V Certamen de narrativa breve - Canal #Literatura

Noticias del III Certamen

12 dUTC abril dUTC 2008

158- La tarea de filosofía. Por Argosgulto

…y, una vez allí, tirar
hacia atrás del prepucio
de la automática
y luego, gozar el orgasmo
de su gatillo al ser apretado:

Lolita,

Vladimir Nabokov 

A Camelia y a Cervantes por dejar
intactos los molinos.
 

Aquellos discutieron en la clase. No existen dos conciencias, que uno es una sola y a veces carcomida. Vete enterando. Él decía, sin embargo, que uno es múltiple y sacó además, de su bolsillo derecho, una cantidad conservadora y reaccionaria de ejemplos bien pulidos, sin la más mínima muestra de caries. Ella, con otro sin embargo, el sin embargo número dos, tenía un amuleto colmado de infinitas situaciones opuestas y mucho más sedentarias, es decir, más gordas.

    Por supuesto, ella ganó en cantidad y eso es lo que importa, ¡al diablo las conciencias!, gritaron, y cada uno conservó la suya, metida en la carpeta o en el bolsillo, jugando con ella dentro de la boca colgada de una cadenita, escondida en las medias para que nadie se la robara, o como Sebastián, quien les habla -diáfano animal-, que últimamente siempre ando con la mía bajo el brazo. Sólo por pura cobardía, para tenerla a mano por si acaso ¡Qué rima!

    Entonces, me pregunto, si al final de la clase, ella tuvo razón y la conciencia es una, indivisible, a pesar de que pueda ser insoportable, y yo me levanté temprano con un bostezo alegre, he desayunado bien el desayuno de siempre: un pan duro y tostado, un vaso de agua con azúcar, y para dar ese toque de cubanía que tanto me gusta dar a los rituales, una tacita del potaje de anoche. Después mientras chiflaba, me vestía, haciendo prioridad el matinal silbido, sin preocuparme de que el pantalón que llevo puesto es verde olivo, el pulóver rojo crimen y los tenis, amarillo hepático ¡Es lo que está de moda!

    He puesto las libretas en el portafolio y he salido, chiflando todavía; salté los escalones, satisfecho como un niño hasta el primer piso. Desde el 19.

    Abajo saludé a todos. Todos me saludaron, incluso, los que aún dormían. Hasta Celtón, que ladra indiscriminadamente con sus colmillos de bestia, se abandonó a mi mano, aullando después para coger el ritmo a lo que yo silbaba. Y cuando llegué a la parada -no había casi nadie- me faltaba por rasgar un estribillo -Oda a la alegría, una versión en reggeton que tanto me gusta- pero en cuanto pedí el último, aterriza la guagua, con asientos vacíos, sin papeles en el piso, ni olor a baño de Terminal en la última puerta, incluso, sentado allá atrás, pude tararear las notas pendientes. Y como la mañana era adorablemente limpia, saco el libro de filosofía para aprenderme bien la tarea, no vaya a ser que el profe… entonces sube aquel individuo. Acomodándose en un asiento que lo hace quedar de frente a mí, y no deja de vacilarme. No le da la gana. Y aunque soy negro, de los que no le gusta a ningún hombre del sistema solar -así lo creía-, esa mirada sensual me acalambró el ego, después cogió un poquito de fiebre y se ha mantenido alto durante todo el día, hasta tal punto, que la mañana dejó de ser adorablemente limpia de un momento a otro, y se volvió increíblemente bonita.

    También olvidé que hace un año, mi novia se fue para Burundi, a pesar de que en Cuba no nos faltaba nada, y quedamos visiblemente enamorados en cada una de las fotos que nos tiramos de despedida. Pero el tipo tenía esa propiedad que sólo había visto en las mulatas, las negras y en la bebida: Hacer polvo el pasado. Así mientras pasaba de estar alegre a ser feliz, él me observaba con ojos sedientos, como si supiera el efecto epicúreo de su mirada, el mismo efecto que dicen, produce el Viagra. Quizá era una costumbre.

    No tuve más remedio que guardar el libro, escapar por la ventana y percatarme, con una sola conciencia, aunque la arrullara bajo el brazo, de que era una mañana increíblemente bonita y que yo, Sebastián, quien les habla -esbelto animal-, soy un negro increíblemente sabroso. Cosa que siempre he imaginado pero el que un hombre me observara como aquel lo estuvo haciendo, ayudaba a potenciar mi autoestima que ahora se levantaba y se paraba frente a la puerta porque teníamos que bajar, mi ego, mi conciencia, y yo.

    Caminé dos cuadras en línea recta. Me llamó la atención el precio exorbitante de algunos libros, la sonrisa amable y sincera de la dependienta que me despachó las pastillas en la farmacia, los panes con croqueta en una cafetería, y pude comprobar, en una vidriera espejada, que aún tenía el yo por las nubes. Doblé a la izquierda dos cuadras más. Una señora entrada en años pero bien conservada, de esas que han inspirado a hombres como Ricardo Arjona, Juan Formell y Pancho Céspedes, hizo que mi ego dejara de conformarse en la quimera de las nubes, y se volviera un ego extraterrestre, astral.

    Llegué al instituto con una sonrisa de empleado de farmacia. Saludé a los del curso en cuanto estuve dentro del aula. Algunos notaron mi júbilo, otros, envidiaron esa felicidad al ver que no menguaba siquiera en el tercer turno, el de Matemáticas, la abstracta incurable. La incomprendida.

    En el receso invité a Cary, la del cuerpo arrogante y que nadie soporta por su bobería importada, rayana en la idiotez, a comernos una tortica, un pan con mayonesa y un vaso de refresco.

    Hablamos sobre ella, lo duro que está el pan desde hace quince años y sobre el documental que pusieron anoche, en el cual explicaron, que la mariposa Emperador, hembra, detecta al macho a una distancia de 11 kilómetros. Por suerte no lo había visto y sorprendida hasta tal punto, me confesó lo del despiste suyo. Un mecanismo de defensa para caer pedante y los machos no la detectaran, pues con este cuerpo soberbio y voluptuoso, se me acercan nada más para el descaro. Por tal motivo se encierra en su crisálida de ingenuidad ficticia. Sabe muy bien lo pedante que cae, pero al menos logra espantarlos, y los mantiene a 11 kilómetros de distancia.  A raya.

    Aproveché que reímos con la parábola, le hablé sobre mi soledad, pero solos, y ya en desacato con el profesor de Filosofía, apenas me atreví a sugerir el teatro, a ver La puta respetuosa, de Jean-Paul Sartre.

    Cary volvió a sorprenderse, no sé si por el atrevimiento matemático o geométrico de borrar la raya, el descaro de haber hablado de la emigración de mi novia y después invitarla, o de que me hubiera comportado como la mariposa Emperador, hembra, y con 11 kilómetros de rodeo, la hubiera cortejado. Además, con aquella sonrisa todavía en los labios, tirándole encima esa aparente felicidad y los 93 kilogramos de mi ego.

    No respondió, entramos.

    El profesor nos miró por debajo de mi ego inalcanzable, o sea, una pulgada por encima de sus ya nutridas nalgas. Ella se sienta en el centro, al lado del oriental que guarda el dinero en la media. Yo al final del aula, pegado a la ventana.

    Cary no había hecho la tarea. El profe le dio un pato, así llama cariñosamente los 2 que anota en el registro. Por supuesto, a Sebastián, quien les habla -sabio animal-, no le quedó más remedio que lucirse cuando se la preguntaron. La vi observar, su espalda fértil y el cuello volteados mientras yo, repito, sabio animal, con aire de quien sabe leer el futuro, lancé sobre el mantel del aula, como pequeños huesos agoreros, todas y cada una de las formas de la conciencia social. Como si las sacara al sol para calentarse y disfrutaran -rebaño al fin-, ellas también, de un día increíblemente bonito. Como lagartos amaestrados.

     Al escuchar la nota máxima y sentarme, cayó en mis manos el primer papelito, una franquicia de plomo, podemos ir a ver La puta cariñosa. Ahí fue cuando mi ego, a lo Corín Tellado, miró por la ventana y el día se convirtió en mariposa, en susurro, en unas fotos destrozadas por despecho, en libro caro y en croqueta. Mi ego, se había multiplicado.

    El profesor al verme distraído por allá, por la ventana, me hizo una pregunta de doble sentido para cogerme de atrás para alante. Y no fui traicionado: ahí tiene su respuesta.

    Otro 5, otro cuello fértil y espalda volteados. Entonces aprovechó y le lanzó a ella una píldora difícil.  Tampoco pudo contestar. El lago de los cisnes.

    La pasó a otro y a otro y se empezaron a desdoblar las conciencias, a multiplicarse -a mala hora-, a adquirir tonalidad de discusión y debate psicológico. Y presagio. Porque Alberto, sentado alante, a la derecha, con sus manos metidas en los bolsillos, no lograba explicarse, no podía, con tan sólo una conciencia, a los asesinos múltiples, a los comunistas pederastas, ni tampoco a los tiranos buenos padres, o a los hipocondríacos. Ni siquiera el adulterio -especificó el caso de las engañadoras.

    -¡Pero es una sola con-cien-cia! -gritó, la obesa Alba el sin embargo número dos, mordisqueando un amuleto que colgaba en su escote, sentada alante, a la izquierda-. En un único recipiente -dulcificó su voz-, lo que sim-ple-men-te se comporta como el agua, por donde haya un espacio, se filtra, -escupió el amuleto- y si es muy reducido, sale a presión.

    Con esto y un montón de ejemplos, aplauden la parábola; prefirieron quedarse con una sola conciencia: Es menos arriesgado. Y el tarrú de Alberto, asintió ensimismado, -¡qué rima!

    Ahí cayó sobre mi portañuela el segundo papelito, olvida a La puta obsequiosa.

    El timbre me salvó de que se fueran volando por la ventana, como mariposas, a lo Stephen King, despavoridas, todo el enjambre de egos que me acompañaba.

    Estando ya de regreso, quedaban muchas libras de sonrisa en mi rostro dentro de la guagua repleta, con una pareja atornillada frente a mí que, aunque se besaron muy enroscados, ella aprovechó para vacilarme encubierta, sorteando la lengua del novio. Con la misma intensidad del epicúreo. Entrando así por la ventana, sudorosas, sin ningún despecho, algunas de las butterfly que había extraviado al final de la clase.

    Cuando bajé todavía me observaba, con la lengua dentro de él y su rabillo del ojo fuera del ómnibus.

    Subí chiflando el himno hasta mi piso, el 19, -desde el primero- como si el elevador no hubiera estado roto y esto sólo fuera una elección viril, sin maldiciones. He entrado. Mamá no estaba y puse la música a todo meter, olvidándome de los vecinos que me saludaron, los que aún podrían estar durmiendo o los hiperacústicos. Fui hasta el balcón y me asomé. La brisa comenzó a balancearme al empinar el cuerpo bien para observar la mayor cantidad posible de techos de la Habana. Como no podía verlos todos, entré.

    Entonces me pregunto, si delante del espejo con el vaso en la mano hace apenas media hora, quedaban en mi rostro todavía, varias toneladas de ese frenesí: llené el vaso de agua ahí mismo en la pila del baño: he ido hasta mi cuarto: saqué del portafolio el frasco de pastillas: lo miré sonriente durante cinco minutos, después me lo he empinado hasta vaciarlo, echándole encima el H2O para que se derritieran: me acosté apaciblemente: y veo a mamá ahora, difusa, desdoblada, histérica -pobre animal-: gritando tan lejos con una mueca enorme: el frasco de diazepán apretado con rabia contra su pecho como si una de sus conciencias pretendiera envenenarla pero a una distancia tan enorme que ni aunque yo fuera una mariposa Emperador, hembra, pudiera socorrerla.



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Participantes

Luis Alfredo Vaillant:

La realidad, está ahí, imperceptible a veces. Y sin darnos cuenta, decanta nuestras tristezas y alegrías, luego, maestra al fin, nos da un saldo, el peso de lo que hacemos, la triste voluntad de lo que nos rodea, y nos dice, estás solo. Y el peso de esa soledad, nos vuelve ermitaños, íconos de todas las ambiguedades. Y esa misma ambiguedad, muchas veces, nos obsequia el suicidio.


Elio Lugo Hernández:

Ah, quien no la ha sentido a veces. Esa necesidad de dejarlo todo, encontrar una veta, un pequeño filón donde escodernos.
El relato, es sólo un reflejo, quizá de los mismos sentimientos del autor, que no es otra cosa que un voto unánime, impotente, y que se filtra desde todas las aristas de nuestra existencia.
Muy sobrio el relato, sin picos, para recrear esa atmósfera que el protagonista necesita y vive, ese entorno que le suplica, que lo conduce al máximo de los fracasos, atentar contra nuestra vida.
Muy bonito el relato, bien contado, bien triste en su significado. Elogios para el autor. Y éxitos.


camelia:

Muy triste cuando parece que uno rebosa de felicidad en algunas ocasiones es mentira.El texto te arrastra, te pasa de la alegria a la pena, como al fin y al cabo es la vida.Te dejas llevar, a veces lo tienes todo y sin embargo no eres feliz.O quiza sea un agotamiento por la lucha, por la incomprension, lo que induce a algunas personas a poner fin a su vida, porque al fin y al cabo es suya. Es triste muy triste.


mar:

Madre mia¡¡
Que es un relato triste lo es,que es un relato contado desde lo mas enredoso,es ,un ir i venir a un momento a una situación a unos recuerdos que se entremezclan y pueden llegar a distraer o a confundir para ,al final acabar en la solemnidad del descanso.Bien debe ser la firma del autor conseguir toda la atención en este caso es así.


Muchu:

He vivdo como Sebastian situaciones de las que pensamos no tener la solucion, no creo en e l suicidio ni como solucion ni como via de escape a los problemas sinembargo para ello se necesita un valor sobre natural o una cobardia extrema en cualquier caso es el suicida tiene su merito, gracias al autor por regalarnos tan triste realidad.


Malvarrosa:

Está muy bien escrito, se advierte facilmente que está hecho por un cubano por algunas de las palabras y expresiones que en España se dicen de otra forma, pero no acabo de asimilarlo. Ya sabes q mi estilo es muy diferente al tuyo, soy más coloquial, por lo tanto no me veo capacitada para dejarte una opinión adecuada.
Solo agregar que se nota que eres un buen profesional de la pluma y lo mucho que vales como escritor y persona.


marc:

La vida nos da cincuenta mil razones para vivir y una para morir, aqui demuestras que una razon es suficiente para no seguir luchando y abandonar.
Es asi mas o menos como yo interpreto el texto que has escrito con tanta delicadeza y sinceridad.

Felicidades Argosgulto


boris:

Suicidio es una palabra incomoda, desagradable, tanto que hay que dar muchos rodeos para poder hablar sobre ella. Es una realidad que esta ahi y sobre todo de la que hay que hablar y analizar.

Gracias por plasmarlo con tanta sencillez y felicidades es un cuento genial.


miriam:

La vida y las razones para vivirla siempre son y seran una sopresa para todo ser humano.
Puedes darle un impulso positivo o uno negativo.

Has tratado de plasmarlo casi sin drama, agradeci da por haber mantenido mi interes hasta el final del relato.

Simplemente gracias


mercedes:

Permiteme felicitarte , es un relato sumamente entendible , no deja de mantenerte interesado por saber cual es el final .

Muchas son las razones que nos permite gozar de la vida , pero tambien hay otras que no te dejan mas que el camino libre a una derrota .

Eres un gran profesional ,te deseo un gran futuro como escritor.


wen:

Todos experimentamos el vertigo de la vida en alguna ocasion, ese no saber quien eres, ni donde estas, ni que hacer,ni como obrar.
Sobre todo en la etapa de la adolescencia.
Un escrito dramatico en tono de humor diria yo, pero muy bien conseguido el efecto.

Felicidades


Maikel Paneque:

Este cuento, su textura. la forma en que el autor nos lleva de la mano, nos inunda de alegría, y después, nos hunde más allá de los abismos.
Me parece bueno, bien guiado, los detalles que parecen irrelevantes, las explicaciones que parecen didáctias, se convierten en apoyatura y justificación a la historia, quenos envuelve en la apariencia, y por fin -polvo somos-, nos suicida.
Me ha gustado. Me ha gustado, gracias argosgulto. Un abrazo.


Erick Mota:

Es un buen cuento me ha gustado, el mismo tema manido dle suicidio, pero con un buen tratamiento, no sólo se suicida el personaje, sino también la historia nos lleva hacia esa posición. gracias al autor.


Ruben Leon Acosta:

Hoy en dia no me gusta opinar mucho, creo que jusgamos demasiado. Las cosas tienen que alterar de manera ostensible el monologo que es mi vida que ya es bastante y se va de prisa y, ademas tienen que rasgarme este pellejo duro y cinico que me viste de hombre. Pero apenas lo soy, soy una burbuja pretendiendo flotar dentro de un magma de convencionalismos, atrapados, estamos todos. Cual es la solucion? El escapismo? Para apretar el gatillo del adios eterno hay que ser ambivalente, cobarde y valiente. Digno de una salida decorosa y limpia, o sucia, de kamikaze con bombas atadas al cuerpo alla va el hombre vestido de incertidumbres para dejar atras este mundo convertido en chatarra y miseria humana. Hay que vivir atormentado hasta el tuetano que muchos lo estan. Apuesto a que todos lo hemos vivido, pero no todos hemos optado por dejar atras la esperanza. Me ha atrapado y me ha hecho pensar despues de tantos suenos, pues no esperaba el punch de ese final a lo almodovar, y me ha recordado a David Mamet en su teatro y sus peliculas, uno sabe como se acuesta pero nunca como se va a levantar. Excelente manera de hacernos ver cuan fragil somos. Magnifica forma de contar la vida.


Michel Trujillo:

Muy triste, muy sobrio, pensé que no me gustaría, que había exceso de didactismo, que el autor una vez más había alzado su ego para aleccionarnos y se olvidaría de la historia, pero no, la historia queda intacta, por eso recurre, por eso nos demora, nos alarga el hecho de que sucumbamos. Como ya dije, muy sobrio, muy triste. Me ha gustado. Saludos al escritor.


Yali:

Es el mejor cuento de los que me he leído, sin lirismo supérfluo, sólo dando la realidad, con la intensidad que necesita. Un abrazo para el autor. Muy buen cuento.


Esteban Chartran:

Este cuento me parece bueno, casi todos hemos pasado por un momento de extrema soledad, y a pesar de que no lo aparentamos, nos duele. El cuento me ha gustado, no sólo porque he pasado por eso, sino además porque está bien contado.
Buen tino del autor.


Ana:

El relato es genial, su narrativa agil de leer, que te va introduciendo en una realidad, meridiana donde es muy dificil salir, hasta llegar a la muerte tragica, tiene todos los componentes para hacerte pensar, felicidades al autor por su acierto.Esperando pronto su nueva creación.


Mª José:

Felicidades para el autor, es un relato muy entretenido teniéndome muy intrigada hasta el final,es genial,por desgracias son situaciones y sentimientos muy frecuentes en las personas. Te deseo un gran éxito.


Diógenes:

Hola,

Me ha gustado, sobre todo las métaforas y giros retóricos de algunas frases. La historia no tanto, no tiene nada de especial, es más el cómo que el qué. Creo que le falta algún gancho inicial, pero después te lleva de la mano por ese mundo multiplicado. Pienso que no es muy entendible y ameno, estas no son sus cualidades, son otras, también igual de valiosas. En fin, te voto y suerte en el certamen.


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