V Certamen de narrativa breve - Canal #Literatura

Noticias del III Certamen

4 abril - 2008

93- DE PROFESION ESPIA. Por Erlantz Gamboa

Oficina de la C.I.A., Langley, Virginia, 2:15 de la tarde de un jueves. El jefe estaba dormitando en su sillón giratorio, con los residuos de una pizza ante él. Le despertó la voz aflautada de su secretaria, por el intercomunicador, cogió el auricular de mala gana, escuchó un momento y dijo:
-Que pase.
Entró un hombre con una gabardina marrón, con las solapas subidas tapándole parte del rostro; un sombrero hasta las cejas, que encubrían gafas negras, y un maletín en la mano izquierda, sujeto a la muñeca derecha con una cadena. Se detuvo en el umbral, miró hacia todos los lados, se acercó al escritorio del jefe, revisó bajo la silla y levantó el borde de la alfombra. Luego, en un susurro, dijo:
-Soy espía.
-Sí, como todos. ¿Es usted de los nuestros o de la competencia?
-Soy agente libre. Trabajo medio tiempo en esto, y el resto me dedico a la venta de seguros.
-Si lo que busca es empleo, ha acudido al lugar equivocado. Estamos por cerrar de un momento a otro. Si le he recibido, es porque me lo ha pedido el director. ¿Es usted de su familia?
-No, pero mi esposa es hermana de su jardinero.
-No me gustan los recomendados, pero haré una excepción con usted. ¿Qué ofrece? Imagino que vende algo. Si es un seguro de vida, ya tengo uno, aunque me lo van a cancelar en cuanto se cierre la compañía. Y tiene cobertura dental –puntualizó, con hondo pesar.
-Luego hablamos de eso – miró su reloj de pulsera-. Comienzo en lo de los seguros a las tres. No lo va a creer, pero tengo los planos del avión invisible ruso.
-¿No me diga?- el jefe demostró incredulidad.
-Una ganga. Se los vendo por 25,000.
-¿Tan baratos? – soltó una carcajada-. ¿Los ha bajado de Internet? Los venden en las tiendas de video-juegos por 35 dólares. ¿Tiene la versión en inglés o le han vendido la rusa? ÉSta tiene algunos errores en el fuselaje, y la regalan por tres etiquetas de detergente, o cuatro de sopa instantánea.
El espía se acomodó el cuello de la gabardina. Le daba calor, y cierto picor en las orejas.  Decidió bajar las solapas.
-El cañón iraquí – musitó-, el que se puede llevar escondido en el reloj.
-No funciona. Nos lo vendió un japonés hace dos meses, y no hemos sido capaces de disparar una sola bala. Y el reloj es una baratija de Taiwan. Atrasa tres minutos al día.
El espía puso el maletín sobre la mesa. Para abrirlo, la cadena le impedía sacar la llave del bolsillo derecho, y le estorbaba la gabardina para hacerlo con la mano izquierda.   
-¿Me ayuda?- pidió-. Tengo la llave en este bolsillo.
El jefe, de mala gana, rodeó el escritorio, para extraer la llave del bolsillo indicado. La puso en la mano extendida del hombre.
-He estado buscando una gabardina como esa- le dijo-, sin éxito. ¿No me la vende? Me gustaría tenerla para las fiestas de fin de año.
-No, no la vendo. Me la regaló mi padre, que trabajaba para la K.G.B. Lo del espionaje me viene de herencia. Mi hermana anda de Mata Hari por las noches.
-¿Y a quién espía?
-Todavía a nadie. Está entrenándose en un cabaret. Gana unos doscientos dólares cada noche, y eso que no ha conseguido información.
El jefe acarició la tela de la gabardina, hizo un gesto de aprobación, y comentó:
-Antes sí hacían buenas gabardinas para espías. Ahora, en cambio, ya nos ve – se lamentó el jefe, regresando a su sillón-, usando corbatas coreanas.
-Le voy a mostrar algo que le dejará boquiabierto. Y tiene un precio ridículo.
El espía logró zafarse de la cadena, luego se quitó la gabardina, que colocó en otra silla. Con esfuerzo abrió el maletín, y lo giró hacia su interlocutor.
-Lo último en armas químicas, la RS-32 – dijo, mostrando un tubo de pasta dentífrica-. Una porción como ésta, y el genocidio está servido. Los chinos me pagarían una fortuna.
-No lo creo – refutó el jefe, bostezando-. Se la vendimos hace unas semanas, y nos quieren demandar. La probaron, y lo único para lo que sirve es para estimular el apetito. Imagínese mil millones de chinos con ganas de merendar. Seguramente usted se la ha comprado a Charly Stone.
-¿Cómo lo ha adivinado?
-Es que está asociado con una empresa de emparedados sintéticos, y quiere exportarlos a China. ¿No sabe que se retiró del espionaje, y ahora anda en el negocio de comida instantánea? Está usted un poco despistado, amigo mío.
-Es porque trabajo tan sólo medio tiempo.  
El espía se quitó el sombrero y las gafas, y los lanzó a la silla. Luego, con brío, registró el maletín. Sacó un extraño artefacto, con forma de flauta.
-Un desintegrador extraterrestre- anunció-. Encontrado en Madagascar, en un platillo volante que derribó un muchacho de una pedrada. Lanza un poderoso rayo láser. Aumentando el tamaño, es el arma terminal.
-Le regalé uno a mi sobrino, las navidades pasadas. Un fraude. Quiso desintegrar a los gatos de los vecinos, y quemó una toalla de su madre. Es un tanto peligrosa el arma, porque, con ella,  mi hermana le hizo a su hijo un chichón formidable.  ¿Qué más tiene?
-Me temo que poco más. ¿Le interesan las conversaciones secretas entre Bill y Boris, sobre el asunto de Kosovo? – apuntó a una pila de cassettes que había en una esquina del portafolios.
-No. Las estamos vendiendo en el mercado negro de Belgrado, para ver si reunimos para el pasaje de regreso de nuestros espías. Desde el lunes, ya no les enviaremos a espiar al extranjero, por lo caros que están los pasajes.
-¿Y qué van a hacer con ellos?
-Que espíen por correspondencia. Es más barato, y se enteran lo mismo.
El jefe asomó la nariz sobre el maletín del espía, y señaló otras dos cintas que estaban en el otro extremo del maletín.
-¿Y ésas?
-Pura inmundicia. Le dije a mi esposa que las tirase a la basura.
-¿De quién son?
-También del presidente, pero hablando con una amiga.
El jefe se quedó rígido, su semblante mudó de color, y se fue incorporando lentamente, con el dedo fijo en los cassettes.
-¿De… Bill…? – al ver que el espía asentía, continuó-. ¿Con qué amiga?
-La tipa a quienes se tira, una estudiante. Una verdadera indecencia. Mire yo…- se ruborizó- soy un espía decente. Esas cosas no… Lo mío son los planos, la política exterior, la guerra nuclear. Es que estoy chapado a la antigua. ¿Ya le he dicho que mi padre era agente doble?
El jefe no le prestó atención. Rápidamente marcó un número, y, en unos segundos, alzó la voz tanto que no necesitaba teléfono.
-¡Las tengo, jefe, las tengo! Las conversaciones de Bill con ella. ¿Lo que pida? No sé, como un kilo o dos. Si, podemos ofrecerle cinco – miró al espía, y le apuntó con el índice derecho-. ¡No se mueva de ahí!
 -Pero… es que a las tres comienzo con lo de los seguros.
-¡Tómese la tarde libre! Y no haga planes para mañana.
-Mire, amigo, yo no quería, pero me puse a espiar y surgió- arguyó, temeroso, el agente -. Es que… como lo grabo todo. Yo estaba interesado en el tema de Kosovo. Soy un espía serio. A mí qué me importa si él y Mónica… 
-¿Un cheque en blanco?- le preguntó el jefe a su superior-. No, no le dejo salir de aquí hasta llegar a un arreglo. Te esperamos.  
-Yo le dije a mi esposa que tirase esa porquería. Pero a ella le encanta todo lo que sea cotilleo. Y dale con la monserga: llévalas, que verás cómo se interesan. ¿Qué carajo sabe ella lo que es importante o no? Pero se empeñó y…

92- El regreso del cuervo. Por Noah
94-Dedos. Calles. Barrios. Gentes. Por Gregorio Palma


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Participantes

Borceguí:

Aunque los relatos más cotizados son los de melancolía y similares, se agradece uno de humor como éste. Además, con un lenguaje tan real que podría dramatizarse para algún sketch satírico. Suerte.


bobdylan:

Si, resulta cuando menos divertido, lo cual siempre es de agradecer. La pena es que el tema de Bill y Monica ya tiene sus añitos. Imagino que el relato lo escribirías en aquella época.

Te deseo suerte en el certamen.


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