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189- Delfos Circense. Por Eunice

No deliberadamente decía Delibes que la sombra del ciprés era alargada.

Líbera atusa sus cabellos mientras mira a su yo en el espejo. Resopla desvaída porque el rizo no se quedó donde le había pedido al peluquero. Y es que era de orden mayor para el día que le tocaba afrontar  que todo estuviera en su sitio. La cintura entallada, los labios, frescos, perfecta y disimuladamente perfilados;  el ombligo oculto pero en la zona áurea que le correspondía. Y en la base, unos pies jónicos. Los llevaba calzados con unos maravillosos Manolos, que la constreñían hasta llegar casi al estallido de los pezones (especialmente más del seno izquierdo –sabemos que la anatomía humana no es simétrica aunque gracias a Cultura sí operable-). Todas y cada una de esas constricciones apuntaban hacia una tiranía que merecía la pena no sojuzgar. Un deber insuperable. El mismo que aleteaba libremente a su gusto y ejercicio.

Lanzado de soslayo susurraría que una no tan expresa fisura le abría los rizos. También le hacía soportar una alta dosis de sacrificio, esa perfección venida a menos por sus propios inalcanzables ideales.

Líbera llevaba muchos años dedicándose a la política. Tantos, que se había convertido en una verdadera política. Sus medios eran sociales, sus recursos se desplegaban para y por el poder. Y hoy tenía uno de esos mítines jubilosos y seductores en los que hacía una despampanante tarea no ya de mostrar, sino de demostrar la importancia del papel de la mujer en la sociedad. Ella era muy consciente de la función persuasiva de su discurso. Había de convencer a la ciudadanía, o al menos a una mayoría, que no mostraba a su vez ningún interés por ser convencida. Pero Líbera creía en la esperanza. Si no fuera por la constancia y la incesante lucha de mujeres, perdón, mejor de personas

como ella, el mundo no podría recrearse en relatos que dicen llevar a casa por un camino de baldosas amarillas.

Hacía gárgaras y no paraba de gesticular –frenética actividad- frente por frente a su especular imagen. Se aclaraba la voz, decidía cómo sería más correcta y cuánto más eficaz la retórica.

¡Fíjate! –pensaba- ¡qué cosas tienen los espejos! Me ofrece una imagen, me enfrenta a una rival, y deviene una vuelta pacificadora que vuelve a reunificarme. Y aquí sigo, observando mis gestos, ensayando mi soliloquio, anticipándome a lo que dentro de unas horas ocurrirá.

Alguna sensación tiñó tanta observación. Se le atravesó ese malestar que llevaba teniendo hacía algunos meses. La cruzaba, la escindía. Era como si sintiera que allá por donde hallaba hogar aquel número áureo del que hablábamos, asistiera perpleja una pequeña desconocida. Abismático. Y como estas sensaciones le incomodaban, decidió buscar ayuda. Había asistido ya a una docena de sesiones terapéuticas y su analista un día le lanzó una pregunta que le dejaron acongojada. Ahora resonaban esas palabras frente al eco aglutinado de su imagen…..”Sabe usted colocarlo todo en su vida –le decía el experto- cada cosa está en su sitio, y ¿dónde está colocada usted? ¿qué lugar ocupa en su propia vida?”

    Líbera no supo contestar y se sintió confrontada por este profesional al que no estaba pagando precisamente para que le hiciera preguntas. Sobre todo el impulso era firme, sintió que tenía que darle una respuesta. En casa se pasó días pensándola. Para empezar quería una respuesta brillante, excelsa, que jamás hubiera podido imaginar su analista. Acabó extenuada bajo su propia losa de  grandiosa expectación, y en tanto  apareció entre la lucidez de la apatía una nueva pregunta que se hacía a sí misma

¿Y por qué tiene que ser la respuesta brillante?

Yo –se decía a sí misma- estoy acostumbrada a hacer discursos fastuosos, llenos de ingenio, pero no son para mí. Son para otros. Ésos a los que tengo que embelesar, atraer, cautivar, fascinar, conmover, convencer. No me importa ni necesito que ellos me procesen ningún afecto, sólo es necesario que se sientan atraídos por mis palabras. Ni siquiera es necesario que se sientan atraídos por mí. Porque ……..yo no soy mis palabras –decía casi atiplando la voz- 

Le molestó rabiosamente esa idea que había salido de sus labios. Pero también soy mis palabras (o eso pensaba). Ya no estaba segura. Años y años tejidos en el esfuerzo de dominarlas. Para que se clavaran en su semblanza, para que fueran su semblanza misma.

Se había dado cuenta del error. Sus palabras no eran suyas. Si lo fueran, ¿por qué habría de convencer a los demás? Si creo en algo o en alguien no tengo necesidad de que me convenzan. Sintió que en algún lugar, en algún momento ella misma fue convencida, ya no recordaba.

Pero no pudo ser sin más ni más –se dijo estremecida-  

El lugar de la sombra alargada arañaba ahora las fibras de esta verdadera política que sabía siempre qué decir a los demás.

Cada cosa tiene que estar en su lugar –se le vino a la mente-   

¡¡¡El  mitin!!! –se oyó diciendo algo alarmada- 

Y  la placidez de la seducción y de la exhibición volvían a recomponerla. Pura emoción que sabía controlar con familiaridad.

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189- Delfos Circense. Por Eunice, 6.8 out of 10 based on 14 ratings

18 Comentarios a “189- Delfos Circense. Por Eunice”

  1. Rafael dice:

    Una prosa que he leído con cierta dificultad. Cuando me embalaba, ínmediatamante me perdía. Había que estar atento porque el relato está cuidado al milímetro en cuanto a lenguaje.
    Reconozco haber leído poco a Delibes y hace bastante tiempo. No recuerdo si él escribía asi. La frase de arranque y esa primera mitad muy bien narrada entiendo que aventura a suponerlo.
    Soy hombre, pero aún con ello me deja perplejo la afirmación de que unos Manolos en los pies amenacen con hacer estallar los pezones de Líbera. Eso sí que no lo entiendo.
    Mucha suerte.

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    • Eunice dice:

      Gracias por leer mi relato y por hacerlo con detenimiento.
      Tomé el título de la obra de Delibes por aquellas cosas que hacen que nos vayamos descubriendo, que nos acercan a nosotros mismos, a los demás….el amor. El amor frente al narcisismo. Como haría Pedro, el protagonista de La sombra del ciprés es alargada. También Líbera se sostiene autosuficiente tomando sólo a los demás para que le devuelvan la imagen que ella quiere ver. Como lo hace el espejo. Como Moreda decía, no le da respuesta a su psicólogo. Sólo puede dársela a sí misma, pero no es fácil y ella aún no lo sabe.

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  2. MOREDA dice:

    FINALMENTE TU PERSONAJE NO ENCUENTRA RESPUESTA PARA SU SICÓLOGO. AL IGUAL QUE RAFAEL ME PREGUNTO QUE SON “LOS MANOLOS EN LOS PIES QUE AMENAZAN CON HACER ESTALLAS LOS PEZONES DE LIBERA”. SUERTE

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  3. Eunice dice:

    Gracias por la atención.
    La idea de los pezones es una exageración, un guiño muy exagerado a los sacrificios a que están dispuestas algunas mujeres para y por la imagen 🙂 Tomé una marca de zapatos, Manolo Blahnik, que son conocidos por su lujo pero también por su incomodidad.

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  4. Ambrose Bierce dice:

    Lo siento, pero me ha resultado un texto demasiado farragoso. Tienes un buen dominio del vocabulario, eso es evidente, pero ¿para qué rebuscar tanto las palabras cuando se pueden decir las cosas de una forma más sencilla? Esto es tan exagerado en algunas frases que, de verdad, cuesta entender el significado (¿deviene una vuelta pacificadora que vuelve a reunificarme?, ¿Todas y cada una de esas constricciones apuntaban hacia una tiranía que merecía la pena no sojuzgar?). En cualquier caso reconozco el mérito de tu relato y te deseo toda la suerte del mundo para el certámen.

    Ah, no se porqué, pero lo de los manolos yo sí lo entendí a la primera.

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  5. LUPE dice:

    Suerte

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  6. Eunice dice:

    Gracias Lupe!

    Y gracias Ambrose por tus ideas! Lo he estado pensando y tienes razón, la sencillez es una apuesta apropiada. Pero no buscaba lo apropiado. Muchas veces el deseo es de todo menos apropiado. Me interesaba plantear si mi protagonista quería conocerse. Las palabras también sirven para tapar. El relato también esconde cosas.

    ¡¡Suerte a los dos también!!

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    • Ambrose Bierce dice:

      Tienes toda la razón del mundo. La escritura, sobre todo cuando uno intenta plasmar sus sentimientos, es algo tan personal que creo no puede estar sujeto a crítica alguna (al margen de las cuestiones técnicas de tipo ortográfico, gramatical,…). De todas formas, espero que quedase claro que mis críticas tenían una intención sinceramente constructiva.

      Un abrazo (chillao…)

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      • Eunice dice:

        Está entendido Ambrose! 🙂 es cierto también que es difícil entender otras perspectivas, algunas más que otras ;-)Por eso es interesante un concurso como éste, no?
        Saludoos!!

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  7. Barba Negra dice:

    Suerte en el certamen.

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  8. NOSKI dice:

    Tratar de convencer a través de la palabra. El arte de la política. En una prosa que, a ratos, me ha costado seguir. Creo que hay frases en las que el uso del lenguaje podría mejorarse (en mi modesta opinión), y ayudaría a una mejor comprensión. Por ejemplo al principio: “Y es que era de orden mayor para el día que le tocaba afrontar que todo estuviera en su sitio” (la expresión “de orden mayor” suena rara). Lo de Los Manolos lo he descifrado por los comentarios anteriores. Todo eso no es bueno para un relato. Tengo la impresión de que ha sido escrito apresuradamente. Insisto, cada uno escribe como le parece, pero conviene releer un texto varias veces antes de darlo por finalizado para oir como suena.
    En fin Eunice, suerte en el certamen.

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    • Eunice dice:

      Gracias Barba Negra y Noski por dedicar tiempo a mi relato!
      Es un relato que necesita tiempo, por cierto. Soy consciente de que no es claro precisamente. Es evanescente, como lo es el contenido que me interesaba tocar -que no es el arte de la persuasión-. El tema de la política sólo se emplea para tapar, para taponar el proceso en que puede verse inmersa la persona cuando quiere saber de sí misma. O cuando no quiere saber de sí -una gran parte de las veces-
      Suerte también a vosotros.

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  9. No sé si tu idea ha sido hacer el relato tan enrevesado como la política misma, pero creo que lo has conseguido. No quiero quitarle valor a tu prosa, aunque a mí, y es una opinión personal, me gusta la literatura más sencilla, más fluida. Suerte en el certamen.

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  10. Eunice dice:

    Gracias! Suerte a ti también!
    Es cierto, la opción que tomé es menos atractiva, no es sencilla ni chispeante. Es un pequeño relato con una pequeña pretensión, reflexionar sobre los límites del conocimiento que tenemos de nosotros mismos.

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  11. Ambrose Bierce dice:

    He vuelto a releer tu relato (intento hacerlo con los que mejor recuerdo me han dejado). Es la única manera de dosificar de forma un poco más sincera mis votos.

    Suerte de nuevo

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  12. Eunice dice:

    Te agradezco tu relectura, un gesto equánime el que dediques tu interés en aquello que nos une -supongo- a la mayoría de los que hemos dejado alguna muestra de nosotros mismos hecha relato.

    Gracias Ambrose, Alea!!

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  13. Ludelux dice:

    …”ni necesito que ellos me procesen ningún afecto…” ¿Debo entender “profesen” en lugar de “procesen”?

    Suerte, Eunice.

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  14. Eunice dice:

    Buena apreciación Ludelux!

    Si te mueves por la obligación contenida en el deber (como intuyo por la formulación de tu propia pregunta)…..mi respuesta es que debes procesar lo que desees. Yo lo procesé sin deber y mi personaje procesó hasta sus afectos. Pero ante todo, es de profesar respeto tu atentísima lectura,

    Gracias!

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