Resultados de búsqueda por: Fátima Ricón Silva

Se apagan las luces. Por Fátima Ricón Silva

 Se apagan las luces y el silencio de mi mente se torna ruido. Es la hora. Estoy acompañada. La intensidad de la soledad es decreciente menguante. No hay nadie. Pero escucho voces que susurran engaños. Alzo la voz. Solo una vez. Y me escuchan todos. No me ven. No me ven, porque se han apagado las luces. . Fátima Ricón Silva

tremendo silencio. Por Fátima Ricón Silva

  ¡Silencio! Permite que hable el silencio, cauto, quedo, lego, lúcido y tierno. Escuchemos el rumor de una mirada que nos recorre de arriba a abajo, escuchemos el aliento de un gemido que nos traspasa alado y ligero, escuchemos una orquesta muda cuyas lentas estridencias nos acunan en el sosiego. Más tarde, cuando nos entendamos, hablamos, cuando descubramos el color del silencio.   Fátima Ricón Silva

Al Desnudo. Por Fátima Ricón Silva

  No poseo nada, tan sólo unas letras adheridas a las suelas de mis botas, y en cada pisada queda grabada una huella que contiene un poema, y en cada poema dejo un poco de mi persona que se cuela a través de los agujeros de mi corazón. No soy nadie, tan solo una escritora de ilusiones personales y en cada escrito plasmo aventuras íntimas o extrañas, y en cada sueño me recreo a mi libre albedrío, libertad que echo al vuelo para que se pierda entre nubes de colores. Sin tener nada, sin ser nadie, siento, henchida de emociones, sentimientos, sensaciones hasta la extenuación, hasta llorar de felicidad o desdicha, llorar y llover en mi interior, agotada de tanto sentir pero no afligida ni consumida, emocionalmente congestionada, saturación que se desborda y encauzo en el río de la escritura, que recorre mi mapamundi individual.   Fátima Ricón Silva

Fotografía de fotografías. Por Fátima Ricón Silva

  El cubo de las maravillas, me bañaría en las luces de sus cielos, me dejaría embelesar por los pétalos de sus flores, permitiría que sus aguas me calmaran el sentido, los susurros de los árboles me harían compañía. El edén de los sentidos: ver los aromas, tocar las miradas, sentir el sonido, oler las palabras, oír el silencio. El cubo de los sueños, dónde todo se tiene pero nada se posee.   Fátima Ricón Silva

Agradecimiento. Por Fátima Ricón Silva

Únicamente expresar mi agradecimiento más sincero y lleno de sentimientos de afecto y gratitud. El apoyo, la solidaridad, la cooperación mediata, el impulso que otorgáis a los autores noveles es incalculable, importante y significativo. El fomento de la literatura en todas sus versiones, la poesía, narrativa, a través de las publicaciones en el blog, los certámenes y los concursos, los colaboradores ……, por todo ello gracias. En mi caso personal fue una sorpresa grata y maravillosa el hecho de que por motivo de una invitación mía dirigida hacía vosotros, respecto a la presentación de mi segunda novela titulada Un fin de…, por motu propio, incluisteis un post en el blog invitando a todos a la presentación. Y además se desprende de vuestro saber hacer el cariño y la ilusión. Muchas gracias. Fátima Ricón Silva

Más oscuro que la propia oscuridad. Por Fátima Ricón Silva

  El sonido de los truenos mecía su inquieto sueño que con el hondo crepitar de las sonoras gotas de vida acunaba una nueva tranquilidad.   Aspirar ese aire oscuro, lúgubre y ácido animaba su cuerpo inerte, que estaba tan muerto y árido que se hallaba frotando las manos la muerte.   Escondidos los sueños, ocultos tras la maleza, esperando alerta una señal, un ápice de esperanza para levantarse y comenzar a estirar de nuevo las piernas, a recuperar la conciencia, a unir la irrealidad invasora con la realidad defensora y vencer.   Volverás con música de truenos y fanfarrias. Volverás a mostrarnos tu sonrisa. Volverás a regalarnos tu mirada. Volverás de ese penoso viaje. Volverás. Sí, volverás.     Fátima Ricón Silva

Una brisa de aire fresco. Por Fátima Ricón Silva

  He pasado el día buscando una brisa de aire fresco. Abrí la ventana de par en par y un soplo de aliento cálido me aplastó la moral.   Levanté la alfombra de poesía que cubre el suelo de mi vida y docenas de pelusas hirientes me indicaron que por allí no debía buscar, estornudé versos secos y agriados.   Miré ciega el sillón de color que preside el salón y descubrí una oleada de cabello con cristales engarzados entre las hebras, las cuentas estaban opacas y tristes.   Investigué los estantes de libros llenos de sabiduría, indagué en la pared que esos lomos lamen con sus historias, no había contenidos, los libros estaban vacíos.   Volví a abrir el ventanal, nada.   ¡Oh! ¡Qué despistada! ¡Olvidé abrir mis ojos! Sólo miré y no me molesté en ver.   Ahora tras la ventana descubrí un mar de nuevas aventuras, bajo … Seguir leyendo