Blog Canal Literatura
VII Certamen "Poemas sin Rostro"
 

Archivos en el mes de diciembre del 2011

A esa pequeña flor bella que he visto. Por Marcelo Galliano

Al viejo callejón abandonado
una flor temblorosa le ha nacido
como si Dios en un lugar perdido
nos quisiera decir “no me he marchado”.

Y así en ese paisaje acongojado
donde lo bello anuncia haber partido,
unos pétalos suaves han surgido
dando un perfume amable al empedrado.

Y yo como un profundo enamorado
poeta incorregible he decidido
cantarle hoy a esa flor que ha comenzado

su existir tan difícil, tan temido,
y a ese Dios que tan terco ha permitido
que nazca allí pudiendo en otro lado.

Asociación Canal Literatura
Marcelo Galliano
Argentina

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Los sueños me seducen. Por Ana Muela Sopeña

Los sueños me seducen
con pupilas secretas en mi piel
que vuela ensombrecida con aullidos desnudos.

En mi torre de agua
una orquesta me asombra
mientras veo la lluvia
que danza en los umbrales de la noche.

Escucho agazapada
un cuento sumergido en la distancia
y mi sangre palpita en un trozo de mundo
habitado por luces invisibles.

Ana Muela Sopeña
Blog de la autora

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Dejadme creer en un sueño. Por Ana Mª Tomás Olivares

Es posible que no exista, que sea verdad que más que “Espíritu de Navidad” sea “espíritu de almacén”, de consumo, que sea estúpido felicitarse porque no brota del corazón ese deseo de felicidad hacia el prójimo, que seguimos insensibles al sufrimiento de los demás y que, aún solidarizándonos, no vale de nada esa solidaridad si es de fracción de tiempo, de sólo unos días (tan sólo son unas monedas que compran el silencio de nuestras conciencias). Es posible que sigamos tan egoístas, tan vacíos, tan envidiosos y tan malas personas como el resto del año. Es posible que la celebración haya pasado, cual meretriz infiel, de los brazos de la Iglesia a los del consumismo, que los ricos, envidiosos de lo único que podían tener gratuitamente los pobres (unión, armonía y felicidad en su pobreza) se hayan inventado una Navidad en la que es preciso gastar, consumir, derrochar, engullir, beber sin medida, et caetera, para ser feliz, es decir, apropiarse por medio de la utilización del dinero de aquello que no es posible comprar.

Es posible que estos días, tradicionalmente familiares, en los que los niños son más reyes que aquellos Magos esperados y soñados, muchos de esos niños, más que reyes, se sientan camellos con la inmensa joroba que causa considerarse objeto de las disputas de unos padres separados, ¿quién se llevara el botín, el papá o la mamá?. Me imagino que la criatura se preguntará por qué no puede estar, al menos en Navidad, con los dos; y, es posible…, no, es seguro que otros niños seguirán explotados, torturados, utilizados y asesinados.

Es posible que, por mucha Navidad que nos diga el calendario, sean muchos a los que sólo les llegue el frío de estos días y de los corazones de aquellos que estén cerca (recuérdense los orfanatos sembrados a lo largo y ancho de la geografía mundial, en donde los niños se encuentran en condiciones infrahumanas). Y, también es posible que la noche que conmemoramos el nacimiento del Amor y de la Luz, sean muchos los indigentes que mueran a oscuras, sin amor y solos.

Es posible que ni estos supuestos familiares días consigan sacar a muchos ancianos de los asilos en donde se encuentran recluidos, que en lugar de abrazar a sus hijos y nietos tengan que estrechar entre sus brazos la amargura de unos recuerdos lejanos en donde ellos eran el timón, la alegría, el sustento, los enfermeros, el “todo” de su familia, antes de que pasaran a ser la “nada”… Estoy escribiendo esto a sólo una hora de conversación con uno de esos ancianos. Estaba sentado en un banco de un pequeño jardín, al tibio sol de nuestro frío Altiplano, al pasar, me ha mirado y me ha sonreído. Y yo, que siempre voy con prisas, como el conejo de “Alicia en el país de las maravillas”, he dejado mis urgencias para atender a algo incomprensible: una sonrisa y una llamada desde unos ojos cansados. Me he sentado a su lado y he comenzado a hablar de algo tan insustancial como el tiempo atmosférico para terminar hablando de otro tiempo de recuerdos. De otro tiempo de carencias económicas en donde su mujer y él subsistían con lo mínimo para poder dotar a sus cinco hijos de carreras. Nunca había tenido riquezas materiales, pero sí tenía la inmensa fortuna de tener a todos sus hijos con cátedra y bien situados. Su mujer y él “que no sabían hacer una o con un canuto” (Anciano dixit) vivían austeramente, pero felices. Hasta que hace cinco años murió su mujer y los hijos consideraron que estaría mucho mejor en una residencia que “solo en casa” –por lo visto no habían visto la película de lo bien que se lo puede montar un niño “desvalido” que es lo que viene a ser un anciano- así que vendieron lo poco que tenían los padres, se repartieron la pasta gansa e ingresaron a nuestro viejico en la residencia. De pronto, ha parado de hablar y se ha preguntado en voz alta ¿Y por qué te cuento yo todo esto…? Yo lo he mirado, me he encogido de hombros, le he sonreído y le he abrazado. Cuando volvía a retomar mi “Hay prisa, hay prisa…”, con los ojillos brillantes por unas lágrimas que hacían esfuerzos por no salir, me ha dicho: “Ya sé… para que una zagala guapa como tú me diera un abrazo”.

Es posible… Es posible que ni la Navidad salve a muchas mujeres de morir a manos de los canallas malnacidos de sus maridos.

Sí, es posible que todo siga igual, que no se produzca ningún cambio… Pero, por favor, déjenme creer en un sueño: creer que no es estúpido pretender que todo mejore, aunque sea un poco; creer en la bondad del hombre, creer que aún es posible que se produzca un milagro en nuestros corazones… y esperarlo.

Asociación Canal Literatura
Ana Mª Tomás Olivares
Blog de la autora

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El lastre de tus versos. Por José Francisco Mejía

Maravillosos besos,
besos mágicos que enamoran,
envuelven y hechizan
escurridizos, pasionales van
la piel erizándola y embriagándola de placer

Porque sólo el lastre de tus besos
lograrán que mi cuerpo tiemble y caiga
rendido en las esplendidas noches de pasión
¡benditos sean tus labios! hermosa dama
¡y bendito sea el lastre! que recorre toda mi piel

Porque sin tus besos ¡prefiero no vivir!,
y vivir bajo la inmisericorde soledad morir
porque sin tus besos mi vida ¡no tiene sentido!,
ya que tú lastre es ¡mi razón de vivir!
porque sin tus besos amor mío ¡jamás podría existir!

Maravilloso lastre que iluminas mi piel,
con tan solo un beso enciendes las noches y das placer,
¡maravillosos besos! Que recorren cada espacio de mi piel
nunca dejes de besarme para tener siempre en mi piel,
el lastre de tus besos cada amanecer.

José Francisco Mejía Ramírez

Miembro de la: Sociedad Literaria de Honduras.
Red Internacional de Escritores (España- RIET)
La Unión de Escritores del Caribe y del Mundo.
Del Diccionario Latinoamericano de Poetas, con sede en Bogota Colombia.
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SPÁ de la felicidad:pase usted. Por Betty Badaui

En la mezcla de olores a incienso y melisa compiten las siluetas.
La de Marcia: piernas cruzadas batiendo el aire.
La de Noelia: extensiones capilares espantando mosquitos.
Y la de Ileana, mirada verde como no he visto nunca y qué cola.
A Ileana quiero seducirla, la miro mientras habla con su voz distante, con tonos de garganta cansada. Y la escucho con atención:

“Conservo marcas de sus golpes, odio cada instante que me trae el recuerdo de su cuerpo.
Cuando pedí ayuda me la dieron y acá me ven con el grabador: ‘no pensar, relajarse, el aire al vientre, oler, no pensar…’
A él, la Ayuda Social le costeó psicólogos, descanso en las termas de Gravatal, y una nutricionista que le balancee las calorías para que sea menos agresivo.
Yo me miro las marcas y me pregunto por qué no habré sido delincuente”.

Mientras la escucho me doy cuenta de que es una amargada. Qué buenas piernas las de Marcia y el movimiento de cabellos de Noelia trae un aroma que me electriza.
Voy a ver a cuál de las dos conquisto.

BETTY BADAUI
Rosario-Argentina
BLOG de la autora

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