Texto enajenado. Por El coleóptero

He entrado en el cielo para observar el jardín de los hortelanos, en el que la cualidad aérea es una fea costumbre de persona enajenada; he metido mi alma en el filo de la navaja para provocar alarmas escandalosas a la mansedumbre en escritura; he escarbado en el saco de los tontos y he atado con lazo mi diagnóstico, ¡tumor cerebral!, sin embargo dime tú lo que me dijo el barquero “las niñas bonitas no pagan dinero”, mientras tanto he deslizado mis manos por el cielo en penumbra y no puedo contar el secreto que se desliza por mi abanico, por eso rompo a reír con mi timbre de bicicleta, como una astronauta de la felicidad, cantando a las balas del jardinero que con su revolver musical se muere de ganas de dispararme por dejar mis cagaditas en su perfecto rosal, a pulmón, a pluma, a plumón… Ahora me pregunto qué molesta tanto, barquero, si entre los dientes me apetece el crujir de una croqueta. Palabrita de coleóptero.

El coleóptero

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