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32- La ameba. Por Pepito

           <<Tras el accidente aéreo que ha acabado trágicamente con las vidas de nuestro querido Presidente y dos de los miembros más destacados de la Junta Ejecutiva, dando lugar a la renovación parcial de la cúpula del partido, me veo obligado, superando el dolor de nuestras filas, a emitir este informe, dadas las actuales discrepancias que existen sobre la conveniencia de mi designación como candidato para la Presidencia de la Nación.

            <<El desgaste que viene sufriendo mi imagen pública durante el transcurso de mi mandato, y que ha dado pie a que miembros incorporados recientemente a nuestra Junta Ejecutiva calibren la necesidad de presentar al país una nueva figura política con más posibilidades de regir los destinos del Estado en las próximas elecciones, confío en que sea considerado un mal inevitable (sin perjuicio de que dicha pérdida de popularidad se valore en su justo grado y se minore con todos los medios a nuestro alcance) una vez que exponga los motivos que me llevaron a la cima de la nación y que aconsejan, indefectiblemente, mi continuación en la cumbre de la misma.

            <<Fue en una de las primeras reuniones ejecutivas, allá por 1.996, cuando nuestro entonces Secretario General, don F.G.., y el Secretario de Organización, don J.B.., decidieron instar, en una reunión secreta, una serie de estudios que establecieran un modelo para designar a la persona capaz de aglutinar los diferentes sectores y grupos sociales del país, de manera que nuestro partido, en las elecciones que se avecinaban, no sólo obtuviese un alto grado de representatividad en ambas Cámaras del Parlamento, sino que consiguiera que la totalidad del poder descansara en él al absorber la Presidencia del Gobierno. Con este objetivo fueron formadas así una serie de comisiones de estudio que llevarían a cabo sus investigaciones de forma aislada. La compartimentalización guardaba el secreto, y los datos, que dichas comisiones suministraron en su día y que siguen manteniendo toda su validez, analizados por un grupo de expertos antes de resumirse en sus conclusiones finales. Catalogados como prioritarios, dichos estudios fueron presentados a los miembros restantes del Ejecutivo y aprobados por unanimidad el 14 de julio de 1.996.

            <<Por entonces yo era un miembro menor de nuestra organización que, aun siendo diputado, trabajaba de manera oscura en una de las delegaciones provinciales del partido surgidas a raíz de que el pueblo tomara confianza en el proceso democrático, y a muchos de nuestros militantes (por no decir que a casi todos), les sorprendió mi rápido ascenso dentro del organigrama y que me llevó, en el plazo de unos meses, a alcanzar la Vicesecretaría Técnica y, en la Asamblea de Compromisarios de septiembre del 97, a ser nombrado Secretario General. Quizá extrañe que diga que el primer sorprendido fui yo, pero razones de fuerza mayor, entonces desconocidas para mí, obligaron a que fuera sacado del anonimato.

            <<En aquella época las conclusiones sobre el candidato ideal fueron contrastadas con los datos que se tenían de nuestros afiliados más destacados. Diez o doce miembros del partido, que actualmente ocupan cargos de gran responsabilidad en distintos estamentos gubernamentales, fueron seleccionados en una primera instancia. Sus características parecían indicar que formaban el grupo idóneo para encontrar entre ellos, con un escaso margen de error, a la persona que conseguiría encumbrarnos en el poder. La inteligencia de J.C.., los conocimientos económicos de J.M.., los legales de D.L.., el pasado revolucionario de T.J.., la empatía y capacidad para atraerse a las masas de P.Z.., les hacían destacar como nuestros militantes más significados, aunque después la Comisión Ejecutiva descartara a varios para amoldarse a la evolución política del país. También fue entonces cuando el destino, en forma del informe Análisis Evolutivo del Gobernante y del Mantenimiento del Poder, me hizo entrar en escena.

            <<Dicho documento, recibido con retraso debido a la complejidad que implicaba su desarrollo, aportaba unos datos que refutaban, para sorpresa de todos, las inferencias establecidas en principio. En contra de lo pensado, el referido informe indicaba que una inteligencia superior en el gobernante sufriría en exceso ante las reacciones viscerales y, a menudo, irracionales de las masas, incrementando el riesgo de que la persona detentadora del poder padeciese una neurosis a corto plazo. Fueron también sorprendentes los resultados relativos a la capacidad de conectar emocionalmente con los grupos sociales. El sujeto, con dicha capacidad empática, acabaría dejándose arrastrar por los vendavales de impulsos emotivos que galvanizan a las muchedumbres, estrangulando sus controles lógicos e incrementando, de esta manera, el riesgo de que las decisiones que tomara fueran, en el mejor de los casos, “arriesgadas” para el Estado. Asimismo la fidelidad ideológica al partido tampoco se establecía como una cualidad recomendable en el dirigente de una comunidad democrática y pluriteorética. Se concluyó que un dignatario intransigente, que intentara llevar a cabo todas nuestras concepciones filosóficas, podía arrastrar a la nación a un proceso disgregativo, ya que sólo una situación de partido único permitiría una imbricación satisfactoria entre ambos polos del dominio (es decir, entre gobernantes y gobernados) y eso siempre que existiese un proceso previo de depuración socio ideológica de los individuos disidentes. También la parcelación del conocimiento, originada por el avance tecnológico, ocasionaba que las especialidades profesionales de los sujetos dejaran de ser significativas. Resultaba igual de indiferente que el dirigente fuera economista o abogado, ingeniero o albañil, e incluso esta situación podría ser observada mucho más claramente en el cuarto nivel de la pirámide de poder, donde existiría un constante enfrentamiento entre los sujetos mandatarios para ampliar sus áreas de autoridad ajeno a que las necesidades del Estado, y su capacidad para abarcarlas, hicieran razonables sus peticiones, como actualmente se puede comprobar que viene sucediendo entre algunos de nuestros afiliados engarzados en la estructura gubernamental.

            <<Sin embargo, y en contraposición, dicho estudio destacaba tres factores fundamentales para la gobernabilidad de un país. Técnicamente fueron denominados mutabilidad física, facilidad de incomunicación verbal y desmemoria.

            <<Primeramente el rostro del gobernante debía poder adaptarse a las características del grupo social con el que tratase, para producir una atención positiva en éste. Se recomendaba así una simetría en los rasgos faciales del mandatario, para poder ser retocada fácilmente por los especialistas en maquillaje. El líder (y por tanto el partido, si quería el poder) debía tener tanto la capacidad de representar un rostro agotado frente a una reunión sindical como igualmente ser capaz de despertar, con la dulzura de ojos de un hijo bondadoso, las nostalgias de la ancianidad en una asamblea de jubilados. A continuación, en un segundo orden pero no menos importante, se destacaba la facilidad de incomunicación verbal. El desarrollo de los medios de comunicación, la necesidad de actuar como intermediario entre ambiciones encontradas y el ansia de información nueva cada día en las masas populares, encarecían que el dirigente tuviese una gran facilidad para emitir frases vacías de contenido, principal garantía de, al menos, no incrementar las tensiones sociales que existiesen y retrasar, en todo caso, los cambios socioeconómicos que pudieran perjudicar a nuestra estructura política. En cuanto a la desmemoria, destacada entre todas como la facultad más necesaria para la perpetuación en el poder, hacía referencia a un bajo nivel en la capacidad de rememorar. La desmemoria era, en definitiva, una válvula de seguridad para la salud mental del gobernante y el pilar básico para la continuidad del partido. Diluyéndose su recuerdo, se difuminaría su responsabilidad de los actos, acciones y decisiones que tomase; es decir, su conciencia no sufriría remordimientos frente a sus concepciones éticas, morales o ideológicas, con lo que su cerebro, espíritu o alma, según queramos considerar, no sufriría contando con este vertedero automático para las acciones a las que a veces fuerza el ejercicio del mando. Por otro lado, también la desmemoria impediría la fragmentación y la autocrítica en el partido para, en cambio, facilitar su perpetuación como ente político. Las tensiones internas y las ambiciones de sus miembros quedarían limitadas al tercer nivel de la pirámide de poder, ya que un líder con esta característica dependería totalmente de sus asesores, quienes verían satisfechas así sus pretensiones de forma colectiva, al detentar cada uno su parcela correspondiente de predominio dentro de nuestra supremacía sobre el país.

            <<Las probabilidades de permanencia fueron analizadas en base a estos datos, y la conclusión fue rotunda. Si se conseguía introducir como mandatario a un afiliado con estas características, la perduración del partido en el Gobierno, con ligeras oscilaciones cíclicas que afectarían únicamente al porcentaje de nuestros representantes en las Cámaras, estaría asegurada por un mínimo de cuatro décadas.

            <<Y son estas razones, que en su día me llevaron a ser elegido para servir al partido y a la nación desde el puesto que ocupo, las que obligan a que me den incondicionalmente su apoyo, puesto que, aunque se pueden encontrar individuos entre nuestros afiliados que manifiestan las dos primeras características, de momento no tenemos a alguien en nuestras filas que supere mi capacidad desmemórica en su tranquilizadora intensidad, y que hace que, mi vida, sólo abarque el último mes de mi pasado.

            <<Fechado y rubricado>>.

            Un rayo de sol se cuela por los cortinajes que defienden al despacho de miradas indiscretas. Revolotea, gira, reverbera indeciso y, mariposeando, ajeno a la importancia del hombre -al que da la espalda-, juguetea sobre el documento. El Presidente se pregunta cuántas veces habrá redescubierto que su capacidad de trabajo, su inteligencia, su diplomacia, su honestidad y un largo etcétera son palabras huecas. <<Señor -una mano surge ante él, acompañando a la voz-. La reunión es a las diez, señor Presidente>>, le insiste, tendiéndole una pluma, su secretario.

Él lo sabe. Está en su agenda desde hace tres días. Pero, ¿cuándo ordenó él que se celebrara? ¿Cuándo decidió confeccionar el informe? Desea preguntar, pero luego sus ojos se detienen en la fotografía de una mujer y unas niñas que tiene sobre la mesa. Ayer eran su familia, y también la semana pasada. Y hace un mes aún alcanzan a pertenecerle. Pero, ¿y hace dos? ¿Y hace un año? Tendría que buscar su cariño en los archivos para saberlo; sus besos en las fotografías; sus palabras de amor en los chismes de las revistas del corazón. El Presidente sabe que solamente de una cosa puede estar seguro, que sólo de una cosa tiene consciencia, que únicamente de una cosa tiene certeza, y es de su enfermedad; de su amnesia evocativa. Entretanto, el rayito de sol, curioso, decide investigar lo que observa el hombre y, ensanchándose, trepa por el cristal que protege la fotografía. Está frío y resbala. El rayito de sol  no comprende qué interés puede haber en una plancha helada para que los dedos de un hombre la roce.

 Una punzada ácida le sube al Presidente hasta la boca. <<Lástima que no olvide mi úlcera…>>. Luego la angustia se le desborda, pensando en la existencia que será suya hasta que se le diluya en la pendiente del olvido; cuando siente la certeza de ser un pobre diablo; cuando tiene la convicción profunda de ser una miserable ameba, una insignificante ameba que se remueve en el minúsculo microcosmos de su gota de agua y que, en su pequeñez, ignora que está manipulada bajo un microscopio. Su secretario le mira, e intuye la exasperación muda que corroe a su superior: no en vano ha sido él quien le ha redactado el escrito. <<No se preocupe, señor Presidente, en poco habrá pasado este mal trago y volverá a ser lo que sueña que la Historia contará de usted. Y ahora, señor, si hace el favor de firmar…>>, le insiste, con cierto apresuramiento, su secretario, señalándole el escrito.

 El Presidente rúbrica, mientras intenta, frente a la fotografía, en vano, retraer de la memoria el recuerdo de unas niñas en sus brazos. Entretanto el rayo de sol, cansado de vagabundear, descubre un lienzo y trepa por la pared para observar sus colores. El rayito de sol no lo sabe, pero ilumina, sin querer, el gran retrato del Conductor de la Patria…

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23 Comentarios a “32- La ameba. Por Pepito”

  1. Charlotte Corday dice:

    Ehhhh, bueno un panfleto bastante bien escrito, aunque de contenido dudoso. Es fácil subirse al carro del desprestigio de la clase política… pero deberíamos asumir que todos estamos obligados a implicarnos, pues al fin y al cabo, si nadie quisiera asumir esa función, sería fácil la implantación de cualquier tipo de totalitarismo o todo se reduciría a una mera gestión administrativa. La política es más que todo eso.
    Este escrito me recuerda, pero muy de lejos, a otros de Asimov y sus proyecciones psicohistóricas (con otros mimbres, claro).
    Por cierto, la palabra “detentar” debería ser sustituida por “ostentar” pues no significan los mismo (cuestiones de legitimidad, sobre todo).

    Un saludo con mis mejores deseos.

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  2. Ex-LuchoX dice:

    “y un largo etcétera son palabras huecas…” inovador recurso, incluir la crítica dentro del relato.
    Mucha suerte.

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  3. Rafael dice:

    Un buen relato con una idea estupenda y original, con su mensaje bien guardado. Creo que mejoraría aliviándolo un poco de cierto apelmazamiento en su desarrollo, por mucho que reproduzca documentos oficiales.

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  4. H. K. dice:

    Muy bien escrito, con una idea interesante que desarrolla en los párrafos finales (cuando el autor narra y deja de un lado el estilo ensayista).

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  5. Lucille Angellier dice:

    Me hubiera gustado más si todo el escrito estuviera escrito como párrafos finales, tengo la sensación de que es ahí cuando empieza el relato, y se me acaba demasiado pronto. La idea me parece buena. Suerte.

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  6. Capitán Wentworth dice:

    Es un relato difícil, pero que está muy bien escrito. Lleno de esos términos que les encanta utilizar a los políticos -que significan lo contrario de lo que se quiere decir- estilo “misión de paz = Guerra”. Me ha gustado en especial lo de “facilidad de incomunicación verbal”. El protagonista de la historia me ha recordado a alguien… pero imagino que en general, salvo honradas excepciones, lo que se busca en política no es el bien de los individuos de un país, sino cómo conseguir más votos y seguir calentando la silla.
    Me ha gustado el relato, es muy original y a la vez triste… Por lo menos el protagonista parece darse cuenta de que no es más que una miserable ameba, aunque en la vida real creo que el concepto que tienen de ellos mismos es mucho mejor.
    Suerte, Pepito!

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  7. Pepito dice:

    Gracias a todos aquellos que se han detenido a leer mi relato y comentarlo. Y, sin deseo alguno de polemizar,una puntualización al comentario dejado por “Capitán Wentwort” indicando que es “difícil”. Y es éste,que posiblemente tiene razón, pues me señala que el personaje es una excepción dentro del mundo político. De hecho yo creía que se deduce fácilmente que el presidente ve su realidad al tener que firmar el informe y que su secretario lo aclaraba al indicarle que en poco tiempo (sería un mes, por su desmemoria)volvería a ser el “supermán” que le contarían que sería para la Historia… En fin, qué le vamos a hacer…
    Un saludo para todos.

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  8. MOREDA dice:

    RELATO BIEN ESCRITO, PERO DIFÍCIL DE DIGERIR, QUIZÁ PORQUE YA ESTÁ UNO CANSADO DE ESCUCHAR DISCURSOS POLÍTICOS HUECOS, QUE NO DICEN NADA. SE NOTA EN TU TRABAJO EL OFICIO DEL BUEN ESCRIBIDOR.
    SUERTE PEPITO

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  9. Májica dice:

    Muy bien escrito, pero difícil de leer puesto que la mente se va a los dichosos mítines políticos que tanto nos bombardean. Un tema original y bien tratado.
    Suerte

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  10. Ludelux dice:

    Toda la primera parte está- a mi entender-empapada de humor negro. Al abandonar el estilo ministerial surge la pincelada triste. Lo que no me encaja es que partido alguno desvele sus tejemanejes internos en la designación de candidatos con tanta sinceridad.
    Por lo demás, muy correctamente escrito. ¡Suerte!

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  11. Jara Maga dice:

    No sé si para gobernar mejor necesitará la memoria ( yo de política ando “pez”), pero desde luego al señor candidato ¡lo que no le hace falta es abuela!

    Suerte!

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  12. DIMANCHE dice:

    La desmemoria del presidente es muy oportuna y una buena excusa para la crítica política, un acierto en ese sentido, aunque yo me pierdo entre tanta verborrea.
    Lo que me inquieta es lo del rayito de sol y eso de que trepe hasta el gran retrato del conductor de la patria.
    Mucha suerte,Pepito.

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  13. Lola Dawn dice:

    Un relato muy bien escrito y con un tema subyacente interesante. Suerte en el certamen.

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  14. La pulga dice:

    El que habla en primera persona al comienzo del relato es un candidato a la presidencia, quien se manda con un discurso político indigerible, como debe ser,. Hasta aquí bien, pero explíquenme, se lo pido al autor y a los críticos: ¿Quién murió en el accidente es el mismo que habla en el segundo párrafo, también en primera persona?
    Quiero saber el por qué de abrir y cerrar comillas en cada párrafo.
    El autor hace gala de su capacidad retórica, hizo un buen trabajo de investigación (recortar y pegar, cambiando algunos términos). pero para un cuento breve me parece sencillamente aburrido, patético. Si tuviera una dosis de humor; tal vez…
    Lamento mi “ausencia de ignorancia”. Le recomiendo a Pepito que lea El Coronel no tiene quien le escriba, de García Márquez, puede que aprenda a ser un poco más divertido o ameno. No me gusta su relato porque detesto la literatura didáctica.

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  15. Pepito dice:

    Estimada, “La Pulga”, no voy a detenerme a indicarle algo que ya indica que no puede comprender. Por otro lado, que le explique lo que quiera quien tenga la atención de hacerlo. Un saludo…

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  16. La pulga dice:

    No imagina como me inflé de orgullo al ver que me ha respondido. El gran PEPITO ME TOMÓ EN CUENTA, Dios, hoy es mi dia de suerte. No me explica nada ¿Qué me importa? Ya nada importa después de haber leido su mensaje. Es cierto: no entiendo, que bueno para mí estar consciente de ello, sin complejos. Saludos de Sigmund desde el más allá.
    Sigmund se ha dado cuenta de que escribe mensajes con faltas de ortografía para luego ser criticados por usted mismo (usando diferentes nicks). Luego contesta el propio Pepito agradeciendo que le hayan llamado la atención y luego, y luego… No sigo porque voy a terminar escribiendo un discurso parecido a su relato.
    Bye bye pepito. Un besito.

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  17. Gerardo N. Gandara dice:

    Buen relato. Una idea muy original. Bien escrito.

    Enhorabuena.

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  18. Estrella dice:

    Supongo que está correctamente escrito según comentan los lectores. Yo no he podido terminarlo.
    Estoy casi segura de quien es Pepito, esos párrafos interminables…
    Suerte amigo Pepito, que la necesitará.

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  19. Pepito dice:

    Mi “casi estimada” y enfadada “La pulga”:
    Sólo unas letras para garantizarle que, tanto “Sigmund” como usted, se han pasado en sus apreciaciones. Los pocos comentarios, que he dejado, los firmo yo con mi nick y aportando mi correo como participante, así que no me resguardo en otros seudónimos para dejar mis impresiones ni justificarlas. En todo caso, si duda de mi palabra, puede comprobarlo fácilmente solicitando dicha información a la organización del certamen que, supongo, no tendrá problema alguno en corroborar estos datos.
    Un saludo…

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  20. Ambrose Bierce dice:

    Al margen de cualquier otra polémica, hay que reconocer que está muy bien escrito. Coincido con MOREDA en que tienes madera de buen escritor.

    Mucha suerte

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  21. Scorpio dice:

    En mi opinión, el relato tiene bastante buen humor, decantado de manera elegante. Original y descarnado, refleja imaginarios de la vida política que ojalá se quedaran sólo en la ficción. Un abrazo y éxitos en el certamen.

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  22. LUPE dice:

    La idea tan escéptica como real. Teniendo en cuenta que es preciso ese Presidente manejado, ¿quién es ese cerebro/s superior que lo maneja?, ¿se supone que a ese no lo manejaría nadie?

    La forma del relato, genial, aunque me parece que se encuadraría más en un “tipo” de género periodístico, pero me parece muy bien que esté escrito como quieras, además al final lo “novelas” perfectamente.

    Revisa algunas tildes.

    En general, me gusta y suerte.

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  23. lupe dice:

    Bueno, estoy haciendo mi votación particular, ni lo hice con estrellitas ni sé si lo haré ahora entre los cinco finalistas del público.

    Solo que me voy a permitir después de haber tomado unas notillas sobre cada relato, decirte que para mí es uno de los equis (pocos), que más me han gustado, o mejor dicho, creo que es bueno.

    Suerte.

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