{"id":28,"date":"2007-03-08T14:00:43","date_gmt":"2007-03-08T13:00:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=28"},"modified":"2016-04-24T23:32:56","modified_gmt":"2016-04-24T22:32:56","slug":"12-don-enrique-por-berta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=28","title":{"rendered":"12- Don Enrique. Por Berta"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F28&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: justify;\">\u00a0No fue afortunada la idea de colocar en el ba\u00f1o un espejo de cuerpo entero. La vanidad de Carola, hombre, hay que ver. Pero colocarlo justo enfrente de la ducha ya constituy\u00f3 delito: no encuentra manera de desviar la mirada, aunque se esfuerza.<!--more-->\u00a0Siendo consciente del problema, hace firme prop\u00f3sito de no despegar los ojos de los pies, pero el cristal, mal\u00e9volo, medio empa\u00f1ado, le atrae con tal intensidad que sospecha que en el fondo de su naturaleza se agazapa una hebra masoquista. E inevitablemente, reaparece el cuadro de cada ma\u00f1ana, m\u00e1s esperp\u00e9ntico hoy, tal vez. Lee en el espejo, de izquierda a derecha y vuelve a percibir, como cada d\u00eda, la graf\u00eda inequ\u00edvoca de los signos de interrogaci\u00f3n: el pecho plano, enclenque, pulido, sin la m\u00e1s m\u00ednima protuberancia ni vello, se contin\u00faa, casi abri\u00e9ndose en \u00e1ngulo recto, con el semiesf\u00e9rico abdomen. No ve don Enrique figuras geom\u00e9tricas, sino la apertura indiscutible de una pregunta, seguida por su gemela invertida, sin apenas espacio intermedio entre las dos. La cabeza, demasiado redonda, tambi\u00e9n desprovista de pelo, llega al endeble y largo cuello tan en perpendicular que ambos contornos, cr\u00e1neo y pescuezo, dibujan n\u00edtidamente el descendente s\u00edmbolo inquisitorial.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Don Enrique reconoce en esa imagen su esencia, resignado. Una pregunta sobre nada, silenciosa, desliz\u00e1ndose en el vac\u00edo sin consciencia del tiempo. Un signo de interrogaci\u00f3n torpemente bermejeado por alg\u00fan preescolar poco h\u00e1bil.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Carola, sin la suficiente imaginaci\u00f3n para percibir ni signos de puntuaci\u00f3n ni geometr\u00edas en el perfil de don Enrique, ve un pollo desplumado, reci\u00e9n escaldado y raqu\u00edtico, al que procura no contemplar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0No comprende don Enrique por d\u00f3nde se le han pasado las horas. No recuerda haberse afeitado, ni haberse colocado meticulosamente el nudo de la corbata. Tampoco lleva en el paladar el regusto amargo y delicioso del caf\u00e9. Y sin embargo camina hacia la secretar\u00eda del colegio. Nota la falta de ruido en sus pasos y se congratula, no deben verle. Aunque lo importante no es la presencia de alguien, \u00e9l es el director, va y viene cuando y por d\u00f3nde necesita, busca y rebusca, siempre lleva papeles en la mano, carpetas, cierra la puerta de su despacho\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Lo \u00fanico que debe habitar entre los rubicundos signos ortogr\u00e1ficos de su figura es un amago de conciencia que le importuna. No debi\u00f3 ceder nunca a las pretensiones de su prima para que el chico entrara en su colegio, y menos con el compromiso de aprobar.<\/p>\n<p>&#8211; Es su \u00faltima oportunidad, Enrique, para sacarse el t\u00edtulo de bachiller. As\u00ed que t\u00fa ver\u00e1s.<br \/>\n&#8211; Pero si \u00e9l no quiere estudiar\u2026<br \/>\n&#8211; Eso ya me lo han dicho en los colegios anteriores. Pero no vamos a dejar al ni\u00f1o sin un bachiller. Por lo menos un bachiller.<br \/>\n&#8211; No tan ni\u00f1o, Eulalia.<br \/>\n&#8211; Por eso. Ya va siendo hora de que termine. As\u00ed que en tus manos lo dejo.<br \/>\n&#8211; No s\u00e9 que puedo hacer yo\u2026<br \/>\n&#8211; Para algo servir\u00e1 ser el director, digo yo.<br \/>\n&#8211; Yo no puedo presionar a los profesores. No voy a perder mi autoridad, se entiende\u2026 La \u00e9tica\u2026<br \/>\n&#8211; Valiente autoridad que no te sirve ni para ayudar a la familia\u2026 porque recordar\u00e1s que nosotros somos la \u00fanica familia que tienes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Revestido de director, no ech\u00f3 a su prima Eulalia a cajas destempladas, no se lo permite la dignidad del cargo. Como pariente lejano, tampoco, se le ablanda el coraz\u00f3n y le tiemblan las piernas. El problema surgir\u00e1 si se descubre que fotocopia a tiempo las propuestas de examen y se las env\u00eda al profesor particular del \u201cni\u00f1o\u201d, pero todas las precauciones se tomaron, ni siquiera el angelito conoce el truco, porque adem\u00e1s de vago, es un bocazas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00bfY por qu\u00e9 he de tener yo escr\u00fapulos, vamos a ver? \u00bfNo ser\u00eda m\u00e1s productiva una memora m\u00e1s fiable, por ejemplo?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0El malestar de cada vez, hoy se acent\u00faa. Ni siquiera un repaso mental a la prensa calma su ansiedad. En otras ocasiones, constatar la pl\u00e9yade de iniquidades que abarrotan diariamente el peri\u00f3dico, le serv\u00eda de lenitivo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0La vio antes de doblar la esquina, o esa fue su impresi\u00f3n. \u00bfLa inspectora hoy aqu\u00ed? El otro d\u00eda prometi\u00f3 que volver\u00edamos a verla, pero tan pronto\u2026 Claro que se le notaban las aviesas intenciones\u2026 \u00bfQu\u00e9 bicho le habr\u00e1 picado hoy a esa arp\u00eda?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Son las programaciones, seguro\u2026 las miraba con lupa. Sobre todo las de primaria\u2026 si no consigo que esas tres brujas del primer ciclo me entreguen unas programaciones decentes\u2026 Que no sirven para nada ya se sabe, pero los requisitos se cumplen, hombre. A lo mejor son los horarios, que tampoco le quitaba ojo al cuadro y no hac\u00eda m\u00e1s que menear las melenas sobre el dichoso horario sin acabar de convencerse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Una punzada le atraves\u00f3 el est\u00f3mago: \u00a1El sustituto nuevo no tiene cursado el CAP! Eso, eso es, que se ha enterado. Naturalmente. \u00a1Qu\u00e9 va a ser si no!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Don Enrique camina con pasos menudos, quiere aparentar calma. Compara el corte elegante del traje de chaquete de la detestable mujer con el suyo, deformado por los sinsabores de tantos cursos acad\u00e9micos. Siente el miedo aletear en la cara interna de sus bracitos, de sus muslos. Y de pronto la ve alejarse. La ve cada vez m\u00e1s al fondo del pasillo, pero ella no camina y \u00e9l no deja de avanzar, a\u00fan con pisada queda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0El peso de la responsabilidad, que dice Carola, pero que \u00e9l sabe que no es cierto. Nunca el trabajo ni las obligaciones le dieron dolor de cabeza. Hace relativamente poco que ha descubierto la causa de sus p\u00e1nicos: es la intolerancia feroz al rid\u00edculo, la excesiva importancia a la opini\u00f3n ajena.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Toda una vida construyendo una imagen que debe cuidar\u2026 No son remordimientos lo que le dificulta la innoble sustracci\u00f3n de preguntas de examen, sino el temor a da\u00f1ar la fr\u00e1gil estructura de su credibilidad p\u00fablica. Cuida su comportamiento con exageraci\u00f3n por la misma raz\u00f3n que se viste cuidadosamente: para disimular el interior.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0No es temor a que sancionen al centro por tales menudencias. Por f\u00e9rreas que sean las exigencias del ministerio, por mucho que presione la inspecci\u00f3n a los peque\u00f1os colegios como el suyo, no podr\u00e1n saltarse la ley, nada grave va a pasar\u2026 Pero si la inspectora protesta por algo, se hablar\u00e1 de la falta de rigor de la direcci\u00f3n, o de sus yerros, o de su incompetencia\u2026 o de cosas peores con peores fines\u2026 \u00a1Eso no! \u00a1Eso nunca! \u00a1La muerte antes que el entredicho!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0El esc\u00e1ndalo vino del gimnasio. Don Enrique duda de cuanto le est\u00e1 pasando. La terrible amenaza de la inspectora, repentinamente, no est\u00e1. Es imposible, pero no la ve. Es cierto que la sensaci\u00f3n parec\u00eda provenir del pasado, ilusi\u00f3n f\u00e1cilmente interpretable ante el deseo de no verla, pero estaba. \u00bfSe ha ido? \u00bfC\u00f3mo? \u00bfA d\u00f3nde?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Los gritos aumentan y ascienden. \u00bfQu\u00e9 pasa en los vestuarios? Corre rellano abajo, los dos tramos de escalera se alargan, crecen, se multiplican. No termina de llegar don Enrique y las voces no cesan. Intenta calmarse, teme pisar mal un escal\u00f3n y caerse. Son los chicos que aprovechan cualquier circunstancia para desfogarse, adolescentes en perpetuo estado de ebullici\u00f3n, desmedidos, desbocados\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Hace mucho que no baja a los gimnasios, que no curiosea por los vestuarios. Conoce el motivo: las excusas se agotaban y el riesgo de da\u00f1ar su reputaci\u00f3n no le permiti\u00f3 volver. Ante todo, discreci\u00f3n, correcci\u00f3n, rectitud, seriedad, prestigio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0La puerta est\u00e1 cerrada. Justificad\u00edsima su presencia, ante el griter\u00edo, lo sospechosos habr\u00eda sido no acudir. Empuja la hoja practicable y entonces desaparece el ruido, contra todo pron\u00f3stico. Se encara con uno de los alumnos de \u00faltimo curso de bachiller, precisamente ese que no se quita de la cabeza en las \u00faltimas semanas. El silencio inesperado le invita a levantar la voz y recubrir su azoramiento de autoridad.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Haga el favor de recogerse esos pelos!<br \/>\n&#8211; Pero don Enrique\u2026<br \/>\n&#8211; \u00bfAlguna objeci\u00f3n? \u00a1Que se ponga el coletero!<br \/>\n&#8211; Si ayer me oblig\u00f3 usted a quit\u00e1rmelo\u2026<br \/>\n&#8211; \u00a1En la clase! \u00a1En el aula no, pero aqu\u00ed se lo pone!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0La carcajada estalla. No ve al resto de los chicos, pero los oye. Echa una ojeada y descubre all\u00e1 al fondo, agarrados a la barra para no caerse, al profesor de matem\u00e1ticas y a la profesora de m\u00fasica, dobl\u00e1ndose de risa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0No le falta m\u00e1s, a don Enrique, que darse la vuelta y encontrarse con la inspectora. Y ese hombre que la acompa\u00f1a le resulta familiar\u2026\u00a1el padre del chico! Si ahora los padres llegan a la insolencia de enfrentarse hasta con el director y decirle lo que debe o no debe hacer\u2026O percatarse de que lleva puestas las pantuflas de fieltro. Ya le parec\u00eda que iba muy c\u00f3modo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a1S\u00ed! \u00a1Ese dolor oportuno! \u00a1La muerte s\u00fabita soluciona tanto\u2026! \u00a1Bienvenida al \u00f3bito salvador, al liberador colapso! \u00a1Salve, muerte rescatadora!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0El aliento no le alcanz\u00f3 para m\u00e1s que un leve suspiro. El dolor en el pecho le impidi\u00f3 moverse. Abri\u00f3 los ojos y reconoci\u00f3 su cama. Not\u00f3 la proximidad del cuerpo de Carola, ajena a su padecimiento y se recogi\u00f3 cuanto pudo para no tocarla. Sigue sin comprender c\u00f3mo pudo casarse, no le sirve de disculpa la excesiva juventud de entonces cuando no discern\u00eda con claridad entre atracciones y repulsiones. Trata de compensar su mayor error procurando una mansa convivencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Reconoce su situaci\u00f3n, va espabil\u00e1ndose. Siente alivio anta la evidente ausencia de la rete\u00f1ida inspectora, se tranquiliza comprobando que las zapatillas azules descansan en la alfombra, pero no se despega de la cabeza el torso desnudo del muchacho, visi\u00f3n on\u00edrica que le desasosiega, y a\u00fan m\u00e1s, sus brazos poderosos alz\u00e1ndose para recogerse la coleta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Acaba de vislumbrar la salida, tuvo la dulzura de la libertad tan deseada al alcance de la mano y considera injusto que haya sido un enga\u00f1o. Ha paladeado la soluci\u00f3n a tanto desvar\u00edo y tan solo fue una falacia. No, no es justa la vida de don Enrique.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0El despertador irrumpe con violencia en la incipiente ma\u00f1ana y su coraz\u00f3n redobla tal que si recibiera una descarga el\u00e9ctrica. El dolor del pecho s\u00f3lo es la consecuencia de una mala postura, se le desvanece la posibilidad del infarto. Carola gru\u00f1e y se despereza durante unos segundos, los m\u00ednimos para decidirse a salir de la cama. Don Enrique se acurruca.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfNo te levantas?<br \/>\n&#8211; D\u00e9jame.<br \/>\n&#8211; \u00bfEst\u00e1s malo?<br \/>\n&#8211; Puede.<br \/>\n&#8211; \u00bfQu\u00e9 tienes? \u00bfLlamo al m\u00e9dico? Est\u00e1s sudando.<br \/>\n&#8211; No.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0No podr\u00eda explicarle al doctor que su resistencia est\u00e1 agotada, que le resulta imposible enfrentarse otra vez con la incisiva inspectora, que prometi\u00f3 volver y lo har\u00e1, con el claustro de profesores que ni siquiera por costumbre le respeta, con las hordas de ni\u00f1os y jovenzuelos que han perdido la verg\u00fcenza porque en las casas ya no se educa a los hijos, con las \u00f3rdenes de Carola, cuya proximidad ya llega a producirle asco. No podr\u00e1 mirar a esos chavales mayores que le provocan\u2026 sobre todo a ese que se empe\u00f1a en no cortarse las guedejas\u2026 El doctor no entender\u00e1 que ya no es efectivo el disfraz de dictador, \u00e9l mismo ha dejado de cre\u00e9rselo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Oye desde lejos, como un eco, la voz cascante de su mujer que habla sola en la cocina y se tapa la cabeza con la almohada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0&#8211; Si esto ya lo ve\u00eda yo venir\u2026 si adem\u00e1s lo dice todo el mundo, que la depresi\u00f3n es la enfermedad profesional del docente\u2026 Pues buena me espera\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Las l\u00e1grimas brotan, amargas, de entre los p\u00e1rpados cerrados. Empapan el almohad\u00f3n y el embozo de la s\u00e1bana. Silenciosas, prudentes, manan ordenadas, regulares, sin intenci\u00f3n de agotarse.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0No fue afortunada la idea de colocar en el ba\u00f1o un espejo de cuerpo entero. La vanidad de Carola, hombre, hay que ver. 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