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78- Lucia. La hija de Lucifer. Por Eduardo Ros Carbonell

Me dispongo a relatar en estas cuatro letras unos hechos acontecidos realmente y que poco tienen que ver con la ficción: la increíble aventura de la vida de mi hermana. O al menos, lo acontecido hasta ahora, cuando a sus veinticuatro años de edad reposa inerte en su ataúd, y todavía no me es posible asimilar los motivos que la han conducido hasta la muerte.
Por la información que he podido ir recopilando en mis investigaciones creo que todo empieza el primer lunes de enero del año mil novecientos setenta y cinco. Era un día de lluvia en la villa francesa de Sant-Pierre D’Irube de la ciudad de Bayona, en un palacete que servia de residencia a la familia más noble y aristocrática de Francia, donde una descendiente oculta del mismísimo Napoleón Bonaparte estaba dando a luz a una hermosa niña de pelos rojos como el fuego, y lo hacía en el mismo palacio, sin ayuda de médicos ni enfermeras. Aunque si consta que contaba con la ayuda de una comadrona, que más tarde sería la encargada de hacer que aquella niña no sufriese la misma suerte que su madre.
Pocas horas después del parto, el palacete fue asaltado por unos hombres enmascarados y vestidos con capuchón y toga que portaban espadas, puñales o antorchas, y al parecer, no buscaban otra cosa que la niña recién nacida. Y además, no con intenciones reprimidas y en sigilo, sino que entraron con todas en el palacete arramblando todo a su paso, con gritos y exclamaciones que daban a entender que su propósito era el de acabar con la vida de la pequeña a toda costa, pues para ellos era la reencarnación del anticristo que había tomado forma, y de extrema importancia que fuese sacrificada esa misma noche.
Pronto toda la estancia en donde se había efectuado el parto se vio envuelta en llamas, y a duras penas, la parturienta tuvo el tiempo justo para entregarle el bebe a la comadrona y darle instrucciones para llevar a la niña a lugar seguro antes de ser encontrada, apaleada y quemada hasta la muerte, por los que mas tarde pude identificar como los Caballeros de la Orden del Temple.
Según pude investigar, aquel asalto al palacete dejó trece muertos, y un halo de misterio sobre el lugar y lo acontecido, que a día de hoy perdura. Cuando inspeccionando las estancias aun calcinadas pude preguntarme que sucedió aquel día lluvioso de enero, y mientras un escalofrío recorría mis entrañas, entendí de pronto las pistas que me habían sido dadas, y las uní como piezas de un rompecabezas.
Tiempo atrás había encontrado indicios sobre la posibilidad de que mi madre fuese francesa, e indagando por ese camino, descubrí que pertenecía a una especie de orden luciferina o grupo sectario satánico de origen italiano llamado Illu-Avatar, mas conocido por la Orden de los Illuminati, y prosiguiendo con estas investigaciones, también encontré nombres de relevancia como Julio Verne, o Isaac Peral, grandes hombres de la historia y renombrados escritores, inventores, políticos, y demás, y todos ellos con una extraña relación entre sí.
Llegué a la conclusión, para no extenderme en explicaciones innecesarias, de que aquellos hombres eran los fundadores de un grupo filosófico-místico llamado el Dankerre, al cual mi madre pertenecería mas tarde y del cual llegaría incluso a ser cabecilla y dirigente. Pertenecer a este grupo acabaría significado la muerte para ella, pues ésta gente fue acusada de practicas de satanismo y brujería, y era perseguida por otra secta fanática religiosa llamada la Orden del Temple, la cual seguía los preceptos de la antigua inquisición española que tachaba de demonios a los que practicaban otras religiones, acusaban de blasfemos a los que practicaban cosas que no entendían, y castigaban con la quema en la hoguera de todas aquellas personas que consideraban brujos o brujas.
Siguiendo la historia de mi hermana, la comadrona pudo escapar con éxito refugiándose en España, eso sí, pasando penurias para conseguir cruzar la frontera sin ser descubierta, escondiendo el bebé y tratando de pasar desapercibida, lo trasladó finalmente a la abadía de monseñor Dugarry, que actualmente es la catedral de Vigo en Pontevedra. Primeramente la comadrona abandonó el bebé en la puerta de la abadía con una nota en la que se leía escrito el nombre de Lucia, sin embargo, la conciencia de la mujer y los remordimientos la hizo visitar al padre Dugarry pocos días después y explicarle la historia de lo sucedido hasta entonces. Luego, aprovechando las amistades de infancia de la comadrona con el abad, la mujer convenció a monseñor Dugarry y éste se hizo cargo de la niña, trasladándola al convento de La Caridad donde quedó a recaudo de las hermanas y novicias del claustro, a espera de ser dada de alta con papeles oficiales y posteriormente inscrita en los registros pertinentes con el fin de dotar a la niña de una identidad.
Sin embargo, a los pocos meses de la llegada de Lucia, el convento sufrió un derrumbe a causa de la sacudida del terremoto del diecisiete de agosto del año mil novecientos setenta y ocho, y los planes se tuercen.
A raíz de este hecho resulta ingresada en el orfanato de San Bartolomé, de la misma ciudad de Vigo, y posteriormente el cuatro de noviembre de mil novecientos ochenta, mi hermana es oficialmente Lucia Ruiz Moreau de nacionalidad española y según se hace constar en la partida de nacimiento como originaria de la ciudad de Vigo en Pontevedra, hija adoptiva de Jaqueline Moureau, una mujer modelo francesa que la acoge como hija y Romeo Ruiz un fotógrafo profesional español de muy buena reputación. Es decir, que mi hermana pasa su infancia en una familia local emigrada de Francia a España y ya desde muy pequeña se ve vinculada al mundo de la moda, los desfiles, las pasarelas, los castings, los anuncios, y los viajes de un lado para otro.
Cuando todo parecía ir por el buen camino y la vida de mi hermana retomaba su rumbo por cauces más prósperos o con tintes de tener el mejor de los futuros, cuando Lucia cumple los cinco años de edad se desarrolla un episodio que transforma la vida de esta familia de costumbres aparentemente normales y cotidianas. Mi hermana empieza a ver alucinaciones, a tener sueños y ha hablar de cosas extrañas para una niña de cinco años, y así sus padres adoptivos optan por llevarla a los especialistas, y empieza a ser tratada por psiquiatras y psicólogos. Aquí comienza una larga cruzada por parte de sus padres para tratar de contrarrestar el influjo de esas visiones, y tan fuerte es la implicación que toma Romeo, su padre, que empieza a hacer investigaciones y a transcribir en manuscritos y documentos las visiones y desvaríos de su hija Lucia. Romeo finalmente deja su trabajo de fotógrafo y transforma su estudio en un laboratorio de alquimia, y todos estos sucesos desembocan en la creación de un libro, y de mil apuntes, bocetos y dibujos y un sin fin de documentación acerca del Dankerre.
Decía mi hermana ver y escuchar a un ángel llamado Prudaj, portador de unas alas que no desplegaba nunca, de cuerpo blanquecino y escuálido, de largo cuerpo, alto y esbelto, rostro de facciones bien proporcionadas, y piel de porcelana. Y que éste le contaba cosas acerca de un circulo de vida llamado Zion, donde todo gira en un eterno y constante cambio de energías.
Explicaba también sobre la existencia de mundos inimaginables más allá de las estrellas, y de habitantes de otros planos de realidad a los que se negaba a llamar extraterrestres. Hablaba sobre la espiritualidad con la mayor de las naturalidades, de la esencia del ser humano y del porqué del hombre en la tierra, del significado de la vida y la necesidad de la diversidad animal en nuestro mundo y en otros universos, y daba gusto escucharla cuando por su boca y en sus palabras encontrabas sentido a tu propia vida.
De repente, al escuchar su mensaje podías sentir en tu interior como formabas parte de un mismo engranaje, que a su vez era el motor que movía y hacía girar el mundo. Podías notar como eras junto a todas las demás personas otro hermano de una misma familia global, humana y universal. Y conseguía abrir tu corazón y llevar tu alma hacia los cielos y elevarte casi al lado del mismo Dios. Ese Dios del que muchas veces hablaba como el vigilante y guardián, como el constructor, pero al que nunca trató como refiriéndose a alguien superior o de mejor nivel. Para mi hermana todas las criaturas eran dignas de tener en consideración y a cada cual mas respetable que la anterior.
A mi hermana se la encontró muerta en el bosque de Manzaneda, en Galicia, el día veintiuno de junio a las trece y cuatro minutos, calcinada sobre una pira de leña, atada a un poste y quemada viva como si de una bruja de cuento se tratase. Os estaréis preguntando quizá como llegó una persona como Lucia a morir tan joven, y en tan extrañas y salvajes circunstancias, y yo, lamentablemente no tengo respuesta que poder dar.