{"id":20,"date":"2007-03-01T20:41:04","date_gmt":"2007-03-01T19:41:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=20"},"modified":"2016-04-24T23:25:28","modified_gmt":"2016-04-24T22:25:28","slug":"5-el-regreso-por-lara","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=20","title":{"rendered":"5- El regreso. Por Lara"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F20&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Hace sol, un sol tibio que calienta los huesos de los viejos que acuden a la plaza cada d\u00eda, buscando amortiguar sus soledades. Unos hablan de f\u00fatbol, otros leen la prensa, todos miran pasar la vida.<!--more--><br \/>\nEn el banco que queda justo frente a la estatua de no s\u00e9 que poeta, se sienta Manuel; es ese que no deja de andarse en el pelo, tan pronto se lo enmara\u00f1a, hurg\u00e1ndolo con los cinco dedos, como se lo alisa con cuidado tratando de poner orden en su pelambrera blanca e hirsuta. Podr\u00eda parecer que el hombre es victima de un doble tic nervioso. Qui\u00e9n lo conoce bien sabe que no puede dominar el impulso de rascarse la cabeza, pero que el movimiento siguiente, el de alisar la melena que acaba de desordenar, obedece a una voz de mando \u2013Manolo, ag\u00e1chate esos pelos de loco-.<br \/>\nMariana se fue, pero su voz qued\u00f3 grabada en la mente del hombre, que la obedece porque sabe que ella lo dice por su bien.<br \/>\nEstaban predestinados a encontrarse; \u00e9l buscaba afanosamente cuidados, ella necesitaba con urgencia alguien a quien cuidar.<br \/>\nManuel la conoci\u00f3 vestida de negro, con los ojos enlutados y la sonrisa a media asta: la madre inv\u00e1lida que vampiriz\u00f3 su juventud hab\u00eda muerto, quiz\u00e1s no fuera oportuno sonre\u00edr. Salieron juntos varias veces; la llev\u00f3 a pasear, la invit\u00f3 a chocolate y bollos en una cafeter\u00eda del puerto. No pudieron ir al cine, estaba todav\u00eda de luto. Todo le gustaba a la chica, todo lo agradec\u00eda, miraba con curiosidad y asombro un mundo que acababa de descubrir. Antes a\u00fan de que fuera su marido empez\u00f3 a ocuparse de \u00e9l: le sujetaba un bot\u00f3n flojo, le borraba una mancha de la chaqueta y le reconven\u00eda cari\u00f1osa \u2013Manolo, al\u00edsate ese pelo, que pareces loco-.<br \/>\nAhora se ve, en el porte del hombre sentado frente a la estatua del poeta, que nadie le cuida ya. Mariana lo hizo durante a\u00f1os y \u00e9l se abandon\u00f3 en sus brazos; ahora no es capaz de ajustar los botones flojos, que se sueltan dejando un rastro de hilos pegados a la tela, ni de sacudir la ceniza que cae sobre la pechera de la camisa, tampoco se ocupa de las manchas, ni se lustra los zapatos\u2026Vive hacia dentro, en los d\u00edas felices y en los desdichados que vinieron despu\u00e9s, siempre acompa\u00f1ado del dulce reproche de su Mariana \u2013Manolo, esos pelos-.<br \/>\nSe casaron, con la novia de medio luto, pero se casaron. La muchacha revivi\u00f3 apenas tuvo una casa que arreglar y un hombre, tan astroso, tan desordenado, a quien dirigir sus cuidados. Se visti\u00f3 de colores, ri\u00f3 abiertamente, canturreaba limpiando. El recuerdo m\u00e1s bello de Manuel es el momento de volver a su casa, que ol\u00eda a limpio y o\u00edr a su mujer tarareando bajito las coplas de la Piquer.<br \/>\nVinieron los hijos y con ellos entraron mil temores en la casa. Mariana se quedaba sentada junto a la cuna, los ojos ahondados en presagios, obsesionada por los males que podr\u00edan venirle a su ni\u00f1o. Le llamaron Pedro, como el abuelo paterno y a la ni\u00f1a, que vino enseguida, Nieves, como la madre enferma a la que Mariana dedic\u00f3 su juventud.<br \/>\nManuel recrea siempre la instant\u00e1nea de esos a\u00f1os en que iban al parque y a la feria con los cr\u00edos cogidos de la mano, limpios y felices dentro de sus ropas de domingo. Nunca antes hab\u00eda sido tan rico.<br \/>\nDur\u00f3 poco el encanto, hay personas predestinadas al duelo y la aflicci\u00f3n las persigue all\u00e1 donde est\u00e9n. As\u00ed, todos aquellos miedos infundados de cuando los ni\u00f1os estaban a\u00fan entre pa\u00f1ales, se sustanciaron luego. Pedrito, diez a\u00f1os, empez\u00f3 a palidecer y a sufrir desvanecimientos; m\u00e9dicos, an\u00e1lisis, visitas al hospital y un cuerpecillo endeble de ojos entristecidos que part\u00edan el alma a Manuel. Ya hubiera querido el padre estar enfermo y enflaquecer con tal de devolver a ese ni\u00f1o la salud perdida. Y los m\u00e9dicos no daban con la dolencia, cambios continuos de diagnostico y de terapia, y tambi\u00e9n de doctor\u2026para nada.<br \/>\nUn d\u00eda la casa toda se visti\u00f3 de aflicci\u00f3n y hubo que ir de entierro. Manuel recrimin\u00f3 a Dios no haberle escogido a \u00e9l, que ya estaba cansado, para la paz eterna que el cura auguraba al hijo, y le ped\u00eda cuentas por no dejar al chiquillo gozar de la vida.<br \/>\nMariana no se preguntaba nada, enflaqueci\u00f3 y dej\u00f3 de cantar coplas. Volc\u00f3 en la ni\u00f1a todo su cuidado. Y tambi\u00e9n en Manuel. Sus ojos angustiados estudiaban el menor gesto, la m\u00e1s peque\u00f1a queja de cualquiera de ellos. Viv\u00eda sumida en el mal ag\u00fcero.<br \/>\nAunque a todos los que conoc\u00edan a la familia les pareciera imposible tanta desgracia, Nieves tambi\u00e9n enferm\u00f3 y con los mismos s\u00edntomas de su hermano. Manuel crey\u00f3 enloquecer y ret\u00f3 a ese dios de entra\u00f1as negras a que lo llevara a \u00e9l al mismo infierno, si ese era su gusto, con tal de que su ni\u00f1a recobrara la salud. Mariana le re\u00f1\u00eda \u2013no digas eso, Dios te va a castigar-.<br \/>\nY Dios le castig\u00f3, o eso tuvo que pensar el pobre hombre cuando se sinti\u00f3 d\u00e9bil, acometido por mareos que le hac\u00edan perder la consciencia; \u00e9l tambi\u00e9n\u2026<br \/>\nEn una de las visitas al hospital, recabando datos de la familia de la enferma, los doctores estudiaron el historial de Pedro y comprobaron que el s\u00edndrome que lo llev\u00f3 a la tumba era muy similar al que presentaba la ni\u00f1a y el mismo Manuel. Por fin alguien acertaba a buscar en la direcci\u00f3n adecuada, alg\u00fan gen extraviado y mal\u00e9volo que el padre hab\u00eda trasladado a los hijos y que, una vez conocido, podr\u00eda combatirse. El hombre se instal\u00f3 a gusto en el hospital para someterse a cuantas pruebas fueran precisas.<br \/>\nY entonces ocurri\u00f3 algo que alter\u00f3 para siempre su coraz\u00f3n debilitado. Detr\u00e1s del m\u00e9dico, que ten\u00eda cara de buenas noticias, llegaron dos polic\u00edas diciendo de seguido una palabras incomprensibles para \u00e9l; esposaron a su Mariana, que lloraba y suplicaba, y se la llevaron de all\u00ed.<\/p>\n<p>Manuel se levanta trabajosamente del banco; en uno de los mareos que le acometieron en el tiempo de su enfermedad, cay\u00f3 al suelo a plomo y se parti\u00f3 el f\u00e9mur. Desde entonces su pierna izquierda es un apoyo d\u00e9bil, que compensa con un balanceo en sus pasos. M\u00e1s que caminar, anadea. Va ya para casa, all\u00ed le espera la comida que Nieves le lleva todos los d\u00edas. Su ni\u00f1a. Ella fue la que le convenci\u00f3 de que no ment\u00edan los polic\u00edas, ni el m\u00e9dico\u2026No s\u00f3lo sus razones infantiles, sino la salud que recobr\u00f3 de golpe cuando dej\u00f3 de cuidarla Mariana.<br \/>\n\u2014Pap\u00e1, todo me lo ha explicado el doctor. Mam\u00e1 est\u00e1 muy mala, tiene una enfermedad rara, le han puesto el nombre del m\u00e9dico extranjero que la descubri\u00f3. Es un nombre que suena Mum\u2026, da miedo s\u00f3lo de o\u00edrlo. Cree que estamos enfermos y nos da medicinas que no nos hacen falta, pero ella, pobre, lo hace por nuestro bien. Sufre mucho y es muy buena, pap\u00e1, pero tiene que curarse, por eso la han llevado a un sanatorio. Cuando se ponga bien volver\u00e1 con nosotros.<br \/>\nDespu\u00e9s de que los guardias se llevaran a su mujer, Manuel golpe\u00f3 las paredes, insult\u00f3 y pidi\u00f3 justicia\u2026luego lo durmieron. Despert\u00f3 para ir a declarar y contest\u00f3 siempre la verdad \u2013que su Mariana era sacrificada y buena que los cuid\u00f3 noche y d\u00eda sin cansarse- , pero las preguntas que le hicieron iban en tal sentido que todo lo que dec\u00eda parec\u00eda volverse contra ella. No quiso entender la explicaci\u00f3n de los m\u00e9dicos, tan enrevesada, se encerr\u00f3 en su dolor, y se qued\u00f3 quieto esperando la muerte que se lo llevar\u00eda igual que se hab\u00eda llevado a Pedrito.<br \/>\nPero la vida se impuso en contra de sus deseos y las pastillas y el tiempo lo fueron devolviendo despacio a los afanes de cada d\u00eda. Para su mal, Manuel recobr\u00f3 la lucidez y conoci\u00f3 los detalles m\u00e1s s\u00f3rdidos del asunto. A su propio ritmo, fue relacionando la informaci\u00f3n que le daban con situaciones archivadas en su memoria: como su hijo muri\u00f3 a los dos d\u00edas de llegar a casa, despu\u00e9s de darlo de alta en el hospital; como \u00e9l mismo recay\u00f3 en su dolencia despu\u00e9s de que Mariana se instalara a su lado en la cl\u00ednica, como Nieves crec\u00eda alegre y sana una vez que ella no estaba\u2026Y destrozado por la evidencia hubo de creer al fin lo que todos sab\u00edan hac\u00eda mucho. Entonces se sinti\u00f3 avergonzado ante Dios por haberlo insultado sin fundamento, pero no quiso pedirle disculpas, porque consentir que semejante monstruo habitara el mundo que \u00c9l hab\u00eda creado, tampoco ten\u00eda perd\u00f3n.<br \/>\nCuando todo ese horror se asent\u00f3 en su mente sinti\u00f3 miedo, un miedo cerval de la mujer con la que tanta vida hab\u00eda compartido. No fue a verla a la c\u00e1rcel, ni al sanatorio en que la internaron luego. Y s\u00f3lo de recordarla se le pasma el maltrecho coraz\u00f3n. Sin embargo, sigue obediente a ese cari\u00f1oso reproche que resuena en su interior: \u2013Manolo, ag\u00e1chate esos pelos de loco-.<br \/>\nDespu\u00e9s de asolearse en la plaza, vuelve a casa como cada d\u00eda; calienta la comida que Nieves le deja preparada y pone la tele, luego se adormece arrullado por noticias y comentarios que no escucha, es s\u00f3lo una costumbre, una rutina. A falta de otras razones para vivir, la repetici\u00f3n de los gestos acostumbrados le proporciona un cierto bienestar.<br \/>\nDe pronto abre los ojos sobresaltado, le ha parecido escuchar el nombre de la instituci\u00f3n donde recluyeron a su mujer; despierta del todo, -un incendio ha obligado a desalojar el edificio, algunos de los enfermos\u2026-<br \/>\nUn ruido en la cerradura le detiene los pulsos, los pasos en el vest\u00edbulo lo paralizan, Mariana entra en la salita, contenta, casi jovial<br \/>\n\u2014Manolo, Manolo de mi alma, \u00bfc\u00f3mo est\u00e1s? Menos mal que conservo las llaves en el bolso, qu\u00e9 ganas ten\u00eda de verte\u2026<br \/>\nEl hombre se encoge en el sill\u00f3n, un pu\u00f1o de hierro le golpea el pecho, quiere huir, quiere gritar pero la mano helada se cierra sin piedad sobre su coraz\u00f3n, ahogando sus latidos.<br \/>\nSe escuchan sirenas, golpes, pasos acelerados, los guardias arrastran de all\u00ed a la mujer que llora sumisa, acariciando la pelambrera blanca del marido.<br \/>\nSin embargo, de nada se puede acusar a Mariana; el informe del forense indica que la muerte se ha producido por un fallo cardiaco. El cad\u00e1ver, imagen del espanto, est\u00e1 ba\u00f1ado en sudor, tiene las pupilas dilatadas y los dedos engarfiados.<br \/>\nManuel ha muerto de miedo.<\/span><\/p>\n<p><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0Hace sol, un sol tibio que calienta los huesos de los viejos que acuden a la plaza cada d\u00eda, buscando amortiguar sus soledades. 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