| ¡QUÉ LO DISFRUTE! |
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En la plaza de Lope de Vega, antigua de las Hierbas, tres arcos cegados, góticos, al lado de una de las Puertas de la Iglesia de Santa Catalina indican el lugar donde en la época foral el Mustasaf acogía las denuncias contra los mercaderes que hacían mal uso de los pesos y medidas en perjuicio del consumidor. Como auténtica institución municipal ejercía su potestad en otros muchos menesteres para el buen gobierno de la ciudad.
Plaza peatonal en la actualidad es uno de los puntos más concurridos tanto por el turista curioso como por el amante de nuestro centro histórico de cuyo influjo no puede sustraerse; tanto en cuanto la existencia de una terraza en la misma plaza con el curioso nombre de “El café del mar” es de grata estancia igual al forastero que la descubre, como para quien habitualmente gusta disfrutar con su grata brisa ante la variopinta personalidad de su trafago humano, en el que no faltan las palomas siempre atentas en sus miradas.
Aumenta su hechizo la a cuatro pasos Plaza Redonda de reciente y esmerada restauración, aún no finalizada y de la que a través de uno de sus arcos -el que enfrenta a la terraza- se observa sin dificultad gran parte de la alberca de la fuente central.
-Por favor, será tan amable de indicarme dónde esta la Plaza Redonda- me pregunta un señor cuarentón con un video en sus manos y gesto amable.
-Por supuesto y nada más fácil, no tiene nada más que cruzar esa pequeña arcada y estará en ella. ¡Qué la disfrute!
Al minuto, se acerca una señora cargada de bolsas de mano: Por favor, puede decirme si está por aquí cerca la calle Trench. ¡Faltaría más! ¿De compras, verdad? Aquí mismo la tiene, a la derecha es donde comienza, camino del mercado. Se llama así porque amurallada la Valencia musulmana, para no hacer un rodeo a través de una puerta cercana, hicieron un “trencat”, un roto, y por él llegaban de inmediato al mercado fuera de la muralla. ¡Qué la disfrute!
-¿La plaza de Santa Catalina? – me preguntan con acento francés un matrimonio poco después.
-De frente la tienen, pasen esa corta calle llena de gente y darán con ella; donde encontrarán sus famosas horchaterías. ¡Qué las disfruten!
Una joven con una guía en la mano se acerca decidida y me pregunta:
¿La plaza de la Mare de Deu? ¡Ahí la tiene, con un bello retablo cerámico en la pared junto a la puerta de Santa Catalina; forma una plaza tan pequeña que pasa desapercibida a la mayoría de la gente.¡Qué la disfrute!
-Por favor, amigo – me pregunta un turista que me deja perplejo - ¿la calle de las Platerías?
-Muy cerca la tiene, detrás de esas casas, pero lo que se dice platerías, platerías, ya no queda ninguna, ni siquiera tiene ya ese nombre la calle.
-Es que interesado por el pasado de la ciudad, me han hablado de que estaban todas allí concentradas; por cierto. ¿Es esta en la que estamos la Plaza Lope de Vega?
-La misma, amigo, ¿Le han hablado de ella?
-Ciertamente –me responde ilusionado- Y me han afirmado que pocas veces veré tantas cosas en tan pequeño espacio. ¿Queda muy lejos la Ciudad de la Artes y de las Ciencias?
-Sí, demasiado lejos, pero… olvídese y callejee por estos rincones llenos de encanto que tiene aún mucho que ver, como La Lonja… y por las mañanas el Mercado Central. ¡Qué los disfrute!
Y conté hasta seis palomas que cada vez que se posaban en la silla enfrente, tras quedarse quietas por un instante, de algo parecía que deseaban saber.
Agosto 2010 |