premio especial 2010

 

Abr 17

  La pequeña cocina parecía un campo de batalla. Cacerolas, grasientas sartenes y platos indisciplinados sepultaban la encimera.  El suelo, cubierto por una densa y pringosa capa de aceite, había adquirido un tenue color amarillento y deslizaba como una pista de hielo. Todo ello, aliñado por un denso humo que escapaba del horno con violencia.

  Ana se apoyó en el quicio de la puerta y suspiró impaciente  mientras observaba cómo Juan intentaba controlar la situación, sin ningún éxito.

  -¡Ah, estás ahí! ¡Creí que no ibas a despertar nunca! He intentado preparar algo para comer. Ya a estas horas, mejor que el desayuno, ¿no?

  Ella sonrió indulgente, aun sabiendo que no sería posible comer en casa y que parte de la tarde se les iría en poner un poco de orden en la cocina. Pero no podía enfadarse con él, era demasiado bueno.

  Juan, tras limpiarse  las manos en los vaqueros, se acercó  y acarició su cara con suavidad. Se disculpó por aquel caos. Absorto en la dulce mirada de Ana, rebobinó sus recuerdos hasta el momento en que la conoció, al momento en que su vida dio un giro de ciento ochenta grados.

  Él nunca creyó en el amor a primera vista. Ni a segunda. Ni a tercera. Nunca pensó en compartir su vida con alguien, ni mucho menos formar una familia; consideraba que traer niños a este mundo era condenarlos a una existencia difícil e ingrata. No quiso hijos y ya se ocupó él de no tenerlos.

  En sus cuarenta años de vida, una infinidad de capas entrelazadas habían anidado en su corazón, secaron alegrías y penas y lo transformaron en un ser lineal, carente de emociones. Nunca nadie pudo acercarse  lo suficiente. Hijo único,  huérfano de padre desde muy pequeño- tanto que ni lo recordaba-, se crió bajo las faldas de una madre demasiado posesiva y cargada  de una áspera amargura que después volcó en su hijo. Quizás a él no le quedó más remedio que dedicarse exhaustivamente a su trabajo. Sus fines de semana se diluían en las visitas a su madre, internada en una residencia. Alzheimer era lo que había decidido padecer, y tras ello se parapetaba. Los médicos  distaban en compartir este diagnóstico que ella defendía a ultranza. Todos ellos estaban de acuerdo en que la causa fundamental de su estado era su profunda “mala leche”. Palabras textuales.

  Cuando Juan abandonaba la residencia, ya bien entrada la noche, recorría algún tugurio de la ciudad dando rienda suelta a su libido. Esas conquistas nocturnas y premeditadas  de mujeres, por lo general no duraban más allá del amanecer.

  Vivía, sin pensar mucho en ello, envuelto en una densa nube que no permitía ni tan siquiera a la luz asomarse. Como si estuviera programado, comía, bebía, salía o entraba.

  Todo era distinto ahora, nuevo. Disfrutaba de cada momento a su lado. Sobre todo, reía, sensación extraña para él. La amaba con tal intensidad que a veces se asustaba de si mismo. Había comenzado a entender su vida ahora y le daba las gracias por ello.

  Sólo podía recordar una discusión, dos o tres meses atrás. Algo que Ana calificó de absurdos y primitivos celos les había llevado a un desagradable distanciamiento. Bastó que no pasara un par de noches en casa para que él casi se volviera loco. Pero eso era ya agua pasada.

  Ana, cansada ya de esperar, agitó las manos frente a su cara a la vez que carraspeaba ligeramente.

-Bueno, qué, ¿ya estás aquí?

-Sí, sí, claro, disculpa. ¿Comemos? ¿Dónde te apetece? ¿Un chino, un indio…? Oye, ¿no estás un poco pálida? ¿Te encuentras bien?

  Ella sintió cómo el mareo que la había  atrapado durante gran parte de la noche la golpeaba de nuevo y hacía flojear sus piernas. Una afilada presión  instaló violentas nauseas en la boca del estómago.

  El semblante de Juan se crispó y su tez adquirió un tono ceniciento. La cogió en volandas, con mucho cuidado, como si fuese una muñeca de porcelana, y la depositó en el sofá del salón.

  El notó como su corazón latía a lo loco, como un caballo desbocado. Jamás, nunca en los diez años que llevaban juntos, Ana se había sentido mal. Y no era sólo porque fuese unos años menor que él, no. Ni un catarro se había atrevido a acercarse a ella.

  -No te muevas, mi vida, voy a llamar al médico.

  -No, no Juan, no hace falta. Se me pasará enseguida, es sólo que…

  -¿Cómo que no?-la interrumpió él indignado- ¿estás loca o qué?

  -No, Juan, sólo embarazada. Hace un momento me he hecho la prueba en el cuarto de baño, y…¡ha dado positivo!- exclamó ella radiante, extendiendo sus brazos hacia él- Ya creí que nunca seríamos padres…

  Un hiriente velo opacó los verdes ojos de Juan, al mismo tiempo que un rayo le fulminaba por dentro, haciéndole crujir  hasta romperse, como las hojas de los árboles que pisas en otoño.

  Nunca se atrevió a confesarle a Ana que, hacía ya muchos años, le habían practicado la vasectomía.

11- Verdades ocultas. Por Triana, 6.4 out of 10 based on 48 ratings

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35 Responses to “11- Verdades ocultas. Por Triana”

  1. Capitán Wentworth dice:

    Me ha encantado la historia, el ritmo y el estilo. El final te golpea de repente. Buen trabajo 🙂

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  2. Luc dice:

    Historia de una traición con final-martillazo. Salvo por algunos lugares comunes, está bien contada. Suerte.

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  3. Triana dice:

    Capitán Wentworth y Luc, gracias por los comentarios y, sobre todo, por leer el relato.

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  4. Ágata dice:

    Una historia bien contada con un final contundente. Excepto por algún adjetivo forzado y algún lugar común, como dice Luc, me parece que tiene un buen ritmo y le has dado el tono adecuado. Me gusta.

    Suerte.
    Mi relato es el 41

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  5. Triana dice:

    Gracias, Ágata. Pasaré «a verte».

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  6. Puri dice:

    Algo parecido me paso a mi

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  7. Triana dice:

    Pues vaya»marrón». Lo siento, Puri.

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  8. Rosa azul dice:

    Buen relato y bien relatado. Crítica constructiva: sin algunas comas creo que el relato gana.

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  9. Triana dice:

    Gracias Rosa Azul; repasaré lo de las comas.

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  10. Seres Entrópicos dice:

    Te confieso que no me gusta la temática del relato pero eso no es un defecto del relato, de hecho no es un defecto, sólo una cuestión de gustos. Creo que está bien escrito, mantiene el pulso. Eso sí, a diferencia de algunos de los demás comentaristas, el final no me ha acabado de convencer, demasiado efectista.

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  11. Triana dice:

    Gracias, Seres Entrópicos, por dedicar unos minutos a su lectura.

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  12. MaxEstrella dice:

    Entonces Juan y su madre tienen rázón, la vida es así de amarga.
    Me hubiera gustado que Ana diera algún signo de su traición, que no engañara tanto. Pero es solo una opinión. Bien escrito

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  13. Triana dice:

    Bueno, la vida de Juan y de su madre es así de amarga, sí.
    Gracias, MaxEstrella por leerlo y por tu opinión.

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  14. Constance dice:

    Me sorprendió el final. Eso siempre hace genial un relato no?. Suerte

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  15. Granizo dice:

    En otra vuelta de tuerca, quizás Juan llegue a encariñarse con el niño y se alegre la vida, ¿por qué no?
    Logras transmitir perfectamente esa apatía del protagonista y coincido con otros comentarios en que está bien escrito. Creo que es un buen relato.
    Suerte

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  16. Triana dice:

    Gracias, Constance. Gracias, Granizo
    Granizo, creo que Juan no está por la labor de disimular y ser un buen padre. Bueno, ni siquiera un padre. Pero, ¿quién sabe? 🙂

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  17. HÓSKAR WILD dice:

    Impagable la cara que tuvo que poner el protagonista. Juan tragará, aunque su creadora no lo quiera.
    Mucha suerte.

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  18. la ciudad dice:

    Relato breve, muy bien escrito con un final sorprendente. lo interesante viene después, pero esa es otra historia. suerte triana

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  19. Pan dice:

    bueno, me choca esa lenta descripción de una caótica cocina, con la siguiente biografía a velocidad relámpago del protagonista, para preparar el golpe final. Me resulta artificioso, como un truco de prestidigitador. Suerte.

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  20. Triana dice:

    Gracias, Hóskar, Ciudad y Pan, por vuestros comentarios.
    Hóskar, que Juan no va a tragar; ya se ha roto la magia. La admiración de él por Ana ha desaparecido de un plumazo.

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  21. Atenea de Fuego dice:

    El relato tiene buen ritmo narrativo. Falla alguna coma.
    Suerte.

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  22. Triana dice:

    Gracias por leerlo, Atenea de Fuego. Y gracias por comentarlo.

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  23. Saraiba dice:

    Bueno, a veces las vasectomías fallan, jeje.
    Me ha faltado saber por qué se enamoró de Ana y cómo logró hacerle cambiar de parecer sobre el amor, la familia, etc.
    Suerte.

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  24. Triana dice:

    Ya, pero en este caso, estaba bien hecha 🙂
    Cómo se enamoró? Esa es otra historia…
    Gracias, Saraiba.

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  25. Hank dice:

    Un poco manida la historia esa de la vasectomía y la concepción, Triana, pero no seré yo quien critique los temas de los relatos.
    Donde sí me atrevo a recomendarle más atención es en el asunto de las frase hechas y los lugares comunes, que alguien le ha comentado ya con anterioridad. Lo de los giros de ciento ochenta grados, la crianza bajo la falda materna o la rienda suelta a la libido, mejor no.
    Por otra parte, considere la posibilidad de no colocar tanto adjetivo delante del sustantivo, porque además de antiguo, suena falso.
    Poco más, Triana, salvo desearle suerte.

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  26. Triana dice:

    De acuerdo, Hank; «para gustos se hicieron los colores».
    Gracias por leerlo y comentarlo.

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  27. Rob Vermeulen dice:

    Al margen de la consideración personal de la historia, sobre el tema, la calidad y todo lo demás, quisiera, más que otra cosa, hacerte notar que si le eliminases el último párrafo («nunca se atrevió a…») tu historia adoptaría un desenlace final bastante curioso. Quedaría insinuado al lector, en lugar de explícito. Sería otra manera de abordar un tema cotidiano. Pero, vaya, que no deja de ser una opinión personal. En todo caso, prefiero quedarme hasta donde te he dicho antes y no dejar siempre de preguntarme el motivo de la reacción de Juan. La técnica, no obstante, está más vista que el «Equipo A», pero sigue dando buenos resultados.
    Suerte, Triana.

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  28. Gárgola dice:

    Por un momento me pareció estar asistiendo a mi propia historia, con algunos retoques, desde luego. Hasta el seudónimo que empleas me hizo sospechar, pero creo que no, al fin y al cabo mi vida es demasiado aburrida como para que le interese a nadie.
    Te deseo suerte en el concurso.

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  29. Triana dice:

    Rob Vermeulen, en primer lugar, gracias por pasar por aquí y dejar tus impresiones. En segundo lugar, finales hay muchos, pero a mí el que me gusta es éste. Y por último, ¿el equipo A? Nunca lo vi 🙂
    Gárgola, como dije a Puri en un comentario anterior, «vaya marrón». Creo que no nos conocemos. Bueno, no lo sé, ¡ a saber! Gracias por tu comentario.

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  30. Rob Vermeulen dice:

    Vaya por delante, Triana, que la técnica «sobada» o vista a la que me refiero es la que te sugiero yo. Nunca a la que has empleado en tu relato.
    Un saludo.

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  31. Triana dice:

    Te entendí mal, Rob Vermeulen. Disculpa y un saludo.

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  32. Leon dice:

    Buen desarrollo y desenlace. La mejor critica que se te puede hacer es que la gente se identifique como por ejemplo Puri.
    Sigue adelante

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  33. Triana dice:

    Gracias por tus palabras, León. Aunque si en la realidad nadie se identificara, mejor; porque vaya trago.

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  34. Roberta B. dice:

    Un relato entretenido, con final sorpresa, yo también hubiera depurado un poquito más la expresiones, pero está bien escrito y se lee con fluidez. Enhorabuena y suerte en el certamen.

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  35. Triana dice:

    Muchas gracias, Roberta B. Si te ha parecido entretenido, me doy por satisfecha 🙂

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