Los fieles servicios. Por Marcelo Galliano

-Te podés sentar, si querés. Ordóñez lo tomó como una orden, una de las tantas órdenes cumplidas en tres décadas y media, y se fue acomodando lentamente en la silla, apoyando una mano en el escritorio, enfriándose la punta de los dedos en el vidrio de la superficie. Decenas, tal vez miles habían sido sus visitas a ese lugar que hoy lucía lento, aquietado, como si los muebles, los cuadros y hasta los relojes mantuvieran una rara expectación a la charla por suceder. Don Alsina abrió la caja dejando escapar el olor a tabaco, ofreciendo sin hablar; Ordóñez negó con la cabeza y luego el propio Alsina tomó un puro y la cerró. -Es por interés. Digo…, la silla, el cigarro que te ofrezco…, nada de esto es cordialidad, aunque así lo creas. Digamos que te vuelvo a necesitar una vez más, como en tantos años. -Treinta cinco –murmuró Ordóñez, … Seguir leyendo

Flora y Trompita. Por Mar Solana

Para M.A. por su sensibilidad, su cálida amistad y su gran generosidad… y porque siempre está ahí para echarme una mano con el buril de las letras… Había una vez una flor muy bella a la que una lluvia delgadita, con sonrisa de arcoíris, le planchaba su traje de pétalos de seda, azules y blancos. Vivía en el bosque azul llamado “De las Cuatro Ninfas”, tenía las hojas muy verdes y el tallo más bonito del bosque. Su nombre era Flora y lució mucho tiempo tersa y fresca como un melocotón en verano. Sin embargo, ahora estaba enferma y todo lo que le rodeaba, de color amarillo pajizo, se había secado y se quebraba con el más diminuto de los pasos. Como los de Glïky,  el duendecillo, que caminaba con sus cortas piernas a brinquitos menudos. Era el guardián del bosque y cuidaba de todas las plantas. De pronto, algo … Seguir leyendo

El piano de Kiev. Por José Fernández Belmonte

Lo primero que me llamó la atención de aquel apartamento de la señora Ludmila, ubicado frente al céntrico y lujoso hotel Premier Palace de Kiev, fue un enorme e inquietante piano. Como eran las dos y media de la madrugada tampoco reparé más en él y me fui a dormir con unas ansias locas de recobrar el calor corporal perdido. Los veinte grados bajo cero, sin duda, trastocaron, y mucho, las capacidades de adaptación climática de un viejo y achacoso mediterráneo como yo por aquellas gélidas tierras ucranianas. Al día siguiente, antes de salir a trabajar, embutiéndome en todo tipo de prendas alpinas, dispuesto a comerme Kiev, me di cuenta de la elegancia de aquella vivienda, ahora de alquiler, y que antaño, seguro, albergó a alguna familia de postín de la época comunista. Contradicciones de la vida, ya que ahora acoge, continuamente, a empresarios de medio mundo que vienen aquí … Seguir leyendo

Fuimos lo que el destino. Por @Zonacontraley

Mi edad y el tiempo, en que aquello fue, no quiero recordarlos. Mi nombre es Luis, me llamo así porque mi padre y abuelo se llamaron de la misma forma. Tengo el mismo oficio que ellos ejercieron, nada ha cambiado. Hace un tiempo aproximadamente, de noche, tocó la puerta de mi casa un hombre de rostro amable y sobrado de una aparente educación. He olvidado cómo se llamaba, pero menciono que era un importante psicólogo y que llego a mí hogar por coincidencia. Nunca supe más de él. Le hice pasar a la sala de mí casa. Hablamos por horas de sus viajes, del potencial tecnológico de las frecuencias satelitales y de asombrosas habilidades miméticas de serpiente que viven en la selva amazónica. Después de horas, calló, mientras el silencio nos invadía, saco de un viejo portafolio un documento que puso sobre mis manos. No hubo más, abrió la puerta, … Seguir leyendo

En la salud y en la enfermedad. Por José Luis Enciso

 Sólo ruinas testificaban que en otro tiempo existió una gran ciudad. Hierro torcido, concreto devastado, cenizas y añicos eran vestigios de objetos que algún día fueron útiles. Ella había buscado incansablemente un rastro de compañía viva y, al no hallarlo, se había acostumbrado a los muertos, a compartir con ellos los pedazos de sustancias comestibles que la mantenían en pie, así como a despojarlos de algún jirón que le proporcionara abrigo. A menudo tropezaba con artilugios de utilidad desconocida u olvidada, lujos inútiles ante la carencia de ojos que los codiciaran. La avaricia inútil le hizo pensar que los deseos habían llegado a su fin, ya no tenían sentido. Estaba convencida de que era la última de su especie sobre la Tierra. Cambió de idea cuando apareció él, como un animal torpe. Lo miró, incrédula, entre los escombros de un centro comercial, mientras aquél hurgaba en busca de algo … Seguir leyendo

El pianista. Por Federico Manuel

 François Bacculard era un tipo refinado, culto a pesar de su origen humilde. Con mucho esfuerzo había conseguido completar los estudios de piano, y ahora que la prestigiosa Real Academia de música de París acreditaba su condición de maestro, suponía que encontraría trabajo sin dificultad. Tal vez podría conseguir sustento bajo la protección de un rico burgués, en una de esas familias repentinamente favorecidas. Porque no dejan de ser plebeyos que esconden, tras gruesos muros, a jovencitas que necesitan con urgencia formación en habilidades sociales, para que puedan permanecer con éxito en sociedad y, por añadidura, disfrutar de sus ventajas. —Dime que me amas… —susurró una bella señorita de pelo castaño, más con los ojos entornados que con los labios. El pianista forzó una sonrisa tímida a modo de respuesta, y se sentó en el escabel del piano con evidente incomodidad. Carecía del atractivo que podría provocar tales reacciones … Seguir leyendo