II Certamen de narrativa breve - Canal #Literatura
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10/2/2005

24. Depresión, una enfermedad incomprendida

Marta, es una chica que padece dicha enfermedad.
Todo empezó cuando a Marta le descubrieron una mal formación en la columna a la edad de diez años. Llevaba mucho tiempo quejándose de dolor, sobretodo cuando iba de excursión con sus padres. Sus padres pensaban que ella se quejaba para llamar la atención, hasta que poco a poco notaron que el cuerpo de Marta se iba formando de una manera distinta al de las demás niñas.
Un día su madre decidió llevarla al médico porque se estaba empezando a preocupar, cuando llegaron al médico y le contaron lo que ocurría el decía que era normal, que no había porqué preocuparse. Sara, que es la madre de Marta, no podía creer que a una niña de diez años le doliera la espalda al caminar, montar en bicicleta, jugar, etc. La llevó muchas veces al médico y siempre le decían lo mismo.
Un verano, Sara se dio cuenta, al ver a Marta en bañador, que su cuerpo cada vez estaba más desformado, así que decidió llevarla a un médico de pago, para que la escucharan.
Al acabar el verano, Marta fue a ver al médico de pago, y le decía lo mismo que el del seguro. Sara casi suplicándole, le pedía que hiciera pruebas a la niña, que pagaría todo lo que estuviera a su alcance, y el médico accedió. Cuando el médico vio las radiografías, se quedo alucinado. A Marta se le estaba separando la columna en dos, y si no se daban mucha prisa, la niña quedaría en una silla de ruedas. El doctor comunicó todo a los padres y a Marta. Tenían que ingresar a Marta en un hospital de Valencia urgentemente para las operaciones que le tenían que practicar. Los padres de Marta no podían creer lo que estaba ocurriendo. El médico advirtió a Fernando, el padre de Marta, que un frenazo brusco con el coche o una simple caída, haría que la niña quedase en silla de ruedas. Marta, no era consciente de lo que el médico contaba, pensó que se irían de vacaciones a Valencia una temporada, al ser ellos de Alicante.
Durante un mes, estuvieron haciendo pruebas a Marta sin parar, y el día antes de su cumpleaños, la ingresaron en Valencia.
Marta se despidió de toda su familia y Fernando llevó a Sara y a Marta a Valencia, para que la ingresaran. Cuando llegaron allí, Marta se empezó a asustar, veía todo lleno de gente enferma y quejándose.
Llegó la hora en que Fernando se tenía que ir a casa, Marta rompió a llorar, empezó a darse cuenta de que no vería a su padre, nada más que los fines de semana. No quería que su papá se fuera lejos de ella, lo necesitaba a su lado.
La noche antes de la operación, Marta tenía muchísimo miedo, y Sara la intentaba calmar como podía, pero era imposible. Al final Marta consiguió dormirse.
Mientras operaban a Marta, Sara y Fernando estaban en el pasillo sufriendo, deseando que todo saliera bien y que le devolvieran a su hija sana y andando.
Marta despertó en una habitación que solo metían a gente recién operada. Sentía un dolor exagerado, y molestias por todo el cuerpo.
Ya hacía dos semanas que habían operado a Marta, cuando el médico, entro en su habitación y dijo que había que volver a operar, aunque iban a probar un método en el que a lo mejor se libraba de dicha operación. El método consistía en escayolar a Marta desde debajo del pecho, hasta las rodillas.
Escayolaron a Marta y la mandaron a Alicante, a su casa.
Estuvo dos meses escayolada en casa, en los que la gente la iba a visitar, gente que ella no conocía y que siempre le preguntaban las mismas cosas. Marta solo quería que la dejaran en paz, no tenía ganas de visitas, ni de que la gente la preguntara cosas, solo quería que le quitaran esa armadura e irse a jugar como cualquier otro niño.
Cuando volvió a Valencia y le quitaron la escayola, dijeron que no había servido de nada y que la tendrían que volver a operar. Aún así Marta era la niña más feliz del mundo, y era muy optimista, pensaba que pronto volvería con sus amigas del colegio y podría ser una niña normal.
La volvieron a operar, y Marta lo volvió a pasar fatal. A las dos semanas de la operación le dijeron que detrás de tres meses sin tocar el suelo, podría volver a levantarse de la cama, le colocaron un corsé y la sentaron en la cama, Marta se empezó a marear, pero quería ir al servicio, echaba mucho de menos sentarse en el baño y tener intimidad, pero no lo consiguió, se mareaba mucho. Cuando ya se podía levantar sin marearse, se dio cuenta de que no sabía andar, tenía que volver a aprender. Pasaron los días y Marta ya estaba bien para irse a casa. El doctor la mando a llevar el corsé un año entero sin quitárselo y eso hizo Marta.
Marta, por fin llegó a casa con su familia, y andando. Al tiempo, volvió a empezar a ir al colegio, y poco a poco se empezó a adaptar otra vez.
Al principio sus compañeros se portaban muy bien con ella, pero cuando ya se podía sentar como los demás y pasar desapercibida, los niños la empezaron a rechazar, a insultarla y a ponerla motes desagradables. Ella debido a estar inmóvil tantos meses, de ser una niña muy delgada, paso a todo lo contrario, empezó a engordar.
En su etapa adolescente, fue cuando Marta lo paso peor, todas esas niñas delgadas, luciendo su cuerpo perfecto y presumiendo de que ellas lo tenían y Marta no, eso le hizo empezar a sentir asco por ella misma. Para colmo el médico le dejo bien claro que no podría hacer muchos deportes y en clases de gimnasia llevara mucho cuidado, con lo cual mientras los otros niños hacían gimnasia, Marta miraba y se sentía inútil.
Marta no tenía amigas, solo compañeras de clase. La que había sido su mejor amiga desde niña, cuando Marta regreso del hospital, la dejo de lado y no quería saber de ella.
Un día Susana, una compañera de clase de Marta, le dijo a Marta si quería salir con ella y su grupo de amigos, que se lo pasaban muy bien. Marta dijo que sí, que ella nunca había salido de casa y le apetecía probar.
Ese sábado para Marta fue inolvidable, se lo paso muy bien y conoció a mucha gente encantadora. Con lo cual, decidió repetir y unirse al grupo. A partir del siguiente sábado, las chicas del grupo empezaron a llamar a Marta acoplada y a darle de lado. La dejaban sola en la discoteca sin que se diera cuenta, iban a algún sitio y la dejaban tirada, compraban un regalo para alguien y no se lo comentaban, la despreciaban y rechazaban. Marta pensaba que era porque a ella no le gustaba fumar, ni beber, porque estaba gorda y no ligaba nunca. Todos los sábados Marta llegaba llorando a casa por las cosas que le decían y hacían, solo la trataban bien los chicos del grupo, cosa que ella no entendía.
La depresión de Marta fue en aumento a partir de ese momento, de sentir asco por ella misma y pensar que era una inútil, paso a odiarse y quererse ir a la tumba lo antes posible. Marta creía que no podía haber nadie en el mundo mas despreciable que ella misma, era su enemigo numero uno. Solo veía defectos, ni una sola virtud. De ser la niña optimista, feliz y alegre que era, paso a ser muy pesimista e infeliz. Se odiaba ella y odiaba a todas las personas del mundo.
Sara llevo a Marta a una psicóloga, pero solo la hincho a pastillas. Por mas que hablaba con Marta, no conseguía que se sintiera mejor, todo lo contrario. Marta odiaba ir allí, se sentía muy mal, y la psicóloga le caía fatal, como todo el mundo.
Marta se separó del grupo, y conoció a Verónica, una chica muy amable y simpática a simple vista. Empezaron a salir juntas y a Marta se la veía un poco mas animada.
Cuando Verónica cogió confianza, empezó a hacerle la vida imposible a Marta. La llamaba gorda, le decía que no comiese muchas cosas, también le decía que era una niñata malcriada, que no sabía ir a ningún lado sin su madre, que no servía para nada, que no llegaría a nada, pero que la tenía a ella para lo que Marta quisiera.
Marta cada vez que escuchaba esos comentarios, se le venía el mundo encima, solo quería desaparecer lo antes posible y que no se supiera nada más de ella.
Amargada y en la soledad, Marta tomo una decisión, se suicidaría fuese como fuese. Planeo una forma y lo intentó. Cogió una cuerda y la ató al pomo de la puerta, la paso por arriba de modo que quedaba colgando y se podría ahorcar perfectamente. Cuando estaba preparada, empezó a pensar lo egoísta que estaba siendo haciendo esto, solo pensaba en ella y no en lo que sus padres la querían y la necesitaban, pero si no lo hacia, quedaría como una cobarde que no decía la verdad cuando decía que se quería morir. Marta pensaba que la muerte no podía ser peor que la vida que estaba viviendo, ella estaba muerta en vida, quería parar ese sufrimiento lo antes posible y descansar.
Se paso la soga por el cuello y se dejo caer, Marta empezó a asfixiarse, pero de repente Sara llego a casa y la pilló, corto la cuerda y Marta salió ilesa.
A partir de ese día Marta reprochaba a Sara todos los días, que le había destrozado su ilusión y que no quería saber nada de ella, que la dejara en paz.
Sara llevó a Marta a otra psicóloga, y Marta empezó a ir a la fuerza. Esta psicóloga también hacia sentir mal a Marta, la obligaba a hacer el ridículo todo el rato, hasta que Marta un día se cansó, y le dijo que no iba a volver nunca más, y eso hizo.
Después de varios psicólogos y comentarios buenos de la gente, Marta se sigue sintiendo igual de mal. Con los años, Marta ha aprendido a llevar la enfermedad, ella piensa que lo mejor es callarse todo lo que siente, porque diciéndolo, lo único que consigue es preocupar a la gente que la quiere, la gente piensa que ella esta recuperada, pero sigue igual que el primer día, amargada, infeliz, y sola. La soledad es la única que hoy en día hace sentir bien a Marta. Triste, pero cierto. Ella sigue sin tener amigos y sin querer tenerlos, solo de pensar en esa idea tiembla de miedo.
Se traumatizó por una enfermedad y acabo peor por culpa de la gente con malos sentimientos que hoy en día nos rodea.
Yo solo espero, que Marta algún día se consiga recuperar y vivir feliz, que todos lo merecemos.