14 DE JULIO

por Camelia

 

En aquel pueblecito costero existía una pequeña plaza de toros. Un coso que habia sido engalanado en esta fecha tan señalada para acoger a todos los que se acercaban a las vaquillas y a la verbena para celebrar y disfrutar de los tenderetes y de las actuaciones musicales.

 Era el 14 de julio, fiesta nacional francesa y aunque la forma de festejarlo era muy desigual en otros puntos de Francia en este lugar era una costumbre muy arraigada participar de todos los actos para su conmemoración.

La música de la banda en vivo amenizaba la espera en la plaza, mientras la gente se movía de un lado para otro buscando un lugar donde acomodarse.

 

Bety había estado sumida desde el otoño en una profunda tristeza tras el inesperado fallecimiento de su padre que exhaló su último halito entre sus brazos.

No parecía ella despues de este mazazo. Estaba totalmente bloqueada por lo repentino del acontecimiento, pasaron tan solo unas horas desde su desmayo hasta su muerte.

 

No comía, no dormía. Se pasaba horas en la cama en posición fetal y el llanto era su compañero de cama. Llegó a pesar 39 kilos. Fue entonces cuando el médico que la trataba le recomendó con urgencia quitarse el luto y empezar a salir obligatoriamente a distraerse, pues se temía por su vida.

 

Sus amigas que no la dejaban sola ni un momento y su entorno estaba muy preocupado.

 

 Pensando en la manera de animarla planearon un viaje al que con un poco de suerte no se negaría. Los que la conocían desde hacia años sabían cuales eran sus debilidades.

 

- No vamos a dejar que te hundas. Estamos aquí para lo bueno y lo malo. ¿No es así?

-Si, pero estoy tan poco animada que quizás sea un estorbo.

- Tu has estado cuando te hemos necesitado y siempre decías que no importaba el tiempo necesario sino el resultado. Ahora nos toca a nosotras y no te puedes negar.

-cuando te cuente que no es un viaje, sino el viaje con el que has soñado tantas veces no podrás negarte porque ya esta casi todo listo. Volvemos a cruzar los Pirineos y esta vez es solo para que tú conozcas el país que tanto has estudiado en clase de francés.

 

-¿ En serio pensais ir a Francia?

- Así es, el viaje esta planeado para que vengas y nos saques de los apuros en los que nos vamos a meter cuando nos pregunten algo y no sepamos contestar.

 

Le explicaron todo: La forma de viajar, la elección del grupo, el transporte que utilizarían, el alojamiento.

 Ella era la más joven del grupo y la más inexperta.

Todas hablaban de hombres y de lo que iban a ligar y de lo buenos que estaban algunos extranjeros.

Para ella los hombres siempre habían ocupado un lugar en su pensamiento mas intimo, pero de todo esto, no hablaba nunca.

Siempre mantuvo el tipo de mujer más interesada por el trabajo y los estudios que por tener pareja.

 Era algo más que un reto para algunos de sus amigos y compañeros que en algún momento se le habían insinuado, conquistarla. Siempre se hacia la tonta y al final despues de exponerles sus argumentos, encontraba en ellos amigos con los que charlar de todo incluido el sexo. La teoría la llevaba al dedillo, incluso conocía a muchos de ellos, más que sus propias parejas, porque hablaba con ellos sin pudor y era una tumba guardando secretos.

 

Mientras preparaban la ruta y hacían planes se iba animando más.

 

-Tienes que echarte un tío al cuerpo le decía Chelo. Veras como todo cambia para ti.

- ¡Déjala y no digas burradas! Cada cosa a su tiempo.

- Tú crees que con el ánimo que yo tengo, alguien se fijara en mí.

- El amor puede aparecer en cualquier lugar. Además, ahora que has recuperado peso y tienes este tipazo...

- Sí pero con mi altura.

- La esencia se vende en frasco pequeño...

- Y el veneno también.

- Oye que los dos productos pueden ser eficaces. Depende del momento.

 

A pocos kilómetros de allí, en una casa rodeada de jardín similar a casi todas las que poblaban los alrededores de la urbanización, alguien esperaba impaciente.

 

La muchacha estaba muy nerviosa, se miraba una y otra vez al espejo y se volvía a cambiar de ropa, se recogía el cabello y un segundo mas tarde lo dejaba suelto.

Quería estar bella para él.

Por primera vez se había enamorado locamente y esto la hacia vulnerable, muy vulnerable. Era su primera cita a solas.

 

Había tonteado con chicos sobre todo en la adolescencia; después los ligues esporádicos pero poco serios. El problema era que cuando llegaba el momento de tomar la decisión siempre dijo no.

No funcionaba como otras amigas suyas. Nunca salía a una cita a ciegas aunque se las habían propuesto compañeras suyas con hermanos de su edad.

 Decía para si, que era demasiado pronto.

Hasta entonces ninguno había conseguido despertar, un sentimiento tan fuerte como el que experimento, la noche que conoció al protagonista de sus sueños.

 

 Pensaba en lo mal que lo habrían pasado aquellos que le habían ofrecido su amor y ella había rechazado.

El tiempo que se daba era solo una excusa, la realidad era que nunca se habia planteado en serio ninguna de las relaciones anteriores, porque sabia de antemano despues de conocerlos un poco, si seguiría o no con ellos. Era muy intuitiva y quería labrarse un futuro.

 No quería hacerles daño, por eso si la relación necesitaba un paso más, ella decidía no darlo.

Mientras se preparaba, sentía todo lo que en boca de sus enamorados había escuchado y temía que el pasado volviese en forma de revancha, haciéndola victima del desamor.

Mientras recordaba su primer encuentro las manecillas del reloj se iban acercando a la hora de salir para la cita. Solo en unas horas supo que ese era el momento para decir sí.

 

Entro con sus amigos en tropel a la carpa que habían preparado para la ocasión y que desaparecería de allí cuando terminasen las fiestas. Grandes lonas blancas montando el techo y los laterales del baile en un terreno bastante grande y al que habían surtido de todo lo necesario para la ocasión: mobiliario, luz muy tenue, música lenta…

Habia caminado unos metros cuando hubo una parada por parte de los que formaban la delantera para buscar un sitio para todos. Mientras tanto, ella observaba el ambiente y la gente, algunos bastante sudorosos lo que denotaba que llevaban dentro un tiempo.

Seguía oteando cuando de pronto entre un grupo de chicos vio a uno que resplandecía entre los demás: alto, con el cabello rubio ondulado y un poco largo, patillas marcadas, con unos dientes perfectos bordeados por una amplia sonrisa y una piel rasurada y de aspecto suave.

La animada charla en la que estaba inmerso le impidió ver que a pocos metros estaba ella mirándolo fijamente y experimentando una sensación desconocida hasta entonces, que recorría todo su cuerpo intensamente, paralizándola. Las luces hacían que el jersey blanco de dibujos geométricos que llevaba tejido a mano, se transformase en un blanco resplandeciente y con brillos irisados, que lo iluminaban mas todavía, resaltando su figura; también se fijo en sus pantalones vaqueros negros y en el vaso que sostenía en las manos.

Al mismo tiempo el numeroso grupo habia encontrado un sitio para acomodarse.

Estaban separados por la pista de baile pero la suerte hizo que el lugar que habían elegido estaba casi enfrente del otro grupo.

Entre conversaciones cruzadas y la petición de bebidas al camarero ya estaban todos en su salsa.

-¡Que casualidad si allí enfrente esta mi sobrino!  El hijo de mi cuñada.

Ya me extrañaba que no nos hubiésemos encontrado antes, porque mi mujer ha quedado con su hermana esta tarde en que vendrían a pasar un rato. Habrán pasado primero por casa de los abuelos.

 En los veranos, viene a trabajar aquí para sacarse unos francos y despues en el invierno, estudia medicina en una universidad cerca del lugar en el que viven sus padres.

Se levanto y se dirigió al grupo de chicos de enfrente. La duda era ahora ¿Quién seria el sobrino?

Los chicos se acercaron y se fueron saludando. Llego el momento en que le presento a su sobrino Bruno. Bruno era el chico más guapo que habia visto al natural. Lo que ninguno sabía es que ella lo había visto nada mas entrar.

 

-Mira Bety este es mi sobrino. Intento responder al saludo como si para ella hubiese sido también una sorpresa.

Cuando se terminaron las presentaciones, no pudo evitar volver a mirarlo, pero en esta ocasión se encontró con unos ojos que la observaban sin rubor. Fue un instante pero la conexión era evidente.

- Creo que mi sobrino se ha interesado por ti. Me ha preguntado si bailarías con él. Le gustaría conocerte. El chico es muy majo y simpático pero si no te gusta… le digo que no.

-No, no faltaría más. Que callado tenías que tu sobrino era tan guapo.

Se echo a reír.

-Oye chitón, no se te ocurra decirle nada que sino me muero de la vergüenza.

Ante el movimiento de cabeza del tío se acerco y la invito a bailar. A los pocos segundos se encontró entre unos brazos que la rodeaban dulcemente y comenzaron a bailar.

Ninguno de los dos sabía el idioma del otro, para mantener una conversación muy fluida pero se entendían hablando cada uno en su lengua materna. Bruno habia estudiado un poco de español y Bety aunque no hablaba un francés pulido intentaba suplir los huecos con ejemplos similares.

 Cada uno de ellos habia estudiado el idioma del otro lo que se notó en cuanto perdieron el miedo al ridículo. Cuando callaban eran sus ojos los que expresaban todo. La sintonía entre ellos era evidente y los amigos entraban y salían de la pista pero ellos seguían allí sin descanso.

Cada vez estaban más juntos y se estremeció cuando al colocar su mano sobre el cuello masculino, Bruno la miro intensamente y le sonrió.

Estaban solos los dos aunque en la pista no cabía un alfiler.

De repente, la beso sin darle tiempo a pensar en lo que acababa de ocurrir. Se retiro sorprendida, pero instantes después de volver a mirar su rostro, se fundió con pleno consentimiento en un cálido beso.

El sujetó su cintura cruzando los brazos mientras ella puso sus manos en la nuca.

El siguiente beso y todos los que le siguieron fueron apasionados.

Salieron de la pista y se retiraron del grupo a un lugar mas intimo y pasaron la noche hablando, bebiendo, e intercambiándose caricias.

Se sorprendió a si misma actuando como si lo que estaba ocurriendo de forma tan natural lo hubiese hecho toda la vida.

Era el primero para ella y no tenia dudas. Estaba haciendo lo que le apetecía y no pensaba en que pensarían los demás. Era allí con él y así como quería estar.

 

Una potente voz que venia de la sala la devolvió a la realidad.

- Venga chicas, que se hace tarde. Era Ricardo, que esperaba desde hacia un buen rato.

Vamos a llegar tarde y no tendremos sitio para aparcar.

Se habían dado cita en la playa, a unos 6 kilómetros de donde estaba alojada.

 

Subieron los ocho del grupo a los automóviles y se encaminaron por la desigual carretera hacia el mar.

Todo lo que veía era diferente y nuevo. Observaba maravillada cada detalle, cada sonido pronunciado en un idioma que había estudiado, pero que no había tenido ocasión de practicar fuera del aula. La mala suerte, fue que su profesora de francés era la de italiano y al no matricularse nadie en ese idioma, la tuvo como docente de francés, con lo cual lo dominaba a nivel escrito, pero la pronunciación y el oído no estaban acostumbrados al idioma nativo. La conversación en clase habia sido casi nula.

 

La carretera bordeada por árboles gigantescos con distintos verdes pintaba el fondo y las orillas. La espesa vegetación a lo lejos daba frescura y belleza.

Lo que veía a través de las ventanillas no tenia nada que ver con los paisajes de su tierra árida y de escasa vegetación.

En muchos puntos de la carretera en los que se estrechaban las distancias, los árboles de uno y otro lado de las orillas se unían en lo mas alto formando un arco tras otro hasta construir un túnel natural que regalaba una magnifica construcción de sombra y armonía.

 

En los puntos más ralos se divisaban, grandes extensiones cultivadas. El orden perfecto y su cuidado escrupuloso hacia de los suelos repletos de vegetales, murales naturales. Esta era una de las cosas que le habían llamado la atención en la agricultura. Todo estaba cuadriculado y repartido con mimo, gusto y unos surcos perfectos. Huertas mimadas en las que se adivinaba ,que en cada uno de aquellos surcos dibujados en la tierra, habia alguien  sabía muy bien lo que llevaba entre manos.

 Lo mismo sucedía con lo campos llenos de frutales diversos.

Los campos de girasoles cargados de frutos y con la cabeza ladeada al sol llenaban grandes extensiones. Era la primera vez que los veía de cerca.

Casi todos los terrenos tenían casitas bajas con tejado de piedra roja y paredes encaladas en tonos claros; rodeadas de césped y flores.

No tardaron mucho en llegar y efectivamente el aparcar fue lo más difícil.

 

La gente que se encontraba en los alrededores del coso departía animadamente, esperando el momento para entrar.

De nuevo repitieron las maniobras de búsqueda de sitio, determinaron el punto de encuentro como de costumbre, por si alguno hacia la fiesta por su cuenta y se separaron en tres grupos para moverse cada uno, según los planes que tenían y una hora para el regreso a casa en los coches.

 

Estaba todo de bote en bote y aunque puso mucho interés la sorpresa de no encontrarlo allí la bloqueo.

- Oye, pero que te pasa estoy hablando contigo.

-Perdona tenia la cabeza en otro sitio.

-No te preocupes. Él sabría que esto estaría a rebosar y seguro que esta dentro y te ha guardado un sitio. Vamos será mejor que entremos por la primera puerta que veamos y seguro que dentro hay menos barullo.

Tal y como le habían dicho la plaza, estaba prácticamente llena pero no se sentía el caos del exterior.

Perdió la mirada buscándolo pero no lo veía por ningún lado. La dichosa miopía… y no haberse puesto las gafas por coquetería…tenía un precio

 

Asomada a una barandilla que daba a la calle estaba tan ensimismada buscándolo que no lo vio acercarse. Sintió un abrazo dulce que envolvía su espalda mientras un calido y largo beso se posaba en su cuello.

Un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Era él. Se dio la vuelta y no pudo evitar sonrojarse cuando lo miro a los ojos.

-Cuanto habéis tardado. Te he estado esperando afuera pero al final como entraba tanta gente he preferido pasar al interior y buscar un sitio.

- Todos han pensado como tú. Hasta que nos hemos puesto todos de acuerdo…

Con las manos entrelazadas se sentaron en el lugar de la grada que Bruno habia reservado.

La música eran pasodobles, pero le sonaban diferentes, pensó aunque no lo dijo “que diferencia a los de nuestras plazas, si parece que es otra clase de música”.No sabia que era lo que venia después en el programa, ni tampoco le importaba, solo quería estar con él.

Cuando termino el espectáculo y se hubo despejado la plaza salieron sin prisa.

Fueron a pasear por la playa. La noche era cálida y la luna llena brillaba en lo alto.

 

Disfrutaron el uno del otro sin reparar en nadie más. El tiempo voló deprisa y ya era tarde cuando la temperatura ambiente les erizaba la piel cubierta tan solo por prendas muy finas.

No llevaban mas ropa que la puesta así que para seguir estando solos tenían que buscar un sitio en el que no pasaran frío.

Tengo en el bolso las llaves del coche que me ha dejado Marina para no llevarlas en la mano. Podemos ir allí y nos quedamos hasta que vengan.

-Es una idea estupenda.

-Casi no queda nadie, parece mentira con la cantidad de coches que habia cuando hemos venido y ahora desde aquí estoy viendo el nuestro.

Llegaron al coche y se metieron dentro. Buscaron el los laterales la manta de viaje que siempre llevaban y se envolvieron en ella.

Él recostó la cabeza en su regazo y cerro los ojos. Al poco tiempo se quedo dormido entre sus brazos.

 Trabajaba durante el día desde primeras horas de la mañana y el cansancio y el calor lo vencieron.

Mientras dormía, Bety no dejo de mirarlo ni un solo instante.

Acariciaba sus cabellos rubios como si fuese un niño.

Recorría su rostro milímetro a milímetro y lo besaba dulcemente para no despertarlo pero quería sentir en sus labios su calor, su sabor…

No le importaba nada más en ese momento. Tenía todo lo que necesitaba para ser completamente feliz. No le importaba que el mundo se hubiese parado en ese instante. Cuando él abrió los ojos y la miro vio tanto amor en su mirada que una sonrisa de complicidad ilumino su rostro. La acerco hasta su boca sujetándola suavemente por la barbilla y un beso apasionado y húmedo la llevo lejos de allí sin apenas moverse.

Los días transcurrieron como en un sueño, las citas eran encuentros inolvidables que recordaría como los momentos más bellos que habia vivido hasta entonces.

Enamorarse y ser correspondida. Ser feliz, no tener que pensar en otra que no fuese olvidar los malos momentos que habia llevado encima tantos meses y que ahora al estar con Bruno, habia vuelto la alegría se seguir viviendo y de amar apasionadamente y seguir adelante.

Los días pasaron y llego el de la despedida. Fue triste pero ambos se habían prometido cumplir con todos los planes que habían hecho durante horas y horas en los días que pasaron juntos. Esto era el principio y de ellos dependía que no fuera el final…

 

©Escrito por Camelia


 
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