{"id":25,"date":"2007-03-05T23:01:34","date_gmt":"2007-03-05T22:01:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=25"},"modified":"2016-04-24T23:28:08","modified_gmt":"2016-04-24T22:28:08","slug":"9-cruce-de-caminos-por-feodor-mijailovich","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=25","title":{"rendered":"9- Cruce de caminos. Por Feodor Mijailovich"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F25&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: justify;\">\u00a0La noche invitaba m\u00e1s a pasear que a meterse en la cama, algo habitual por cierto en los meses de agosto en Madrid. De buena gana hubiera seguido recorriendo las manzanas casi solitarias, las calles de aspecto fantasmag\u00f3rico, las aceras que a aquellas altas horas de la madrugada resta\u00f1aban a\u00fan sus quemaduras caniculares. <!--more-->Pero en fin, las manecillas del reloj ya se aproximaban a las cinco y seguramente al d\u00eda siguiente estar\u00eda roto de cansancio. As\u00ed que, a pesar de mis primitivas intenciones, saqu\u00e9 las llaves del bolsillo y me introduje en el portal.<br \/>\nEl ascensor segu\u00eda sin funcionar, y llev\u00e1bamos as\u00ed tres d\u00edas. Eso es lo malo que tienen las reformas en los edificios, que nunca se sabe cu\u00e1ndo van a terminar. De modo que no me qued\u00f3 m\u00e1s remedio que hincarle el diente a aquellos empinados escalones y subir los cuatro pisos andando.<br \/>\nA mitad del tercer tramo la escalera se qued\u00f3 a oscuras y desde ah\u00ed quedaba un buen trecho hasta el interruptor del siguiente descansillo, de modo que sub\u00ed casi a tientas algunos pelda\u00f1os. Fue entonces cuando me pareci\u00f3 escuchar que alguien bajaba, cosa que no ten\u00eda nada de particular, por otra parte, pues en verano hay bastante trasiego nocturno en mi bloque.<br \/>\nSin apenas darme cuenta vi a un sujeto mal vestido abalanzarse bruscamente sobre m\u00ed. Sus facciones, dif\u00edcilmente perceptibles a causa de la penumbra reinante, me eran completamente desconocidas. Parec\u00eda un mendigo, un vagabundo, o algo peor. Me costaba creer que viniese a aquellas horas de casa de alg\u00fan otro vecino, aunque a decir verdad apenas tuve un par de segundos para fijarme en \u00e9l, porque de inmediato el hombre se me ech\u00f3 encima, tratando de abrazarme o inmovilizarme o sabe Dios qu\u00e9. Percib\u00ed claramente su aliento fatigado y con olor a vino barato, sent\u00ed los agrios efluvios de su cuerpo y el tacto \u00e1spero de su ropa y su barba.<br \/>\nSu fuerza era descomunal, y actuaba sobre m\u00ed como si me hubiesen atado un saco de harina al pecho. Desconoc\u00eda sus intenciones, pero casi dir\u00eda que la expresi\u00f3n de sus ojos era m\u00e1s de asombro que de maldad. Y sin embargo, se abrazaba a m\u00ed, inmoviliz\u00e1ndome, impidi\u00e9ndome incluso respirar.<br \/>\nNo s\u00e9 bien c\u00f3mo consegu\u00ed zafarme de su presencia, mas cuando logr\u00e9 ser consciente de la situaci\u00f3n, aquel hombre ca\u00eda ya por el hueco de la escalera, lugar por donde yo lo acababa de empujar. Apart\u00e9 la vista temi\u00e9ndome lo peor, pero no pude evitar escuchar el fort\u00edsimo golpe de su cuerpo al chocar contra las baldosas del portal y una especie de gemido lastimero, de alarido apenas susurrado con un hilo de voz salido de una garganta en donde la vida se escapaba sin remedio.<br \/>\nQued\u00e9 paralizado, petrificado&#8230; \u00a1Qu\u00e9 hab\u00eda hecho, Dios! \u00a1Qu\u00e9 hab\u00eda hecho! Un sudor fr\u00edo se apoder\u00f3 de m\u00ed, un temblor por todo el cuerpo, un deseo de que todo fuera un mal sue\u00f1o. No s\u00e9 cu\u00e1nto tiempo permanec\u00ed as\u00ed, sin atreverme a asomar la vista por la barandilla. Quiz\u00e1 fueron solamente unos segundos, pero a m\u00ed me parecieron horas. Cuando por fin tuve el valor necesario para echar un vistazo por el hueco de la escalera, vi que el desconocido segu\u00eda all\u00ed, en el suelo, ba\u00f1ado en un charco de sangre&#8230;<br \/>\nEn medio de una fuerte crisis nerviosa que me imped\u00eda razonar con claridad, me dije que deb\u00eda hacer algo pronto. Trataba de convencerme a m\u00ed mismo de que hab\u00eda sido un accidente, un caso de verdadera mala suerte, una acci\u00f3n en leg\u00edtima defensa. Pero algo por dentro me dec\u00eda que aquel tipo, en realidad, nunca trat\u00f3 de hacerme da\u00f1o, que si acaso ten\u00eda pinta de necesitar ayuda, tal vez un cart\u00f3n de vino, un cigarrillo y un plato caliente. Y sin embargo, yo lo hab\u00eda matado, yo, con mis dos manos, sin mediar palabra, sin haberle dado una oportunidad.<br \/>\nVi mi futuro con claridad&#8230; La detenci\u00f3n, el juicio, el veredicto, el traslado hasta una c\u00e1rcel de m\u00e1xima seguridad, los oscuros amaneceres en una celda sucia y desabrida&#8230;. Y as\u00ed un d\u00eda y otro, un mes y otro, un a\u00f1o y otro a\u00f1o y otro a\u00f1o, durante el resto de mi vida, sin otra cosa que hacer que pensar en los ojos de ese tipo que me hab\u00eda implorado caridad unos instantes antes de caer al abismo&#8230;<br \/>\nPens\u00e9 que lo mejor ser\u00eda apresurarse y pasar por casa, coger algo para leer, tal vez el par de gruesos vol\u00famenes de Marcel Proust que descansaban en la estanter\u00eda desde hac\u00eda m\u00e1s de una d\u00e9cada. Y tambi\u00e9n un jersey fino, porque en la c\u00e1rcel siempre hace fr\u00edo, seg\u00fan dicen.<br \/>\nSub\u00ed en unas cuantas zancadas los pelda\u00f1os que me separaban de casa y abr\u00ed la puerta procurando no hacer ruido, no fuera a ser que se despertase mi madre o mis hermanos y tuviera que darles explicaciones. Mejor que se lo explicase la polic\u00eda al d\u00eda siguiente: me imaginaba la cara de mi padre al enterarse, el llanto de mi madre, la incredulidad de mis hermanos, de mis amigos y conocidos.<br \/>\nCerr\u00e9 la puerta con cuidado y sal\u00ed corriendo escaleras abajo, por supuesto sin dar la luz, por miedo incluso a que las l\u00e1mparas me delatasen, a que los pomos de las puertas me acusasen, a que cada barrote de la barandilla tuviese que contemplar mi rostro desencajado por el terror. Pero todo ser\u00eda in\u00fatil: ese cuerpo sin vida seguir\u00eda ah\u00ed abajo,esper\u00e1ndome, y no tendr\u00eda m\u00e1s remedio que pasar por delante de \u00e9l si quer\u00eda alcanzar el portal, la calle, la moment\u00e1nea salvaci\u00f3n hasta que alguien descubriese mi horrendo crimen.<br \/>\nY sin embargo, la situaci\u00f3n empeor\u00f3 a\u00fan m\u00e1s porque, al echar una mirada de reojo por el hueco de la escalera, me di cuenta de que el cad\u00e1ver del desconocido ya no estaba en su sitio, que se hab\u00eda movido&#8230; o lo hab\u00edan quitado de en medio.<br \/>\nCuando llegu\u00e9 al portal, vi en efecto luz en la porter\u00eda, y sent\u00ed el trasiego de los operarios policiales trabajando dentro. Y lo que es peor, recostado en el quicio me esperaba un agente, que en seguida me hizo entrar en aquel peque\u00f1o habit\u00e1culo.<br \/>\nAll\u00ed estaba el hombrecillo, casi desnudo, recostado en una camilla, agonizando pero vivo a\u00fan, mir\u00e1ndome desde el fondo de unos ojos vac\u00edos y se\u00f1al\u00e1ndome con un dedo tembloroso que apenas era capaz de levantar&#8230;<br \/>\nNo pude resistirlo. Sal\u00ed hasta el portal. En la calle, las luces del coche celular me advirtieron que el lugar estaba convenientemente rodeado. No hab\u00eda escapatoria y desde luego no opuse resistencia; le ced\u00ed al agente los dos vol\u00famenes de Proust y me dej\u00e9 esposar, mientras me introduc\u00edan en el coche y el primer rayo de claridad de la madrugada me abofeteaba en pleno rostro&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0En la primera curva todo se desvanece y me despierto bruscamente. \u00bfD\u00f3nde estoy? \u00bfQu\u00e9 ha pasado? Ah, s\u00ed, estoy en un hotel de Santiago, con Yolanda, pasando unos d\u00edas de vacaciones. Pero, \u00bfy el furg\u00f3n? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la polic\u00eda, y el hombre moribundo, y los libracos de Proust? De repente comprendo que todo ha sido una pesadilla, un sue\u00f1o tan real que casi me cuesta creer que ya no est\u00e1 all\u00ed, que todo eso no haya existido, que una simple vuelta en la cama sea capaz de terminar con tanta angustia, con tanta sensaci\u00f3n de culpabilidad, con tantos a\u00f1os metido en una h\u00fameda celda, sin otra esperanza que alguna visita a trav\u00e9s de un cristal blindado o trav\u00e9s de unas rejas. De repente comprendo el valor de la libertad, y el significado de la palabra vida. Y me echo a llorar y trato de respirar profundamente.<br \/>\nMiro el reloj. Las siete y cuarto. Parece que ya no tengo sue\u00f1o, que no soy capaz de volver a ese abismo negro que ha durado una eternidad, a esa tortura ficticia que me ha tenido empapado en sudor toda la noche. A\u00fan siento las violentas palpitaciones del coraz\u00f3n y el pulso alterado.<br \/>\nEntro al cuarto de ba\u00f1o procurando no hacer ruido. Yolanda duerme a\u00fan y no es probable que mi actividad sea capaz de despertarla. As\u00ed que me doy una buena ducha para relajarme y alejar definitivamente los fantasmas de mi cabeza, me pongo ropa limpia y bajo al comedor a desayunar.<br \/>\n&#8211; Muy madrugador hoy, \u00bfeh se\u00f1or? \u2013 me dice el camarero al servirme el caf\u00e9.<br \/>\n&#8211; S\u00ed, la verdad es que no pod\u00eda dormir.<br \/>\nEn la televisi\u00f3n el primer informativo de la ma\u00f1ana ya ha comenzado a soltar su n\u00f3mina de calamidades y desgracias. Guerras, inundaciones, violencia dom\u00e9stica, bajadas generalizadas de la bolsa. Y de repente, un latigazo, una indescriptible sensaci\u00f3n de v\u00e9rtigo, un horror que se vuelve a apoderar de m\u00ed cuando me doy cuenta de que est\u00e1 saliendo mi calle, mi casa, de que ese es el cad\u00e1ver de un tipo que esta noche ha sido arrojado por el hueco de la escalera y que parece mirarme a\u00fan con sus ojos vac\u00edos a trav\u00e9s del fr\u00edo cristal del televisor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0La noche invitaba m\u00e1s a pasear que a meterse en la cama, algo habitual por cierto en los meses de agosto en Madrid. 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