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192- El principio del fin. Por Max Stirner

  – Bueno, muchas gracias por haber venido -dijo el de recursos humanos mientras se incorporaba extendiéndome la mano-, le avisaremos a lo largo de esta semana con una respuesta.

– Gracias a usted -forzar una sonrisa cuando sabes que todo ha ido mal es complicado-, espero que cuenten conmigo. Hasta luego –y abandoné el despacho.

Al llegar al ascensor, este se cerró en mis narices. Decidí bajar por las escaleras con la esperanza de que la actividad física insuflara algo de ánimo a mi espíritu. Dicen que concentrarse en la tarea que realizas hace que te sientas menos desdichado; yo no podía parar de rememorar la conversación matutina (tantas veces vivida) con mis padres. Con cada escalón que descendía retumbaba la voz de mi padre en mi cabeza: “Con el coco que tienes, que podrías haber sido hasta notario, vas hecho tonto y estudias historia.” Y a mi madre de fondo: “¡Déjalo al pobre, si hace apenas un año que terminó la carrera, ya encontrará algo!” Eso eran ánimos para ir a una entrevista. Pero desde la prejubilación, los problemas para pagar la hipoteca arreciaron y el ambiente andaba caldeado por casa. Además ellos no tenían la culpa de mis penas, solo deseaban mi bien, cada uno a su manera. El problema radica en que la mayoría de las empresas exige experiencia, ¿y cómo iba a conseguirla si nadie me daba una oportunidad?

Intentando consolarme en mis pensamientos salí a la calle. Caminaba introvertido en dirección a mi coche, cuando a cierta distancia vi a Helena. Estaba más guapa incluso que en el instituto, recordé que había tenido un par de acercamientos con ella por aquel entonces, pero nunca cuajaron. De repente alzó la vista y sonrió, parecía reconocerme, pero no era posible, hacía tanto tiempo, y no fue nada tan serio como para que lo recordara. Al llegar a mi altura la saludé:

– Hola Helena, cuánto tiempo.

– Perdona –se detuvo para no pasar de largo-, ¿me dices a mí?

– Si…claro –las piernas me temblaban más que durante la entrevista-. Soy Javi…del instituto…¿no me recuerdas?

– ¡Ah! Si claro, cuánto tiempo…Bueno y ¿qué tal? -Parecía impaciente.

– Pues nada, que acabo de salir de una entrevista y…-no sé de donde surgió tan inusual valor- ¿Por qué no te invito a un café y nos ponemos al día?

– Mira –dijo con una leve mueca de incredulidad y con una mano mesándose el cabello-, no quiero parecer maleducada, pero no eres mi tipo y además –¿aún había algo más?-, me están esperando. Lo siento – y se marchó directamente hasta un Mercedes Benz descapotable que se encontraba aparcado tras de mí, en el que le esperaba un chico joven y bien vestido. Se montó y se marcharon.

Mi rostro no era un poema, era una marcha fúnebre. ¡En qué diablos estaba pensando! Aquello no fue un acto de valentía, ni tan siquiera una temeridad, simplemente fue un suicidio avisado. Ella no había sido precisamente simpática, pero todas las señales indicaban que no se sentía cómoda con la situación; si lo que traté fue de aumentar mi autoestima, estaba claro que había logrado el efecto contrario.

Sin conseguir reponerme, continué andando hacía el coche. Cuando casi había llegado, divise en la lejanía a un Mosso escribiendo una “receta”. Corrí cuanto pude, y conforme me acercaba vi como la grúa ya lo tenía enganchado. Casi tropezando llegué hasta él, y sin apenas resuello intenté disuadirlo:

– ¡No por favor! ¡Buf! No se lo lleve -no podía prácticamente hablar por el sprint-, pagaré la multa pero no se lo lleve.

– Lo siento caballero –dijo sin variar el semblante-, pero el vehículo se encuentra mal estacionado, debemos retirarlo y sancionarle.

– Si, de acuerdo –recuperaba poco a poco la compostura-, denúncieme, pero no me deje sin coche por favor.

– No me está permitido, una vez avisada la grúa –hablaba como un androide-, el vehículo es transportado al depósito. Podrá recogerlo allí.

Traté durante más de diez minutos de convencerlo, fue imposible. Una vez se hubieron ido me dirigí hacia la parada de autobús, sentía que pesaba una tonelada y que tenía bastantes años más. Para colmo, comenzó a anochecer y…a llover. Empapado me senté bajo la solitaria marquesina, con las manos en la cabeza y los codos en las rodillas. No podía sentirme más desgraciado, nada me iba bien, hacía mucho que no era feliz. Intentaba ser buena persona, pero estaba desubicado, nadie me entendía, es como si no fuese de esta época. En el suelo, bajo mi zapato derecho había una hoja de periódico, en un titular se podía leer: “Los banqueros se aumentan el sueldo un 36%”. Los pensamientos se agolpaban en mi mente, el corazón me latía fuertemente en el pecho y la sangre se acumulaba en mis sienes como si fuesen a estallar. Poniéndome en pie de un salto y quedando bajo la lluvia, exclamé a viva voz:

– ¡Hasta dónde puede llegar la desfachatez en este mundo! ¡Si me dieran un bolígrafo para firmar la extrema unción de la humanidad, lo haría encantado!

Todo quedó en un extraño silencio, solo se oían las gotas al chocar contra los charcos. Súbitamente surgió entre las sombras un viejo vagabundo tirando de un carrito, pasó frente a mí, me miró a los ojos y sonrió. Mientras se alejaba, su voz ronca atronó en la noche:

– Si deseas algo, no esperes a que ocurra por sí solo, ¡hazlo tú mismo! –y desapareciendo tan fugazmente como había llegado, dejo en la oscuridad el eco ronco de una sonora carcajada.

Mi gesto había mutado radicalmente, mis ojos estaban desorbitados, pero no era por la impresión de tan extraño suceso, sino porque, después de muchos años, vi la luz. Las palabras de aquel lunático me despertaron de mi letargo, la esperanza había resurgido en mi interior, por fin tenía un objetivo.

A la mañana siguiente me levanté temprano, preparé una maleta con mis cosas, me despedí de mis padres entre lágrimas, incredulidad y preguntas, me enfundé unos guantes y fui a un locutorio. Redacte una carta, imprimí varias copias, las deposite en un buzón con distintos remites y me dirigí a la estación de trenes.

En una de las oficinas del Ministerio de Interior un becario comienza a hacer aspavientos invitando a acercarse a su mesa al resto de compañeros:

– ¡Venid tenéis que ver esto! Es una carta que hemos recibido esta mañana, atención que la leo, ¡jaja! ¡Es buenísima!:

“A todo el que le pueda interesar,

soy una persona a la que la sociedad y el sistema han dado la espalda, lo que expongo a continuación no es una broma, es un acto meditado y que a partir de hoy se convertirá en mi única razón de ser.

Podría enumerar las múltiples causas que me han llevado a tomar semejante determinación, pero son demasiado numerosas y no son relevantes. Lo único que han de saber es que, he llegado a la conclusión de que la humanidad no tiene remedio. Todos los estamentos del sistema están corrompidos, la sociedad ha creado unos valores que encaminan al ser humano hacia la extinción, no hay futuro. Por lo tanto, he decidido que no es necesario prolongar la agonía, desde este instante declaro unilateralmente la guerra a la humanidad. A partir de este momento, por acción u omisión, todos mis actos irán dirigidos a la realización de mi fin último, el final del mundo.”

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31 Comentarios a “192- El principio del fin. Por Max Stirner”

  1. Rafael dice:

    Suena a sueño.
    Lo he pasado muy bien. Al acabar me ha dado la impresión de haber asistido en directo a la metamorfosis de un gusano a mariposa. O viceversa, que no sé yo…; habría que darle un tiempo.
    Mucha suerte.

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    • Max Stirner dice:

      Perdón por la tardanza, estaba de vacaciones.
      Me ha gustado mucho tu metafora, aunque para mi, la dirección de la metaformosis depende del sentido que le otorgue cada uno.
      Muchas gracias por tu comentario y tus buenos deseos, me alegra que lo pasaras bien.

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  2. Heke dice:

    Me da la impresión de que el tema que quiere trasmitir un mensaje que a mi me llega en una trama a saltos un tanto desconectados. Creo que podía haberle sacado más partido. Aún así se lee bien y le deseo suerte. Saludos

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    • Max Stirner dice:

      Quizás tengas razón, soy novato en esto y me queda mucho por aprender.
      Gracias por tu comentario. Un saludo

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  3. MOREDA dice:

    SE DEJA LEER, TE VA LLEVANDO DESDE EL PRINCIPIO AL FINAL PERO PIENSO QUE LE FALTÓ UN POCO MÁS DE FUERZA AL FINAL. SUERTE

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    • Max Stirner dice:

      Gracias por tu comentario y tus buenos deseos.
      Un saludo.

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  4. Sally Pimienta dice:

    Un texto atractivo, y un personaje con el que he empatizado enseguida. Me ha dado algo de pena esa “transformación de gusano a mariposa o viceversa” que alguien te ha comentado, pero entiendo que era el camino que le tocaba tomar al protagonista; de hecho, el único que podía tomar.
    Sin embargo ¿declararle la guerra al mundo? Suena a demasiado irreal… Este relato merece un final más pensado.
    Tu estilo me ha parecido muy maduro.

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    • Max Stirner dice:

      He tratado de expresar como el hartazgo del protagonista con su propia existencia, desemboca (guiado por la aparición de un personaje a camino entre lo real y lo irreal) en un abandono del rol vivido hasta ahora, por un viaje a ninguna parte, hacia una lucha demente y desigual contra el mundo, y aunque utópica, simplemente supone una salida a la situación de deseperanza en la que se encontraba sumido.
      Te agradezco enormemente tus consideraciones y alabanzas.
      Un saludo.

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  5. LUPE dice:

    De acuerdo con el tema que subyace que en mi relato está más que expuesto por la misma VIDA, sin embargo creo que está un poco determinado.

    Suerte.

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    • Max Stirner dice:

      Gracias por tu comentario.

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  6. Charlotte Corday dice:

    Trazas la historia del perdedor con un arranque fantástico, muy fluído y ameno. Lo que te ha quedado peor resuelto (según mi parecer) es el final. Pero, claro, ese es el gran problema de todo relato.

    Un saludo con mis mejores deseos para el certamen.

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    • Max Stirner dice:

      Desgraciadamente hoy día es sencillo empatizar con el perdedor.
      Como bien dices, siempre resulta complicado hallar un final adecuado. Mi intención erá crear un final en el que se apreciase como nuestras luchas existenciales, aunque supongan grandes tragedias, pueden ser ridiculizadas cruelmente por el que las observa desde la distancia. Quizá me quedó más fílmico que literario.
      Muchas gracias por tu comentario.

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  7. Charlotte Corday dice:

    Vuelvo a tu relato porque tras leer las últimas noticias sobre la tragedia de Noruega, encuentro ciertas concomitancias entre tu protagonista y el repugnante asesino: Él también se considera en guerra con el mundo.
    Si es que la literatura….

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    • Max Stirner dice:

      Practicamente lo comentabamos a la vez. Quise poner mi aclaración, porque me di cuenta de que podía ser relacionado. Estoy con la mosca detrás de la oreja, ya que estas coincidencias me ocurren a menudo. Os sorprendería con algunas de ellas…quizá lo cuente algún día.

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  8. Max Stirner dice:

    Debido a los horrendos sucesos que han sido noticia ultimamente, y que podrían llevar a malinterpretaciones de mi relato (vagas similitudes entre mis textos y la realidad, que quizás solo vea yo, pero que últimamente me suceden con relativa frecuencia), me veo en la necesidad de aclarar que, cuando al final de la carta que escribe el protagonista, éste dice “A partir de este momento, por acción u omisión, todos mis actos irán dirigidos a la realización de mi fin último, el final del mundo.”, mi intención no es otra que llevar al protagonista hacia una lucha pacifica contra la humanidad. Aunque dudo que alguién pudiese hallar un significado diferente a mi historia de ficción, prefiero prevenir que curar.

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  9. NOSKI dice:

    Como la vida misma. Lo cierto es que has dejado un final (coincido con algún otro comentario) demasiado “plural”. A mi me ha llamado más la atención el encuentro del becario del Ministerio del Interior con la misiva, un poco antes del puro final. Cuando lee la carta y dice “¡jajá! es buenísima”. Y me he quedado sin saber que pensar. Quizá que de esas reciben a diario, o que el también lo haría, o que él al fin y al cabo tiene algo y cuando cumpla el horario se larga…, no sé. He leído por ahí algo de metamorfosis, reconversión de gusano a mariposa. A mi me parece que el protagonista va de gusano a gusano. ¿O hay algo que no he pillado? Por lo demás coincido con todo lo que expones, no mientes ni tienes que utilizar metáforas, greguerías u otros recursos literarios. Lo que decía al principio. Como la vida misma.
    Suerte Max Stirner

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    • Max Stirner dice:

      En un principio, mi intención fue mostrar a una administración que se rie ajena a nuestros problemas. Pero, como he observado, el final se está mostrando más abierto de lo que yo creía, y no me desagrada que cada uno lo perciba a su manera.
      Muchas gracias por tu comentario y tus buenos deseos.

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  10. Lola Dawn dice:

    Hoy en día, muchos se encuentran en situaciones parecidas a lo que narras. Buen relato.

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  11. Ambrose Bierce dice:

    Todo el desarrollo me ha parecido un poco precipitado, como si tuvieras prisa por acabar el relato. Creo que cada situación a la que se enfrenta el protagonista merecía demorarse un poco más en los detalles. Con un mauor desarrollo la historia habría ganado mucho, al menos formalmente. Ánimo y que tengas suerte en el certamen

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    • Max Stirner dice:

      Este fue un aspecto que me hizo dudar bastante durante el proceso de creación. Si bien me hubiese gustado ahondar en el drama personal que le supone cada situación, finalmente me decanté por intentar agilizar el proceso de caída del protagonista.
      Gracias por tu comentario. Un saludo.

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  12. Barba Negra dice:

    Original relato.
    Suerte.

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  13. yo dice:

    No está mal contado del todo, aunque el personaje resulta pueril, quizá porque en 2000 palabras no haya espacio para desarrollarlo más, no sé, pero este chaval se rindió rápido y también será un perdedor en su guerra contra el mundo…Ni siquiera había probado a repartir pizzas, currar de camata o en el campo o en lo que pudiera, mientras echaba cien mil CV e iba a otras tantas entrevistas infructuosas, antes de llegar a ese estado de cursi desesperación.

    Joer, si parece que sus padres le habían pagado una carrera -la que a él le gustaba- y tenía coche, que seguro que le había comprado también papá.

    Perdón, no quiero ser duro, el mundo está muy mal, ya lo sé, pero creo que con menos desagradecimiento y quejas y más esfuerzo, aceptación de la realidad y autoexigencia es más fácil llegar a algún lado y cambiar cosas, empezando por uno mismo.

    Enhorabuena por tu relato bien escrito y que apunta maneras, pero espero que no te pongas en guerra contra la literatura si no consigues nada.

    Saludos

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    • Max Stirner dice:

      En estas frases se puede entrever que no era solo un día malo, sino el hartazgo de una situación continuada, o la gota que colmo el vaso. Tienes razón cuando dices que no es sencillo desarrollar más al personaje en 2000 caracteres, por ello no he descrito otros intentos de busqueda de empleo, aunque también es cierto que nadie estudia una carrera con la intención de terminar vendiendo pizzas (con mis respetos al colectivo al que he pertenecido durante años).
      Estoy de acuerdo contigo en que en esta vida hay que currarselo (¡tendrías que ver mi curriculum!), pero no todas las personas somos iguales, y esto es solo ficción.
      Muchas gracias por leerme y tu crítica constructiva.
      Un saludo.

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      • Max Stirner dice:

        Perdón, en estas frases:
        Y a mi madre de fondo: “¡Déjalo al pobre, si hace apenas un año que terminó la carrera, ya encontrará algo!”
        No podía sentirme más desgraciado, nada me iba bien, hacía mucho que no era feliz.

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  14. Jara Maga dice:

    Creo que nos faltan detalles y situaciones para comprender tal desesperación, porque no quiero pensar que toda mala racha-y a día de hoy que levante la mano el que se libre- acabe así, como el Rosario de la Aurora.
    Supongo que lo de las 2000 palabras es un handicap importante en ciertas historias.
    De todas formas se lee bien, aunque le falta un pelín de fuerza narrativa.

    Mucha suerte Max !
    (llamáse así el protagonista de Gladiator, ¿no?…)

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    • Max Stirner dice:

      Estoy de acuerdo contigo en que cuesta profundizar en los personajes en relatos tan cortos. Estoy empezando en esto, y espero adquirir con el tiempo esa fuerza narrativa que me falta.
      Gracias por leerlo y por tu comentario.

      P.D. Creo que Maximus era el nombre del protagonista de Gladiator, pero mi seudónimo esta tomado de otro Max no menos importante.

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  15. Me gustan los personajes perdedores, y creo que éste está bien descrito, el final no me ha convencido mucho, pero tampoco me convencen los finales de mis relatos, qué se le va a hacer. Suerte y sigue escribiendo.

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    • Max Stirner dice:

      Muchas gracias por leerlo, supongo que a todos nos cuesta dar con el final deseado, pero comentarios amables como el tuyo nos invitan a seguir intentándolo.
      Un saludo.

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  16. Catch-22 dice:

    La reflexión a la que me lleva este relato es parecida a la que me ha dejado este otro “La realidad” de Dorian Grey que leí esta mañana. En ambos relatos, cuando se trata de describir a alguien que se considera un perdedor, invariablemente es alguien que no tiene éxito en el amor y/o en el trabajo. Supongo que es un reflejo de lo que la sociedad quiere hacernos creer. yo creo que podemos ser mucho más que un trabajador o una pareja. Bueno, en fin, de cualquier forma me lo he pasado bien leyendo este relato, me ha hecho gracia en ocasiones la desgracia del chico, vaya día!
    Un saludo y suerte!

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