V Certamen de narrativa breve - Canal #Literatura

Noticias del III Certamen

31 marzo - 2008

80-La sangre que nos une. Por Sayula

Demasiado Pollock, casi Miró, pero nada nuevo. ¿Qué mierda va a saber él? ¿Qué puede saber un puto profesor del CNA? Un par de exposiciones en el extranjero. Unos cuantos de premios pedorros. ¿Y? ¿Quién carajos sabe quién es Orlando Carranza? Nadie. Somos casi lo mismo. Tan famoso uno como el otro. ¡Demasiado Pollock! Con la diferencia de que Carranza es un lisiado artístico. ¡Casi Miró! ¿Dónde vio pájaros o mujeres? Nada nuevo, nada nuevo. ¿Quién es él? ¿Precursor de qué carajos? Carranza no es Picasso, no es Münch, no es Van Gogh, ni siquiera es Matisse. Y Matisse apesta. Carranza es tan insípido que no llega siquiera a apestar como Matisse. Tiene que ser un imbécil mayúsculo aquel al que se le ocurra poner a un imbécil cualquiera como “Tamiz de Exposiciones”. ¿Cuántos filtros y cuántas carajeadas tiene que pasar uno para poder exhibirse? Una exposición en una sala minúscula. Una puta exposición, encima, colectiva… Esta maldita puerta. Esta llave es una mierda. ¿Porqué no puede hacer lo que todas las llaves regulares y entrar en el maldito agujero y abrir a la primera vuelta? Se reducen las posibilidades. Tirar abajo la maldita puerta o arreglar esta mierda de llave… ¡No! ¡No es posible! ¿Qué hace ella aquí? ¡¿Qué haces aquí?! ¿Porqué entras a mi casa? ¡No te di la llave para que entres a mi casa y te adueñes de mi espacio! ¿Qué hace ese lienzo frente a la ventana? ¿Qué no sabes que el sol jode el acrílico? ¿Qué estás haciendo aquí, carajo?  Que cojamos a veces no significa que puedes venir a meterte cuando te venga en gana. ¡Ya sé que te di la llave, pero te la di para que no me jodas las veces que tienes que salir y yo estoy dormido! Te la di para que no me fastidies, ¡para que no hagas justamente lo que estás haciendo en este momento! ¿Cómo me fue? Como la mierda, me fue ¿satisfecha? Ahora por favor, lárgate de mi casa. No, no tengo hambre. No quiero pedir ni sushi ni pizza ni un carajo. ¡No, tampoco quiero calmarme! Quiero que te vayas. No, no quiero que te acerques. No te acerques. ¡No me toques! ¿Y a ti qué te importa qué me pasa? ¿Dónde está mi firma otorgándote el permiso de  visitar la cúpula de mis estados de ánimo? Ya te dije que no tengo hambre. Y te dije que no te acerques. ¿Qué estás haciendo ahora? ¿Estás cantando? No puede ser ¡te pones a cantar! ¿Porqué carajos cantas? Deja de cantar. ¡Deja de cantar ya! ¡Cállate! ¡Que te calles, te digo! ¡Cállate!
 

Es lindo. Para mí este es el cuadro más lindo de todos. ¿Lo habrá pintado esta semana? Sí. Todavía se ve fresco. Me encanta cómo brilla la pintura fresca. Aunque el olor es terrible. Él siempre tiene ese olor en la ropa, en las manos y en el pelo. Ojalá que no le moleste que esté aquí. Seguro que se asombra, eso sí. Lo hubiera llamado para avisarle, pero como no tiene teléfono. Además, me dio la llave de su casa. Sólo tenemos dos meses saliendo y me dio la llave de su casa. Eso es algo. Aunque después de la primera noche que pasé aquí, no volvió a pintarme. Esa vez estaba como ido. ¡Tenía una cara de lunático! Me repetía y me repetía que no me moviera, en esa posición tan incómoda. Creo que hasta me lastimé el cuello. Y después, no me volvió a pintar. Ahora debe pintar a otras. Pero ¿las otras tienen la llave de su casa? ¿las otras van a ir a la exposición? Bueno, todavía no sé si voy a ir yo. ¿Será que va a exponer mi cuadro? Dijo que ya lo había terminado, pero ¿lo irá a poner en la exposición?… La puerta. Ese es él, o alguna otra que también tiene llave… Él. Eso quiere decir que no hay otras. Y que si las hay, no tienen llave… ¿Cómo qué hago? Vine a visitarte… Pensé que el sol ayudaba a que secara más rápido la pintura. Vine a visitarte, ya te dije. ¿Para qué me diste entonces la llave? No te enojes, mejor cuéntame cómo te fue con el pintor ese… No tienes que enojarte tanto, ya habrá otra exposiciones. ¿Ya comiste? ¿Quieres comer algo? Podemos pedir algo para comer, como sushi o pizza. Cálmate un poquito. ¿Porqué eres tan iracundo? Yo no desayuné, tengo hambre. Pareces un demonio, una fiera. ¿Sabes qué es lo que calma a las fieras? La música… Non, rien de rien, non, je ne regrete rien ¿¡Qué haces con ese cuadro!? ¡¿Qué haces?! ¿¡Porqué!? ¡No, deja eso ahí! ¡Déjame! ¡No! 
 

Hay un acuariano, o un geminiano. Piense bien, porque yo veo un acuariano o un geminiano aquí, que se acerca a usted con muy buenas intenciones, con intenciones formales, de matrimonio, le dije a mi clienta. Porque estaba con una clienta. Y entonces fue cuando sentí el dolor en la nuca. Discúlpeme un momento, le dije, y me levanté a encender otro incienso. De mirra, que es el que más depura. Me estaba doliendo la nuca en el punto donde me duele siempre que ese hombre entra en su casa, desde que se mudó allá arriba hace un año. Siempre el mismo dolor, el de una energía muy pesada y muy mala, que me traspasa el techo y me llena la casa. Encendí el incienso y lo empecé a pasar por toda la sala. Como yo trabajo en silencio, empecé a escuchar los gritos. Nada raro, porque ese hombre siempre grita. Hasta cuando está solo. Pero también les grita a las mujeres que trae. ¡Ya lo he escuchado tantas veces! Les grita. Las insulta. Y no es lo único que les hace, digo, ahora que ya no es un secreto. Y escuché a la mujer también. La escuché hablar y luego cantar. Y entonces sentí una punzada tremenda en la nuca, como un clavo.  ¡Ay Dios! ¿y esos gritos qué serán? me preguntó mi clienta. No sé, le dije para calmarla, pero yo ya sabía lo que era. Usted piense en lo que le pregunté, le dije. Y me fui a cerrar la ventana, porque sentía que esa mala energía se me iba meter por ahí. Ahora que lo dice, mi profesor de yoga es acuariano, me contestó mi clienta, y ese fue el momento en que sobre la cortina blanca de la sala me cayó el chorro de sangre.
 

Los Martes son los días que tengo libres en el Instituto y que dicto clases particulares en mi casa. Un alumno apenas se había ido. Yo había rentado el “dividi” de “Shakespeare in love” y estaba a punto de verla. Entonces sentí el olor de la bruja de acá arriba. Y lo de bruja no lo digo a manera de insulto. Yo no tengo nada en contra de la mujer. Si digo que es bruja, es porque es bruja de oficio. Y siempre que hace sus trabajos o como sea que se llamen, enciende una cubeta de inciensos. Usted entenderá que todo el humo se me mete por las ventanas y me llena la casa. No es que el olor sea desagradable. Es que, simplemente, es demasiado. Yo estaba tirada en el sillón, con el control remoto en la mano, cuando empecé a sentir el olor. Ya debería estar acostumbrada, pero como no fumo y estoy casi siempre en espacios cerrados, lo sufro mucho. Los pulmones, la garganta, la nariz, los ojos. En fin. Me levanté y fui a traer el ventilador. Que con este clima, me sirve para espantar el olor que no importa lo que haga, igual entra, y también para refrescar el calor que se encierra cuando cierro la ventana; que fue lo siguiente que hice. O más bien que planeaba hacer. Porque cuando me acerqué, escuché un grito. No tuve tiempo de asustarme. Me asomé por la ventana para ver de dónde venía y en lugar de un nuevo grito, me topé con un chisguete de sangre que me cayó aquí en la frente.
 

Yo tenía el estéreo prendido y con el volumen alto. Estaba intentando sacar una rola de Linkin Park, es un grupo de música acá… de un disco que me había quemado un güey, que diga, un amigo, que no me lo quemó, sino que me lo prestó… Por ahí que hasta le había trepado más, porque siempre le trepo acá cuando la vieja de arriba, quiero decir, la mujer de arriba, está con sus clases. Me cagan esas grabaciones que donde unas voces como de robot con sinusitis repiten la misma pinche frase, quiero decir, la misma frase pinche mil veces… quiero decir… ya sabe cómo son los cursos de inglés ¿no?  Y la vieja esta… que diga, la mujer esta, mi vecina, pone la grabación, y luego habla, y habla igual y… ¡aghhhh! Y a mí me caga oírlo… Y todo esto viene al caso porque de oír, oír,  yo no oí nada. Fue de puro pedo que de repente se me ocurrió voltear para la ventana, que estaba abierta. Mi ventana está pelona, o sea, no tiene cortinas ni nada de eso. Entonces volteé y vi que el vidrio se salpicó de algo. Pensé que era lo de siempre, caca de paloma. Pero cuando me acerqué y la vi bien, ahí caí, que era sangre. 
 

Ya no es lo mismo que cuando mi marido, que en paz descanse, y yo, nos vinimos a vivir a este edificio, en el setenta y siete. En estos tiempos se ha llenado de una gente que… Y mire usted que yo nunca he sido de juzgar. Yo miro y me guardo mis opiniones. Así me enseñó mi madre, que Dios la tenga en su gloria. Así que yo no digo nada. Tengo mi casita, gracias a la virgen morena, soy viuda pero no estoy en la calle, y aunque tenga que vivir en el medio de estos ruidos, porque a esto que le llaman música, esa ruidera con la guitarra va a ser música… No, hijo, le estoy diciendo que no oí nada, es lo que le estoy diciendo, que yo la escandalera no la aguanto y me apago el audífono… Lo traía apagado, sí. De ver, lo poco que veo con estos ojos que Dios me conserva… Estaba regando mis macetitas que tengo ahí en la ventana cuando vi los gotones caer en el patio. Unos gotones rojos… ¿Qué iba a ser? Pues sangre, eso eran.
Que griten en este edificio es den’de siempre. Todos son re gritones. Yo oí los gritos cuando estaba trapiando el pasillo, pero a mí no me gusta meterme en lo que no m’importa. Yo seguí con mis cosas. En esas una señora bajó corriendo aí por las escaleras. Tenía un trapo en la cabeza, agarrado así con la mano. Lleno de sangre estaba el trapo. Igual que la cara de la señora. Toda ensangrentada. Le abrí la puerta y salió corriendo y luego bajó el señor y salió corriendo también pa’fuera. No sé pa’ ónde agarraron. Yo le digo que a mí no me gusta meterme en lo que no m’importa y menos si hay sangre vía por medio.
Finalizando aquí el interrogatorio de los vecinos inquilinos, pareja. ¿Hicistes ya el reconocimiento del lugar del acometimiento?… ¡¿Ya?! ¿Te cae que el objeto agravioso es ese cuadro? Ira nomás, que dizque pintor. Si esas manchas las puede hacer mi chavo el más chico… ¿A poco crees que algún güey de las de acá de veras ve esto y dice, no pus yo me lo llevo y lo pongo en la pare’ de mi sala?

79- Patricia es inerte. Por LO CLOOMBURY
81- Perla. Por Pedro Pérez


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Participantes

bobdylan:

La técnica narrativa es relativamente original pero a mi juicio el lenguaje que empleas, en especial en el primer bloque, es demasiado soez, por mucho que refleje una forma de expresarse habitual entre ciertos sectores sociales.

Te deseo suerte en el certamen.


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