{"id":31,"date":"2007-03-08T14:14:59","date_gmt":"2007-03-08T13:14:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=31"},"modified":"2016-04-24T23:35:06","modified_gmt":"2016-04-24T22:35:06","slug":"15-frigiliana-por-axarquia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=31","title":{"rendered":"15- Frigiliana. Por Axarqu\u00eda"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F31&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u201cDicen los confiados que Do\u00f1a Justicia y Do\u00f1a Verdad caminan juntas con el mismo destino. En el magnetismo de los polos opuestos, por su origen diferente, una se cobija en la otra a pesar de que agentes codiciosos estiran de ellas y las obligan a separarse. La primera no es posible sin la segunda; sin embargo, en demasiadas ocasiones, en nuestro gran teatro del mundo, las visten de mil maneras y aquel magnetismo se rompe\u201d.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0El d\u00eda amaneci\u00f3 lluvioso y sus gotas insistentes iban d\u00e1ndole a la hierba su color m\u00e1s vivo. El cielo, alicatado de plomo, no ofrec\u00eda ni un resquicio por donde el Sol pudiera hacer llegar su alegr\u00eda a aquel lindo pueblo de la sierra malague\u00f1a. Definitivamente, en aquel d\u00eda, el gran astro pas\u00f3 desapercibido para todo el poblado gozoso por la fina lluvia tan necesitada por sus campos, de los que sal\u00eda su principal sustento. Y, gracias a su esp\u00edritu emprendedor, segu\u00edan trabajando las tierras, fieles al compromiso adquirido.<br \/>\nEl pueblo, muy blanco, destacaba en la ladera verde cubierta de pinos, de espesos arbustos y de peque\u00f1os vi\u00f1edos que recib\u00edan la brisa de un mar cercano, como a media jornada caminando. La necesaria para llegar hasta \u00e9l, comprar un poco de pescado y volver al atardecer. En el oto\u00f1o, el clima suave hac\u00eda f\u00e1cil el camino, pero poco tiempo despu\u00e9s, ya entrado el invierno, la noche oscura recib\u00eda a Justicia con su peque\u00f1a cesta llena de pescado.<br \/>\nEra muy joven, catorce a\u00f1os, y viv\u00eda en el poblado desde que la abandonaron sus padres camino hacia el exilio de Berber\u00eda ordenado por el Rey Felipe II. Decidieron dejarla en beneficio de la propia ni\u00f1a porque tambi\u00e9n present\u00edan peligros fundados m\u00e1s all\u00e1 del mar. Una familia sin hijos crey\u00f3 de justicia acogerla en su caba\u00f1a y ello justific\u00f3 su nombre; aunque se viesen obligados en el bautizo al a\u00f1adido de Mar\u00eda Justicia.<br \/>\nFue creciendo rodeada de ternura y alegr\u00eda, la que mostraba hacia el embarcadero en busca de jureles y sardinas dos d\u00edas de cada siete. Justicia se hizo una mujercita feliz, semejante al bullicio de la aldea en la que todos sumaban sus esfuerzos con el objetivo com\u00fan de vencer las dificultades que, por cierto, no eran pocas. Todo el poblado hab\u00eda tenido que abandonar su lengua, sus costumbres, sus creencias y creer en otro Dios al que no extra\u00f1aban. En estas condiciones pudieron permanecer en sus chozas, seguir trabajando la tierra y, tras pagar los tributos, gozar de cierta tranquilidad. Lo que para los tiempos que transcurr\u00edan no era poco y convert\u00edan a Frigiliana en un pueblo seguro y apacible.<br \/>\nJusticia, tan joven como bella, mostraba en sus labios carnosos una sonrisa y dulzura sin igual. De tez morena, su cabello reflejaba el brillo del \u00e9bano y a pesar de su natural encanto, en ocasiones, una ligera tristeza emerg\u00eda de sus ojos casta\u00f1os por el recuerdo de un pasado que, por fortuna, no le hab\u00eda dejado heridas abiertas.<br \/>\nEn los bancales de la sierra crec\u00edan ca\u00f1as de az\u00facar originarias de Arabia, cuya recolecci\u00f3n, junto a los racimos de uvas que dejaban en las cepas para que se secaran, daban fama y pan a los habitantes del poblado. Manten\u00edan la vieja tradici\u00f3n de convertir las uvas en pasas y, tras siete d\u00edas al sol, en el octavo, al pisarlas en el lagar, obten\u00edan un vino dulce de gran fama cuyos beneficios se repart\u00edan entre todos. Menos\u2026 una parte.<br \/>\nLa que le correspond\u00eda a Don Pedro de Almijara, noble conde y se\u00f1or de toda la comarca. Don Pedro, afeminado y lujurioso, mandaba a su esposa Do\u00f1a Verdad, mujer brav\u00eda y con muchos reda\u00f1os, a las tareas de la recaudaci\u00f3n; mientras tanto, \u00e9l se quedaba para sus placeres carnales en su viejo y noble caser\u00f3n de Alhama, ciudad situada a medio camino entra Granada y el mar.<br \/>\nNo todos los poblados del se\u00f1or\u00edo de Don Pedro eran tan favorecidos por la naturaleza como lo era Frigiliana, lugar del que sal\u00edan los tributos m\u00e1s cuantiosos. Aquellos moriscos conversos s\u00f3lo deseaban trabajo y paz. Eran ajenos a las murmuraciones que llegaban de otras partes menos productivas y en cuyos ecos no deseaban participar. As\u00ed pues, Do\u00f1a Verdad, dos y hasta tres veces cada doce meses llegaba hasta ellos, se hospedaba en una vieja mezquita convertida en ermita y recib\u00eda a los conversos, dispuestos primero a la oraci\u00f3n y despu\u00e9s al cumplimiento del pago establecido a cambio de su protecci\u00f3n.<br \/>\nLes dec\u00eda que Do\u00f1a Verdad era mujer de reda\u00f1os. Y a fe que los ten\u00eda, sobre todo cuando lo exig\u00edan sus deberes. Pero sin menoscabo de todas las cualidades heredadas de sus padres: el don de la honradez, el inter\u00e9s por las causas justas y el amor a la verdad fijado por su nombre. A todo ello se le un\u00eda una gran sensibilidad y finura en su porte, que enriquec\u00eda a\u00fan m\u00e1s, si cabe, su condici\u00f3n de elegante y atractiva dama. A sus veinticinco a\u00f1os hab\u00eda alcanzado una gran fortaleza interior, a la que se un\u00eda su belleza. Los compromisos paternos le obligaron a unirse en matrimonio con quien no armonizaba en ninguna faceta personal y cualquier tipo de convivencia era una quimera. La vida \u00edntima entre ambos era inexistente y pese a ello, cumpl\u00eda con la exigencia de su esposo, tarea para la que \u00e9l, por su debilidad de car\u00e1cter, no estaba preparado. Y Do\u00f1a Verdad actu\u00f3 con empe\u00f1o y sin ninguna clase de dejaci\u00f3n. Incluso con gran firmeza.<br \/>\nLo que no implicaba en ella crueldad alguna, ni ansias de poder, ni siquiera deseos de tener sometidos a quienes trabajaban sus tierras. Los consideraba hombres libres y como tal pod\u00edan irse, aunque eso s\u00ed, si deseaban quedarse les exig\u00eda el cumplimiento de lo pactado. Y siempre actuaba con benevolencia cuando era requerida para aplazar los pagos, si exist\u00eda algo que lo justificara. Do\u00f1a Verdad hac\u00eda honor a su nombre y lo que no consent\u00eda era la mentira. Por otra parte, silenciaba los gustos refinados de su esposo porque nunca se los ocult\u00f3 y tambi\u00e9n porque no ten\u00eda m\u00e1s remedio.<br \/>\n&#8211; Hola, joven ni\u00f1a \u00bfa d\u00f3nde vas? \u2013 Le pregunt\u00f3 una ma\u00f1ana Do\u00f1a Verdad a Justicia desde la ventana de su aposento en Frigiliana, a donde hab\u00eda llegado la tarde anterior.<br \/>\n&#8211; Al embarcadero. Dos de cada siete d\u00edas bajo a comprar pescado y regreso al atardecer \u2013le contest\u00f3 la joven sonriente con su habitual espontaneidad.<br \/>\n&#8211; Espera, &#8211; se ofreci\u00f3 sin pensarlo la due\u00f1a de todas las haciendas \u2013 te llevo en mi caballo. Quiero ver el mar de cerca y estaremos de vuelta antes del mediod\u00eda.<br \/>\nEn aquel corto viaje Do\u00f1a Verdad supo de la soltura y gracejo de la joven, de su franqueza, cualidades que tanto valoraba. De vuelta al poblado y ante sus padres, acordaron que fuese la ni\u00f1a la que le entregara los tributos todas las veces que se presentara en el poblado. Do\u00f1a Verdad hab\u00eda quedado fascinada y deseaba conocer m\u00e1s a fondo a Justicia.<br \/>\nY con todo\u2026 fueron pasando los a\u00f1os. Las cosechas se iban sucediendo cada vez m\u00e1s intensas, a la par que Do\u00f1a Verdad, en sus visitas, aprovechaba para encontrarse con Justicia; llegando a tal empat\u00eda entre ambas que su inter\u00e9s por estar juntas era semejante al cumplimiento de su misi\u00f3n. Quiz\u00e1 ya, hasta era superior el deseo de verse. La sensibilidad de la dama junto a la ternura de la joven y el tiempo, autor de todos los posibles, hicieron avivar en ellas algo nuevo, diferente a lo que en un principio s\u00f3lo parec\u00eda afecto mutuo.<br \/>\nTambi\u00e9n Frigiliana iba cambiando su aspecto y las viejas chozas daban paso a nuevas casas de adobe adornadas con buganvillas, geranios, ficus, peque\u00f1as palmeras y flores que realzaban el limpio encalado de sus paredes. Pero a las dichas y eran muchas, que nunca son eternas, fueron llegando los murmullos cada vez m\u00e1s alarmantes extendidos por toda la comarca y que incitaban a la rebeli\u00f3n contra el Rey, siendo recibidos con mucho temor por la gente de tan laborioso pueblo. La prosperidad de Frigiliana no se hab\u00eda extendido allende la regi\u00f3n y cada vez era m\u00e1s dif\u00edcil para los rebeldes conversos, cristianos, quiz\u00e1 por conveniencia, cumplir los compromisos contra\u00eddos. En estos otros se\u00f1or\u00edos hab\u00edan dejado de pagar los grav\u00e1menes y la amenaza de la expulsi\u00f3n perdiendo todo lo que ten\u00edan, que era bien poco, iba tomando cada vez m\u00e1s fuerza. Hasta que lleg\u00f3\u2026 la hora de su ejecuci\u00f3n.<br \/>\nFrigiliana un\u00eda a todos sus encantos naturales su situaci\u00f3n sobre un escarpado que la convert\u00eda en un pe\u00f1\u00f3n de f\u00e1cil defensa. Conforme iban aumentando las hostilidades, nuevas familias llegaban a su abrigo en busca de mejor protecci\u00f3n, pues deseaban hacerse fuertes y, en su inconsciencia, repeler la amenaza. Esto quebraba su tranquilidad y los presagios de malos y muy cercanos tiempos fueron para su desgracia cumplidos con una crueldad desconocida.<br \/>\nHasta aquellas tierras llegaron los ej\u00e9rcitos del Rey compuesto por seis mil hombres al mando de Don Lu\u00eds de Requesens. El prestigioso militar lanz\u00f3 sobre los moriscos su amenaza: o depon\u00edan su actitud, abandonando la fortaleza hacia su lugar de origen o dar\u00eda la orden de cargar contra todos sin ninguna clase de miramiento.<br \/>\nCorr\u00eda el mes de Junio de 1569, el Sol brillaba sobre la sierra y el calor a\u00fan era soportable. Pero lo que no iban a impedir era el ataque despiadado que se cern\u00eda contra una poblaci\u00f3n refugiada en Frigiliana, cuyo n\u00famero hab\u00eda aumentado de forma considerable. La confianza en aquel alto era la \u00fanica esperanza y para derrotar al invasor acumularon piedras en lo alto del pe\u00f1\u00f3n, pertrech\u00e1ndose con toda clase de utensilios v\u00e1lidos para su defensa.<br \/>\nDo\u00f1a Verdad, que cumpl\u00eda en aquellos d\u00edas con su cometido, vio con estupor el asalto al pe\u00f1\u00f3n por las tropas cristianas que, bien dotadas, consiguieron llegar a un poblado pr\u00e1cticamente indefenso. El clamor corri\u00f3 por sus calles y en sus paredes aparecieron ara\u00f1azos de sangre. La \u00fanica cruz era la de las espadas y \u00e9stas lanzaban mandobles sin ninguna clase de compasi\u00f3n sobre los moriscos que hu\u00edan despavoridos.<br \/>\nLo que observaron los ojos de Do\u00f1a Verdad la llen\u00f3 de desesperaci\u00f3n y su \u00fanica fijaci\u00f3n era el encuentro de Justicia. Mont\u00f3 su caballo y se hizo paso por las calles para salvarla de tanta ferocidad. Consigui\u00f3 llegar a su casa y junto a la puerta vio a sus padres yacentes en un revoltijo de sangre. Sus ojos angustiosos volv\u00edan hac\u00edan todas partes buscando a la joven. Fue cuando la vio trepar por unas rocas buscando una fuga imposible hacia lo m\u00e1s alto del pe\u00f1\u00f3n. Do\u00f1a Verdad se dio cuenta de que unos soldados segu\u00edan con los ojos aquella ascensi\u00f3n para atraparla una vez ganara el peque\u00f1o mirador al que se llegaba por otro camino menos abrupto. Por \u00e9l y con su caballo se dirigi\u00f3 en auxilio de Justicia llegando hasta el punto a donde se dirig\u00eda la joven morisca. All\u00ed la esper\u00f3, anim\u00e1ndola con gritos que asegurasen su escalada que termin\u00f3 con un fuerte abrazo de pasi\u00f3n.<br \/>\n&#8211; \u00a1Herej\u00eda, herej\u00eda \u00a1 gritaron los cristianos acabados de llegar, nada m\u00e1s contemplar a las dos mujeres embelesadas en su gozo.<br \/>\nDo\u00f1a Verdad vio odio y fanatismo en aquellas miradas y la \u00fanica salida era la de no entregarse a la ceguera encolerizada de aquellos salvajes. Verdad y Justicia, concebidas pese a toda clase de imponderables para ir unidas hasta la muerte no lo pensaron m\u00e1s y se lanzaron al vac\u00edo. El Rey someti\u00f3 aquella sublevaci\u00f3n y el infiel fue expulsado de aquellos agrestes parajes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u201cHan pasado siglos desde aquel ba\u00f1o de sangre y Frigiliana sigue con sus casas blancas, su fresca brisa, sus calles escalonadas y con su historia incomprendida. El \u201cPe\u00f1\u00f3n de Frigiliana\u201d, intacto en el tiempo, esconde en su fondo de arbustos entrecruzados e intransitables dos rocas fuertemente abrazadas: una blanca con vetas rojizas y otra azabache con el brillo del \u00e9bano\u201d<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u201cDicen los confiados que Do\u00f1a Justicia y Do\u00f1a Verdad caminan juntas con el mismo destino. En el magnetismo de los polos opuestos, por su origen diferente, una se cobija en la otra a pesar de que agentes codiciosos estiran de ellas y las obligan a separarse. 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