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59- La copa. Por Álvaro B. Cabrera

           Recobré algo la conciencia. Mis párpados, tan pesados como un dique, no me permitían ver. Con gran esfuerzo logré levantar la mano levemente, aunque sufrí un intenso hormigueo. Cuando la luz penetró al fin por mi pupila lo único que vi fueron mis pies descalzos. Justo en ese instante, no pude pensar en nada en absoluto, así que cerré de nuevo los ojos. La sangre de las piernas comenzó a bullir por las venas. Hice un esfuerzo por incorporarme, pero fue inútil, apenas sentía el resto del cuerpo. Tan solo un tenue calor me abraza las piernas. Aturdido, fui acariciando el edredón que cubría la cama, tomando conciencia del lugar en el que me encontraba. Entonces, abrí los ojos e intenté otra vez levantarme. Lo primero que alcancé hacer fue descender la mirada por mi cuerpo desnudo, con la camisa blanca desabrochada y la corbata roja atada al cuello, desmayada sobre mi costado. Comprobé que yacía en la cama en una postura atípica: bocarriba, con el culo en la almohada y las piernas estiradas sobre la vertical de la pared.

          Con lentitud, una energía fue recorriendo mi interior, impulsando mis sentidos. Al fin, logré poner los pies en el suelo. Me giré hacia el otro lado de la cama. ¡Qué sorpresa! Allí, descansaba ella en igual posición: con sus piernas en alto, desnuda, la blusa desabrochada y el collar de perlas abierto sobre su pecho.

          Atolondrado, bordeé a trompicones el lecho y entré en el baño para refrescarme. Ahora no recordaba qué ocurrió, por qué razón dormíamos de aquella extraña manera. La cabeza me estalla. Me viene la imagen de ella cuando subíamos las escaleras hacia mi piso de soltero. “¿Quieres darte prisa?”, le gritaba impaciente por el hueco. Esgrimió que le costaba mucho subir: -“Estoy agotada y tengo un calor horrible”. Y justo, observé cómo se desabrochaba la blusa.

          Al punto regresé a la habitación, me tumbé junto a su melena extendida. La dejé dormir para que descansara bien. Me fui serenando al tiempo que mi mente recomponía los acontecimientos de la noche anterior.

          Habíamos ido a tomar una copa a nuestro pub preferido. Ella se sorprendió cuando reconoció a quién nos servía las bebidas: una amiga con la que mantuvo una seria relación, antes de darse cuenta de que yo era el hombre de su vida. La otra, aún no había asimilado la separación. Nos apresuramos a beber la copa para marchar pronto. Antes que terminara de fumarme el pitillo, me advirtió que estaba sofocada.

          Los rayos del nuevo día lucieron en mi cara. A pesar de aquel malestar, como una mordaz resaca, me sentía dichoso, anhelante de emprender juntos una nueva vida. Hemos planeado grandes proyectos: pronto conviviremos en esta casa; viajaremos a lugares recónditos y nos mimaremos el uno al otro.

         Decidí despertarla susurrándole al oído: “cariño, levántate, tenemos que ir a trabajar”. Nada, impasible. Insistí con un tono más elevado. Tampoco. Pensé en quedarme todo el día acariciando su cuerpo desnudo. Por un día que llegáramos tarde, no pasaría nada.

          Por un rato más, permanecí absorto en mis pensamientos. La ninfa de mi bosque tendida como una princesa. Ella, que ha restituido las cuatro estaciones en este bosque invernal. Tantas veces la soñé, tanto la busqué; siempre le dedicaré mis días. Al fin, se reveló ante mí para salvarme de esa odiosa vida disoluta. Ahora me guía por la senda del amor; y ese amor nos provee ilusión, sosiego, ecuanimidad.

         Contemplaba su belleza, su ensortijado cabello, su rostro sereno. La miraba complacido; me inundó una pasión como no había sentido jamás. Fruto de esa intensa emoción, brotaron unas lágrimas de felicidad que descendieron por mi piel hasta mis labios. Necesité su calor, el olor dulce de su perfume, musicalizar su nombre al oído. Con suavidad me incliné hacia ella para abrazarla con ternura.

         Nada más abrigarla entre mis brazos, el frío de su cuerpo me estremeció hasta la médula. Me paralicé un instante, aunque pareció una eternidad. De súbito, mi corazón aceleró el ritmo y sudoroso y agitado busqué en vano los latidos en sus muñecas, chillando despavorido sin cesar: 

                  -Despierta, por favor.

            Aquí está ella, muerta; y con ella, mi sueño.

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11 Comentarios a “59- La copa. Por Álvaro B. Cabrera”

  1. Charlotte Corday dice:

    Me da la impresión de relato inacabado…porque el verdadero conflicto empieza ahí, con la muerte. Nos das los antecedentes ¿y luego…qué?
    Bien, son formas de entender la literatura.

    Un saludo con mis mejores deseos para el certamen.

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    • Álavaro Perdigón dice:

      Señora mía, mi nombre es Álvaro Perdigón y creo que aún queriendo apreciar con bien su opinión se encuentra Usted entreverada en un craso error de apreciación, puesto que el desenlace no está dónde Usted lo busca sino dónde el autor lo decide.

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      • Charlotte Corday dice:

        Álavaro Perdigón (con perdón). Pues no, no estoy en ningún error, ni craso,
        ni graso, ni grueso como un queso (¡qué bonito me ha quedado!). Y no estoy
        en ningún error porque lo que usted manifiesta es tan evidente que ni siquiera
        merece la pena comentarlo o discutirlo.
        Lo que expreso en mi comentario es una simple opinión (que parece ser no le
        ha debido gustar nada). Y al igual que el autor del relato es dueño de su final
        (sea éste bueno, malo o mediopensinista), los comentarios son propiedad de sus autores.
        Yo reitero el mío: En mi opinión, el relato debería empezar donde usted lo termina.

        Un saludo cordial.

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        • Álvaro Adrián Perdigón Delgado dice:

          Jamás he mantenido ni el más mínimo aprecio por el chascarrillo, el chiste fácil y la ocurrencia pseudoinfantil, no obstante, respeto que cada cual haga de sus capacidades y aptitudes lo que le plazca. Ahora bien, y dejando meridianamente claro que respeto su opinión, le solicito a Usted y a los moderadores de esta página una rectificación por el tono y asunto de su texto.
          Por otro lado, le aclaro que no soy el autor de la obra, pero si soy el director del Centro de Letras de Murcia y acumulo en muchos años de práctica y enseñanza del oficio de Escritor la necesaria sabiduría sobre Lengua Española, Literatura y la necedad de los que se atribuyen ciertas licencias nada recomendables.

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          • Charlotte Corday dice:

            Me deja usted pasmado con sus credenciales. (¡como me recuerda aquellos viejos “tics” que decían ¡usted no sabe con quién está hablando…!).
            Pero sigo reiterándome en lo que dije. Si el chascarrillo fácil no le gusta, pues no se hable más, lo retiro y punto. En cuanto al tono del comentario, debo recordarle que fue usted quien lo impuso en su respuesta al mío (por cierto, me sorprende esa innecesaria defensa (pues no sé qué defiende exactamente) de un tercero, cómo si éste no supiera hacerlo por sí mismo, o cómo si tuviera intereses personales más allá de lo literario.
            Insisto en que las opiniones son libres, que en mi comentario no se atacaba ni criticaba nada, tan sólo se opinaba y, por último, le recomiendo que se tome la vida con más sentido del humor: Será más feliz.

            Un saludo, que pretende ser cordial.

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  2. H.K. dice:

    Me has dejado en ascuas, Álvaro. El monólogo del personaje reconstruye parte de los acontecimientos de la noche anterior, cuando, ese fugaz personaje que es la otra, la ex, aparece y desaparece en un parpadeo. Supongo que tuvo que ver algo con la situación final (no digo qué, para no arruinarle la lectura a aquellos que primero leen los comentarios). Bueno, después describes lo que él siente por ella… No sé, parecen dos historias, una de las cuales (el inicio del relato) es absorbida por la otra; el resultado es que me quedaron muchos interrogantes.
    Mis mejores deseos.

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  3. MOREDA dice:

    ME RESULTÓ UN TANTO CONFUSO TU RELATO, TAL VEZ ESA ERA TU INTENCIÓN AL ESCRIBIRLO. ES TU TRABAJO Y CREO QUE COMO TAL DEBES APRECIARLO.

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  4. OFELIA dice:

    Queridos amigos Charlotte y Alvaro,creo poco etico esa “pelea” despues de leer el relato LA COPA, no tiene mas vuelta que darle, el autor a espresado lo que queria o lo que sentia, lo ha empezado y lo ha acabado donde a querido para eso es su obra. Si todos tuvieramos el mismo gusto solo habria un libro, pero por suerte no a toda la gente le gusta lo mismo y por eso las bibliotecas y librerias estan llenas de libros, de grandes obras y grandes escritores, unos nos gustan mas que otros,esto me lleva a decir que el relato LA COPA me parece excelente eso si es mi opinion si no me gustara lo hubiera dicho igual pero sin montar un pollo,creo que si yo fuera el autor me hubiera sentido dentro de un circo y otra opinion creo que canal literatura no debe permitir estos saraos por el bien de los futuros escritores. Un cordial saludo y mucha suerte en el certamen SR.ALVARO B. CABRERA

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  5. LUPE dice:

    Suerte

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  6. Scorpio dice:

    Simpática discusión (aunque me parece innecesaria), también siento que le faltó algo al relato, tal vez sorpresa, pero eso es cuestión del autor. Un abrazo y mis mejores deseos para el certamen.

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  7. Ambrose Bierce dice:

    Me ha gustado la frase “Ella, que ha restituido las cuatro estaciones en este bosque invernal”. Me ha parecido de una sensibilidad exquisita. Gracias por dejarnos disfrutar de frases como esta, aunque un relato más largo probablemente nos habría permitido disfutar aun más.

    Suerte

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