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145- Los Heridos. Por Excesos a la inglesa

            Era la  fiesta de Halloween y la empresa había alquilado un bar para celebrarlo. Juan estaba apoyado en la barra tomando una caña y mirando  a sus compañeros de trabajo con sus disfraces.  Vampiresas sexys, con vestidos ceñidos y largas uñas rojas, a juego con sus pintalabios.  Chicos guapos disfrazados de Frankenstein pero cuyas cicatrices postizas sólo acentuaban sus perfectos perfiles. Algunos  demostraban su sentido de humor con disfraces de ridículos monstruos. Esqueletos, fantasmas, zombis, demonios, brujas, verdugos. Había de todo.

            Qué esfuerzo ha hecho la gente, pensó Juan. Y  qué ambientazo. En la pista de baile retumbaba la canción Thriller y la gente se movía al estilo de Michael Jackson. Las mesas estaban abarrotadas de gente muy animada.  Algunas bebían,  otras conversaban; todos se reían.

            Juan sólo llevaba un mes en la empresa y no conocía a la mayoría del personal. Esperaba que esa noche fuera una oportunidad para hacer amigos. Pero observando a todo el mundo pasándoselo bien se acordó de cuando, con ocho años, se cambió de colegio. Le vino a la mente un recuerdo  de él  arrimado a la pared del patio mirando a los otros niños. Unos corrían, otros jugaban, todos gritaban y se reían y Juan deseaba más que cualquier  otra cosa tener por lo menos un amigo. “Madura de una vez”, se dijo Juan, pero no podía quitarse el sentimiento de soledad. Para animarse pensaba en lo original que era su disfraz.

                                                * * *

 Hace tres días   tomaba un atajo en un barrio de la ciudad que no conocía muy bien cuando se  fijó en un cartel, Disfraces para todas las ocasiones.  Juan todavía no sabía muy bien que impulso le hizo entrar en la angosta tienda, casi sin escaparate y el único local  abierto en el callejón. No había más clientes y le recibió un  señor de corta estatura  que vestía con un traje gris y convencional que contrastaba con la estridente ropa que  colgaban de los pecheros.

            — Tengo el disfraz perfecto para su fiesta de Halloween –dijo el hombre.

            — Bueno,  no sé si iré –contestó Juan y se preguntaba si la suposición del vendedor  era porque nadie compraría en su tienda si no fuera para ir a un tipo de verbena—. Es del trabajo y casi no conozco a nadie… –y Juan también se preguntaba porque hablaba tan francamente con un desconocido.

            –¡Hombre, más razón aún para ir –dijo el extraño dependiente–. A veces nos revelamos más cuando estamos disfrazados. Tengo algo perfecto para usted: el médico de la muerte –y sacó una bata de hospital manchada de sangre falsa. Como accesorios había un cinturón de donde colgaban dos riñones de plástico y un estetoscopio manchado con un verde viscoso.  

            — Pruébeselo, encima del traje –insistió el señor– ¿Ve que bien le queda?

Bueno, lo compraré e iré a la maldita fiesta, decidió Juan. Al salir de la tienda el dependiente le regaló unas gafas cuyas lentes se asemejaban a un par de placas de rayos-x.

            –Serán la guinda del disfraz. Verá –dijo con una macabra sonrisa.

                                                           * * *

 Ahora Juan se acordó de las gafas y las sacó  del bolsillo. Tardó unos segundos en acostumbrarse a sus lentes oscuras. Notó el empujón de alguien que quería llegar a la barra y  se movió a un lado.  Juan la reconoció como una mujer que trabajaba en contabilidad; una mujer que apenas conocía pero que le parecía simpática. 

            –Hola…. –empezó a decir, pero la chica sólo le dedicó una breve sonrisa antes de dirigirse a un chico que estaba a su lado. Juan se sintió rechazado. ¿Algún día  una chica volverá a mostrar interés por él? La chica ya estaba de espaldas a él y -¡qué raro!-  las vendas que la cubrían eran diáfanas. Será unas de esas telas que se transparentan con las luces de neón, pensó Juan mientras admiraba la ropa interior de la chica pero ésta se dio la vuelta y Juan se horrorizó al ver una gruesa, lívida cicatriz que  atravesaba su abdomen. ¿De qué la habrán operado?  se preguntó.

            Con un poco de vergüenza y pena Juan  apartó la vista. Fue a buscar a algún colega pero se topó con un zombi. Y otra vez podría ver a través del disfraz  distinguiendo que el corazón del chico salía de su pecho y estaba partido en dos. El zombi estaba acompañado por una bruja y Juan observaba que debajo de las mangas largas, salpicaba sangre de dos cortes en las muñecas de ella.

            Como un murciélago enjaulado que buscaba desesperadamente una salida, la mente de Juan intentó encontrar una explicación. ¿Sería que ya se vendían disfraces de tercera generación, de una sofisticación  que él no sospechaba? No puede ser; lo que veía era demasiado real. Entonces alucinaba. ¿Pero por qué? ¿Se habría vuelto loco? ¿Habrían echado algo en su cerveza? ¿Soñaba? Sus piernas temblaban y la ansiedad lo estrechó, como una serpiente. Cerró los ojos e hizo un par de respiraciones hondas. Llamaría un taxi para que lo llevaran a casa, o quizás a urgencias.

            Se dirigió hacia la salida, ignorando las carcajadas y las alegres conversaciones que le rodeaban. Procuró mirar el suelo pero le era imposible no fijarse en la gente que le rodeaba. Y sus heridas. Golpes, quemaduras, puñetazos, signos de tortura…Cicatrices abiertas, otras curadas, pero todo el mundo herido.  Juan sintió dolor en la mano izquierda. La miró y vio que uno de sus dedos  estaba cortado y colgaba de un hilo de tendón. El dedo donde llevaba el anillo de matrimonio antes del divorcio.

            Preso de pánico, Juan se abrió paso a empujones entre la multitud pero no vio un escalón. Se cayó de plano y  las gafas salieron despedidas.

            — ¡Hombre, Juan! Es pronto para caerte borracho. —Juan identificó la voz de su compañero de despacho, Martín. Juan le miró y vio su cara sonriente y jovial, como siempre.

            —Venga —Martín le ayudó  a levantarse. — ¿Qué te ha pasado? Salías como  alma en pena. Estás muy pálido. ¿Es que has visto un fantasma? ¡O una vampiresa te ha estado chupando la sangre!

            —Déjate de bromas —dijo una chica que Juan  reconoció como la mujer momia pero ya  las vendas de su disfraz eran tan impenetrables a la vista como un muro.

          –¿Estás bien? –le dijo la chica. Juan notó preocupación y cariño en su voz

Martín cogió las gafas del suelo, sus gruesas lentes  rotas en mil pedazos.

–¿Son tuyas, Juan? —le preguntó. —Por eso te habrás caído; con ellas puestas no se podría  ver nada. —Juan miró a las personas  que le rodeaban. Gente normal, pasándoselo bien. Gente vestida de ropa rara, pero hermética.

            —Veo mejor sin ellas. Creo —respondió.

            —Te has hecho daño —dijo la chica. Asustado, Juan se fijo en su dedo pero ya no se veía la herida.

             —En la frente, un rasguño —continuó la chica.

            —Gracias, pero es nada —respondió Juan, mirando otra vez su dedo. Sonrió  a la chica–. Sobreviviré. Como  hacemos todos.

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11 Comentarios a “145- Los Heridos. Por Excesos a la inglesa”

  1. de Winter dice:

    ¡Muy interesante! Un argumento fantástico, al principio en tono ligero, pero que va más allá, alcanzando una intención simbólica que lo convierte en inquietante. Lo mágico o maravilloso sirve para descubrir la realidad más profunda y, quizá, insoportable. Al final, tal vez lo mejor sea aceptar las apariencias, el mundo cotidiano, para poder soportar la vida, ocultando nuestras heridas, pero, como dice el final, sobreviviendo.
    ¡Enhorabuena y suerte!

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  2. MOREDA dice:

    UN RELATO QUE VA DE LO MÁGICO A LO FANTASTIQUE, BIEN ESCRITO Y CON UN FINAL LÓGICO. FELICIDADES

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  3. Kellroy dice:

    Un relato muy bueno. Consigue meterte en ese mundo onírico, y después sacarte de él. Suerte

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  4. Sandra dice:

    Una forma muy simbólica de retratar las heridas que todos llevamos dentro y que no se ven y que solo la intuición y la sabiduría que nos da la vida ayuda a curar algunas y a otras no tanto. Besosss Gillian y me encanta el relato.

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  5. Jara Maga dice:

    Entretenido y de fácil lectura.
    Si me permites un consejo creo que deberías repasar algo la redacción.

    EJ: no abusar de subordinados
    “que vestía con un traje gris y convencional que contrastaba con la estridente ropa que colgaban de los pecheros.

    y evitar repeticiones
    ” pero la chica sólo le dedicó una breve sonrisa antes de dirigirse a un chico que estaba a su lado. Juan se sintió rechazado. ¿Algún día una chica volverá a mostrar interés por él? La chica ya estaba de espaldas a él y -¡qué raro!- las vendas que la cubrían eran diáfanas. Será unas de esas telas que se transparentan con las luces de neón, pensó Juan mientras admiraba la ropa interior de la chica pero ésta

    en este párrafo hay cuatro “chica” y un “hico”

    Sea como sea, es tu relato,mucha suerte!

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  6. LUPE dice:

    Está muy bien narrado. Lo único es que quizás el tema sea un poco socorrido.

    Suerte.

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  7. excesos a la inglesa dice:

    Gracias por vuestros amables comentarios y sugerencias para mejorar el relato

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  8. Barba Negra dice:

    De fácil lectura.
    Un abrazo.

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  9. Ambrose Bierce dice:

    Un argumento prometedor que me deja con ganas de más. ¿De qué iban aquellas gafas realmente? ¿Quien era el extraño dependiente de la tienda de disfraces? Es una pena, porque creo que el relato se acaba justo cuando iba a empezar lo más interesante. Te animo a que lo continúes.

    Un saludo

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  10. lupe dice:

    Estoy releyendo y dejando algún pequeño comentario, y tu relato no quería dejarlo, ya que fuiste la primera persona que comentaste el mío, y eso disparó todas mis ilusiones en el sentido de que no tenía ni idea de cómo funcionaba esto, en principio, me sorprendió una barbaridad y no sabía qué hacer, poco a poco fui descubriendolo y esperando con muchas ganas cada comentario. Al parecer por lo que leo, esto se acaba, lo que no sé es si desaparecen los relatos o los comentarios solo o todo, bueno me daré la prisa que pueda.

    Creo que reflejas bien lo que deseamos a veces conocer de los demás, sobre todo de los que nos importan y el horror que a su vez puede ser saberlo todo.

    Suerte

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  11. lupe dice:

    Como ya sí parece que se acaba todo (independiente de que se quede en la web e incluso quizás podamos seguir hablándonos), quiero:

    Por un lado expresar mi experiencia:
    Es la primera vez que escribo algo para darlo a leer a los demás, bueno, no es del todo cierto, al mismo tiempo lo hice con otro relato corto, pero no tiene nada que ver con el seguimiento de este. Y la experiencia ha sido preciosa. ¿Qué iba yo a imginarme que habría tantas personas comunicándose alrededor de este concurso?, ¿cómo iba a pensar que unos días con más tiempo y otros con menos, esto me iba a llenar tanto?, (tanto que estaba deseando acercarme al pc para ver qué había de nuevo).

    Y por otro lado expresar mi agradecimiento y felicitación tanto a la administración, que creo que trabaja con muchísimo interés para sacar esto adelante, como al resto de (¡prepárense!), “escritores y escritoras”.

    Cuando pueda iré tomando nota de sugerencias hechas en varios campos, tanto en recomendaciones estilísticas como en lecturas, (me permito hacerlo yo con los dos libros a los que aludo en mi relato).

    Creo que a unos once relatos les he hecho una consideración especial, para decirles que eran los que por uno u otro motivo más me habían gustado. Digamos que en una libreta puse una frase a todos y una calificación. Esos alcanzaron hasta un ocho, pero hay después un número largo con un siete, de relatos que me han gustado, pero casi en todos, me lo ha estropeado la falta de originalidad en temas creo que demasiado socorridos e impactantes. Si volviera a leerlos, seguro que variaría mi opinión cualitativa y cuantitativamente, pero eso ya queda para otros momentos.

    De nuevo, gracias a todos y suerte.

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