Más oscuro que la propia oscuridad. Por Fátima Ricón Silva

  El sonido de los truenos mecía su inquieto sueño que con el hondo crepitar de las sonoras gotas de vida acunaba una nueva tranquilidad.   Aspirar ese aire oscuro, lúgubre y ácido animaba su cuerpo inerte, que estaba tan muerto y árido que se hallaba frotando las manos la muerte.   Escondidos los sueños, ocultos tras la maleza, esperando alerta una señal, un ápice de esperanza para levantarse y comenzar a estirar de nuevo las piernas, a recuperar la conciencia, a unir la irrealidad invasora con la realidad defensora y vencer.   Volverás con música de truenos y fanfarrias. Volverás a mostrarnos tu sonrisa. Volverás a regalarnos tu mirada. Volverás de ese penoso viaje. Volverás. Sí, volverás.     Fátima Ricón Silva

El chico más triste. Por María

Era el chico más triste del mundo. No era la suya una tristeza cualquiera, era esencial, profunda, firme. La tenía clavada a una memoria intemporal en el ADN que transportaba… Vivía solo en medio del barullo Corría por los acantilados entre el miedo y la esperanza Estudiaba asuntos de alta capacitación que no le interesaban nada Leía las “Noches blancas” y lloraba Rezaba a Nietzsche todas las noches Copiaba poemas de Cernuda y los lanzaba desde el balcón en forma de aviones Admiraba el vuelo libre de las gaviotas Lanzaba piedras al mar Envidiaba a los amantes que se besaban en la parada del autobús Observaba el paso del amor que nunca se paraba ante su puerta Atesoraba como suyos los besos ajenos Cruzaba tembloroso por delante de su imagen Pensaba que la luna nunca salía para él Aullaba incrédulo de felicidad si lo tocaba su luz Justificaba la risa … Seguir leyendo