III Certamen de narrativa breve - Canal #Literatura

Noticias del III Certamen

21 dUTC marzo dUTC 2006

124- Mente oscura, amor a la familia. Por Conde de Lemos.

El único camarote del barco parecía estar hirviendo, las centenares de exhalaciones habían cargado el aire de un aroma poco saludable.Siendo él, tan caluroso se sentó en su lecho y tanteó con cuidado el metálico piso, sin ver, buscando sus pantuflas en medio de la oscuridad. Aún desperezándose se dirigió hacia las escaleras que conducían a la cubierta. Subió con cuidado peldaño a peldaño y cuando se hubo en la cima, abrió la puerta de golpe, y la brisa fría del nocturno mediterráneo chocó contra él, renovándolo con un frescor exquisito y sublime.
Parado y apoyado en la baranda del barco pensaba en el reencuentro con los suyos, después de tan largo tiempo, mientras miraba reflejada la enorme luna en el penumbroso mar. De seguro estarán esperándome ansiosos, pensaba con nostalgia Andrés, por que ese era el nombre de aquel joven viajero. Cuando les muestre los regalos que les estoy llevando, quedaran fascinados.- se decía con una sonrisa soñadora, mirando al horizonte -. Unos vasos de cristal Siciliano para mi madre, en color ámbar, un terno para mi padre que le compré a un sastre parisino, para mi abuelo un bastón de roble suizo con empuñadura de plata y para la pequeña Lizi un vestido con los encajes belgas que tanto le gustan. Pronto el frío empezó a ser más fuerte y el joven decidió que era hora de volver a su cama.
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Al día siguiente, uno de los marinos lo despertó con algo de violencia.
– ¿Qué sucede ?- dijo el joven molesto -¿Por qué interrumpes mi sueño de esa manera?
– El capitán quiere a todos en cubierta – respondió torpemente el marino.
Al instante Andrés se percató de que todos estaban subiendo a la cubierta con mucha prisa.
– Y… ¿cuál es el motivo? – preguntó ya más tranquilo el joven.
– ¡Se ha cometido un asesinato a solo 2 camas de donde usted duerme!- explicó con nerviosismo.
El joven quedo horrorizado y al subir se enteró que el pobre infeliz, había sido atacado de noche y con un arma contundente que le destrozó el cráneo y le desfiguró la cara. Pero, qué mente macabra podría haber hecho algo así, se preguntaba a si mismo con un gran temor. Ayer en la noche salí del camarote y no vi nada, tal vez en ese lapso ocurrieron las cosas, y qué raro que nadie haya oído nada. Pero cuál fue la razón, …ese hombre… ahora que lo pienso, creo conocerlo. Entonces el joven le preguntó a uno de los habitantes del camarote:
– Disculpe… ¿sabe cuál era el nombre de la víctima?
– Si, era el italiano Francesco Fiore
Al joven se le iluminó la mente. Claro era aquel hombre tan soberbio que me despidió injustamente del empleo que tenía, cuando vivía en Milán, – por un momento el joven frunció el ceño con mucha fuerza, pero luego, su molestia pasó-, con ese carácter no se me haría extraño que ese hombre tuviera más de un enemigo. Cuando le comente esto a mi querida familia, quedarán pasmados de la impresión. Ansío tanto llegar de una buena vez a América y reencontrarme con todos mi seres queridos. El joven pasó de las reflexiones crudas y poco agradables, a los sueños y la nostalgia producidas por el recuerdo de su amada parentela. De repente las bocinas del barco vibraron al salir de ellas la abaritonada voz del capitán, que dijo:
– Estimados tripulantes, ya es saber de todos lo que a sucedido en el navío. El asesinato de un hombre se a perpetrado y mi obligación como capitán de este barco es averiguar quién ha sido el culpable, a toda costa. Por esta razón, he tomado la decisión de encargar a los marinos que revisen las pertenencias de todos los que abordan este barco, en busca de alguna evidencia. Todos deben de estar presentes en la revisión de sus respectivos equipajes, la cual se efectuará en estos precisos momentos. Espero su colaboración y comprensión. Gracias
Todos los que estaban en cubierta se abalanzaron sobre la escalera por la cual habían subido minutos antes. El joven viajero se quedó en la cubierta algo desorientado, él a diferencia de todos, aun no desayunaba y el hambre matinal empezaba atacarlo. Quiso ir a la cocina, pero escuchó los pasos de los marinos y la voz del capitán acercándose acompasadamente. Así que dicidió bajar al camarote, esperando que la requisa fuera rápida. Bajo escalón por escalón con lentitud mirando a la gente en burbujeante cacareo observándose unos a los otros y sospechando si él o aquel era el asesino. Al llegar, se sentó en su cama a esperar la llegada del jefe del navío y de sus subalternos, que mas parecían su séquito. El capitán Papadopulus era un viejo griego y cincuentón, muy bien conservado, que según algunos era uno de los más estrictos en su trabajo. Pronto comenzaron su minuciosa y detectivesca tarea, cama por cama, equipaje por equipaje, parecía interminable, y yo con este hambre voraz, pensaba algo ansioso, el muchacho.
La revisión avanzaba y Andrés famélico e impaciente comenzó por su parte a encontrar al asesino. Era de esperarse que el fenecido por su actitud atrajera la enemistad de muchos; sin embargo, ¿tanta sería la rabia de uno de ellos como para convertirse en criminal? El asesinato de Francesco Fiore era un hecho algo incierto a los ojos de Andrés, lo más probable es que el asesino sea un contemporáneo suyo, sus pocas relaciones ( comerciales por supuesto ) eran con personas de su edad, más de una vez lo vi discutir con el lechero, o con el panadero y hasta con el pobre cartero que nada más se remitía a su oficio, su vida era sumamente anacoreta. Conociendo casi todo su entorno social me atrevo a pensar que tuvo que haber sido un italiano, o mejor aun un Milanés. De pronto la mente del muchacho dibujó la imagen de Ubertino da Cassale, ese italiano introvertido. No habla con nadie, sus ropas son las de un loco y su mirada inquieta transmite perversidad, claro tiene que ser él. La edad, el origen y todo apuntan a que él fue, pero no puedo decirlo, no tengo pruebas. Además que lo relaciona con Francesco Fiore, el único que aquí lo conocía, al parecer fui….yo. ¡Ya basta estoy harto de pensar, que acabe esto de una vez… muero de hambre… – se dijo ofuscado y finalizando sus hipótesis.
Mientras se acercaban los marinos su hambre aumentaba, deseaba estar en la cocina y no en el camarote, saboreando el estofado y no su propia saliva, estando con los suyos y no con un montón de extraños.

Cuando llegó su turno se hallaba en un estado ansioso, irracional, su desesperación era inexplicable, y se había convencido de que Ubertino da Cassale era el asesino, pero otra cosa era lo que lo mortificaba. Sus ojos empezaban a saltar de sus órbitas y su respiración se volvió acelerada y nerviosa. Comenzó a transpirar sobremanera, las gotas de sudor recorrían lo flancos de su rostro con rapidez. Al ver la situación del joven, el viejo capitán se dirigió hacia él, diciéndole:
– Tranquilo niño, esta revisión es incomoda, lo sé… pero necesaria, trate de calmarse – finalizó con un tono paternal, que nadie había escuchado nunca .
– Si señor… yo lo sé – dijo aun agitado- es que tengo mucha hambre.
Esta repuesta inquietó al hombre de la voz abaritonada, y sin más que esperar mandó empezar la búsqueda en el equipaje de Andrés.
El veía con impaciencia como revisaban sus pertenencias, sus camisas, sus pantalones y por último los regalos que él, iba a entregar a sus familiares. Con esto había terminado todo. Los marinos ya se iban cuando el alterado viajero dijo:
– Me han robado, falta el bastón que compre, – dijo mientras se paraba de su cama – están todos los regalos que voy a darles a mis familiares, excepto el bastón ¡no es posible!. Fue él… fue él – gritó ya de pie y señalando extasiado a Ubertino da Cassale, a unos metros del joven – convencido de que era autor de todo, sin embargo, en ese momento su ropa ya no le pareció tan de loco, su edad no tan avanzada y su mirada antes perversa, parecióle inocente y asustada ante una afrenta injusta, supo entonces que él no había sido.
Estaba tan hastiado de todo, que de la ira pateó con fuerza una de la patas de su lecho. Fue entonces que se escuchó el sonido de madera chocando con el piso y luego la sensación que algo rodaba. En ese preciso instante por debajo de la cama salió lentamente el antedicho bastón, bañado en sangre y con la empuñadura abollada. El joven ante esto, sólo atinó a desmayarse.

Al despertar se halló sentado en la oficina del capitán con dos membrudos marinos sujetándolo y con el dueño de la oficina al frente suyo, al otro lado del escritorio.
– Bien – muchacho dijo el viejo- ¿Por qué lo mataste? El haberte despedido no me parece razón suficiente.
– Yo no lo maté – dijo con convicción – alguien tomo mi bastón y ese alguien sabía que el fenecido, me había despedido… ¡quieren inculparme! ¿Acaso no lo entiende? – gritó desesperado el joven Andrés -. ¿Además cómo sabe que me despidió?
– Antes de todo dígame cuál es su nombre. Completo por favor.
– Me llamo Andrés S… S… N…- respondió lento, pero con furia en la mirada -.
– Bueno Sr. S…. ya lo sabíamos. Quería comprobar si además de asesino era mentiroso. Y respondiendo a su pregunta, estuvimos haciendo averiguaciones, mientras dormía, que fue un lapso de muchas horas, le comento. Ah y también llamamos a su familia pero…
– ¡A ellos no los moleste!, ¡con ellos no se meta! – gritó el joven ofuscado.
– Como podría molestarlos. Ellos ya descansan en paz. Están muertos, pero esa no es noticia nueva para usted, ¿verdad?
– ¡Qué! -dijo con voz apagada el detenido.
Muchos pensamiento e imágenes empezaron a invadir la mente de Andrés, todo parecía un torbellino sin sentido, lo sabía, pero no lo sabía al mismo tiempo. Empezaba a dejar de sentirse el mismo, todo dentro de él se retorcía…
– Es Usted una mente oscura Sr. S… – dijo el viejo, mientras sacaba una hoja de su escritorio y comenzaba a leerla:
El Sr. S.. degolló a su madre con los vidrios de un vaso, mató a cuchillazos a su padre destrozándole el terno que llevaba puesto, ahorcó a su hermanita con su propio vestido de encajes y por último, le quitó la vida a su abuelo, destrozándole el cráneo con su bastón, y después huyó a Europa .
Sus regalos Sr. S… corresponden a lo que les quito a sus familiares, además de la vida, por eso digo, que es una mente oscura, la suya – finalizó con un aire tranquilo a pesar de ver retorciéndose al joven en su mismo sitio y sujetado por los guardias.

Andrés, de pronto, se quedó mirando al piso ensimismado y dijo con una voz tenebrosa:
– Andrés no lo hizo, fui yo. Su familia lo iba a olvidar cuando se fuera, eso no es justo.
Los hombres se dieron cuenta entonces, de que el joven simplemente estaba loco. Andrés recordó en ese instante que no había subido a la cubierta sino, que había matado aquel hombre por venganza con el bastón que era para su abuelo. Recordó también cómo sucedieron las cosas que el capitán ya había descrito, recordaba los gritos iracundos de sus familiares y sus manos embadurnadas de la sangre oscura y espesa que también recorría su interior. Luego, lo había olvidado todo.
Andrés con un aire inhumano y con gestos extraños, miró hacia el techo llorando, y dijo:
– Yo no quise matar a nadie fue él… fue él… fue él…