MI BLOC DE NOTAS


Grado preparatorio

Julio Cob Tortajada

   

A la cita bíblica de “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, aceptada por todos con muy buena fe porque no tenemos más remedio, con la única oposición del ladrón de guante blanco, tan cortés como educado y con cara de ángel en este caso no celestial, ignorada también por los maleantes más violentos dispuestos al más cruel bandidaje para apropiarse del botín que les haga gozar de la vida sin dar golpe, hay que añadir otra cita que si no está escrita en ningún libro sagrado –al menos que yo sepa y no creo que sea designio divino alguno-  sí que cobra actualidad en estas fechas, las del inicio de un nuevo curso escolar. Su aceptación obligada ocupa la primera página de la actualidad y al observar su cumplimiento me produce una sensación de lástima hacía los niños que inician su curso camino al encuentro de sus compañeros del anterior curso preescolar: aquella que dice, “aprenderás rompiéndote la espalda”.

 

Porque dieciséis libros más cinco cuadernos y una bandeja repleta de lápices y pinturas, a los que hay que añadir el pequeño bocata de salami, pesa lo suyo; por muy lozano, altivo, contento y satisfecho que hacia el colegio ande el zagal, luciendo la mochila recién estrenada de la que cuelga un tamagotchi y algún que otro fetiche comercial. Y todo esto cuando aún está empezando a leer, luchando contra las consonantes a las que no domina del todo. 

Recuerdo con agradable añoranza aquellos cuatro libros compendio de todas las asignaturas en los cursos de primera enseñanza, escritos por Don José Dalmáu Carles: Enciclopedias grados Preparatorio, Elemental, Medio y Superior, y en especial, porque viene al caso y por ello lo recuerdo cuando lo tenía olvidado, el primero de ellos. 

Aquel del “Grado Preparatorio”, Editorial Dalmáu Carles,  que junto un par de libretas, una de ellas de caligrafía y la otra de aritmética, más un cuaderno de mapas donde aún estaban las Colonias Españolas, y otro de dibujo más un plumier: algunos de dos pisos, todo anudado por una cinta, como aquellas de persiana, en un conjunto que formaba el pequeño atillo colgado a la espalda hacia una escuela en la que no se hablaba del fracaso escolar, porque para pasar al curso siguiente teníamos que sacar costra a los codos, y todo con peco peso. En beneficio, claro está, de nuestra espalda infantil, aún no predestinada a romperse en mil pedazos. De lo que, sin embargo, y con el trascurso de los años  no se libraría, pero los motivos serían otros y estos no vienen al caso.

 

Septiembre 2007-09-20



 

                                  ©  Asociación Canal Literatura 2004-2007