{"id":17,"date":"2007-02-26T14:04:42","date_gmt":"2007-02-26T13:04:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=17"},"modified":"2007-02-26T14:04:42","modified_gmt":"2007-02-26T13:04:42","slug":"2-cuenta-saldada-por-fabian-peirone","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/?p=17","title":{"rendered":"2- Cuenta saldada. Por Fabian Peirone"},"content":{"rendered":"<div class=\"pdfprnt-buttons pdfprnt-buttons-post pdfprnt-top-right\"><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fposts%2F17&print=print\" class=\"pdfprnt-button pdfprnt-button-print\" target=\"_blank\" ><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/wp-content\/plugins\/pdf-print\/images\/print.png\" alt=\"image_print\" title=\"Imprimir contenido\" \/><\/a><\/div><p>Y encima describir el delirio\u2026 las voces que al pobre tipo le mord\u00edan las sienes, las im\u00e1genes blandas que lo rodeaban, los espectros con nombre y apellido que se le presentaban sin necesidad de truenos y lluvias nocturnas, ni de viejos castillos fantasmales de leyendas sajonas. <!--more--><br \/>\nLo cierto es que, cada vez que he contado la historia de este viaje, jam\u00e1s pude comprender por qu\u00e9 lo hicimos, por qu\u00e9 el riesgo, por qu\u00e9 la insistencia, por qu\u00e9 esa absurda convicci\u00f3n de que unos d\u00edas, m\u00e1s o menos pasados con tranquilidad, pod\u00edan borrar el maldito recuerdo que lo destrozaba -acaso una carrera compelida para un chico golpeado, con el fin de demostrar que las ca\u00eddas son ef\u00edmeras, que los moretones desaparecen con hielo y tiempo-.<br \/>\nNos cre\u00edmos ese absurdo. Peligrosos esos dogmatismos donde el propio embaucador se esperanza con sus mentiras\u2026<br \/>\nLo cierto \u2013y creo que nunca lo entendimos- es que Eduardo jam\u00e1s fue el mismo despu\u00e9s de aquello. Se culp\u00f3 de todo, se carg\u00f3 con esa muerte, se la adhiri\u00f3 a la piel, a la boca, a sus ojos, a cada palabra.<br \/>\nFue absurdo, s\u00ed, e injusto; a fin de cuentas podr\u00eda haber sido yo, o Alberto, o Luis\u2026 o cualquiera de los que pasamos ese fin de semana adolescente, de pocas monedas en los bolsillos, mochilas con mapas ro\u00eddos y el bronceador de mam\u00e1. Pero fue \u00e9l, o la fatalidad, o la mala suerte, o \u00e9l, o \u00e9l, o \u00e9l\u2026; lamento decir que, aunque busco, no encuentro otras opciones.<br \/>\nEl paso fatigoso, el cansancio que nos humedec\u00eda los huesos, el almac\u00e9n desvencijado a nuestra vista\u2026: toda una tentaci\u00f3n para culminar nuestro fallido periplo de supervivencia y vender el alma a la Coca Cola y a los paquetes de Oreo.<br \/>\nElla era hermosa, fr\u00e1gil, casi un \u00e1ngel vac\u00edo detr\u00e1s del mostrador. Nos sonri\u00f3 apenas entramos, y Eduardo, de puro bueno, de puro no se qu\u00e9, toc\u00f3 su mano con l\u00e1stima, quiz\u00e1 para demostrarle un afecto m\u00e1s all\u00e1 de las barreras, m\u00e1s alto que las vallas de la minusval\u00eda mental de la chiquita.<br \/>\nLa criatura corri\u00f3 asustada, saliendo del lugar -ante la sorpresa de su pap\u00e1, quien en ese momento nos cobraba las provisiones-. A los pocos metros tropez\u00f3; su cabeza se deshebr\u00f3 como una tela amarillenta\u2026<br \/>\nNada de lo que viene a cuento puede desligarse de aquellas escenas.<br \/>\nHab\u00eda pasado el tiempo, el que emparcha, el que consuela, el que a veces cura. Pensamos que reunirnos le exorcizar\u00eda las sombras a Eduardo, esas manchas inmensas que cruzaban sus sue\u00f1os, esas im\u00e1genes que se derramaban en plena vigilia produci\u00e9ndole dolor, miedo y accesos de fiebre.<br \/>\nEl encuentro fue lindo, tambi\u00e9n lo era la zona elegida para el paseo de estos ahora adultos en auto, con v\u00edveres, celulares y cabelleras escasas.<\/p>\n<p>Fue angustiante verlo rogar que no nos detuvi\u00e9ramos, decir que la fiebre le pasar\u00eda s\u00f3lo alej\u00e1ndose de ese lugar\u2026<br \/>\nComenzamos a mirarnos mutuamente, a dudar del futuro inmediato de nuestro amigo si no recib\u00eda atenci\u00f3n, aunque fuera solamente el rudimentario descanso de una cama en lugar fresco.<br \/>\nComprendimos -m\u00e1s bien intuimos- que confund\u00eda el pueblo al que nos acerc\u00e1bamos con el fat\u00eddico sitio de aquella vez. Lo comprobamos cuando nos paramos en una despensa para pedir ayuda.<br \/>\nUna mujer joven nos recibi\u00f3 con las dudas de quien ve entrar a un grupo de hombres angustiados. Nos explic\u00f3 que la temporada de pesca hab\u00eda comenzado y que, por ser domingo, hasta el m\u00e9dico del pueblo ser\u00eda inhallable.<br \/>\nAccedi\u00f3 a facilitarnos un peque\u00f1o cuarto vac\u00edo de su casa. Entre gritos casi indescifrables bajamos a Eduardo del auto. \u201cNo quiero verla\u201d, repet\u00eda con voz pastosa de vocales cerradas y agudos imprevistos.<br \/>\nYa acostado comenz\u00f3 a tener convulsiones y derrib\u00f3 el vaso de agua que ella nos alcanz\u00f3. Deb\u00ed traer una bebida de mi bolso para que se calmara moment\u00e1neamente y accediera a tragar un paracetamol, con la esperanza de que la temperatura le soltara el cuerpo.<br \/>\nLa espera fue oscura, silenciosa. Quer\u00edamos estar en Buenos Aires, olvidarnos de Eduardo, dejarlo con su carga sin necesidad de reprocharnos esta absurda cura fallida. Yo extra\u00f1\u00e9 mis papeles, mi balc\u00f3n de Pasco y Belgrano, mi tesis adeudada y aun sin empezar (el realismo m\u00e1gico: la breve obra de Rulfo, el Reino de Carpentier, la influencia de Foulkner, y el Macondo de Gabo; todo sin haber pasado del p\u00e1rrafo en que Aureliano Buend\u00eda recordaba aquella tarde remota en el pelot\u00f3n de fusilamiento.)<br \/>\nLa noche fue ganando los cuerpos, una llovizna se desmayaba sobre los techos. La mujer nos sirvi\u00f3 sardinas que comimos con pan tierno, y una ensalada de tomate y cebolla que salpic\u00f3 con hojas de or\u00e9gano fresco \u2013parece mentira que recuerde ese detalle-. Era el momento de explicarle\u2026 Durante minutos parecimos af\u00e1sicos arranc\u00e1ndonos pedazos de frases de la lengua, tomando palabras elegidas con asepsia, con duda, con miedo a decir que nuestro viejo amigo hab\u00eda enloquecido, y que la confund\u00eda a ella con una ni\u00f1a fallecida accidentalmente hac\u00eda a\u00f1os.<br \/>\nLa ma\u00f1ana se despert\u00f3 con el humo del caf\u00e9, con la brisa de los \u00e1lamos. Fuimos a ver a Eduardo, su descanso hab\u00eda sido tranquilo, silencioso. Se anill\u00f3 a mi cuello para hablarme al o\u00eddo, lo hizo con claridad, ya estaba mejor; me rog\u00f3 que nos fu\u00e9ramos.<br \/>\nSe visti\u00f3 r\u00e1pidamente, sin quitar la vista de su ropa, como escapando a todo contacto visual con el lugar.<br \/>\nLa mujer nos esperaba silenciosa en el comedor humilde, sonri\u00f3 al saber que lo peor hab\u00eda pasado. Eduardo se dirigi\u00f3 a la puerta abroch\u00e1ndose el abrigo, sin levantar los ojos. Su hermetismo y su desagradecimiento nos incomodaban a todos. Decid\u00ed acercarme a ella, susurrarle un saludo, una disculpa, decirle que nuestro amigo todav\u00eda no estaba bien, pero que jam\u00e1s la olvidar\u00edamos.<br \/>\n-Yo tampoco me olvidar\u00e9 de \u00e9l \u2013dijo ella, con frialdad, sacando el arma y dispar\u00e1ndole, desapareciendo luego, misteriosamente, delante de nuestros ojos-.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Y encima describir el delirio\u2026 las voces que al pobre tipo le mord\u00edan las sienes, las im\u00e1genes blandas que lo rodeaban, los espectros con nombre y apellido que se le presentaban sin necesidad de truenos y lluvias nocturnas, ni de viejos castillos fantasmales de leyendas sajonas.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2],"tags":[],"class_list":["post-17","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=17"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=17"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=17"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/4certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=17"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}