JORNADA LABORAL
 

Julio Cob Tortajada

 

 

No tuvo una buena noche, mas ya se había habituado a ello ayudado por su Trankimazin diario. Se había acostado a su hora de siempre llevando consigo la desazón de los dos últimos años en paro producida por la pérdida de su trabajo al que se había entregado con el mayor de sus esmeros. Rompió suelas de zapatos buscando un nuevo empleo hasta quedarse descalzo de ilusiones y con los pies llagados de engaños que dañaban su corazón. ¡Qué sea lo que Dios quiera! -se dijo rendido ante la evidencia de un túnel cuya luz no alcanzaba vislumbrar.

 

Aquella mañana, como todas, había bajado al “Bar de Pedro” con el que le unía una vieja amistad a cuyo cobijo buscaba, de forma inútil, unas horas de olvido a sus penurias que percutían en su mente. Aquel aguijoneo de la fatalidad había hecho que su semblante mostrara de forma indeleble señales de angustias nuevas para él.

 

Cerca, a dos mesas y hacia un rincón, y como un espejo en el que se reflejaba su rostro, otro hombre fruncía el entrecejo. Con un lápiz en una de sus manos de vez en cuando fijaba su mirada en un sudoku que de repente abandonaba.

 

Eran vecinos del barrio, pero no se conocían. En los últimos meses coincidían en el “Bar de Pedro" olvidando sus desvelos sin lograr conseguirlo. Ni siquiera fijaban su atención en el luciente televisor de plasma donde un canal musical en off mostraba la imagen alegre de los famosos del pop.

 

A la entrada del bar una máquina tragaperras con su musiquilla tentadora era accionada por un hombre de rasgos orientales. Tras su insistencia, logró cambiar el estribillo por otro más triunfal: el del  tintineo de una catarata que llenó de monedas la bandeja receptora.

 

-¿Otra vez 500 euros? ¡Vaya suerte la tuya! –Acudió raudo Pedro con un canastillo para que recogiera su premio.

 

Los dos hombres cruzaron la mirada de su almidonado rostro sin mediarse una palabra, mientras que en la del hombre de rasgos orientales se delataba la satisfacción del trabajo cumplido. Sólo le restaba el tiempo necesario para contar el fruto de su “esfuerzo”, abandonando tranquilamente el lugar camino a alguna parte.

 

Septiembre 2010

 

 

     
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