LA ACTITUD
 

Julio Cob Tortajada

 

En ocasiones me duelen los ojos. Los cierro, apoyo mis codos sobre la mesa, e inicio un leve masaje en mis párpados con la esperanza de que me lo agradezcan; mis ojos.

 

No sé si es problema de los ojos o de la vista, porque ambos no son la misma cosa. Los ojos pueden someterse a cualquier cirugía si es necesaria; en cambio la vista no.

 

Confundimos demasiado las cosas y viene a cuento cuando ayer en la parada del bus le decía a una persona cuya cara me resultaba familiar.

 

-¿Nos conocemos, verdad?- Le dije.

 

Frunció el ceño y me contestó escueto: -¿dominicos?, no, escolapios- le respondí, al tiempo que le preguntaba por el barrio en que vivía.

 

Resumiendo, vivíamos en la misma calle.

 

-! Ah, conocidos del barrio!- La incógnita quedó despejada.

 

-Bueno, le dije, conocidos del barrio, no; en todo caso “de vista”-. Jamás nos habíamos cruzado ni siquiera un saludo.

 

-Tiene Vd razón, -me dijo sonriente- y en la próxima vez que coincidamos nos saludaremos y tomaremos juntos un café; desde ese instante ya tendremos la consideración de “conocidos del barrio”, terminó complacido.

 

En realidad habíamos empezado a serlo en ese momento bajo la marquesina a la espera del bus, a más que en el trayecto hacia nuestro destino, una grata conversación fraguó una probable amistad.

 

Efectivamente, no son la misma cosa los ojos que la vista, como tampoco lo son la aptitud y la actitud que es lo sustancial. Para nada sirven los ojos si la actitud no es la que funciona, lo que me hace pensar que es la vista la que necesita pasar por el “quirófano” para conocer mejor lo que nos rodea.

 

Seguramente los ojos estarían más satisfechos y quizá sin dolor.

 

Marzo 2011

 

 

 

     
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