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80- Turno de noche. Por Taxista

Entra en el coche. Te estoy apuntando con una pistola. Guárdate la cartera, no quiero tu dinero. No voy a robarte. Quizás, después, cuando te haya matado, para disimular, para que parezca un crimen cometido por un par de sudacas que te han asaltado al subir al coche.
¡Te he dicho que entres en el puto coche! ¡Me da igual que tengas mujer e hijos! ¡No vas a darme lástima! Y menos con eso. Venga, arranca. Vamos a dar una vuelta por Madrid. Baja por Bravo Murillo, yo te diré dónde debes girar. Está bien este Mercedes, ¿eh? Motor potente, tapicería de cuero, cargador de CD… ¿Sabes?, yo tengo un BX, uno de esos blancos con una luz verde en el capó. Estás empezando a sudar, ¿acaso tienes miedo? Supongo que es jodido conducir con un revólver apuntándote directamente a la cabeza. Yo lo he hecho y sé qué se siente, porque un día un atracador se me metió en el taxi y me hizo recorrer medio Madrid, con una pistola en la nuca. Podía notar cómo las gotas de sudor resbalaban por mi frente, igual que tú ahora. Se me pasaron por la cabeza muchas cosas. Pensé en acelerar a tope y darme una hostia en mitad de la Castellana. Por mí, me hubiese estrellado, le hubiese quitado la pistola al yonqui y le hubiese reventado los sesos, como en las pelis. Al fin y al cabo, mi vida no vale una mierda. Pero no me atreví, así que le llevé a Las Barranquillas y le di la caja de toda la noche. Me cagué en los pantalones, de miedo, ¿sabes? ¿Qué iban a hacer mis hijos y mi mujer si el tío ése me pega un tiro o si del accidente me quedo en silla de ruedas? Hay que tener muchos huevos para darse una hostia queriendo con el coche, y tú no los tienes, aunque tu coche tenga airbag, así que quítate esa idea de la cabeza. Tú sólo tienes huevos para follarte a las mujeres de los demás mientras sus maridos se van a trabajar. Qué, ¿todavía no sabes quién soy o ya has caído? ¡Bingo! Lo has adivinado. Soy el puto cornudo, el desgraciado, el jodido gilipollas del marido de la tía que te tiras tres veces a la semana. ¿Pensabas que iba a seguir yendo a trabajar mientras subes a mi casa y te metes en mi cama con mi mujer? ¿Que iba a cerrar los ojos y seguir haciendo mi turno de noche como si nada? ¿Me vas a decir que no sabías que estaba casada, que sientes mucho todo esto? Pero ya no te vas a poder follar a ninguna más. Hoy has echado el último polvo de tu vida. Espero que lo hayas disfrutado.
¿Ya te has cagado? Enciende la radio. Te relajará. Después de lo del atracador me compré esta pistola. Mira cómo brilla. Estaba hasta los huevos de que me robasen en el taxi y mira por dónde la voy a utilizar para evitar que me roben a mi mujer. Más despacio. El semáforo estaba en rojo, ¿no lo has visto? Vete más despacio, que tenemos toda la noche para nosotros. Yo me hubiese comprado un Mercedes como el tuyo, ¿sabes?, con el dinero de la indemnización, cuando me despidieron de la fábrica y me decidí por lo del taxi. Pensaba que con un Mercedes la gente me respetaría más, y yo iría en mi taxi llevando gente importante como tú. Pero mi mujer no me dejó y me hizo comprarme un puto BX. Eran 3 kilos menos. Decía que no íbamos a llegar a fin de mes, que ese dinero que nos íbamos a ahorrar en la letra del coche nos iba a venir muy bien, y que la gente no mira la marca de los taxis. Y ahora, ya ves, la muy guarra me la está pegando contigo, que tienes el coche con el que siempre he soñado. Ironías de la vida. ¿Lo habéis hecho en el coche alguna vez?
Nosotros al principio siempre lo hacíamos en el coche, en un Renault 5 de segunda mano…, pero es que no teníamos otro sitio. Ahora ya casi no lo hacemos. ¿Cómo lo vamos a hacer si ella está todo el puto día trabajando en la fábrica y cuando llega a casa yo me tengo que ir a hacer el turno de noche? Y entonces, qué, ¿cuándo vamos a follar nosotros, si no tenemos tiempo? Y como no follamos nunca, tiene que irse a follar con otro. Porque una mujer que no folla no puede estar contenta, aunque quiera a su marido, porque a mí me quiere, ¿sabes? Y lo vuestro…, lo vuestro… yo creo que es sólo sexo.
Baja por Fuencarral, y gira la primera a la derecha. Mira, ¿ves el garito aquel? Es el Robinson. Bueno, ahora seguro que le han cambiado el nombre. Solíamos venir a ese pub cuando empezamos a salir, en plena movida. ¿A que tú nunca has ido con ella al Robinson? Seguro que no sabes ni cuál es su bebida favorita. El gintonic, le encanta el gintonic. Joder, ¡qué tiempos! Hace tanto que no vamos… Con lo del niño, casi no podíamos salir. Nos conocimos en la fábrica hace 22 años. Ella tenía 18, uno menos que yo. ¡Y cómo estaba! Me tenía loquito. Ya sabes cómo son estas cosas, que a dónde vas tan sola, que si te vienes a tomar algo, que cómo me gustas… Y va y se queda embarazada, a los 6 meses de empezar a salir. También es mala suerte, ¿no? Pero nos queríamos y yo no la dejé sola entonces. Me casé con ella porque la quería y quería tener el niño, con todo lo que eso podía significar, que bien podía haberme escaqueado. Más de 20 años casados y la sigo queriendo como el primer día, te lo juro. Sigue guapisíma, pero yo nunca me acuerdo de decírselo. ¿A que no te imaginabas que tenía 40 tacos? Seguro que le echabas 28 ó 30, como mucho. Yo no sé cómo lo hace, con todo lo que trabaja, y qué bien se conserva, sin operaciones ni silicona, ni nada de eso que se ponen las tías ahora. Pero ¿qué te voy a contar a ti, que te la estás tirando?
Tuerce en la siguiente, que ésta es dirección prohibida. Saldrás a Alberto Aguilera. En cambio, yo, aquí me tienes, me he echado a perder, casi no tengo pelo, una tripa que no me veo la cola cuando me ducho, y qué sé yo… Cuando te mate, me voy a apuntar a un gimnasio, me pondré en forma, y pediré un cambio de turno, aunque gane menos. Entonces me dedicaré a ella, a volver a enamorarla. Iremos a cenar a esos sitios de moda por lo menos una vez al mes. Y al cine, ¿sabes cuánto hace que no vamos al cine? Y nos iremos de vacaciones a un apartamento en Mallorca. Porque ella también me sigue queriendo, lo que pasa es que ahora no tiene las cosas muy claras. Pero me quiere, cómo no me va a querer, si todas las noches me prepara un bocadillo de lomo con pimientos o de jamón serrano para el taxi. Si no me quisiera, ¿se iba a preocupar de eso? Si no me quisiera, me diría que no tiene tiempo para bocadillos, que tiene que arreglarse y ponerse guapa para el del Mercedes y, que si quiero bocadillo, que me lo compre en el Pan & Companys. Pero no, todas las noches mi bocadillo, envuelto en su papel Albal, y con su Coca Cola. A partir de mañana le voy a decir que me la ponga light, que tengo que empezar a cuidarme. Lo que pasa es que, cuando me lo como y sé que está contigo, me entran unas náuseas… Cuando pases la Glorieta de Bilbao, giras a la derecha.
¿Qué te estaba contando? Lo de la fábrica, ¿no? Pues eso, que con el recorte de personal iban a echar a un veinte por ciento de la plantilla. Yo estaba en el sindicato, en el comité de negociación, acepté la indemnización a cambio de que ella se quedase. Los chicos estaban creciendo, y necesitábamos pelas. Yo estaba seguro de que podría encontrar otra cosa, pero ella… joder, el trabajo en la fábrica estaba bien y si la despedían, la veía fregando escaleras o cuidando viejos… ¡Cualquiera hubiese hecho lo mismo! Así que traicioné a mis compañeros y, con la pasta que me dieron, me compré la licencia para el taxi y el BX, y hala, a rular por Madrid, de 10 a 8, hora tras hora, noche tras noche, escuchando la radio, llevando a gente como tú, aguantando a yonquis, en fin, ganándome la vida, que ya es bastante.
Estamos llegando, para. Sí, es tu casa. Bájate, que no te voy a matar. Joder, que yo soy un buen tío y soy incapaz de matar a nadie. Además, no quiero que le echen la culpa a dos sudamericanos de tu muerte. Sería una putada. Y al final me pillarían y no quiero ir a la cárcel, que me tengo que apuntar a un gimnasio y bajar unos kilitos para volver a enamorar a mi mujer. Se merece que me preocupe más por ella. La quiero y no voy a perderla. Y, joder, tú tienes mujer y niños, que lo sé, que te he seguido hasta aquí muchas noches con el taxi, y no los quiero dejar huérfanos. Y yo que tú, le prestaría más atención a tu esposa, porque seguro que, con lo olvidada que la tienes, te la está pegando con otro. Que una mujer que no folla no está contenta, ya ves lo que me ha pasado a mí. Venga, relájate, que no te voy a hacer nada. Además, la pistola no estaba cargada.
Yo me vuelvo a casa, que he dejado el taxi mal aparcado y tengo que seguir currando. Ésta va a ser mi última noche al volante. Mañana cambiaré el turno.