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116- La Edición de Feliú. Por G Punto

El bosque ofrecía una imagen sepulcral, de claros y negros. Remedando el irregular ritmo de mi conducción temerosa y solitaria, la luna jugaba al escondite tras las espesas ramas de los abetos. Renegué de mi obstinada decisión de no pasar la noche en casa de Feliú al cruzarme con un vehículo que bajaba del puerto ocupando el centro de la carretera. Afortunadamente, los vapores etílicos de la fiesta se habían disipado ya y el encuentro no tuvo mayores consecuencias que un acceso de angustia pasajero.

             Si en condiciones normales Feliú era un mediocre insoportable, la publicación de su primera novela lo había convertido en un fatuo ensoberbecido. Como escritor no estaba a la altura de ninguno del círculo; a pesar de ello, no compartía nuestra penosa peregrinación en pos de ese platónico agente literario que nos sacaría del anonimato: había terminado su novela en tan solo tres meses, la presentó a un editor local y cuando fue rechazada, compró la editorial. Así fue el bautizo de Feliú y yo regresaba, hipócritamente,  de celebrarlo.

Ignoro los motivos de los demás, pero yo acepté en el momento que supe que Margot acudiría. Yo siempre fantaseaba con enamorarla pero ella, ¡ay! estaba deslumbrada por el estúpido pavo real que era Feliú.

El elogio desmesurado que el autor dedicaba a su obra suplía con creces la falta de documentación y rigor histórico de La Marquesa de Castrojeriz, una especulación en torno a una hija bastarda de Pedro I el Cruel, cuyos conflictos de celos, amor y poder evocaban mejor las telenovelas actuales que la vida cortesana del siglo XIV.

Después del champán Margot se sentó en mis rodillas arrebatada por la euforia y me pidió que colaborara en la distribución de los libros.

 ─¡Vamos, César! Seguro que conoces tres o cuatro libreros en tu ciudad que no te negarán el favor.

No supe declinar la petición pero cuando ella abandonó mi regazo por el de otros me sentí un estúpido. La mayoría se llevaban uno o dos  libros por el compromiso de no desairar al patán que en un futuro podría convertirse en su editor.

Abandoné la casa poco antes de las cinco de la madrugada, con un paquete de cuarenta ejemplares que pensé dar al fuego o arrojar por el barranco junto con mi amor imposible por Margot.

Tras una revuelta de la carretera, un hecho extraordinario me sacó de mis ensoñaciones: la nieve junto al barranco se tornó roja por un momento para luego volver a su blancura original. Suavemente, una y otra vez. Me froté los ojos. En primer lugar pensé en el espíritu de la Marquesa de Castrojeriz, despeñada por mí cuarenta veces simultáneas, que volvía para vengarse. Pero en la siguiente curva, bajo el halo de irrealidad que propiciaba la luna, lo vi claramente: obstruyendo la carretera como en la peor de las pesadillas, el temible mamotreto acristalado y metálico, destellante de rojos y azules ejercía sobre mí un efecto casi hipnótico. Frené con suavidad, consciente de lo solemne del encuentro. Recé para que fueran marcianos, pero para entonces los excesos de la fiesta se habían disipado del todo y ya no cabían fantasías. La realidad era peor. Bajé la ventanilla.

─Buenas noches a la Señora Pareja de la Benemérita.

El Guardia que hacía de jefe, cejijunto y con cara de mal vino, saludó reglamentariamente.

─Control rutinario. A ver… ¡documentación! Haga el favor de bajar del vehículo.

Cumplí las órdenes con toda la calma posible, lo que pareció exacerbar más al guardia. Su civil compañero comprobaba mi identidad desde la radio de su cuatro por cuatro.

El guardia bigotón y unicejo husmeó a placer en el interior del vehículo. No encontró lo que buscaba, y eso empeoraba su humor a ojos vista. De pronto se iluminó como si hubiera tenido una revelación y ordenó abrir el portón trasero. Lo hice. El guardia benemérito hurgó con la punta de la metralleta en el mogote de trastos que inundaban el maletero sin terminar de quedar satisfecho. Revolvió la caja de las herramientas, hizo sonar las lámparas de repuesto en su cajita, olisqueó una vieja bolsa conteniendo trapos grasientos, toqueteó el contorno de la rueda de repuesto, incluso se llevó a las encías un poco de polvo blanco, residuo de la última vez que me metí en obras y tuve que cargar un saco de yeso desde el almacén a mi casa. El guardia escupió con asco y decepción. Entonces reparó en el paquete de papel de estraza que había quedado oculto bajo una manta ajada debido a las curvas y baches del camino.

Me interrogó con la mirada.

─ Son libros.

─¿Libros?─ Su cara cerril se adornó con una sonrisa satánica y por un momento abrigué el milagro de que le gustara la literatura.─ ¿Es que es usted estudiante?

─No… son libros, simplemente. Pertenezco a un círculo de amigos a los que nos encanta…

Desbarató el envoltorio con rabia. Barajó entre sus dedazos varios ejemplares. El dibujo a plumilla de la Marquesa de Castrojeriz por un lado y la reseña biográfica con la foto de Feliú sonriendo triunfal en la contraportada. Se angustió al comprobar que todos eran iguales. Evidentemente, su corto alcance no podía imaginar siquiera una explicación coherente. Los arrojó con rabia.

─¡La Marquesa de Castrojeriz! ¿Esto es lo que les encanta a su círculo de amigos? ¿Difundir maldades de la aristocracia? ¡Libelos, libelos!

Me sorprendió que conociera esa palabra un tipo que pateaba libros con tanta profesionalidad. Traté de explicarle que se trataba de una ficción sobre la vida de una antigua marquesa, pero la presión del tricornio sobre las sienes le impedía cualquier razonamiento.

─¡Si es la vida de la señora marquesa son calumnias!─ explotó, contraviniendo antirreglamentariamente las más elementales normas de la lógica y la sintaxis.

Me sentí incómodo por defender un libro tan malo frente a aquel inculto uniformado. Pero él no me escuchaba; estaba fuera de sí. Para conjurar el peligro de una apoplejía, su sistema biológico de supervivencia optó por descargar la adrenalina sobrante con flexiones espasmódicas de su dedo índice derecho. La ráfaga de metralla resonó por todo el valle. Los libros de Feliú quedaron hechos migas literales.

El compañero se aproximó cachazudo y me devolvió la documentación.

─¡Bah! ─le escuché decir mientras se alejaban.─ ¡Y ni siquiera es estudiante!

Amanecía ya cuando me marché de allí. Dejé sobre la blanca nieve el destrozo de libros y, con la mano en la sien, saludé en la distancia a la benemérita que se alejaba. Después de todo, a mí jamás se me hubiera ocurrido mejor destino para la edición de Feliú.

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20 Comentarios a “116- La Edición de Feliú. Por G Punto”

  1. Rafael dice:

    Una pareja de la Guardia Civil con bigotes y metralletas que se interesa por un fajo de libros, conoce la vida y milagros de unos marqueses de Castrojeriz y fusila novelas. Vaya, vaya…
    Yo no destacaría la coherencia como el punto fuerte de este relato, Coco, pero sí que me ha resultado la tira de divertido. De verdad.
    Suerte.

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  2. H.K. dice:

    Vaya, parece que como crítico, el unicejo es implacable, un autentico inquisidor de las letras; mira que fusilar 40 tomos apenas ver la portada del libro (y quizá leer la reseña). Yo haría lo mismo con más de una ¨obra¨ actual (comenzando por la saga Crepúsculo jejeje; disculpas anticipadas si algún fan de dicha desdicha se topa con esto).
    Me pareció muy entretenido.
    Suerte en el certamen, G Punto.

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  3. Ojo de halcón dice:

    Desafortunado personaje ese guardia civil, menos creíble que si hubiera sido un marciano. La próxima vez que cree un personaje inverosímil, por lo menos que sea de ficción.

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  4. MOREDA dice:

    ESE GUARDIA CIVIL RESULTA UNA HERMANITA DE LA CARIDAD JUNTO A ALGUNOS DE LOS COMENTARISTAS DE NUESTRO TRABAJO. DIVERTIDA NARRACIÓN, YA NO SEAS ASÍ CON FELIÚ, ACUERDATE DE QUE ÉL INVITA LOS TRAGOS.FELICIDADES G. PUNTO

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  5. Lola Dawn dice:

    Estoy de acuerdo con Moreda: muy divertido tu relato. Suerte.

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  6. rosamol dice:

    Divertido y ágil. Nos conocemos, G Punto y, precisamente porque sé lo bien que escribes, te deseo lo mejor de lo mejor, y no solo en este certamen. Felicidades por tu relato.

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  7. Amaragua dice:

    Un relato divertido y muy visual. El saludo de “Buenas noches a la señora pareja de la Benemérita” me parece sencillamente genial.
    Enhorabuena y mucha suerte.

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  8. Kaláshnikov dice:

    Muy gracioso, muy bueno. Uno de los relatos que más me ha gustado. Mucha suerte en el concurso !!!!

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  9. lupe dice:

    Esta gracioso, es anecdótico.

    Suerte

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  10. Ambrose Bierce dice:

    Sencillo relato pero genial en su estilo y desarrollo. La frase “pero la presión del tricornio sobre las sienes le impedía cualquier razonamiento” me ha parecido antológica, y lo dice alguien cuyo suegro se jubiló como subteniente de la Guardia Civil.

    Suerte

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  11. Barba Negra dice:

    De lectura fácil. Me ha gustado el relato.
    Suerte.

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  12. Un relato divertido y muy bien escrito. Tiene que ser un enorme placer disparar sobre libros malos, y mira que hay unos cuantos, sobre todo entre los premiados, esos se llevan la palma. Sin embargo, estoy segura de que leer una novela tuya sería un auténtico placer. Suerte, mi voto ya lo tienes.

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  13. hermes dice:

    voto por este relato.
    me gusta la atmosfera y el tema.
    corregiria y descargaria algunos adjetivos.
    perdon por ortografia y brevedad pero escribo en el telefono 😀
    El mio es el 105!!!
    bss&buen verano

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  14. PASAGÜISKYCHELIPAPODÉMOLÁ... dice:

    Hola G Punto:
    Al pricipio pensé por tu seudónimo que tu relato tendría que ver con la dificultad para conseguir orgasmos o algo así… Qué pena 😉 Faltan relatos sobre sexo en los certámenes…

    Si te hablo con sinceridad, he de felicitarte por las buenas críticas que estás recibiendo de los coleguis, pero a mí no me dice nada tu historia de “migueletes” tricornianos cejijuntos, es que ni siquiera me ha movido las comisuras (de los labios) hacia arriba; lo siento, es la verdad.

    La narración está descompensada; una historia que pretende ser sencilla, llana y divertida, plagada de palabras poco accesibles o no demasiado populares.

    Suerte, tié que haber de tó en la viña certamentera.

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  15. Zapico dice:

    ¡Hola G. ! y resto del personal claro…

    Pues la verdad es que me ha parecido “un puntazoª el relato.

    Me ha gustado mucho y me ha parecido muy divertido.

    Lo mejor o peor del asunto(según gustos)es que en la vida real, somos muchos los “unicejos metralleteros” que reaccionamos así, no solo con los libros (de los demás principalmente) sino con otros tantos aspectos de la vida diaria.

    Creo que el relato tiene mucha más “enjundia”

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  16. Er Santi dice:

    Hum… de acuerdo, reconozco que esta vez me la has dado con queso por no llevar el cadáver de Feliú en el portón trasero (que era lo que yo me esperaba), pero el fusilamiento final del “benemérito” es demasiado inverosímil… Si al menos hubieras ubicado la acción en los años 50, cuando iban a la caza de rojos… Pero hoy en díaaaa…

    También hubiera echado de menos poder aprender algo del protagonista, pero él no hace nada por dirigir la acción: Hubiera sido un punto, por ejemplo, que él mismo le hubiera provocado al guardia con los libros para provocar esa reacción.

    En fin, ha salido un cuentito divertido.

    Un abrazo.

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  17. Lola dice:

    Relato impecablemente narrado, con un estilo ágil que engancha.Me ha hecho gracia. El final no me lo esperaba. Me recuerda a los guardias civiles de antes. Quizás, éste, no sea tan cerril como parece, porque hay que ver las veces que nos hemos visto obligadas a comprar libros malos porque lo presentaba tal o cual amigo. Me lo pensaré otra vez.
    Ya sabes que me encanta lo que escribes, te deseo mucha suerte GPunto.

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  18. Jara Maga dice:

    Esta vez el final no me ha sorprendido tanto porque a esa pareja de la Benemérita ya me la había tropezado yo por otros andurriales…¡pero la sonrisa sí me la ha vuelto a arrancar! ¡Eres un caso!
    Buena suerte Gpunto. (ya me contarás de dónde te has sacado el seudónimo… punto G al revés??!!…)
    Me encanta ser colega tuya tambien en esto!
    Beso.

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  19. Manuel dice:

    Felicidades por el relato. Me resultó inesperado que de pronto la Benemérita apareciese, como en las canciones de Melendi “los maderos”. Sólo que en el caso del segundo la alcoholemia está asegurada y en el de tu relato es la forma graciosa de escapar de una noche sin su premio y un relato semihistórico que, finalmente, siempre tiene su puntilla: el tricornio, el unicejo o cejijunto que dicta su sentencia. Divertido, G.

    Besitos.

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  20. Gracia dice:

    Un relato muy ágil y divertido. Es verdad que el final resulta un poco irreal para estos tiempos (la Guardia Civil tiroteando libros),pero para eso está la maginación.
    Me ha parecido muy entretenido. Mucha suerte G punto.

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