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20- El Bolso de Pandora. Por Bhavnika

          Esto que voy a contar lo escuché en una cafetería hace tiempo, cuando aún podía reír a carcajadas. Ahora tengo que rebuscar entre las cenizas de mi cerebro las imágenes que una tarde lo cambiaron todo, las palabras que me provocaron aquella sacudida interna que todavía hoy no logro entender.

            La calle estaba tomada por una niebla rala poco común en la ciudad pero nada parecía diferente en el bar de Glorio. El sonido invariable del chascar de los vasos y el murmullo de las tertulias lo inundaba, sólo la atmósfera se percibía más densa, ligeramente viscosa. Me esfuerzo en hacer memoria y recuerdo dos cosas: la luz mortecina de la tarde invernal y la expresión grave y absorta de Glorio secando una copa. El robusto camarero frotaba mecánicamente el cristal contra el trapo escuchando ensimismado la monótona charla de un cliente ebrio. No atendió a mi petición de café, hizo un ademán rápido indicándome que no molestara y siguió con su tarea absorto. Mi brebaje llegó de la mano de uno de sus chavales y antes de que el terrón de azúcar se disolviera en él, yo había caído en el mismo estado hipnótico que abstraía al dueño del bar.

            El hombre que hablaba perseguía el rastro de una mujer; era del norte y la humedad filtrada en el ambiente no le afectaba, la suya era tierra de fantasmas y él tenía uno arañándole la piel de la nuca constantemente. Su nombre era Carla y unos minutos los culpables de que sus vidas nunca llegaran a cruzarse. Las palabras turbias del borracho hablaban de una joven anacrónica, maquillada con esmero y subida a unos tacones imposibles que engalanaba sus pantorrillas con medias negras de red y su cintura con cadenas doradas. En su mano, una cartera de charol guardaba la llave.

            Además, el bolso contenía otras cosas. Como un sherpa equipado para una ascensión de alto riesgo, escondía allí la sabiduría de la gran pirámide, tres kilos de frustraciones y un caramelo de fresa. Porque era joven sólo en apariencia. Para ella cada día transcurrió por un camino pedregoso que multiplicaba los minutos y hacía tambalear sus finos tobillos. No eligió la fortuna que salió a su encuentro y vivió acumulando historias crueles en su bombonera de piel falsa; también guardaba la llave que abría su caja de Pandora particular.

            Unos pocos minutos más y hubiera podido abandonar el bolso en la papelera de la terminal de autobuses. Estuvo esperando hasta el último instante para llevarse a la boca el caramelo de fresa y paladearlo mientras escudriñara su equipaje abandonado entre los restos de una salchicha mordisqueada. Quizá aquel que lo cogiera tuviera la suerte de no entender los vestigios invisibles del miedo que contenía y creyera que se trataba de un vulgar robo.

            Le esperó hasta el último instante y no llegó. El hombre del norte debió tomar su mano para hacerla volar lejos pero no lo hizo y ahora derramaba lágrimas de alcohol. Un estúpido incidente le impidió recoger la llave que abría la esperanza de Carla y firmar los documentos de su liberación. El autobús partió al tintineo de las cadenas de su cintura llevándose a una mujer de zapatos deslucidos que agarraba su cartera de charol engrosada por un fracaso más, defraudada por una traición esperada.

            Dentro de la cafetería, Carla comenzó a formarse por condensación del vapor de agua, moldeándose a partir del humo de los cigarros. Cuando la vi, comprendí al cliente borracho. Aprecié su melena rubia recogida en base del cuello y su falda estrecha ceñida por grilletes brillantes. Entonces comencé a morir hundido en aquellos ojos que ocultaban la existencia de varias vidas.

            Sé que Glorio también la percibía porque su rostro estaba lívido. Carla se reflejaba en cada superficie pulida, en el espejo colgado tras el mostrador, en las cristaleras de la entrada o deformada en el vidrio cóncavo de los vasos. Comprendí la ofrenda de que aquella mujer me brindaba. La demolición de su pequeña mochila suponía para mí un reto, era la única forma de alejar de una vez por todas los fantasmas que desde hacía tanto me amenazaban. Me concedía la posibilidad de iniciar una nueva vida lejos de un pasado, el mío, que deseaba olvidar con todas mis fuerzas.

            Escuché su llamada para entregarme el bolso. Sonreía levemente y con un movimiento de mano me invitaba a seguirla. Y lo hice. Atravesé tras ella la puerta giratoria del establecimiento hasta que se difuminó por completo en el exterior, incapaz de mantenerse intacta en la brisa gélida del invierno. Estaba en la calle solo y con la misión de destruir su bolso. Ella me lo susurró mientras su última imagen se diluía. El hombre del norte había fallado; era mi turno y no podía fracasar.

            Pero no soy capaz de encontrarla. La ciudad es demasiado grande para mí.

            Y el bar de Glorio ha cerrado.

            Y La obsesión me mata.

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9 Comentarios a “20- El Bolso de Pandora. Por Bhavnika”

  1. H. K. dice:

    El hombre y la mujer son dos cofres cerrados, cada uno de los cuales contiene la llave del otro.
    (Isak Dinesen)

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  2. Lucile Angellier dice:

    Bonita historia, ten cuidado con los signos de puntuación, son muy importantes, te lo digo desde la humildad, para mí lo que me resulta más complicado es puntuar bien un texto, será porque mi formación académica es de ciencias. Suerte en el certamen.

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  3. MOREDA dice:

    LA VERDAD ME CUESTA UN POCO DE TRABAJO ENTENDER TU NARRACIÓN, PERO PIENSO QUE ESTÁ BIEN ESCRITA. SUERTE

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  4. DINA4 dice:

    Maravillosa idea la de relacionar un bolso con la caja de Pandora.
    Suerte

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  5. Ojo de halcón dice:

    Cuidado con los tiempos… En el primer párrafo se anuncia que va a contar la historia de otro, hace tiempo, cuando aún podía reírse, pero resulta que está contando su propia historia, él la vivió y sigue vigente hoy.

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  6. LUPE dice:

    Estoy fundida ya de tanto leer y responder. Ahora casi no puedo opinar, intentaré leerlo de nuevo.

    Suerte

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  7. Jara Maga dice:

    El germen de una obsesión fructifica en los lugares más insospechados.

    Bien escrito.
    Suerte!

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  8. Ambrose Bierce dice:

    Misterioso. Bien escrito, con la salvedad de algunos pequeños detalles en la puntuación que tampoco desvalorizan el texto. Me gustado. Te deseo mucha suerte.

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  9. lupe dice:

    Prometí intentar leerlo de nuevo y lo he hecho, pero…

    Lo he leído varias veces y no sé si es lo que he entendido, o si lo que he entendido casi lo he inventado.
    Creo que ella necesita liberarse de un pasado que se expresa con el contenido del bolso, que ese hombre del norte que por segundos no llegó, la iba a ayudar y que como no lo consiguió, ella pena en el tiempo buscando a ese otro hombre, en este caso el narrador, que la ayude, pero este tampoco lo consigue.

    ¿He dicho muchos disparates?

    Consigue ese halo de misterio. Suerte

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