12T14:06:28","date_gmt":"2007-03-12T13:06:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=32"},"modified":"2016-04-24T23:36:45","modified_gmt":"2016-04-24T22:36:45","slug":"16-transito-por-madera-de-haya","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=32","title":{"rendered":"16- Tr\u00e1nsito. Por Madera de Haya"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F32&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 Lo barrunt\u00f3 tan pronto como despeg\u00f3 los p\u00e1rpados para acabar de volver al mundo de la conciencia. Lo not\u00f3 en el haz de rayos solares que se colaba por un lateral de la cortina de la ventana, que ten\u00eda una intensidad desmesurada, singularmente aur\u00edfera, y en cuyo seno las motas de polvo parec\u00edan danzar al et\u00e9reo comp\u00e1s de un parsimonioso vals.<!--more-->\u00a0<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" title=\"M\u00e1s...\" height=\"10\" alt=\"M\u00e1s...\" src=\"http:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/wp-includes\/js\/tinymce\/themes\/advanced\/images\/spacer.gif\" width=\"870\" name=\"mce_plugin_wordpress_more\" \/>Lo percibi\u00f3 tambi\u00e9n en lo aterciopelado y calmo del silencio de su habitaci\u00f3n, que con frecuencia sent\u00eda escabroso e inquietante. Y, en fin, advirti\u00f3 que empezaba una jornada muy especial, un d\u00eda tal vez \u00fanico, en el ins\u00f3lito sabor que hab\u00eda en su boca: ni bilioso, ni agrio, ni arranciado, ni medicamentoso, ni p\u00fatrido, sino tan grato y reconfortante como el de la miga tierna del pan de an\u00eds.<br \/>\n\u00a0 Y que fuese precisamente aquel deje, rescatado de los parajes m\u00e1s remotos del recuerdo, el que llevaba enviscado al paladar, no ten\u00eda ninguna explicaci\u00f3n razonable. Hac\u00eda muchos a\u00f1os que no probaba el pan de an\u00eds. Aparte la nunca desechable posibilidad de un olvido, habr\u00eda asegurado que tal sabor era patrimonio \u00fanico de los inicios de su infancia, a\u00fan en el \u00edntimo y rec\u00f3ndito universo del pueblo; una memoria tan lejana que los detalles le hab\u00edan sido ya desahuciados por el tiempo, y de la cual las im\u00e1genes que perduraban en \u00e9l, apenas perfiladas, como trazadas con una acuarela cada vez m\u00e1s aguada, eran tan solo de entornos, de ambientes. Y si bien se le hab\u00eda conservado, dentro de la nebulosidad coloreada \u2013en este caso, de un afable azul a\u00f1il\u2013 de la memoria, la viveza de los perfiles de algunos olores: la melosidad del de los melocotones acabados de cosechar, la acritud del hediondo de los estercoleros, la calidez polvorienta del de la era reci\u00e9n trillada\u2026, esto no le pasaba con los sabores, a menos que se los reviviese el hecho material de la comida. Sin embargo, de forma sorprendente e inaudita, aquella ma\u00f1ana el regusto de la miga tierna del pan de an\u00eds le embalsamaba el paladar.<br \/>\n Sin que la \u00edndole enigm\u00e1tica de la circunstancia le hurtase ni un \u00e1pice de la inefable sensaci\u00f3n de bienestar que le embargaba, se levant\u00f3, y al dar, descalzo, el primer paso y cruzar la banda intrusa de rutilante luz solar, desbarat\u00f3 el desvelado vals de la tenue polvareda llev\u00e1ndose consigo a infinidad de bailarines; pero el desbarajuste ocasionado fue extremadamente fugaz, puesto que cualquier danzante desplazado iba siendo, de inmediato, al recomponerse el relumbre, sustituido por otro id\u00e9ntico en apariencia y habilidad, y tal hecho \u2013en el que en cualquier otra ocasi\u00f3n apenas hubiera reparado,  por considerarlo un f\u00fatil fen\u00f3meno de la F\u00edsica\u2013, en aquel momento le sedujo, y, seguramente por una cabriola de un mag\u00edn ya en especial excitaci\u00f3n, incluso le enterneci\u00f3. Y, conmovido, meti\u00f3 los pies en las zapatillas forradas de una lana m\u00e1s dulce al tacto aquel d\u00eda, y m\u00e1s mullida, y m\u00e1s c\u00e1lida.<br \/>\n  Ya frente al espejo del cuarto de ba\u00f1o, el car\u00e1cter excepcional de la jornada segu\u00eda confirm\u00e1ndose. El cabello no aparec\u00eda grasiento, aplastado, arremolinado mostrando clapas de piel blanquecina de apariencia insana, con rebeldes penachos aqu\u00ed y all\u00e1 como colas sucias de diminutos pavos reales negruzcos y con surcos irregulares remedando cauces de riachuelos secos de riberas sebosas, sino que luc\u00eda suelto, vigoroso, brillando lo justo para revelar salud y aseo, y hasta incluso airosamente alborotado. Mostr\u00f3, entonces, a su doble del espejo el frontis de la dentadura como un can amenazador y \u2013\u00a1maravilla!\u2013 ni un tilde marr\u00f3n, ni un rastro amarillento, ni un asomo de caries se ve\u00eda entre las piezas, blancas e impecables. Las cepill\u00f3 con cuidadosa energ\u00eda y, una vez enjuagadas, el mentol del dent\u00edfrico se rindi\u00f3, de nuevo y de inmediato, al sabor se\u00f1oreante que parec\u00eda guardar la clave de aquella evoluci\u00f3n a una nueva y placentera realidad, de aquella sucesi\u00f3n de prodigios: a miga tierna de pan de an\u00eds.<br \/>\n \u00a0 A medida que se suced\u00edan las pasmosas manifestaciones, se le iban llenando el cuerpo y el alma \u2013o lo que sea eso otro que se siente sin percibirse\u2013 de complacencia y de una alegr\u00eda sedada, no euf\u00f3rica, lejana al alborozo, aunque consustancial al bienestar. Y, bajo el agua tibia de la ducha, comprobaba admirado que ya no le colgaban fl\u00e1ccidos los pectorales cincuentones de pellejo peludo encanecido cuando los embadurnaba con la esponja enjabonada, ni temblaban como gelatinas la barriga y los pliegues de sus laterales, ni a las nalgas las notaba descolgadas y exhaustas como caricaturas de tetas de meretriz decr\u00e9pita. Aquellas carnes ya caducas parec\u00edan haber recuperado, si no la entereza de sus veinte a\u00f1os, s\u00ed la apariencia a\u00fan orgullosa de los treinta, antes de que las abatieran el sedentarismo y la glotoner\u00eda de su propietario.<br \/>\n  Se afeit\u00f3 sin que le incomodase ni el m\u00e1s leve aviso de irritaci\u00f3n, y al librarse despu\u00e9s a las caricias aduladoras de la gama cosm\u00e9tica acostumbrada: masaje facial, desodorante, colonia\u2026, sinti\u00f3 m\u00e1s frescas las sensaciones, m\u00e1s fragantes los aromas y m\u00e1s agradecida a la epidermis. Todo era extraordinario aquel d\u00eda; todo mejor, rejuvenecido y<em> <\/em>amable<em>.<\/em> Y algo le dec\u00eda, tan queda como rotundamente, que aquel m\u00e1gico principio de jornada era tan solo el p\u00f3rtico de un nuevo \u00e1mbito existencial, el inicio del tr\u00e1nsito a un estado excelso y tal vez definitivo.<br \/>\n  Y arranc\u00f3 de cuajo el brote de intenci\u00f3n de analizar el fen\u00f3meno. Una rara y hasta entonces ignorada sabidur\u00eda instintiva le advert\u00eda de la imposibilidad de ciertas averiguaciones, y le recomendaba abandonarse a la bonanza del momento y dejar para el Olimpo la comprensi\u00f3n de los enigmas, de su sentido y de su motivo. Desdobl\u00f3 una camisa en la que apenas quedaron arrugas: apareci\u00f3 casi impecablemente planchada, y su tela impoluta le envolvi\u00f3 el tronco y los brazos d\u00factil y amorosa. Con un confortable pantal\u00f3n de pana enfund\u00f3 las piernas, tras colocarse unos cumplidos calcetines que sub\u00edan hasta las rodillas. \u201cEsto s\u00ed son, en realidad, medias \u2013se dijo\u2013. Lo que llevan las mujeres y que les llega hasta arriba de los muslos no son medias, sino enteras\u201d, y sonri\u00f3, sorprendido y ufano por aquella nimia agudeza, porque nunca se hab\u00eda visto salpicado, ni siquiera de forma espor\u00e1dica y m\u00ednima, por la purpurina del ingenio, nunca hab\u00eda sido, ni en azarosa y exigua circunstancia, un hombre ocurrente.<br \/>\n  Al calzarse, not\u00f3 la piel de los zapatos blanda y protectora, y sus suelas d\u00f3ciles y hasta esponjosas. Poco a poco, un sentimiento de cambio, de mutaci\u00f3n, que trascend\u00eda desconcertantemente las sensaciones f\u00edsicas, iba cal\u00e1ndole; era una incomprensible evidencia de que el orden de su universo particular hab\u00eda alcanzado\u00a0\u00a0 \u2013o, m\u00e1s precisamente dicho, se dispon\u00eda a alcanzar\u2013 un punto de armon\u00eda impensable para un hombre como \u00e9l y tal vez para cualquiera de los humanos. Todo se transformaba para bien; y aquella extravagante novedad, en buena l\u00f3gica, debiera haberle no solo incomodado, sino alarmado \u2013por pura incapacidad para comprenderla\u2013, si el deleite que experimentaba en la metamorfosis no hubiera sido tal que le imped\u00eda incluso pensar en buscarle alg\u00fan pero al prodigio. La esencia de aquel augurio \u2013porque \u00e9l comprend\u00eda que de eso se trataba, de un augurio, aunque no pudiese intuir ni siquiera a d\u00f3nde apuntaba su referencia\u2013 actuaba sobre su mente como la m\u00e1s calmante, ben\u00e9fica, satisfactoria y portentosa de las drogas.<br \/>\n \u00a0 Cuando abri\u00f3 la puerta al mundo exterior, la ciudad pas\u00f3 tambi\u00e9n a formar parte de la mutaci\u00f3n, y no desenton\u00f3 en absoluto. La fachada de la casa que se alzaba frente a la suya no era ya de un color gris pena, sino de uno perla preciosa, y en lugar de verla sucia y desconchada, maltrecha por el tiempo y el abandono, se le mostr\u00f3 decorada con una rica variedad<strong><em> <\/em><\/strong>de<strong><em> <\/em><\/strong>tonos y trazos que parec\u00edan escogidos y dise\u00f1ados por una mente y una mano artistas; los sufridos pl\u00e1tanos urbanitas le ofrec\u00edan un amplio y hermoso muestrario de verdes, ocres, argentosos y ambarinos, y las rejillas que abrazaban en su base a los troncos luc\u00edan bru\u00f1idas sobre un fondo de tierra limpia y h\u00fameda. En la calle, reci\u00e9n barrida y regada, a\u00fan no se ve\u00eda ni un alma. Camin\u00f3 hasta la esquina, y en la amplitud del cruce le lleg\u00f3 el aliento extraviado de un aire puro e impropiamente montuno. Lo aspir\u00f3, agradecido una vez m\u00e1s al milagro, mientras cruzaba\u2026, y entonces surgi\u00f3, como por ensalmo, la furgoneta: mal\u00e9vola, infernal, como un rinoceronte encabronado, como una furia rugiente, embravecida y letal. Se desplom\u00f3 ya antes del atropello. El bramido estrepitoso y repentino le sorprendi\u00f3 brutalmente en su desprevenida placidez, y no pudo soportar una acometida sonora tan inesperada como violenta. Estall\u00f3, en su interior, igual que una l\u00e1mina del mejor cristal al embate de un contundente mazo. Despu\u00e9s, ya roto por dentro y tumbado en el suelo, lleg\u00f3 la ferina agresi\u00f3n corporal. Primero, proyectado; luego, atrapado y arrastrado; y, finalmente, despedido por detr\u00e1s de la bestia mec\u00e1nica desbocada, envuelta toda la escena en el relincho macabro de una frenada tard\u00eda e in\u00fatil.<br \/>\n \u00a0 Pero, tras un instante de una insonoridad profunda, hueca como la nada, y de una inveros\u00edmil, por lo dilatada, fugacidad \u2013una fugacidad a c\u00e1mara lenta\u2013, el prodigio se continuaba manifestando: el cuerpo del accidentado qued\u00f3 decorosamente tendido en el flanco ya soleado de la calzada, sin apenas desperfectos aparentes, con la cabeza apoyada en el bordillo y las manos sobre el pecho, como si durmiese un pl\u00e1cido sue\u00f1o tras haber recompuesto, en su interior, el cristal hecho a\u00f1icos de la serenidad. S\u00f3lo la beta de sangre que le asomaba por una oreja delataba el fatal quebranto.<br \/>\n  La furgoneta hab\u00eda quedado detenida en mitad del cruce. A trav\u00e9s de las lunas se pod\u00eda ver el dibujo de un hombre agarrado con las dos manos al volante, moment\u00e1neamente paralizado por el espanto. Por efecto del frenazo se hab\u00edan abierto las puertas traseras del veh\u00edculo, y unas grandes cestas de pl\u00e1stico de color azul a\u00f1il, al volcarse, hab\u00edan mandado calle abajo docenas de bollos orondos y dorados. Invad\u00eda el ambiente un aroma cordial, dom\u00e9stico y apetitoso de pan de an\u00eds. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 Lo barrunt\u00f3 tan pronto como despeg\u00f3 los p\u00e1rpados para acabar de volver al mundo de la conciencia. 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