III Certamen de narrativa breve - Canal #Literatura

Noticias del III Certamen

14 dUTC marzo dUTC 2006

69- Ausencia. Por Patricia

Hace frío, la humedad del ambiente y la cercanía del mar dan un aire inhóspito al salón de la casa, el olor a salitre inunda la estancia, el polvo acumulado durante meses en los muebles, me produce un ligero picor en la garganta.
Me dirijo al único cajón cerrado .No importa, sé donde está guardada la llave, (en una caja de madera, azul como el océano); lo abro y por un instante me sumerjo en su mundo, mis ojos cansados observan su interior.
Veo un paquete de caramelos “Halls” de miel y limón, tomo uno y lo saboreo lentamente disfrutando de los recuerdos que en mi mente produce su sabor .
Saco el cajón del buró y lo pongo encima de la mesa .Siento un escalofrío que recorre mi cuerpo, la humedad comienza a penetrar en mis huesos, me va a invadir pronto el alma .
Enciendo la chimenea; observo de pie el amarillo intenso y el crepitar de las primeras llamas, mis pasos lentos me llevan a la cocina, enciendo la radio y espero fumando, a mis oídos llega la música (Light House Family), y mi mente vuela, me despierta de mi ensimismamiento el pitido de la tetera. Vierto el agua hirviendo en la taza y me dirijo al salón: frente al ventanal observo las olas chocar contra las rocas. Una fina capa de lluvia envuelve el día oscureciéndolo.
Cojo su sillón, es inmenso, de piel verde con grandes orejones, caben dos personas perfectamente; cambio su posición dirigiéndolo al fuego intenso y acogedor, me siento en él e inmediatamente noto su arrullo.
Pongo el cajón sobre mis piernas y sigo buscando su huella .Hay una botella de perfume casi vacía, desenrosco el tapón y aspiro profundamente su aroma, vierto unas gotas sobre mis dedos y las aplico detrás del lóbulo de mis orejas, su olor me invade .
Veo un carné de piloto, observo su foto despacio escudriñando su rostro, su pelo rubio, sus ojos azul verdoso que cambian de color según el tiempo, su porte elegante, su distinción .
Mi mirada se alza y me pierdo en el chispear de las llamas .
Pienso en él, arrullada en sus brazos, y sonrío rememorando el pasado .
Como aquella vez que salí en busca de mi amor con solo dieciocho años, me rompieron el corazón .Lo llamé: vino al aeropuerto, con sus ojos entornados me miro intensamente y sólo pronunció una frase en el largo viaje a casa:
-¿Lo has pasado bien?
Mi mano extrae una pequeña figura de jade, es el símbolo Nikko, son tres monjes sabios, no digas ningún mal, no escuches ningún mal, no veas ningún mal .Esa era su máxima, un hombre de pocas palabras y largos silencios; intentó enseñarme…pero ahí fracasó .En el ocaso de la tarde nos zambullíamos en el mundo de la lectura, él con algún libro de ciencia o naturaleza, yo con alguna novela victoriana debajo de mis libros de texto; el silencio entonces sólo era interrumpido por el pasar de las páginas .
También eran una delicia aquellos largos paseos que dábamos por la ciudad envueltos en su murmullo, recorriéndola, perdidos en su magia y misterio, descubriendo la belleza que compartíamos en un éxtasis casi religioso .
Cuando nos mirábamos no hacían falta las palabras, sabíamos perfectamente lo que queríamos decirnos .
Aquel último día al entrar yo en el salón, sus ojos cansados cubiertos de un brillo acuoso se posaron en los míos unos instantes .Me dijeron que no tardaría en partir, que le perdonara, que no desertaba, pero que su camino había finalizado, y que de ahora en adelante, yo debía seguir sola el mío .
Sola, que difícil es seguir el camino sola, y perder un día el bastón que te guía y te protege . Pero así es la vida… un camino largo y difícil compartido a veces en soledad .
Un suspiro escapa de mis labios, vuelvo a enzarzarme en mis pensamientos, dejo el cajón encima de la mesa, miles de imágenes se agolpan en mi mente a toda velocidad, sonrío, lloro y grito.
Me acurruco en el sillón, evocando el pasado me quedo dormida .El profundo silencio sólo es roto por algún tronco al caer, que hace que me mueva y cambie de posición .Se oyen unos pasos por la escalera uno, dos, tres, cuatro…Alguien abre la puerta, sigo ausente en mis recuerdos, entre sueños como si alguien compartiera mi sillón, me abraza, me acaricia el pelo, me da besitos en la oreja, y me susurra al oído:
-Estoy aquí mi niña, estoy aquí.
Me acoplo en su abrazo, sintiéndome otra vez pequeñita, me dejo llevar, volamos hacía el mar embravecido viajando sin rumbo al azar, las olas cubren mi cara de espuma y sal .
Alguien me zarandea el hombro…
-¡Patricia despierta! Hemos tenido que entrar por el balcón, llevamos una hora llamando a la puerta ¿Te encuentras mal? ¡Estas completamente empapada!
Paso la mano por mi cara, mi rostro esta húmedo, saboreo con mi lengua la palma de mi mano, sabe a sal .Mientras paladeo, a mis oídos llega la letra de una canción…
Volveré entre las olas del mar, cuando estés entre el sol y la arena…
Miro por la ventana el horizonte, sus grandes ojos azules forman el infinito y una alargada nube blanca vuelve a sumergirme en la sonrisa abierta de mi padre .