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{"id":64,"date":"2006-03-08T15:47:20","date_gmt":"2006-03-08T14:47:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.com\/3certamen\/?p=64"},"modified":"2018-03-01T21:09:56","modified_gmt":"2018-03-01T20:09:56","slug":"40-entre-botellas-por-bnk","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/3certamen\/?p=64","title":{"rendered":"40- Entre botellas.  Por BNK"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times New Roman\" color=\"#000000\" size=\"3\">\u00a0<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt\">Un volante, una carretera. Un volante, una carretera. Un volante, una carretera. Y en el fondo del camino, un despertador que suena.<\/p>\n<p><!--more-->El despertador. Ese artilugio maldito con cuyo reposado tintineo se convive poco antes de capturar el sue\u00f1o, pero que por la ma\u00f1ana, a la hora que uno le diga, se convierte en el aut\u00e9ntico amo de la edad contempor\u00e1nea.<\/font><font face=\"Times New Roman\" color=\"#000000\" size=\"3\">En mi caso, el objeto mec\u00e1nico carece de relevante funci\u00f3n y su chillido matutino es algo circunstancial. Lleva la orden de que suene a esa hora desde hace mucho tiempo y as\u00ed le dejo vivir y que haga lo que mejor sabe. Mi verdadero despertador es el temblor, y no el del fr\u00edo. Que estamos en mayo.Me levanto y como un gobernante medieval evacuo mientras departo los asuntos de estado, que no son m\u00e1s que los sabores pegados al paladar y dejados a su suerte la noche anterior. Y la de antes de la anterior. Y la de los \u00faltimos\u2026siete a\u00f1os. M\u00e1s o menos.<\/font><font face=\"Times New Roman\" color=\"#000000\" size=\"3\">\u00a0<\/p>\n<p>En ese sentado instante, sin mirar a nada y evidentemente a nadie, regurgito muchas cosas, no s\u00f3lo peque\u00f1as sustancias l\u00edquidas y s\u00f3lidas. Regurgito vestigios del pasado, ese que tir\u00e9 por la misma abertura del inodoro que se lleva mis asuntos de estado. Y tambi\u00e9n dolor, mucho dolor.<\/p>\n<p>Pero llega el momento cumbre de mi insano despertar. El encuentro s\u00f3rdido y escabroso con mi querido y churreteado espejo. Ese libro abierto cuya lectura dej\u00e9 hace tiempo, pero que por alg\u00fan motivo, quiz\u00e1 una corriente de aire, cada d\u00eda se abre por una p\u00e1gina distinta, mostr\u00e1ndome todas las ma\u00f1anas tambi\u00e9n una cara diferente.<\/p>\n<p>Los imberbes tumorcillos faciales desaparecieron, dejando el camping de mis mejillas libre para su nuevo poblador. Y no es \u00e9ste m\u00e1s que un lento despellejamiento blancuzco sobre fondo rosado. En este preciso minuto de mi cita con mi querido y churreteado espejo, quisiera arrancarme la cara como en aquella escena de Poltergeist, pero no puedo, y lo \u00fanico que hago es verter agua fr\u00eda sobre las ascuas. La grata sensaci\u00f3n es s\u00f3lo la de esa serena y quieta toalla y su fragante olor a usada. \u00a0<\/p>\n<p>Tras vestirme con mi adorado ch\u00e1ndal, apago la luz de la habitaci\u00f3n sin encender ninguna m\u00e1s, como una persona invidente que durante a\u00f1os ya sabe manejarse por su casa sin necesidad de luces. Las \u00fanicas que veo son las fluorescentes agujas del reloj de la entrada, ese que me da la hora cuando cojo las llaves. Las siete de la ma\u00f1ana, buena hora para seguir despellej\u00e1ndome las mejillas.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Buenos d\u00edas, Rafael.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Buenos d\u00edas. \u2013 Me responde Rafael con su aguardentosa voz de ga\u00f1\u00e1n sin levantar la cabeza de su barrido viario.<\/p>\n<p>Entro en el bar, donde el tufillo a caf\u00e9 me recibe sin aplausos.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Buenos d\u00edas. \u2013 Saludo al entrar.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Buenos d\u00edas. \u2013 Contestan los alba\u00f1iles que toman el caf\u00e9 antes de entrar al tajo. Parecen mu\u00f1ecas todos junto a la barra, y su saludo se dir\u00eda que es de uno s\u00f3lo de ellos.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Buenos d\u00edas, Jorge. Me pones una cerveza, por favor. \u2013 Le pido al camarero y due\u00f1o del bar con mi ma\u00f1anera y fresca sonrisa.<\/p>\n<p>Jorge no responde a mis buenos d\u00edas. No dice nada. Pero al menos me sirve la cerveza. La segunda sonrisa del d\u00eda es para las mu\u00f1ecas de la barra que me miran curiosas mientras destapo con mi mechero la cerveza, ya que Jorge no ha tenido la amabilidad de abr\u00edrmela. Este Jorge.<\/p>\n<p>La cerveza es mi \u00fanica amistad en el bar. Con el primer buche, siempre el peor de todos, se cierran los asuntos de estado del paladar, despertando las ganas de un pitillo. Al hacerlo, el calorcillo de la llama del mechero roza las despellejadas mejillas, alumbrando el verdadero motivo de su desolladura.\u00a0<\/p>\n<p>Alcoholismo. As\u00ed se llama el perpetrador de mis temblores matinales. Alcoholismo. Ese es el causante del despellejamiento de mi piel facial y de esas manchitas min\u00fasculas y amoratadas que habitan por la misma zona.<\/p>\n<p>Alcoholismo; h\u00edgado al borde del caos. Delirios tr\u00e9mulos antes de salir el sol. Tambaleos. Miradas de desprecio en los mayores y de burla en los peque\u00f1os. Mal olor. Ocasional sobriedad. Hogar en el bar. Soledad.<\/p>\n<p>Esa es mi raz\u00f3n de ser, el alcohol. El director de la pel\u00edcula de mi cerebro. El que me concede horas y horas de interminables soliloquios acabados con una ca\u00edda o un v\u00f3mito.<\/p>\n<p>La primera\u00a0 cerveza cae bien y ya est\u00e1n mis ojos buscando a Jorge para la segunda.<\/p>\n<p>Los currantes se van a la obra. Me quedo sin sus voces y con el irritante silbido de Jorge, que ya me ha servido la segunda botella; ahora si me pone el vaso que antes le falt\u00f3.<\/p>\n<p>Las ocho de la ma\u00f1ana. Entra Rafael el barrendero y le dice a Jorge que su coche est\u00e1 estorbando. El camarero sale y deja el bar solito para m\u00ed. Cosa extra\u00f1a. La \u00faltima vez que lo hizo no salimos bien. Nada grave, s\u00f3lo que yo y mi borrachera vimos las tiras de cupones de los ciegos a mi alcance. Hab\u00eda muchos. Suficientes como para venderlos lejos de all\u00ed sin que nadie me conociese, y con la recaudaci\u00f3n ba\u00f1arme de gloria. Y de cerveza, claro. Pero el muy pillo entraba en el momento en que me alzaba desde el taburete al otro lado de la barra, el que a \u00e9l le corresponde, justo cuando con una sola mano levantaba el culo de la botella de \u2018\u2019Dyc\u2019\u2019 que los sujetaba para cogerlos. \u00a0\u00a0<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfT\u00fa qu\u00e9 co\u00f1o haces? \u2013 Me dispar\u00f3 con su halitosis.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Eh Jorge, no pienses mal. Se hab\u00edan ca\u00eddo los cupones al abrir la puerta con este airazo y los estaba poniendo en su sitio. Joder. \u2013 Me atrev\u00ed a excusarme.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Fuera de aqu\u00ed! \u2013 Fue su llameante segundo ataque.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cu\u00e9ntalos. Ver\u00e1s como no te falta ninguno.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Que te vayas o llamo a la polic\u00eda. \u2013 Amenaz\u00f3.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Qu\u00e9 hijo de tu madre. Acusarme a m\u00ed de querer robarte a estas alturas. Ladr\u00f3n t\u00fa, que una noche me pediste cien pesetas por una \u2018\u2019media\u2019\u2019 y a la ma\u00f1ana siguiente me pediste un euro, que son sesenta y seis pesetas m\u00e1s por la misma botella. \u2013 Encima le ech\u00e9 cara. \u00a0\u00a0<\/p>\n<p>Aquella noche hab\u00eda bebido un poco m\u00e1s que las anteriores, pero menos que las siguientes. De eso hace ya mucho tiempo, como tambi\u00e9n bastante que Jorge hab\u00eda vuelto de aparcar el coche. \u00a0<\/p>\n<p>Ya son las nueve y media, y no s\u00e9 el motivo, pero resulta curioso que siempre es a esta hora cuando pierdo la cuenta de las cervezas que me he bebido. El tiempo es mucho m\u00e1s relativo e inconstante para las personas que beben.<\/p>\n<p>Jorge ya ha hecho las paces conmigo, al menos eso es lo que demuestra al permitirme la entrada a su grasiento local de tortillas fr\u00edas y ensaladillas rusas. En el fondo me quiere. Casi tanto como yo a \u00e9l. Mientras pienso esto, me enciendo otro cigarrillo y r\u00edo solitariamente, igual que \u00e9se infeliz al que le han contado un chiste dentro de su locura y se r\u00ede ante la maliciosa mirada de la gente. \u00a0<\/p>\n<p>Sobre las diez mi mundo, el mundo, el universo incluso, se para. En esa hora de la ma\u00f1ana, cuando vienen los estudiantes de la academia y las mam\u00e1s a tomar el caf\u00e9 tras dejar a sus hijos en el colegio, entra ella. El \u00fanico animal que interrumpe mis silenciosos mon\u00f3logos. No ladra, no ma\u00falla. Ni siquiera suelta pelos. Pero s\u00ed que habla, gesticula y tiene una melena\u2026 \u00a0<\/p>\n<p>Hoy viene con la morena de pelo cortito y la rubia pechugona que un d\u00eda descubr\u00ed que es la interventora del banco de enfrente. Son meras damas sin honor que la secundan y abren paso envidioso a su incre\u00edble belleza. Pero ay, qu\u00e9 belleza atrapada la tuya amor m\u00edo. Tus ojos revelan cierto aire de cosificadora existencia. Dime mi amor, \u00bfqui\u00e9n es tu carcelero?<\/p>\n<p>Qu\u00e9 barbaridad. Hoy se ha sentado justo enfrente de m\u00ed y mientras se unta la mermelada, me ha dirigido una desinteresada y vac\u00eda mirada, sonriendo sabe Dios porqu\u00e9. \u00a0<\/p>\n<p>Mi coraz\u00f3n salta y salta anim\u00e1ndome a dirigirme a ella. A su escote. Al cruce de sus piernas que parece la pista de aterrizaje donde yo quisiera tomar tierra.<\/p>\n<p>Podr\u00eda armarme de ese valor perdido y con educaci\u00f3n decirle, decirle a las tres, que si me permiten invitarlas al desayuno. Seguro que las otras dos sonreir\u00edan y aceptar\u00edan, pero temo que ella, con su porte y su categor\u00eda, no estuviese de acuerdo.<\/p>\n<p>Luego est\u00e1 el problema de mi fachada. A mis cuarenta a\u00f1os no estoy tan mal, pero \u00e9sta carga empapada de alcohol que me mortifica y deteriora mi aspecto\u2026<\/p>\n<p>Hoy s\u00ed. Hoy voy a atreverme. Cuando se me pase la flatulencia que trae consigo la quinta cerveza y que tras a\u00f1os de sufrirla he descubierto que tap\u00e1ndome con la mano la nariz y la boca se pasa, lo voy a hacer. Y qui\u00e9n sabe despu\u00e9s lo que ocurrir\u00e1. \u00a0<\/p>\n<p>Primero al ba\u00f1o, a ver c\u00f3mo estoy. No quiero que ninguna mancha la atice. Debe de ser perfecto. Amor m\u00edo, all\u00e1 voy.<\/p>\n<p>Pero qu\u00e9 mala suerte tengo. Justo al salir del ba\u00f1o la flatulencia vuelve atada a un dichoso mareo. Y me caigo junto a una pila de cajas de cerveza. Ah\u00ed, entre botellas. Que es donde debo y siempre estoy.<\/p>\n<p>El golpe ha sido tremendo y un dolor en el hueso del culo revienta a la culpable de todo, la flatulencia. Mi gozo en un pozo. Mi plan en el fr\u00edo suelo. \u00a0<\/p>\n<p>Sin querer abro los ojos y veo a Jorge tendi\u00e9ndome la mano.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Venga, Mariana. Ya has bebido bastante. Te llevo a casa.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Es que he salido del ba\u00f1o, no recordaba las cajas y he tropezado.<br \/>\n&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Si, no s\u00e9 qui\u00e9n ha podido poner esas cajas ah\u00ed para que te caigas. Pero vamos, que voy a cerrar ya. \u2013 Me dice Jorge m\u00e1s amable e ir\u00f3nico que de costumbre.<br \/>\n&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero qu\u00e9 dices cerrar, si son las diez de la ma\u00f1ana.<br \/>\n&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No. Son casi las once de la noche. Llevas aqu\u00ed todo el d\u00eda. Ya has bebido mucho y yo cierro ya. \u2013 Las palabras de Jorge suenan como la palada de tierra sobre un ata\u00fad. Al levantarme veo que es de noche, el bar est\u00e1 vac\u00edo y mi amor ya se ha ido. Jorge me lleva a casa y aunque lo veo como una imagen televisiva sin sintonizar, me doy cuenta de su favor.<br \/>\nEs lo que tiene ser una alcoh\u00f3lica solitaria y silenciosa, que siempre te llevan a casa.<\/p>\n<p>Vuelvo a mi deshecha cama. Vuelvo con mis frases de borracha dichas a todo el mundo y a nadie. Jorge se va y me deja con el tintineo de mi fiel despertador. Con mi soledad y mi oscuridad. Con la imagen viva, y que alg\u00fan d\u00eda tocar\u00e9, de mi amor cosificado. De mi animal enjaulado. \u00a0\u00a0<\/p>\n<p>Ven aqu\u00ed amor m\u00edo. Te amar\u00e9 como nadie pese a mi maloliente estado. Con la ternura que s\u00f3lo las mujeres sabemos dar.<\/p>\n<p>No te vayas ma\u00f1ana. No me dejes nunca. No vivo tan sola. Vivo con mi despertador y entre botellas. Pero por ti, lo dejo todo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><\/font>\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 Un volante, una carretera. Un volante, una carretera. Un volante, una carretera. Y en el fondo del camino, un despertador que suena.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[6,5],"tags":[],"class_list":["post-64","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-finalistas","category-relatos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/64","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=64"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/64\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":288,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/3certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/64\/revisions\/288"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=64"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=64"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.com\/3certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=64"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}