V Certamen de narrativa breve - Canal #Literatura

Noticias del III Certamen

18 dUTC marzo dUTC 2008

44-¿Qué tal un canario? Por Carla

Me encantan los viajes en tren, de ser posible en  el lado de la ventanilla; me hipnotiza la marcha de los árboles, tan apresurados, tan ordenados y ponerme luego a leer, con la mejilla contra el cristal sintiendo que me alejo de lo cotidiano. Es un tiempo sólo mío, en el que hago votos de silencio. Soy psicóloga, mi profesión me obliga a hablar, por eso cuando viajo me regocija callar.

Cuento todo esto para que comprendáis porqué cuando se sentó a mi lado una señora mayor, que además de llevar encasquetado un gorrito antiquísimo, con pluma y todo, sujetaba con esfuerzo una sombrerera, me hice la dormida y consentí que  acomodara su equipaje ella sola. No quería estropear mi querido viaje en tren. Pero un piar estridente me sobresaltó, hasta el punto que olvidé mi profundo sueño y me incorporé buscando la fuente de los trinos. Y estaba allí, a mi lado, de la sombrerera emergió una jaula y su ocupante: un canario amarillo.

—Lucito, qué poco considerado, has despertado a la señorita. Perdónele, no volverá hacerlo, es un canario obediente.

No me quedó más remedio que decir que no tenía importancia y volví a entornar los ojos  para reanudar mi siesta.

— Y usted dirá que cómo se me ocurre viajar con un canario…

Yo no pretendía decir nada pero la interrogación abierta por la dama  me hizo aventurar de mala gana que podría ser un regalo para alguien.

— ¿Un regalo? Qué va…no me desprendería yo de Lucito por nada del mundo, a veces los animales son más mirados que las personas. Aquí donde usted lo ve, este pájaro me ha salvado la vida.

Segura como estaba de que no iba a dejar de hablar por muchos intentos de desatención o sueño que hiciera, me resigne a oírla, que no a escucharla. Adiós a mi acariciado viaje en tren, ese tiempo que creí mío resultó ser  de la señora del sombrero.

Así, tuve que enterarme de que su padre era minero y lo habían sido dos de sus hermanos y por si no conocía los peligros del grisú, me explicó que es un  gas que se genera en los corredores de las minas de carbón y que puede provocar explosiones. 

—Por eso en mi casa siempre había canarios, los animalitos se envenenaban con ese gas del demonio, así que los llevaban por delante y si maleaban o estiraban la pata, es que había peligro.

Estaba enfadada con la anciana por estropear así mi viaje, fue por eso que le llevé la contraria; le dije que no podía creer esa tontería, seguro que habría medios más científicos de detectar las bolsas de grisú. Nunca debí meterme en ese atolladero, para confirmar el uso de los pájaros en esos menesteres tuve que oír una exposición completa de lo que era el funcionamiento de una mina ochenta años atrás, que acabó con una sonrisa de suficiencia y un inmediato tuteo, sin duda debido a la falta de madurez que reflejaban mis opiniones.

    ¡Ay, hijita!, qué cosas tienes, como se nota que no sabes nada de la vida.

Este asunto de las minas y el grisú fue sólo el prólogo de la historia que la buena señora había decidido contarme. Quería dejar sentado que su relación con los canarios era tan antigua como ella misma, que a esos pájaros confiaron la vida su padre y sus hermanos y que ella también lo había hecho.

—Y no me ha fallado, mi Lucito ha respondido. Es que mi marido ha querido matarme, ¿sabes? y si no llega a ser por el pájaro lo hubiera conseguido.

Hizo esta afirmación muy tranquila, como si esos intentos homicidas fueran algo natural que se daba por supuesto. En ese punto pasé a atender a la mujer, no porque la creyera sino porque me pareció la suya una locura digna de estudio. Deformación profesional.

—Mi marido no tiene más afán que vender la casa y el huerto para comprar un piso en la ciudad. Yo odio la ciudad, él sabe que nunca consentiré irme a vivir a una calle ruidosa, con vecinos por todos lados. A mí me gusta mi pueblo, mis árboles, la balsa…Yo ya le he dicho que se vaya donde quiera y que me deje tranquila, pero sin dinero no puede, claro. Es por eso que ha intentado matarme. La primera vez fue cuando discutimos: yo decía –no firmo- y él –tienes que firmar-; en estas empezó a apretarme el cuello y  yo, con la  mano en alto  seguí diciendo que no, me soltó cuando vio que me  ponía azul, se ve que le faltó valor.

    ¿Y después de eso se quedó con él en la casa?

             — No iba a marcharme. Eso, precisamente, era lo que él quería. Esta vez se ha esmerado en los detalles. Pero no contaba con Lucito…

Quise poner cara de póquer para que viera que no la creía, pero ella siguió. Tal vez, me dije, estoy contribuyendo a una buena terapia, a medida que hable irá quedando claro que padece algún tipo de esquizofrenia.

    ¿Qué  hizo Lucito?

            — Mi marido lo preparó todo, puso burletes adhesivos alrededor de los marcos de las puertas y las ventanas, para que no entrara el frío –dijo- ; también  selló los goznes  con tiras de papel; pero eso lo vi después. Yo  me echaba la siesta, hace treinta años que a esa hora doy mi cabezadita. Me despertó un piar muy raro, cuando miré a Lucito estaba caído en el fondo de la jaula, estirado como un apio y piando si tenía qué, ¿tú crees que eso es normal?, un canario medio asfixiado no canta, se echa a morir. Enseguida  pensé que era el gas, aunque oler no se olí nada; abrí corriendo la puerta y saqué la jaula, el animalito empezó a respirar como los ahogados, yo misma tosía que no tenía fin. Cuando nos recuperamos pude darme cuenta de la jugada, entonces vi la cinta adhesiva sobre las bisagras y el gas abierto…Si no llega a ser por el aviso del canario a estas horas ya estaríamos los dos bajo tierra y la casa y el huerto puestos en venta.

—Pero usted debió denunciarlo por intento de asesinato.

— ¡Qué tontería, hija! Quien va a culpar a un hombre que arregla sus ventanas para que no entre el aíre…las otras tiras que podrían comprometerle ya las habría quitado después. No, yo sé muy bien lo que tengo que hacer para defenderme.

Lo que vino a continuación me pareció increíble al principio, luego un extravío  debido a  los  años y después…ya no supe que pensar.

 Resultó que mi vecina de asiento, que tenía el aspecto más inofensivo del mundo, tuvo el cuajo de esperar a su marido tomando el fresco en la terraza al lado del canario. Se partió de la risa al ver su cara de susto y el tartamudeo con que le habló al verla allí, tan tranquila. Luego le dijo que había pensado pasar unos días casa de su hermana, que andaba un poco pachucha; iba a  coger el tren de las siete, le dejaba la cena en el horno.

—Él tenía  la cara desencajada y deseando perderme de vista se metió en la casa y cerró la puerta. La verdad es que empezaba a hacer fresco.

— ¿Y eso es todo?, intenta matarla y usted le deja la casa y el huerto y se va con su hermana…

La anciana me miró como si yo fuera un caso desesperado de estupidez y muy despacio, debido sin duda a mi cortedad de entendederas, se explicó de nuevo.

—Mira, niña: cuando yo me fui las ventanas estaban tal y como él las dejó, cubiertas todas las rendijas con papel adhesivo, el canario estaba conmigo y el gas…bueno, yo lo dejé como estaba. Mi marido a esa hora se sienta ante el televisor y allí se queda adormilado hasta la cena.

Le hice ver que primero de todo habría desprecintado las ventanas pero su respuesta volvió a poner de relieve mi falta de juicio.

               En la media hora larga que estuve allí sentada no salió a buscar la escalera, es que está guardada en el cobertizo, ¿sabes? Además ¿te parecería normal que se hubiera puesto a quitar las cintas de los cierres a dos pasos de mí? Es bastante corto de entendederas, pero no tanto, mujer.

    ¿Y usted no cerró el gas?  

               De principio lo pensé y fui a ver como estaba, pero  la llave tenía la rosca pasada, como es tan bruto, se ve que con el afán de abrirla la giró de más. Entonces caí en la cuenta de que no tenía porque cerrarla, ¿acaso la había abierto yo?

    Y dice  que ese gas no huele…

    Nada, no huele nada

    Mire, señora, no sé si creerla, todo esto me parece muy raro

            —Así que te parece mal que huya como un conejo después de que ha querido matarme, pero si te digo que  he tomado mis medidas,  tampoco lo ves bien. ¿Qué hubieras hecho tú?

           —Es qué, según cuenta, ha dejado a su marido metido en la casa, con el gas abierto y todo herméticamente cerrado, y eso señora, es un homicidio.

           —Para nada, hija, lo único que yo he hecho ha sido coger a Lucito y una bolsa con ropa, dejarlo todo como estaba y venirme a visitar a mi hermana.

             —Tal vez, al verla vivita y coleando habrá pensado que usted misma cerró el gas…

—Bueno…es posible… yo qué sé…No voy  a estar dándole vueltas, es cosa suya.  

            —Si su marido muere asfixiado la culparán a usted.

            —Imposible, yo nunca habría podido suturar las ventanas, llegan cerca del techo, se necesita la escalera larga, yo hace años que no subo peldaños, tengo una artrosis terrible.

Lo que añadió luego me dejó estupefacta, ¿era cínica? ¿se reía de mí? o es que creía  sus propias historias…

            —Lo más normal es que se haya suicidado, con la rabieta que cogió por lo de la casa, no te extrañe que quisiera quitarse de en medio.

            —Me está liando, señora, ¿no fue usted la que se marchó dejando el gas abierto?

            —Pero mira que eres pesada, ¿acaso lo había abierto yo?, ¿tengo que ir detrás, arreglando sus entuertos?  No me quedaría otra.

Guardó un silencio digno, parecía enfadada por mis acusaciones. El tren empezó a reducir velocidad, llegaba a una estación. La mujer cerró la sombrerera, cogió su bolsa y se despidió.

                Bueno, hija, yo me bajo aquí, que tengas buen viaje.

Me quedé mirando a la dama que caminaba pasillo adelante, sujetando contra el pecho la sombrerera. Cerré un momento los ojos, ¿y si lo había soñado todo? Me levanté para comprobarlo: ahí estaba, bajando trabajosamente el estribo del vagón, un par de manos se tendieron para ayudarle, se la veía tan débil, tan indefensa… La seguí con la vista mientras el tren se alejaba, toda su impedimenta se balanceaban con su andar inseguro. Era real. Lo que no podía serlo era la historia  que me había contado. Seguramente la buena mujer tendría manía persecutoria y se creía acosada por el marido, que a estas horas estaría tranquilo, descansando de sus neuras. De todos modos no dejé de anotar el nombre de la estación en que subió la dama con el sombrerito, la pluma y el canario. Simple curiosidad.

Toda la semana estuve repasando las páginas de sucesos del periódico y justamente el sábado, cuando empezaba a bajar la guardia apareció esta noticia.

Colmenar Nuevo. Un anciano ha sido hallado muerto en el interior de su vivienda, al parecer asfixiado por emanaciones de gas. Se avanza la hipótesis del suicidio, ya que todas las aberturas de la casa estaban selladas con papel adherente.  Según el informe forense el fallecimiento debió tener lugar al menos cuatro días atrás.
          

Si alguna vez vas en el tren, y se sienta a tu lado  una dama de edad, portando sombrero y canario, no intentes hacerte la dormida, bájate en marcha.



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Participantes

bobdylan:

Je, je, me hizo sonreír tu historia. Es de un humor tan absurdo que perfectamente podría haberla firmado el mismísimo Miguel Mihura.

Te deseo suerte en el concurso.


carla:

Gracias bobdylan, menudo elogio el tuyo ¡el humor de Mihura! ya me gustaría


Julio:

La concepción es brillante, digna de Hitchcock, y el estilo es impecable. ¿Te llevas bien con tu marido? Si yo fuera él me iría a pasar unos días con mi hermana.

Gracias por escribir. Julio.


Ana:

Adelante, sigue llena de vida, que nos da vida a los demas.


Delgadina:

Muy gracioso, vienen bien relatos como este para aliviar la tensión de participar en este certamen.
El texto atrapa desde el principio y mantiene la tensión hasta el final.

Te deseo mucha suerte.


carla:

Gracias Delgadina, comentarios como el tuyo ya son un premio.


libélula:

Estupendo relato, es gracioso y te engancha. Te han comparado con Mihura y con Hithcock yo te comparo con Agata Crhistie; ¿no te quejarás? al parecer a todos nos ha gustado. Vuelan mis votos.


carla:

Querida Libélula: me estaís subiendo la moral a las nubes, yo sé que no es para tanto pero me encanta creerlo un ratito.


NEPC-64:

Muy bueno! yo también he pasado un buen rato leyendo tu relato Carla. Gracias.


wu wei:

ME HA GUSTADO MUCHO EL PRINCIPIO DEL RELATO. QUIZÁ POR LO BIEN QUE DEFINES EL GUSTO QUE DA OLVIDARSE DE TODO MIENTRAS SE MIRA POR LA VENTANA DE UN TREN. EL RESTO TAMBIÉN ESTÁ BIEN, PERO SIENDO SINCERO Y UN POCO TIQUISMIQUIS, CREO QUE LE FALTA RITMO Y FLUIDEZ.
EN CUALQUIER CASO, HE DISFRUTADO LEYENDO TU RELATO.
ENHORABUENA Y SUERTE.


bobdylan:

Felicidades por tu seleccion como finalista.


Norma Jean:

Enhorabuena por estar entre las finalistas. Reconozco que acabo de leerme tu relato (es omplicado sacar tiempo de la rutina para estos menesteres)y me ha dejado un gustillo dulzón, una sonrisilla pícara. Mchísima suerte.


Perséfone:

Se agradecen esas notas de humor tan bien puestas. Felicidades y suerte en el fallo.


carla:

bobdylan, norma, peeséfone… gracias por vuestra felicitación.Os deseo suerte, en esta última selección y en todos los certamenes a los que, seguro, vais a ir.
De mi parte, ya estoy contenta con haber llegado aquí. Un saludo


Delgadina:

Enhorabuena Carla!

Ya te dejé antes un comentario sobre tu relato, ahora sólo desearte suerte y espero verte por Murcia.


son de mar:

Enhorabuena por el relato y x ser finalista, lo he leído ahora y me ha encantado.Suerte!!


DuVeRaL:

Puff,muy bueno el relato, ya te lo han dicho todos. Has creado una muy buena historia de una situación muy original.Un lujo competir con relatos como estos.Suerte!


libélula:

Carla, no te creias nuestros comentarios, pero ahí está la selección. Muchas Felicidades.


Mariela:

Muy bueno


Justo Infante:

Carla, enhorabuena por tu relato y por tu merecida presencia entre los finalistas… me encantó compartir un estupendo rato con tu canario. Un abrazo.


carla:

Duveral, Justo Infante, Mariela….muchas gracias a todos, no creía que mi canario tuviera tanto exito. Nos vemos esta noche


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