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40- Ella. Por Gluckspieler

Aquí estoy yo de nuevo sentado en mi habitación con un bolígrafo y un folio delante sin saber como ordenar mi vida, mientras el último trago de whisky todavía arde en mi garganta y la colilla del cigarro apurado, está apunto de caer en el cenicero para acabar ahí su vida; no puedo quitarla de mi cabeza, esa chica me consume de amor por dentro como un cáncer, ella dice que me quiere, todos los días nos vemos, charlamos y hacemos el amor, sé que podría estar con ella toda mi vida pero soy incapaz de decírselo por miedo a perderla y no tener con que saciar este vicio que me tiene enfermo y hastío. Todas las semanas le traigo un enorme ramo de rosas rojas y cuando ella me mira a los ojos y se le dibuja la sonrisa en el rostro, noto que mi alma aplaude y me sonrojo, sé que tarde o temprano no podremos continuar, que mi amor quedará cojo pero no me importa pues se que jamás volveré a llenar lo que ella ocupa en mi; el otro día la encontré hablando con un hombre, algo normal, mi corazón roto otra vez estrellado en el suelo, parecía una fresa chafada por un pisotón, a nadie le importa, ni siquiera cuando la fresa reventada en vez de néctar, salpique negro colesterol de un corazón podrido, otro día caminando por la calle de los sueños rotos hasta llegar al amargo camino del despertar, sin saber que hacer dando vueltas en la cama, otra noche toledana, yo la amo y ella a mí, no quiero un final feliz sino una historia feliz que acabe bien, el principio ya se ha desarrollado pero tengo miedo de llegar al final sin haber pasado primero por la trama.
Mañana volveré a comprarle otro ramo de rosas para poder volver a sentir ese cosquilleo cuando me mire riéndose y seguir pensando aún que nuestro amor es para siempre, para siempre, para siempre es mucho tiempo, la vida es corta y se deshace en sinsabores, pero su pelo, su cara, sus ojos, su boca, su cuello, su cuerpo, no me dejan salir del laberinto y me asfixiaré si no encuentro la salida.
Otra vez es de día, 24 horas más pensando en ella, luego pasaré a verla con las flores, hasta entonces no respiraré.
Esta vez ha sido horrible, su sonrisa no ha sido nítida, esta vez mi alma sólo se ha llenado de aguarrás, ¿Por qué dulce princesa? ¿Cómo puedes reírte de mí, si yo solo quiero tener tus ojitos cerca para que cuando las estrellas se apaguen, me iluminen para poder seguir admirándote?
De esta forma siguieron los años, todos iguales, todas las noches la misma obsesión.
Ahora, después de tanto tiempo, es gorda y vieja, y sigue durmiendo conmigo sólo por dinero, pero para mi aún es la mujer más guapa del mundo.