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42- La historia no se repite. Por Granger Bloom

Una crisálida transparente te acoge en su seno, ahora que has abandonado el acuoso y templado nido en el que aún deberías seguir creciendo. Eres mi hijo, sí, carne de mi carne y de la suya, la de tu madre que sigue luchando a brazo partido con la muerte. Tú no lo sabes, pero ella quizás no llegue nunca a ver esa piel casi transparente y delicada aún cubierta del lanugo, que te da aspecto de cachorro humano. Sigo sin poder quitar los ojos de tu cuerpo, pequeño, menudo, débil, que se agita entre las sondas y cables que intentan hacer que te agarres a la vida y no la sueltes. Estás ahí, frente a mí, tan sólo nos separa el cristal frío del enorme ventanal de la sala en que me encuentro desde hace unos minutos, tan largos que parecen horas.

La lucha sempiterna entre el bien y el mal corroe mis sentidos, eres mi hijo, un hijo deseado, querido y buscado desde hace tanto tiempo que ya casi ni me acuerdo, pero eres su hijo, y ella, tu madre está a punto de cruzar esa barrera que la separará definitivamente de nosotros.

Los sentimientos chocan, rebotan en las paredes de mi cerebro y no encuentran salida. Estás ahí, y yo aquí, y entre los dos hay un abismo, un muro.

Tu madre y yo teníamos un nombre preparado para ti, lo escogimos en alguna de las muchas noches insomnes en las que nos emocionábamos pensando en que por fin íbamos a ser padres. Barajamos muchos, pero al final tuvimos dos candidatos firmes entre los que escoger. Nos decidimos por Ángel frente a Iván, para evitar que tu vida empezara con un estigma, Pero si ella se va, quizá no sea capaz de llamarte por ese nombre nunca, no podré evitar verla sobre la cama, medio desnuda, acariciando su prominente vientre repitiéndolo hasta sentir en su cuerpo el asentir del tuyo.

La etimología de tu nombre me dice que eres un mensajero de Dios, irónico destino para alguien que ha llegado con tanta antelación al mundo, que  puede convertirse en mensajero del diablo sin saberlo, y sin haber tenido tiempo de escoger a quien servir.

Me gustaría saber si soy capaz de cogerte, de tocarte, ahora no necesito planteármelo, la barrera física que te aísla de mí, me tranquiliza. Levantas tus brazos cuando un nuevo espasmo recorre ese cuerpo inconcluso, inmaduro  que presentas al mundo y con ello me devuelves al presente, ese en el que ninguno de los dos tenéis futuro y que me hace agarrarme con fuerza al pasado, en el que la felicidad se paseaba entre nosotros, dejando un rastro amable tras su paso que se materializaba en las risas de tu madre al descubrir, una soleada mañana hace pocos días, que ya casi no se veía los pies. Felicidad al ver tu imagen borrosa en el monitor del ecografista que nos confirmó que eras un varón, sano, perfecto, que se chupaba con fruición el dedo pulgar de la manita derecha. Felicidad al sentirte bajo su piel.

Mientras una enfermera te coloca un nuevo sensor tras rapar la sien derecha de tu diminuta cabeza, me descubro sonriendo en el reflejo del cristal, quizás no sea tan sólo un  acto de aquiescencia, quizás es la complicidad de mis deseos con el quehacer de sus manos. Me gusta sonreírte. Tú no lo sabes, pero tu madre ha sido mi tabla de salvación, nos encontramos en el momento justo, cuando estaba a punto de tirar la toalla.

La vida no es fácil, qué te voy a decir a ti, que has empezado lejos de los brazos amorosos de una madre, sin sentir el calor de su pecho y su leche dulce y caliente, sin las caricias de un padre atónito por su paternidad. Tú que te debates entre la vida y la muerte, sin estridencias ni aspavientos. No, vivir no es fácil, no nacemos con un libro de instrucciones para aprender a asumir los golpes, para tragar los caramelos amargos, y para admitir que no somos un juguete frágil que a veces puede romperse. Hijo, me atrevo a llamarte así y siento un escalofrío que recorre de arriba abajo mi ser deteniéndose en cada poro, la vida guarda muchas veces secretos.

Una enfermera se aproxima de nuevo a tu urna cristalina, pero no te dará un beso mágico que rompa el maleficio de la muerte, eso sólo pasa en los cuentos que quizás alguna vez pueda leerte, viene para conectarte  a un respirador; ahora tu pecho sube al ritmo que pauta el instrumento y siento que con cada inspiración te alejas definitivamente de mi. Llevo apenas nada viéndote, hablándote pero aún no sé lo que es el roce de tu piel, y ese artefacto que ahora controla tus pulmones me hace pensar que deseo hacerlo, quiero saber cómo es, quiero grabarla en mi mente mi pequeño, al fin voy comprendiendo que tú no tienes la culpa si ella se va. Tú serás mi nueva tabla de salvación si consigues vivir.

No, ya no puedo culparte a ti. Estás tan a merced del tiempo, tan indefenso, tan próximo que no me lo puedo permitir. La mujer sonriente que te atiende derrocha dulzura, me mira, y son sus ojos claros  los que me dicen que te ayude, que puedes lograrlo. Te deja de nuevo sobre el mullido lecho y viene hacia mí.

Me dice que has nacido con tanta prisa que la membrana hialina que recubre tus pulmones aún no está desarrollada, que al caer por la escalera tu madre rompió aguas por la parte superior del saco amniótico y que eso te ha provocado la infección contra la que buscan un antibiótico. Mientras la escucho, parece que soy el protagonista de una película, irreal, ficticia, una mentira de la que no puedo escapar. Pero es real, como la inmadurez de tus órganos y la dermatitis que te cubre de pequeñas manchas rojas que yo en la distancia que nos separa no distingo. Me pide paciencia, tan sólo veinticuatro horas, en ellas sabrán si eres capaz de salir del barro que traba tus pies, y correr, correr hasta quedarte sin aliento en pos de tu vida.

Me habla despacio, intenta que comprenda, que sea consciente de tu estado. Las indecisiones con las que me presenté ante ti, han dejado paso a una voluntad segura y firme que desea que salgas adelante y se lo digo, sin complejos. Se sorprende de mi franqueza y tras un segundo de asombro me agradece la sinceridad. Entonces decide ser igual de franca conmigo: tus posibilidades no son muchas, es tan simple como eso. Lo único que puedo hacer es esperar, esperarte a ti y a ella, esperar que encuentre la cepa de bacterias que se ha hecho fuerte en tu cuerpo, esperar que toleres la medicación, esperar que no pierdas el reflejo que sube y baja tus pulmones, esperar.

Al ver mi abatimiento, se compadece  de nuestras miserias. Coge el teléfono y pregunta a una colega si puedo bajar, y verla, ver a tu madre sí, esa preciosa mamá tuya que me hace tanta falta como a ti. Con la sonrisa hilvanada en los labios de cereza que hace un segundo me pedían paciencia, me regala un sí. Le cojo las manos, las dos entre las mías y corro a su encuentro tras dedicarte una mirada convencido de que no será la última.

Son casi las cuatro de la mañana, el silencio se ha apoderado del hospital, sólo se escucha el eco de mis pasos acelerados. La enfermera me recibe seria, ajena a nuestros problemas aunque  en su indolencia distingo un punto de humanidad escondido, esperando que alguien lo encuentre; me conduce hasta ella. Perfundida y dormida no sabe que estoy a su lado, pero me da igual, al coger su mano quiero que sienta que es lo más importante de mí. Le digo bajito que te he visto, y que tiene que venir conmigo a ver nuestra obra de arte. No me importa mentir;  te juro hijo que por ella no me importa hacerlo, le digo que todo va bien, que pronto abandonarás la incubadora.

La enfermera de observa, creo que ha visto una lágrima furtiva que escapó sin mi consentimiento, y que esa es la causa del cambio en su actitud, mucho menos distante cuando vuelve para informarme de lo poco, que según ella, está autorizada a contarme. Sus constante vitales se hayan estabilizadas, me dice que si  no hay más complicaciones, podría salir del coma porque es algo que sucede a menudo en estos casos y escucharla hijo mío, arroja una tabla al mar en el que zozobro, una tabla de madera de balsa sí, pero una tabla.  La enfermera me pregunta por ti, y casi sin poder mirar sus ojos me escucho diciendo que estás conectado a muchas máquinas, y que lo último que he visto es que añadían a tu lista de aparatos un respirador, su gesto habla por ella. No debe ser muy buen dato, ha fruncido los labios evidenciando la contrariedad, aunque los años de profesionalidad enseguida han venido a echarla un capote cuando me dice que lo mejor es ser paciente y confiar en las manos de los especialistas. Eso ya lo doy por supuesto, claro, en neonatología quieren siempre poner el punto final a la historia con un precioso final, pero la realidad es caprichosa, a veces demasiado.

He vuelto a tu lado, a esa transparente e incómoda barrera, y siento que el corazón palpita con fuerza. Aún no te he tocado, aún no he sentido el peso de la paternidad sobre mis manos y sin embargo me has ganado, estoy rendido y sé que tengo que pedirte perdón por poner sobre tus hombros el peso de una responsabilidad que nunca ha sido tuya. Sin embargo, me aterra pedírtelo porque no quiero tener paralelismo alguno con mi padre, y no quiero repetir lo que una vez, muy lejana en el tiempo y por razones diametralmente opuestas, mi padre hizo conmigo. Tu abuelo me pidió perdón una única vez en su vida,  debes saber que no se lo concedí entonces y que hoy, contigo enfrente, es aún más imposible.

Si no toqué fondo en el fango de la charca en la que me pudría, fue por tu madre, ella apareció como las hadas buenas en las pesadillas, justo a tiempo de enseñarme a ver el arcoíris en la tormenta. Ella no suplió el vacío, no ese agujero negro me acompañará siempre, ella creó un universo paralelo al que pude trasladar mi vida para empezar de cero, de su mano, entre sus besos.

La enfermera se aproxima de nuevo, mi pequeño Ángel y en el semblante relajado de su amable rostro intuyo buenas noticias. La luz del sol comienza tímidamente a hacerse un hueco entre las nubes, como la vida vuelve a encontrarse cómoda en el cuerpo de tu madre que ha salido del coma. El día vuelve, se hace fuerte y toma posiciones; y yo sigo mirándote embelesado. Has empezado a llorar,  y haces que sienta en mis ojos ese calor que precede a las lágrimas, tienes que seguir, mi ángel, llorando, gritándole al mundo que estás aquí y que tu padre te necesita entre los vivos.

 Aún no es tiempo de que vayas a ver a tu abuela, mi madre, que desde hace demasiado tiempo está entre los muertos. Fue tu propio abuelo quien la condujo hasta ellos, cosiéndola a puñaladas por la sinrazón de los celos.  Ahora entenderás que no pueda perdonar jamás a ese despojo, a ese animal del que reniego y por quien ya ni siquiera odio.

No Ángel,  tú no tendrás que ir, como tendré que hacer yo, al cementerio para decirle a tu madre que ya es abuela. De ese monstruoso ser sólo he heredado los ojos azules.

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25 Comentarios a “42- La historia no se repite. Por Granger Bloom”

  1. Ex-LuchoX dice:

    La visión paterna, masculina, es un tópico poco común, pero bien logrado en este caso, además de leerse de un tirón, es muy disfrutable, la información es dada de buena forma.
    En este certamen hay algunos relatos sobre madres e hijos pero en este se mueve algo distinto, me gustó y mucho.
    El año anterior ganó el premio del público un relato llamado “Seis balas”, este me lo recuerda pero desde el lado opuesto, es una impresión (aclaro que no hablo de copia ni nada por el estilo).

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  2. Triana dice:

    No he podido despegarme de la lectura de tu relato, me ha encantado.
    Suerte,Granger B.

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  3. JB Fletcher dice:

    Tu relato me ha metido en la piel del narrador; muy logrado, enhorabuena y suerte

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  4. Cesar dice:

    Un buen relato, con una historia muy bien narrada. Solamente la inclusión en el texto de la historia del abuelo no me ha parecido acertada, ya tiene por sí misma suficiente carga emocional. Buen trabajo

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  5. Rafael dice:

    La utilización de la segunda persona en el monólogo provoca una empatía entre lector y personaje muy adecuada en textos como éste, de tinte intimista e introspectivo. Un acierto.
    Como único “pero”, yo tampoco veo necesaria la inclusión a última hora del detalle del abuelo asesino y la abuela asesinada. En realidad, el interés de la historia va por otro lado, por uno muy bueno.

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  6. H. K. dice:

    Buenos días, señor Bloom.

    Faltan acentos y falta revisión del texto, por ejemplo:
    La enfermera de(me) observa.
    irreal, ficticia, una mentira (sinónimos).
    y corro a su encuentro… ¿Al de la enfermera o al de la madre?; se presta para confusión porque estás hablando de la enfermera, incluso de una forma ¨incorrecta¨ y más teniendo en cuenta el tema del relato. Mira lo que dice, en la linea anterior, el afligido padre: ¨Con la sonrisa hilvanada en los labios de cereza…¨ y uno, como lector, piensa: huuuyy, le gustó la enfermera.

    Todo lo anterior muy corregible, ya que demuestras talento.
    En cuanto al final, coincido con Rafael y Cesar; un ejemplo:
    ¨Y un anillo para reunirlos a todos¨, dijo el viejo pistolero. (Cuando el autor cambia de género abruptamente; algo similar ocurre con este trabajo que nos dejas).
    Ánimo, Granger, que madera sí tienes.

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  7. Granger Bloom dice:

    Quiero dar las graciasa Ex-LuchoX, Triana, J.B Fletcher, Cesar y H.K. por leer mi historia. Saludos.

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  8. Temos dice:

    Enhorabuena Granger Bloom!!
    al contrario de lo que le sucede a H. k. yo no he encontrado problema alguno con la acentuación del texto, ciertamente ese “de” es un error, pero no por ello se desmerece la calidad del relato. En la “confusión” enfermera/madre para mi no hay duda alguna de que la propietaria de los labios de cereza es la enfermera. Y El que no entiende el último comentario soy yo… los cambios de ritmo y verbales son necesarios para encaminar al lector donde el escritor quiere llevarle (al menos esa es la técnica que yo uso).
    En conclusión, opino que su relato es diferente, sólido y consigue tratar un tema escabroso con inusitada delicadeza, cosa que las conciencias comprometidas deberían valorar.
    Chapeau señor Bloom

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  9. Barba Negra dice:

    Muy logrado.
    Enhorabuena.

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  10. Lucile Angellier dice:

    Un relato muy emotivo. Suerte en el certamen.

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  11. Jacobinos dice:

    Un relato que, al igual que cierto corazón que aparece en el texto, palpita con fuerza. Enhorabuena

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  12. MOREDA dice:

    EXCELENTE NARRACIÓN, LO INTENSO DE SU DESACOSTUMBRADO TEMA NO DEJA VER LOS ERRORES QUE PUEDA TENER EN SU FORMA. EL SEGUNDO DE MIS HIJOS SUFRIÓ, JUNTO CON SU ESPOSA, CASI UN MES VIENDO COMO SU BEBÉ SE AFERRABA A LA VIDA. AHORA, EL NIÑO TIENE 2 AÑOS 3 MESES Y ES LA ALEGRÍA DE SU HOGAR Y LA ALEGRÍA DE TÍOS Y ABUELOS, ES UN BEBÉ SANO Y FELIZ.
    BELLÍSIMO TU TRABAJO, FELICIDADES GRANGER

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  13. Májica dice:

    Muy bueno en cuanto a técnica y tema. Quizás el añadido del abuelo sobra. Pero por lo demás, muy buen relato
    Abrazos y mucha suerte.

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  14. Lola Dawn dice:

    Un relato muy bien escrito. Enhorabuena y suerte en el concurso.

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  15. AVAL dice:

    En un relato la poesía se desarrolla en la oración, así como en el poema lo manifiesta la palabra. Como lector no intervengo en la estructura del relato, sino en el contenido de lo que nos narras. El gran amor de un padre al débil e indefenso hijo, no lo cuentas con un sentimiento creíble desde sus primeras líneas. Te felicito por ello; ha sido un verdadero gusto el darle lectura.

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  16. Leonard dice:

    Me has hecho sentir la emoción, la incertidumbre,el dolor del recuerdo, la alegría recién nacida…Muy buena tu historia

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  17. Granger Bloom dice:

    Temos, muchas gracias por su comentario, me gustan sus argumentos, gracias sinceras.
    Barba Negra, muchas gracias.
    Lucille Argellier agradezco su comentario
    Jacobinos gracias por su comentario.

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  18. Granger Bloom dice:

    MOREDA, muchas gracias por tomarse el tiempo de compartir conmigo sus sentimientos.
    Májica, gracias por leer y comentar.
    Lola Dawn un placer leer su comentario.
    AVAL,imagino, por el tono de su comentario, que falta una “S” en la frase ….no lo cuentas con un sentimiento creíble desde sus primeras líneas….quiero imaginar un NOS, ya que me felicitas por el relato. Muchas gracias, un placer saber que lo has disfrutado.
    Leonard, muchas gracias por tus palabras, un placer hacerte sentir con la lectura de mi relato. Muchas gracias.

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    • AVAL dice:

      ¡PERDON! ¡PERDON! ¡PERDON! Granger Bloom. Tienes toda la razón. Es increíble como el olvido de una letra puede cambiar totalmente de positivo a negativo un comentario. Una gran disculpa por eso y de verdad que no fue mi intensión cometer un error tan garrafal como ese. Espero que NOS lo perdones a mí y a la estupidez que me acompaña.

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  19. Granger Bloom dice:

    Sin problemas, Aval, estas cosas pasan con mucha frecuencia. Tranquilo.

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  20. Luna Celentano dice:

    Me ha gustado tu relato, lo cual no es nada raro.

    Sabes? a veces en las cajas amarillas nada es lo que parece 🙂

    Mucha suerte Granger Bloom!

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  21. LUPE dice:

    Muy emotivo, tanto que a lo que vive el padre de la circunstancia del coma de la madre y de la situación del bebé, creo que le sobra lo del padre asesino, pero creo que no soy nadie para decir qué debe o no pensar el personaje en ese momento.

    Suerte.

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  22. Scorpio dice:

    Bien contado… muy bien contado. Un abrazo y mis mejores deseos en el certamen.

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  23. Ambrose Bierce dice:

    Hola G. Bloom:

    Está claro que eres una persona con mucha sensibilidad, no hay más que leer tu relato. A veces me ha llegado a parecer un tanto melifluo, pero esto es una cuestión de gustos. Por lo demás, bien escrito, como digo com mucho sentimiento. Coincido en que la historia del abuelo está metida un poco con calzador y no era necesaria para mejora el relato.

    Mucha suerte

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  24. Salomé dice:

    Me ha gustado y sobre todo porque expresa sentimientos definidos, claros y abiertamente. Creo que los hombres deberían contarnos más veces lo que sienten de verdad en momentos tan duros.
    Suerte Bloom, enhorabuena.

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