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46-El aroma de la memoria. Por Seres

¿Estás perdida pequeña? ¿Dónde está tu mamá?

Éstas preguntas hicieron que Carla reaccionara y avanzó guiada por el intenso aroma a bacalao tan característico de su mamá.

La niña guiada por su nariz, se encontraba frente al mostrador en la tienda de aceitunas,bacalao, frutos secos y legumbres.

Allí todo estaba inundado del olor más íntimo de su madre. Carla estaba segura de que su mamá andaba muy cerca, y lejos de estar asustada seguía escuchando como si de un hilo musical se tratara la voz de esa señora que no tan serena la decía:

-Pero bonita ¿Estás sola?

-¡Madre mía! ¡Que mal debe estar pasándolo tu mamá!

Carla con tan solo 6 años de edad no entendía aquella actuación tan exagerada e intuía que su mamá estaba allí; ¡Si la podía hasta oler!

Por eso no llegaba a contagiarse de la preocupación de la vendedora de la tienda de bacalao.

De repente, la niña sintió como una mano bastante familiar tiraba de su derecha de golpe, y casi a trompicones salió de la tienda de bacalao despertando al mismo tiempo de su absurdo letargo.

-¿Cuántas veces te he dicho que no te separes de mí?

Carla había escuchado en tantas ocasiones esa misma reprimenda que para ella aquellas palabras casi carecían de significado.

-¡Si es que estás embobada!

Comentó su madre entre dientes…

Mientras la mano de Carla seguía estrujada y sus pies acelerados apenas rozaban la superficie del suelo presagiando una próxima frenada brusca y seca.

Allí se volvió a parar el tiempo, frente al mostrador de la mercería, donde los colores invitaban a una nueva ensoñación.

Botones de nácar, bobinas de hilo de diferentes matices en degradación, cintas de raso que quedaban atrapadas como enredaderas en la mente de Carla imaginando cual sería la posible composición de su futura obra de arte…

Como hipnotizada quedó la niña hasta que otro apretujón en su manita derecha volvió a hacerla reaccionar .

Así una vez concluidas las compras regresaron apresuradas madre e hija a casa.

Esa misma noche cuando Carla empezaba a conciliar el sueño, algo se cocía en el salón.

Al parecer el padre de Carla estaba sumido en la desesperación del marido que descubre que su esposa le es infiel y afectado por una sustancial suma de alcohol en sangre gritaba:

-¡Puta! Eres una puta y yo un cabrón…

-Si quieres le pregunto a tu hija, ella lo ha visto todo. ¡Te voy a matar!.

Carla despertó. Estaba sobre su cama en el dormitorio. Pensó que sería mejor no moverse, incluso intentó dejar de respirar para no empeorar las cosas pero…

Ya estaba allí su padre frente a ella y con un tono de voz mucho mas suave del que había escuchado momentos antes la dijo:

-No tengas miedo, no va a pasar nada. Solo quiero que me digas delante de tu madre lo que viste anoche…

Carla recordó al instante las palabras de su madre cuando la advirtió que no le dijera nada a su padre de lo que había visto…

Pero su padre la presionaba y no tuvo otra salida mas que decir la verdad .

-Mamá paseaba cogida de una de sus manos un señor y de la otra mano a mí.

Carla recordaba perfectamente la mano de su madre temblorosa y mojada de un sudor frío.

De su otra mano iba guiada por un hombre al que apenas llegó a ver el rostro.

Esos eran los detalles que podía contar a su padre pues era lo único que quedó en la memoria de aquella cita secreta.

-¡No me lo puedo creer ¡ (Gritó la madre de Carla envuelta en sollozos)

-¿Cómo es capaz esta niña de inventar esa mentira?

-Por Dios, este hombre me va a matar con sus celos .Es mentira todo. Esta niña miente.

Estaba claro. Carla había hablado finalmente de aquel encuentro inconfesable presionada por las preguntas de su padre con la promesa de que no traería consecuencias confesar la verdad.

Pero si las hubo…

Carla llegó a encontrarse tan confusa ante la negación de su madre y la presión de su padre que empezó a dudar de lo que había visto con sus propios ojos y su mecanismo de defensa hizo mas factible lo que decía su madre que la propia verdad experimentada.

Esa fue la primera ocasión en la que Carla dudó de sí misma.

De la misma manera que oculta el brillo y la luz una sombra…

…Pasó el tiempo enredando días con experiencias.

Carla estaba atrapada en una especie de noche oscura de la que no era capaz de salir.

A sus 35 años de edad era incapaz de recordar algún momento de su vida en el que se hubiera sentido plena.

Una tras otra sus relaciones sentimentales agrietaban aún más su ya baja autoestima.

Era tal su miedo a la traición que llegó a una terrible conclusión:

“Nadie te engaña…Si estás sola”.

Carla siente que su vida resbala de sus manos mientras su mente cruel acelera mas aún los monólogos destructivos en los que ella ya no manda…

¿Cómo aquietar esa voz que me grita, que me sangra, que construye con los besos finos puñales que matan?

Está muy cansada, se sienta y comienza a llenar su aceitera de cristal sobre la mesa de la cocina.

Casi olvida que es necesario respirar por que duda ser merecedora del aire.

Todo está en su sitio:

La aceitera de cristal, la botella de aceite de oliva, sus manos limpias…

Pero el vacío que siente presiona su pecho del mismo modo que lo hace un globo apunto de estallar.

Según el aceite va cayendo al fondo del recipiente van formándose burbujas lentamente, con movimientos ascendentes agrupando puntos de aire de diferentes tamaños.

En el interior de esas pompas. Como transportada en el tiempo. Carla se encontró con su niñez.

Apenas tenía 6 años cuando en el mercado de su barrio una mujer rellenaba las botellas de cristal vacías con aceite de oliva a granel.

No eran sus ojos los que observaban aquella verbena de suaves movimientos flotantes.

Mas que ver, Carla sentía como fluía junto con el aceite abandonándose así a una relajante abstracción…

…Cuando Carla despertó sintió como sus mejillas eran laderas por las que descendían olvidados hilos de agua salada que desembocaban en las comisuras de sus labios.

Saboreó el amargor con valentía enfrentándose esta vez a la verdad.

Comprendió ya consciente de donde provenían las dudas sobre sí misma. Nunca hubiera pensado que un viaje tan doloroso al pasado sería la única puerta abierta a su propia felicidad.